Amistad a lo largo

AMISTAD A LO LARGO
Jaime Gil de Biedma

Pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad.

Mirad:
somos nosotros.

Un destino condujo diestramente
las horas, y brotó la compañía.
Llegaban noches. Al amor de ellas
nosotros encendíamos palabras,
las palabras que luego abandonamos
para subir a más:
empezamos a ser los compañeros
que se conocen
por encima de la voz o de la seña.
Ahora sí. Pueden alzarse
las gentiles palabras
-ésas que ya no dicen cosas-,
flotar ligeramente sobre el aire;
porque estamos nosotros enzarzados
en mundo, sarmentosos
de historia acumulada,
y está la compañía que formamos plena,
frondosa de presencias.
Detrás de cada uno
vela su casa, el campo, la distancia.

Pero callad.
Quiero deciros algo.
Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.
A veces, al hablar, alguno olvida
su brazo sobre el mío,
y yo aunque esté callado doy las gracias,
porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.
Quiero deciros cómo trajimos
nuestras vidas aquí, para contarlas.
Largamente, los unos con los otros
en el rincón hablamos, tantos meses!
que nos sabemos bien, y en el recuerdo
el júbilo es igual a la tristeza.
Para nosotros el dolor es tierno.

Ay el tiempo! Ya todo se comprende.

* Un poema dedicado a mi amigo Joselín (José Muñoz Sánchez) in memoriam.

Fábula y rueda de los tres amigos

FABULA Y RUEDA DE LOS TRES AMIGOS
Federico García Lorca

Enrique,
Emilio,
Lorenzo.

Estaban los tres helados:
Enrique por el mundo de las camas;
Emilio por el mundo de los ojos y las heridas de las manos,
Lorenzo por el mundo de las universidades sin tejados.

Lorenzo,
Emilio,
Enrique.

Estaban los tres quemados:
Lorenzo por el mundo de las hojas y las bolas de billar;
Emilio por el mundo de la sangre y los alfileres blancos,
Enrique por el mundo de los muertos y los periódicos abandonados.

Lorenzo,
Emilio,
Enrique.

Estaban los tres enterrados.
Lorenzo en un seno de Flora;
Emilio en la, yerta ginebra que se olvida en el vaso,
Enrique en la hormiga, en el mar y en los ojos vacíos de los pájaros.

Lorenzo,
Emilio,
Enrique.

Fueron los tres en mis manos
tres montañas chinas,
tres sombras de caballo,
tres paisajes de nieve y una cabaña de azucenas
por los palomares donde la luna se pone plana bajo el gallo.

Uno
y uno
y uno.

Estaban los tres momificados.
Con las moscas del invierno,
con los tinteros que orina el perro y desprecia el vilano,
con la brisa que hiela el corazón de todas las madres,
por los blancos derribos de Júpiter donde meriendan muerte los borrachos.

Tres
y dos
y uno.

Los vi perderse llorando y cantando
por un huevo de gallina,
por la noche que enseñaba su esqueleto de tabaco,
por mi dolor lleno de rostros y punzantes esquirlas de luna,
por mi alegría de ruedas dentadas y látigos,
por mi pecho turbado por las palomas,
por mi muerte desierta con un solo paseante equivocado.

Yo había matado la quinta luna
y bebían agua por las fuentes los abanicos y los aplausos.
Tibia leche encerrada de las recién paridas
agitaba las rosas con un largo dolor blanco.

Enrique,
Emilio,
Lorenzo.

Diana es dura,
pero a veces tiene los pechos nublados.
Puede la piedra blanca latir en la sangre del ciervo
y el ciervo puede soñar por los ojos de un caballo.

Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.

Foto.El País.

