El porqué de Siria

Recibí a través de WhatsApp este vídeo en plena conmoción por los atentados de París. Estamos ante una clase de historia de poco más de 10 minutos y con 15 mapas que nos permite entender de una manera sencilla y gráfica el origen de la inestabilidad que reina en Oriente Medio y Oriente Próximo. El endeble equilibrio que existía en la zona saltó por los aires con la guerra de Irak en 2003. La acción de los países occidentales de la mano del trío de las Azores (Bush-Blair-Aznar) para derrocar al dictador Sadam Husein ha dado lugar a un estado fallido sumido en el caos. Lo mismo ocurre en Afganistán o Libia. Siria, vecina iraquí, se suma también a la lista de la destrucción, del todos contra todos y cambiando varias veces de bando. Y en este caldo de cultivo de guerra, pobreza, desolación y ausencia de futuro prende el mensaje fanático del Estado Islámico. El rostro del terror que ahora nos asusta y nos acogota. Quizá para encontrar la solución y estabilizar la zona haga falta empezar por hacer autocrítica. La geoestrategia mundial está hecha unos zorros y hay que reinventarla.

Ocurrencias populares

Esta última semana ha sido pródiga en extravagancias del Partido Popular. Quizá el episodio más incongruente lo ha protagonizado de Estaban González Pons, la lengua más rápida de nuestro panorama político nacional, que el martes estaba votando en el Congreso de los Diputados a favor de la participación española en el contingente militar para frenar la masacre de Gadafi contra su pueblo y fechas después en un mitin hacía juegos de palabras contra la guerra de Libia. Hace falta menos malabarismo dialéctico y más coherencia en la acción política.

Otra peripecia extraordinaria se localiza en la campaña en Ávila. Lo cuenta César Calderón en su blog: el aspirante del Partido Popular, Miguel Ángel García Nieto, ha elaborado un vídeo de promoción de su candidatura repleto de imágenes de la Casa Real. Sale tanta veces el rey Juan Carlos que parece que estuviera optando al sillón municipal de la ciudad castellana. El alcaldable pepero se ha pasado por el forro la máxima no escrita de no usar la imagen de la Corona en las contiendas electorales.

El espectáculo más bufo nos lleva a Valencia, con dos personajes que se merecen más que un papel secundario en la saga El Padrino de Francis Ford Copola. Si Carlos Fabra inauguraba en Castellón un aeropuerto sin aviones y animaba a tomar las pistas como zona de paseo, Francisco Camps daba por cumplida su promesa electoral de hace cuatro años de hacer un hospital en Valencia presentando una maqueta. Más que fiebre de inauguraciones, sufrimos una diarrea de desfachatez.

Foto.El Periódico de Catalunya. Camps y González Pons.

Primavera… pero menos

La primavera ha llegado al sur, a Andalucía, justo con el equinoccio. El invierno no se ha despedido con antelación, se ha agarrado al calendario y sólo en este fin de semana hemos visto asomar los primeros signos del cambio de estación. Otros años por estas fechas el azahar ya había reventado en los naranjos, habíamos aligerado nuestro vestuario de lanas y prendas de abrigo, habíamos tomado calles y terrazas, incluso los más osados habían hecho alguna incursión a la costa. Este invierno tan intenso desde la perspectiva pluviométrica nos tenía sumidos en un lánguido, casi anémico, estado de ánimo.

Las secuelas de una severa crisis planetaria que no nos ayuda a retomar el camino de la recuperación y el empleo, junto al preocupante panorama global, hacen que la explosión de esta primavera sea más tenue, más tímida, menos esplendorosa. La catástrofe natural de Japón, con la amenaza nuclear cada vez más cierta, y el conflicto armado de la comunidad internacional con Libia, legal, oportuno y humanitario, pero armado al fin y al cabo, añaden más incertidumbre a un escenario ya preocupante que no alumbra la ilusión colectiva.

Los primeros rayos de sol primaveral, la recuperación del azul de cielos liberados de nubes, el refulgir de una luminosidad casi olvidada, el abandono de ropas tupidas, abigarradas y de colores tristes, el florecer de un campo regado hasta el anegamiento o el disfrute de días cada vez más largos nos ofrecen una coartada perfecta para despojarnos de rigores, pesadumbres y resignaciones. Quien los tenga, claro. Esta espita de la naturaleza produce una química que nos eleva la moral. Ya se sabe que la primavera, la sangre altera.

