Nunca desayunaré en Tiffany

Nunca desayunaré en Tiffany
ese licor fresa en ese vaso
Modigliani como tu garganta
nunca
aunque sepa los caminos
llegaré
a ese lugar del que nunca quiera
regresar

una fotografía, quizá
una sonrisa enorme como una ciudad
atardecida, malva el asfalto, aire
que viene del mar
y el barman
nos sirve un ángel blanco, aunque
sepa los caminos nunca encontraré
esa barra infinita de Tiffany
el juke-box
donde late el último Modugno ad
un attimo d’amore che mai piu ritornera

y quizá todo sea mejor así, esperado

porque al llegar no puedes volver
a Ítaca, lejana y sola, ya no tan sola,
ya paisaje que habitas y usurpas
nunca,
nunca quiero desayunar en tiffany, nunca
quiero llegar a Ítaca aunque sepa los caminos

lejana y sola.

Manuel Vázquez Montalbán

Henning Mankell

Soy un admirador reciente, de la  última hornada, de Henning Mankell. He comenzado tarde a conocer y disfrutar su producción literaria. En los últimos tres años he devorado, intercaladas con otros textos, las once entregas de la saga del detective Kurt Wallander. El último título de la serie, El hombre inquieto, lo terminé a finales de septiembre. Ha coincidido casi en el tiempo la última página de lectura con el adiós del escritor sueco (falleció ayer víctima de un cáncer). En mi particular mundo paralelo ambos han entrado casi al unísono en la oscuridad, como reza en el epílogo del undécimo libro para despedir al policía. A través del detective de Ystad, ciudad sureña de Escania, próxima a Malmoe, un hombre intuitivo, tenaz, solitario y con un carácter fuerte, hemos conocido la voz de alarma del autor por la degradación de los valores cívicos y de convivencia, el deterioro de la sociedad del bienestar y el aumento de la delincuencia en un país que todos tenemos como referencia. Mankell popularizó la novela negra sueca y por extensión la escandinava. Supo poner en valor el legado de Maj Sjöwall y Per Wahlöö, padres de novela policíaca europea como bisturí para diseccionar la sociedad actual, y gracias a su tirón de ventas también llegaron a nuestras librerías autores nórdicos como Stieg Larsson, Assa Larsson, Camila Läckberg, Khell Ola Dahl o Arnaldur Indridason. Me apasiona este género literario, que en España tiene grandes exponentes que van de Manuel Vázquez Montalbán a Lorenzo Silva o de Francisco González Ledesma a Dolores Redondo. Se oscureció la luz de Mankell pero nos deja el resplandor de su obra.

Foto.Huffington Post.

Ya sé que debería creerme…

YA SÉ QUE DEBERÍA CREERME…
Manuel Vázquez Montalbán

Ya sé que debería creerme
lo que pienso cuando siento
o lo que siento cuando entro
en tu cuerpo entreabierto

pero temo morir de fe o de esperanza
y no constatar en el nuevo día
la desolación del tacto y la mirada

ya sé que aburro la distancia
entre tus ojos y los míos

manda
que los cierre y piensa
que no le miro por no verte
y creer en ti.