Correr

Media maratón Marbella 2014Media maratón Marbella 2014-2

Correr engancha. Y lo digo con conocimiento de causa tras casi 20 años calzándome las zapatillas cada vez que puedo. Ayer participé en la media maratón de Marbella. Era la segunda vez que acudía a esta prueba. Fui con un nutrido grupo de amigos que disfruta sufriendo con este deporte y nos hicimos notar por el número de atletas que lucíamos los colores de C@des, el Club de Amigos y Amigas del Deporte de la Estación de San Roque, un institución con el mismo deseo de competición que de fiesta. En 2013 nos desplazamos cuatro, ayer hicimos la carrera nueve. El equipo cada día aumenta en número de efectivos. Buena señal.

Me había preparado bien esta edición y ocho días antes me di un golpe fuerte que a punto ha estado de chafarme la participación. He llegado lesionado con la pierna y el pie derechos muy inflamados, pero con ganas y voluntad de hacer la prueba. También con el plácet de mi fisioterapeuta, que no puso reparos a la locura. Los que no corren no entienden la cabezonería de tomar al salida en esas condiciones. Hoy me alegro de haber arriesgado. Se me hizo dura la distancia y tuve momentos malos, muy malos. Pero ahí queda el esfuerzo y la voluntad de no bajar los brazos ante las contingencias. Cuando uno quiere, casi siempre puede… Pero al menos lo tiene que intentar. No batí el récord de la maratón (fue el keniano Kimetto, con 2.02.57), pero conseguí mi objetivo: CORRER.

PD.- En la foto falta un c@des, José Luis Machado, que estaba de prospecciones.

Desahogo

Hay personajes que nunca defraudan. Javier Arenas es uno de ellos. Se antoja proverbial su capacidad para darle la vuelta a la verdad con desahogo y desparpajo sin límites. En las últimas horas nos ha dejado dos fogonazos con su descaro habitual. En primer lugar, al hilo del proceso electoral abierto en la cúpula de la patronal CEOE, el jefe de la oposición en Andalucía asegura que los partidos no deben opinar de lo que hacen los empresarios. Y eso lo plantea después de que su partido se haya tirado a degüello contra los sindicatos, liberados incluidos, al calor de la huelga general del 29 de septiembre pasado. Escucharlo días después suena a chiste de mal gusto.

La segunda perla del susodicho guarda relación con el proceso judicial del caso Malaya. Aprovechando la declaración del abogado de uno de los encausados, el empresario cordobés Rafael Gómez Sandokán, apuntando a un alto cargo policial, Arenas, ni corto ni perezoso, le exige responsabilidades al ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Como la memoria es débil, olvida cínicamente el prócer de la derecha andaluza que la práctica totalidad del sumario coincide con los años de gobierno de José María Aznar cuando los titulares de Interior fueron sus compañeros de filas Jaime Mayor Oreja, Mariano Rajoy y Ángel Acebes. Casualmente tampoco recuerda que el PP se negó en reiteradas ocasiones a disolver el Ayuntamiento de Marbella siendo él responsable del Ministerio de Administraciones Públicas, que la Junta de Andalucía impugnó 400 actuaciones urbanísticas del Ayuntamiento de Marbella desde 1995 o los pactos que firmó con Jesús Gil para gobernar la Diputación de Málaga.

Por mucho menos de lo que ahora plantea a Rubalcaba, este baranda ha amenazado a medio PSOE con una querella criminal. Son dos ejemplos de la doble vara medir que usa el PP: complaciente con los desafueros propios e implacable con las pajas en ojo ajeno, incluso cuando no las hay.

Michelle Obama y Arenas

No tenía previsto escribir sobre Javier Arenas en este lapso agosteño. He puesto las neuronas en stand by y no quería interrumpir su proceso de regeneración con vistas a la próxima temporada política. Lo que ocurre es que el baranda pepero le echa tanta cara a la vida, se desenvuelve con tanto desparpajo, rezuma un cinismo tan refinado que no me podido resistir. Dice Arenas que Michelle Obama, la esposa del presidente de Estados Unidos, ha escogido Marbella como lugar de descanso estival como consecuencia de la buena gestión municipal de la alcaldesa del PP, Ángeles Titi Muñoz. Lo leo y no me lo creo. ¡Cómo se le puede echar tanto morro a la política! Gracias a la labor de la íntima amiga del jefe de la oposición a Andalucía este maravilloso enclave costasoleño aparece en el mapa. Lo comenta y no se le cae la cara de vergüenza. Acaba de descubrir la pólvora. ¡Cómo si Marbella no fuera un referente del turismo internacional desde hace décadas! Ante tanta desmesura, ante tanto descaro, ante tanta arrogancia, he tenido que romper mi compromiso de hacer vacaciones arenísticas en el blog. Supongo que se puede perdonar esta licencia.

