El virus del localismo

Alguien que aspira a gobernar Andalucía no puede agitar los fantasmas del localismo, enfrentando a unos ciudadanos contra otros. Y menos si ese aldeanismo sólo se sustenta en argumentos falaces cuando no falsos y persigue un interés espurio y particular. El presidente del PP andaluz dio ayer el pistoletazo de salida a su precampaña electoral a 18 meses de la cita con las urnas. (Largo me lo fías, Sancho… y más con su fama de no ser un trabajador estajanovista). Moreno Bonilla ha recurrido al argumento dañino y falsario de azuzar las bajas pasiones del supuesto agravio. Se llenó la boca de discriminación falsa y de una irreal falta de compromiso de la Junta de Andalucía con la provincia de Málaga. Salvando las distancias, el esqueña mental de este ‘lumbreras’ es muy similar al de los nacionalistas más exacerbados. Con el agravante de que sólo lo hace para intentar arañar un puñado de votos. Moreno Bonilla nos obsequia con políticas de bajas miras y lo que es peor copiando el modelo ya fracasado de Javier Arenas. Parafraseado un lance parlamentario de hace unos meses, el novillero no mejora al maestro. Ya Arenas, en sus muchos intentos de llegar al Gobierno de Andalucía, intentó zarandear esos sentimientos localistas y los dirigentes del PP blandían sin pudor la bandera de que su provincia era la más abandonada. Todo un despropósito que en vez de cohesionar social y territorialmente, fractura, enfrenta y crispa la convivencia. Un camino que no conduce a otro sitio que al abismo y la destrucción. Deriva irresponsable y preocupante.

Foto.- Blog de Pepe Fernández.

Localismo malsano

Algunos políticos siguen anclados a formas de un pasado mohoso y descolorido. Continúan pensando que da rédito electoral alentar las bajas pasiones y los sentimientos más primarios. Esta mañana me he desayunado con unas declaraciones inaceptables del alcalde de Granada, José Torres Hurtado. Dice el regidor del PP que quien come de la Alhambra “son los sevillanos y el PSOE”. Son palabras de un profundo mal gusto, que rozan alguna figura tipificada en el Código Penal y, sobre todo, provocan el enfrentamiento entre dos ciudades andaluzas. Y aprieta el gatillo dialéctico sin más argumento que emplear el localismo con vistas a las elecciones municipales que están a la vuelta de poco más de tres meses. La irresponsabilidad es tremenda e impropias de un político de edad veterana y de un partido que tiene un gran poder institucional. Habría que esperar del alcalde más mesura y visión de estado. Así no se construye ni Andalucía ni España. Me molestan esos cargos públicos que tiran del aldeanismo más malsano para cubrir sus carencias. Su esquema mental no dista mucho del de los soberanistas catalanes. La Alhambra es un patrimonio de Granada y Andalucía y sus beneficios repercuten en la ciudad nazarí y en toda la comunidad autónoma. Todo lo demás son modos espurios de hacer política.

El localismo destructivo de Zoido

Viñeta Idígoras - SUR

Como sevillano de a pie no me gusta que el alcalde de mi ciudad provoque enfrentamientos con otras capitales andaluzas. Como andaluz me molesta el aldeanismo de ciertos posicionamientos políticos que apelan a las más bajas pasiones, al chovinismo de tres al cuarto y de regate corte que no conduce a ningún sitio. Detesto los movimientos de tintes populistas que no sólo separan, sino que generan confusión. Juan Ignacio Zoido, que une dos cargos que le están resultando incompatibles, el de regidor hispalense y el de presidente del PP andaluz, la ha vuelto a liar, metiéndose gratuitamente en un jardín dialéctico con Málaga. Su respuesta a la instalación del Centro Pompidou en la capital de la Costa del Sol no ha podido ser más desafortunada: “Otras ciudades jamás tendrán lo que tiene Sevilla“. No ha sentado bien en Málaga esa ligereza verbal de Zoido. Una salida absolutamente innecesaria e inoportuna que demuestra mal perder en la competencia por albergar este atractivo cultural y turístico. No hacía falta atacar a una ciudad hermana para hablar de las bondades de Sevilla. El localismo es el peor vicio para cualquier dirigente político, abre heridas, crispa las relaciones y separa a la gente. En esta sociedad global que nos ha tocado vivir las fronteras no se pueden reducir al terruño. Señor alcalde, sumar, siempre es mejor sumar. Restar o dividir sólo pone en evidencia la miopía política de nuestros representantes.