Primeras elecciones

Se cumplen hoy cuarenta años de las primeras elecciones democráticas: las generales de 1977. Una cita con las urnas, apenas año y medio después de la muerte del dictador, que aúpo a Adolfo Suárez a la Presidencia del Gobierno, que abrió un periodo constituyente y, sobre todo, supuso un momento de efervescencia en el que la sociedad española empezó de verdad a respirar libertad. Viví ese ambiente de fiesta con 12 años pero recuerdo cómo el miedo a pronunciarse políticamente empezaba a quedarse atrás, que la ilusión se abría paso (meses después, el 4 de diciembre, Andalucía se echó a la calle por su autonomía) y que el color lúgubre de la represión iba cogiendo tonos alegres de la democracia. Ayer visité el archivo histórico de CCOO, un sitio imprescindible para la memoria del tardofranquismo y de los primeros años de la Transición, y vi algunos de esos carteles que poblaron nuestras calles ese 15 de junio. Pasamos un rato emotivo repasando vivencias y recuerdos. Hablo en plural porque compartí este rato delicioso con Eduardo Saborido, Paco Acosta, Paco Alfonsín, Nando Blanco, Eloísa Baena (todos en la foto), Javier Giráldez, Miguel Ángel Melero y trabajadores de la fundación. Una grata experiencia.

Memoria y justicia

Andalucía da un paso más, firme y decidido, en la reparación de la memoria de las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. El Parlamento ha aprobado la ley de Memoria Democrática, un texto con vocación de resarcimiento y justicia, que desarrolla y perfecciona la ley nacional de Memoria Histórica. En esta comunidad no se parte de cero: la norma aprobada supone la plasmación de 20 años de políticas públicas de memoria. En Andalucía se está en vanguardia en actuaciones en fosas, con el bando de ADN, en atención a las recomendaciones de las Naciones Unidas… Y la ley impulsada por el Gobierno de Susana Díaz, con la participación de familiares, entidades memorialistas y corporaciones locales, incluye nuevos avances como la ampliación de la consideración de víctimas, con la inclusión de los bebés robados, y refuerza la protección legal de espacios y enclaves vinculados con la recuperación de la memoria. En definitiva, se pone la  mirada en reparar el daño causado y ofrecer justicia y dignidad a las represaliados y a sus familias, que tantos años llevan esperando, aunque la derecha una vez más le haya dado la espalda a este colectivo (no apoyó el texto). Con la verdad se hace justicia.

Manoseo

En estos últimos días han manoseado el nombre de Miguel Hernández en exceso y sin pudor. Usar al gran poeta, uno de mis autores predilectos, para justificar lo injustificable constituye una falta de respeto a su memoria y al sufrimiento de las decenas de miles de víctimas de la represión franquista. Quien perdió la libertad y la vida (murió de tuberculosis mientras estaba encarcelado) por la defensa de sus ideas no merece la comparación con un condenado por agredir a demócratas y recurrir a la violencia en lugar de a la palabra. Cuando uno (o una) se equivoca, lo que tiene que hacer es rectificar, somos humanos y como tales no somos infalibles. Pero si en vez de admitir el yerro, se insiste y se agrede dialécticamente a los que no comparten la opinión, el error se multiplica. Hay gente que, desde una óptica totalitaria y con un discurso que alienta la confrontación, quiere patrimonializar a este autor y su legado, que es de todos y no es de nadie. Crecí con la obra de Miguel Hernández, musicada por Joan Manuel Serrat. Quizá sea la razón fundamental de mi pasión por la poesía y de la creación literaria en general. Porque como escribe el poeta: Para la libertad, sangro, lucho, pervivo… Y eso no nos lo puede quitar nadie por muchos gritos que profiera y mucho dogma que difunda.

RAZÓN DE ESCRIBIR
Enrique Gracia Trinidad

A Juan Van-Halen

Escribir para un tiempo
en el que no estaremos para nadie,
y en el más favorable de los casos
seremos una máscara de polvo
maquillando los libros de alguna estantería.

Escribir para un siglo, si es que llega,
menos oscuro y torpe que este siglo.
Dejar impresa la memoria:
papel, disquetes, vidrio, cerámica esmaltada,
ámbar, cuarzo o moléculas de gas.

Hacer que las palabras naveguen al futuro
como si fuesen barcos de papel
que sobrevivan hoy a su naufragio.

Escribir por si alguien, algún día,
tiene un dolor de corazón idéntico
o sufre una alegría semejante.

