Mediocridad

El Partido Popular se ha apuntado a la mediocridad y a la derrota en Andalucía. Las elecciones europeas han situado al PSOE como primera fuerza de esta comunidad y ha dejado al PP en el segundo lugar a más de nueve puntos de distancia y con sólo el 25% de los votos recogidos en las urnas. El presidente de la formación, Juan Manuel Moreno Bonilla, para asombro de dirigentes y militantes ha subrayado que ha cumplido “con creces” sus expectativas. Se pone el listón muy bajo. No sólo orilla la autocrítica, sino que se conforma con poco y asume con naturalidad el rol de perdedor tras dejarse en el camino 876.000 votos y 15 puntos respecto a los comicios andaluces de marzo de 2012. Moreno Bonilla, con cuyo nombre hacen juego de palabras columnistas y periodistas de medios conservadores, acaba de sufrir el primer revés electoral y no parece tener el fuste suficiente para afrontar metas más altas. Además, se ha retractado muy pronto de su mensaje de campaña sobre que esta cita electoral era un termómetro para medir las autonómicas. El batacazo ha sido morrocotudo y retrotrae al PP a niveles de 1990. Con semejante traspiés, MB rebobina y sostiene que los datos no son extrapolables. Discurso de conveniencia. En definitiva, la nula ambición de victoria y la escasa coherencia discursiva parecen augurar muchos años más en la oposición para el PP en Andalucía.

Nota.- Contrasta la cara circunspecta de Javier Arenas con la sonrisa del que ocupa hoy el puesto de presidente. ¿Dos visiones distintas de la situación política actual del PP andaluz?

Mediocres

Las encuestas difundidas este fin de semana por distintos medios de comunicación suspenden al Gobierno de España como consecuencia de la crisis económica. La gente responsabiliza de lo que acontece al partido que está en el poder. Como escribe Julián Santamaría, uno de los gurús de la sociología electoral en nuestro país y coordinador del sondeo publicado en La Vanguardia, la crisis pasa factura al ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero no por sí misma, la gran mayoría entiende que tiene origen internacional, sino por la forma de gestionarla.

Se ha instalado en el imaginario colectivo la percepción de que no se ha hecho lo suficiente o en el sentido correcto y ahora nos toca realizar un esfuerzo de explicación para combatir una apreciación cargada de injusticia. El Gobierno ha dado la cara en todo momento con medidas que buscaban amortiguar los efectos de una recesión económica brutal, la más profunda de la historia reciente, y ha actuado sin aminorar su apuesta por la política social y el funcionamiento eficaz de los servicios públicos.

Y hago esta reflexión despojado de subjetividad fanática y actitudes numantinas irracionales. Me expreso desde la convicción y la honestidad de pensamiento. Tenemos que hablar a la gente con la cabeza fría y el corazón en la mano, transmitiéndoles la crudeza de una situación económica que, aunque se constatan ya indicios sólidos de mejoría, nos seguirá dando disgustos unos cuantos meses más.

En una coyuntura tan dura como la que estamos padeciendo, el veredicto de las encuestas es la respuesta de manual, algo previsible, el reflejo del sentido común. El Gobierno paga la preocupación y la ansiedad que anidan en muchas familias como consecuencia de la lacra del paro. Lo que no es tan normal es que la credibilidad del aspirante a presidente esté por los suelos. Mariano Rajoy no remonta el vuelo ni en los momentos más bajos de popularidad de Zapatero. Aparece en los sondeos como un dirigente amortizado, sin fuste, sin credibilidad. Entre otras muchas razones porque la sociedad española se ha dado cuenta de su falta de autoridad y de que en el Partido Popular están utilizando la crisis con una finalidad espuria, que se frotan las manos con los malas noticias, que se regodean en el mal de muchos en lugar de arrimar el hombro. Lo retrata con nitidez el estudio demoscópico de La Vanguardia y de El País.

Esa táctica carroñera pone en evidencia la medianía y la falta de talla de los principales referentes del PP. No ofrecen ninguna alternativa porque no tienen y se limitan a esperar el fallo del adversario para intentar llevarse el gato electoral al agua. Los populares son como los malos equipos de fútbol que tienen que encharcar el campo o recurrir a tácticas antirreglamentarias para evitar que juegue el contrincante. Pero en este caso por tal de dañar y desgastar al Gobierno del partido rival están dando patadas en el trasero de toda la población española. Y eso simplemente es de mediocres y de mezquinos.