Viñeta.– Idígoras en el diario SUR.

Eufemismo

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define eufemismo como “manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”. Con la ligereza habitual o el oportunismo ramplón de los que hace siempre gala, Javier Arenas, a la sazón presidente andaluz del PP, sacaba el domingo uno de esos conejos virtuales de su chistera y anunciaba que estaba barajando el posible traslado de la sede regional de su partido a Antequera. Un movimiento táctico de cortas alas con el que pretendía subirse a los trenes baratos del agravio y del localismo pedestre. Puro ardid, mera añagaza, ladina treta para ganar un titular.

Al día siguiente, el número dos del PP andaluz, Antonio Sanz, consideraba la ocurrencia como un “eufemismo” y negaba que se estuviera estudiando ese eventual traslado al centro geográfico de Andalucía. Sonora y patética marcha atrás. Todo el tenderete por los suelos en veinticuatro horas en una demostración de falta de seriedad y rigor, en una muestra palmaria de la frivolidad con que algunos se toman la política, en un despropósito más con el avieso objetivo de aventar el fuego de la división y el enfrentamiento entre ciudades y provincias, en un ejercicio cínico de irresponsabilidad que no sirve para construir una Andalucía más fuerte.

Para colmo, es decir, para acabar de estropearlo, dice Sanz que con el “eufemismo” se pretendía reafirmar el compromiso del PP con Antequera. Suena más bien a tomadura de pelo y falta de respeto hacia la gente de esta bella y acogedora ciudad. Ha sido un juego de mal gusto, un traspié en pos de un beneficio pírrico usando a esta población como excusa de una maniobra ridícula.

Localismos

El discurso localista es una carcoma que corroe el edificio de la política con mayúsculas y alienta el enfrentamiento entre vecinos por motivos insulsos o inexistentes. Agravio y victimismo son los mimbres principales con los que se engarza este canasto emponzoñado. No cabe duda que este mensaje alicorto sólo es fomentado por políticos mediocres o instalados en la ansiedad por conseguir objetivos sirviéndose de atajos lamentables.

Hace unos días, un dirigente político de primera fila echaba gasolina en el fuego de esta variedad de celotipia. No podía ser otro que el líder del PP andaluz, Javier Arenas, que se aferraba al clavo ardiendo del aldeanismo cutre y ramplón para ganarse el aplauso fácil de la grada. A modo de síntesis, vino a decir que Málaga da más que lo que recibe. Exactamente, el mismo discurso que sostienen algunas comunidades autónomas ricas y que tanto censura el propio Arenas con verbo catastrofista y apocalíptico.  ¿Valen o no valen las balanzas fiscales como base para el reparto del dinero público? Pura incoherencia, desmedido oportunismo.  Un personaje público no puede actuar con tanta irresponsabilidad, de modo tan miope, con un ánimo tan frívolo, avivando la división… Y encima sobre bases falsas porque no es verdad que la Junta de Andalucía relegue o perjudique a Málaga. Así no se construye ni se vertebra una comunidad autónoma, más bien se favorecen los reinos de taifas.

Otro monumento al localismo inconsistente es el debate sobre dónde se ubica la hipotética sede de la supuesta gran caja de Andalucía. Ahí están (estamos) todos, de todos los signos políticos y de todos los sitios. Una disputa estéril y absurda porque el proyecto no es más que eso, un deseo, una apuesta, una entelequia si me apuran. Es como empezar la casa por el tejado… O buscar el colegio del niño antes de que éste haya nacido. No tiene sentido embarcarse en esta discusión virtual cuando habría que poner todas las energías en sacar adelante este instrumento financiero tan importante para esta comunidad autónoma. Aún es más esquizoide la actitud de los dirigentes del PP de aquí y de allá, pues demandan la sede de la nonata gran caja cuando su partido se opone a la fusión de las entidades andaluzas. Peleémonos por el emplazamiento de la sede, pongamos chinitas a la consolidación de este gran proyecto, convirtamos un asunto que sólo debería aparecer en las páginas económicas de los periódicos en una gran guerra política, y mientras tanto otras entidades foráneas ‘colonizando’ Andalucía. ¿Por qué somos tan cainitas?