Jetas

El mundo está plagado de pícaros, pillos, tunantes, buscavidas, charranes… Y jetas. Éstos últimos tienen un plus de desparpajo, de desahogo, de desfachatez, de insolencia, de cinismo. Hacen lo que pueden para ganarse la vida y les importa un rábano los medios con tal de conseguir sus objetivos. Javier Arenas es el arquetipo de lo que en Andalucía conocemos como jeta. Le da igual ocho que ochenta, dice una cosa y al día siguiente la contraria sin rubor, le importa la verdad un pimiento, manipula los acontecimientos en función de sus necesidades. Presenta el genotipo del trilero y/o del mercachifle. En la esfera pública, tanta amoralidad no tiene cabida, es exigible un mínimo de integridad y coherencia, ética y algunos profundos principios.

El jefe de filas de la derecha andaluza no está atravesando un buen momento. Tiene la cabeza en frentes de otros tiempos que copan hoy la actualidad. La avalancha Gurtel está sepultando sus últimos cartuchos de supervivencia en política. Acosado por esta atmósfera hostil, con la presión judicial sobre el turbio historial de su partido y los medios de comunicación aireando la basura acumulada bajo las alfombras, ha entrado en un estado de nerviosismo y desquiciamiento exagerado. Ha pensado que la mejor defensa para sacudir la losa de la presunta corrupción pasa por poner el ventilador. Como no hay mucho que remover, las aspas aviesas han tenido que rebuscar en el pasado, desempolvando asuntos del Pentateuco, o tergiversar la realidad para darle apariencia de consistencia a su huida hacia adelante.

Dispone de poca pólvora actual y la del pasado está mojada. En su habitual mitin dominguero, Arenas se despachó a gusto: por un lado, manoseó de forma indecente la política antiterrorista y a las víctimas para arrear al Gobierno de Zapatero (¿se puede ser más rufián y desalmado?) y, por otro, en el capítulo de la corrupción se retrotrajo a tiempos remotos ya sancionados por los tribunales y endosó de forma gratuita al PSOE responsabilidades de otros escándalos (los casos de Marbella y El Ejido). Es la prueba más palpable de la desesperación del campeón de las derrotas electorales. Se recurre a la mentira cuando no nos gusta la verdad o cuando nos aferramos a ella de manera compulsiva. El presidente del PP andaluz miente con contumacia. Ese vicio tiene prescripción facultativa. Pretende reescribir la historia a su capricho sin respeto a los hechos. En su contra está que carece de credibilidad para ello, la ciudadanía lo tiene calado.

Querer cargar a los socialistas las tropelías de Jesús Gil y sus secuaces en ciudad de la Costa del Sol no cuela ni a empujones. Resulta un contradiós. Los nombres y apellidos de los responsables del asalto y del reparto del botín del Ayuntamiento de Marbella están grabados a fuego: el ex presidente del Atlético de Madrid y su banda de delincuentes. Lo que no le gusta recordar a Arenas es su coqueteo con el GIL para conseguir sillones. ¿Ya ha olvidado su pacto con Gil para obtener la presidencia de la Diputación de Málaga en 1995? ¿No tiene fresco en su memoria el fichaje por parte del PP de concejales gilistas en La Línea, San Roque o Estepona?

Ahora también busca aprovechar el desplome de Juan Enciso en El Ejido para lanzar ponzoña contra su pesadilla socialista. Sabe de más Arenas que el PSOE no tiene nada que ver con el alcalde de este municipio almeriense, está libre de polvo y paja. Lo único que existía era el pacto de gobierno en la Diputación, roto de manera fulminante cuando se han conocido los detalles de la investigación judicial y la detención de este munícipe, que amasa cargos abominables para un servidor público. El PP, a priori, nada tiene que ver en los negocios ilegales de Enciso, pero le unen muchas más cosas a su ex compañero de siglas y gaviotas hasta 2005. ¿Recuerda Arenas cuando consideraba a Enciso el mejor alcalde de España? ¿Ha borrado de su disco duro la negociación mendicante con el factótum ejidense para que no se fuera del Partido Popular? ¿Tiene aún en mente las horas que le dedicó Juan Ignacio Zoido, su embajador en este conflicto, para retener a Enciso en el seno del PP? ¿Tenía montada la trama el regidor de El Ejido en sus tiempos de pepero? ¿Cualificados dirigentes del partido de Mariano Rajoy mantenían relaciones mercantiles con cabecillas de la red desmantelada en el Poniente de Almería?

Mejor no mentar la bicha en determinados casos. El réptil se puede revolver y dejarte un buen recado. Hay veces que la osadía pasa descollantes facturas. ¡Ay, Javier, que te viene de regreso este bumerán!