Cuchillos largos

Esta secuencia de imágenes demuestra la frialdad existente entre José María Aznar y Mariano Rajoy. Llevan años de diferencias, de tiras y aflojas, de guerra fría y soterrada con repuntes públicos. Su falta de sintonía política (y personal) es archiconocida. Su ‘enemistad’ ha alcanzado el punto de ebullición tras las elecciones generales del 20 de diciembre. En el homenaje a Mario Vargas Llosa por su 80 cumpleaños, un foro poco propicio para el ajuste de cuentas, Aznar le asestó un duro golpe a su elegido en 2004. Defendió el ex presidente nuevos liderazgos, un mensaje que encerraba una invitación entre líneas a Rajoy para que diera un paso atrás y permita la renovación de un Partido Popular acosado por la casos de corrupción y ensimismado en su batacazo electoral de hace tres meses. No sólo fue una reprimenda dialéctica la que se llevó el gallego. El lenguaje no verbal de Aznar resultó aún más duro que sus palabras: mirada torva, conminatoria, actitud distante más allá de un diplomático y gélido saludo a la llegada y vacío absoluto en los corrillos del seminario. En las fotografías, Rajoy muestra los efectos del golpe del presidente de la fundación FAES: evita el contacto directo con la mirada, clavando los ojos al suelo, intentando capear el temporal y la ira de Aznar. Jornada de cuchillos largos con testigos que han inmortalizado un duelo con Aznar como gallo dominador.

Fotos.El País, Qué y La Voz de Galicia.

La belleza es la felicidad

Mi amigo Paco Casero, al calor de la celebración del Día Internacional de la Mujer, me remitió un correo electrónico con delicioso texto sobre la belleza femenina escrito por Mario Vargas Llosa. Comparto con Paco lo mucho todavía que tenemos que avanzar en la equiparación de roles de hombres y mujeres en la sociedad, que palabras como discriminación o no reconocimiento deberían estar ya más que superadas, que no será posible conseguir la armonía y la convivencia mientras haya injusticias hacia el otro y que tenemos que trabajar por la realización personal y por una felicidad compartida. Me subrayó la última frase del premio nobel hispano-peruano: “La verdadera belleza está en las arrugas de la felicidad”. Sencillamente sublime.

“Todas las flores del desierto están cerca de la luz. Todas las mujeres bellas son las que yo he visto, las que andan por la calle con abrigos largos y minifaldas, las que huelen a limpio y sonríen cuando las miran. Sin medidas perfectas, sin tacones de vértigo. Las mujeres más bellas esperan el autobús de mi barrio, o se compran bolsos en tiendas de saldo. Se pintan los ojos como les gusta y los labios de carmín de chino.

Las flores del desierto son las mujeres que tienen sonrisas en los ojos, que te acarician las manos cuando estás triste, que pierden las llaves al fondo del abrigo, las que cenan pizza en grupos de amigos y lloran sólo con unos pocos, las que se lavan el pelo y lo secan al viento. Las bellezas reales son las que toman cerveza y no miden cuántas patatas han comido, las que se sientan en bancos del parque con bolsas de pipas, las que acarician con ternura a los perros que se acercan a olerlas. Las preciosas damas de chándal de domingo. Las que huelen a mora y a caramelos de regaliz.

Las mujeres hermosas no salen en revistas, las ojean en el médico, y esperan al novio ilusionadas con vestidos de fresas. Y se ríen libres de los chistes de la tele, y se tragan el fútbol a cambio de un beso.

Las mujeres normales derrochan belleza, no glamour, desgastan las sonrisas mirando a los ojos, y cruzan las piernas y arquean la espalda. Salen en las fotos rodeadas de gente sin retoques, riéndose a carcajadas, abrazando a los suyos con la felicidad embotellada de los grandes grupos.

Las mujeres normales son las auténticas bellezas, sin gomas ni lápices. Las flores del desierto son las que están a tu lado. Las que te aman y las que amamos. Sólo hay que saber mirar mas allá del tipazo, de los ojazos, de las piernas torneadas, de los pechos de vértigo. Efímeros adornos, vestigios del tiempo, enemigo de la forma y enemigo del alma. Vértigo de divas y llanto de princesas.

La verdadera belleza está en las arrugas de la felicidad.”

Mario Vargas Llosa

Política y literatura

Me han invitado a participar en un coloquio en la Feria del Libro de Sevilla sobre política y literatura. La cita tiene su enjundia y me toca el difícil reto de ocupar el puesto que inicialmente estaba destinado para mi compañero Pepe Juan Díaz Trillo, escritor, poeta y desde hace un mes consejero de Medio Ambiente de la Junta. Pepe Juan no sólo tiene una pluma culta, grácil y certera, también una dinámica y amena oratoria. Compartiré mesa con dos colegas parlamentarios de otras formaciones políticas, Antonio Garrido Moragas (PP) y José Manuel Mariscal (IU), personas con nivel literario y poso cultural, bajo la moderación del periodista Juan Manuel Marqués Perales.

Esta tertulia, prevista para el 12 de mayo a las 20 horas, es una iniciativa del Parlamento de Andalucía, que por primera vez contará con una caseta propia en la Feria del Libro de la capital andaluza. Ya se enfrascó la Cámara en harina editorial con la publicación del volumen Seré breve, con textos de un ramillete de diputados y diputadas. Su presidenta, Fuensanta Coves, está cultivando bien la veta cultural en su gestión.

Me da un cierto pudor negociar esta empresa. Se me plantea un escenario fascinante y a la vez comprometido, no sé si demasiado elevado para mis dotes y conocimientos. No soy literato, al menos en el sentido literal del término, soy periodista y, por consiguiente, mi producción creativa es efímera, perecedera, del momento. No hay nada más viejo que un periódico de ayer, dice el viejo aserto que recorre las redacciones. Tendré que enfocar mi intervención hacia la relación entre periodismo, literatura y política, un trinomio menos común pero con algunos ilustres representantes. Grandes firmas han saltado a la literatura desde las páginas de los diarios y han compatibilizado la escritura con los asuntos públicos o su militancia política: Mario Vargas Llosa, mi admirado Gabriel García Márquez, Albert Camus, Agustín de Letamendi o el recientemente fallecido Antonio Fontán, por poner algunos ejemplos. En apenas dos semanas habrá que echar el resto.