Despedida

DESPEDIDA
Gabriel Celaya

Quizás, cuando me muera,
dirán: Era un poeta.
Y el mundo, siempre bello, brillará sin conciencia.

Quizás tú no recuerdes
quién fui, mas en ti suenen
los anónimos versos que un día puse en ciernes.

Quizás no quede nada
de mí, ni una palabra,
ni una de estas palabras que hoy sueño en el mañana.

Pero visto o no visto,
pero dicho o no dicho,
yo estaré en vuestra sombra, ¡oh hermosamente vivos!

Yo seguiré siguiendo,
yo seguiré muriendo,
seré, no sé bien cómo, parte del gran concierto.

Diario reencuentro

DIARIO REENCUENTRO
José Manuel Caballero Bonald

Desde donde me vuelvo
a la pared, en medio de la noche,
desde donde estoy solo
cada noche, cautivo
bajo mi propia vigilancia, allí
me hallo según la fe que me fabrico
cada día.
Lavada está mi vida
en virtud de su asombro. Ayer, mañana,
viven juntos y fértiles, conforman
mi memoria conmigo.
Únicamente soy
mi libertad y mis palabras.

Mi propia profecía es mi memoria

MI PROPIA PROFECÍA ES MI MEMORIA
José Manuel Caballero Bonald

Vuelvo a la habitación donde estoy solo
cada noche, almacén de los días
caídos ya en su espejo naufragable.
Allí, entre testimonios maniatados,
yace inmóvil mi vida: sus papeles
de tornadizo sueño. La madera,
el temblor de la lámpara, el cristal
visionario, los frágiles
oficios de los muebles, guardan
bajo sus apariencias el continuo
regresar de mis años, la espesura
tenaz de mi memoria, toda
la confluencia simultánea
de torrenciales cifras que me inundan.

Mundo recuperable, lo vivido
se congrega impregnando las paredes
donde de nuevo nace lo caduco.
Reconstruidas ráfagas de historia
juntan el porvenir que soy. Oh habitaci6n
a oscuras, súbitamente diáfana
bajo el fanal del tiempo repetible.

Suenan rastros de luz allá en la noche.
Estoy solo y mis manos
ya denegadas, ya ofrecidas,
tocan papeles (este amor, aquel
sueño), olvidadas siluetas, vaticinios
perdidos. Allí mi vida a golpes
la memoria me orada cada día.

Imagen ya de mi exterminio,
se realiza de nuevo cuanto ha muerto.
Mi propia profecía es mi memoria:
mi esperanza de ser lo que ya he sido

¿Qué luz extraña, dime, ha poblado este cuerpo…



¿QUÉ LUZ EXTRAÑA, DIME, HA POBLADO ESTE CUERPO…
Javier Egea

¿Qué luz extraña, dime, ha poblado este cuerpo
repetido en portales, escaparates, brumas,
ingenuo paseante de la ciudad, hermano,
caminante del mismo aturdimiento
que estos siglos de expolio pusieron en los ojos,
qué luz extraña, dime,
hay en la soledad y en la memoria?

Así nos fuimos viendo nítidamente fríos,
enfrentados,
de una margen a otra de la calle en ruinas,
con la clarividencia de los obreros viejos
que abanderan los pasos del taller a la muerte
aprendiendo el futuro.

Sobre nosotros pasan los balcones cerrados,
las farolas con frío,
los aleros mellados y este viento,
como un enjambre inhóspito,
y la piel de la tierra huele a ropa quemada,
mas tiritan los huesos
y hay tan sólo el calor de la sangre que alumbra
desde el abrazo grande de tu fuerza y la mía.

Es cierto que la historia
nos condenó a las calles ateridas
y no el azar que llega maldito restallando.

¿Qué luz extraña, dime,
hay en la soledad y en la memoria?
Hoy supimos, mirándonos las manos,
a pesar del estrago y las ojeras mustias,
al fin reconocidas,
que siempre es tarde, siempre, para volver a casa
como se vuelve al sitio de las túnicas rotas,
de las máscaras frías,
del polvo atrincherado,
de los andrajos de la luz.