Viñeta.Forges, en El País.

Libia no es Irak

Y no lo es por razones obvias. También por un cúmulo de argumentos éticos, humanitarios, políticos y legales. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha aprobado una resolución para obligar a Muamar el Gadafi a que cese  la brutal represión contra una parte de la población que clama por la libertad, por la democracia y por el hambre que padece.

El uso de la fuerza es el último recurso que plantea la ONU. Todo sería más fácil si el sátrapa depusiera la opresión y la matanza de los opositores. No me gusta la guerra, me horroriza, pero sería imperdonable permanecer cruzados de brazos observando cómo se vulneran los derechos humanos y se masacra la población civil.

Libia no es Irak porque una hipotética intervención militar cuenta con el aval de Naciones Unidas mientras la invasión de Irak fue una decisión unilateral de Estados Unidos, Reino Unido y por desgracia España, a través del trío de las Azores, Bush, Blair y Aznar, y de espaldas a la legislación y a los organismos internacionales. La decisión de ese fatídico tridente dividió al mundo y, especialmente, motivó el rechazo de los países islámicos. Ahora la Liga Árabe participa de la decisión y algunos de sus miembros, como es el caso de Qatar, piensan integrarse en el contingente internacional si fuera necesario.

Libia no es Irak porque en 2003 se partió de una premisa falsa para justificar la acción militar y además sin el visado de la ONU. Se dudaba antes y se confirmó después: en Irak no había armas de destrucción masiva. En Libia se autorizan acciones de presión, nunca la invasión, para proteger a la población y evitar su exterminio a manos del dictador Gadafi.

Tampoco desde la perspectiva española Libia es Irak. Entonces, el Gobierno de Aznar tomó la decisión por su cuenta sin tener en cuenta la opinión de la mayoría de los españoles. Ahora, el Gobierno de Zapatero someterá la participación en la fuerza internacional a la consideración del Congreso de los Diputados.

Libia no es Irak… Por mucho que algunos quieran manipular desde sus púlpitos o sus plataformas mediáticas.

Ahorro energético

La convulsa situación de los países árabes, especialmente Libia, uno de los principales exportadores de petróleo y gas, ha propiciado un crecimiento desorbitado del barril de crudo. Los especuladores, como siempre, quieren hacer su agosto a costa de la inmensa mayoría y la OPEP, organización de países productores de este oro negro, contemporiza para sacar tajada y mantiene prácticamente el mismo número de barriles en el mercado. Así las cosas, a las naciones dependientes de esta materia prima imprescindible, como es el caso de España, nos toca sufrir y ajustarnos el cinturón ante tiempos de incertidumbre. La crisis del petróleo de los setenta del siglo pasado revolotea en nuestras memorias y este nuevo contratiempo internacional, unido al encarecimiento del precio del dinero anunciado por el Banco Central Europeo, puede abortar el incipiente escenario de recuperación económica mundial.

El Gobierno de España, con anticipación como reconocen hasta medios nada sospechosos como La Razón, ha puesto sobre la mesa un paquete de medidas de ahorro energético tasado en 2.300 millones de euros. Un conjunto de acciones dirigidas no sólo a contener el gasto sino a crear hábitos de austeridad en materia de energía y a concienciar a la ciudadanía que estas fuentes son caras. Se toman decisiones cuando se tienen que adoptar. Se dispara el precio del petróleo, el litro de gasolina alcanza en España un récord histórico, con esos elementos el Ejecutivo podía haberse cruzado de brazos y taparse los ojos, como haría el Partido Popular, o reaccionar con iniciativa para amortiguar los efectos de la carestía del crudo, como ha hecho. El aumento de 10 euros del barril de petróleo supone 6.000 millones anuales en la factura energética de nuestro país. No tardaremos en escuchar a los apocalípticos voceros del PP en culpar a José Luis Rodríguez Zapatero del alza de precio de esta materia prima básica. Son así de simplones.

El paquete aprobado por el Gobierno constituye un plan de choque incardinado a una estrategia global sobre nuestro mix energético. Desde hace años se viene apostando por un cambio de modelo, con más peso de las energías renovables, con menos dependencia del petróleo y con más garantía para el medio ambiente. Se necesita reducir aún más los costes para que estas energías limpias se conviertan en fuentes predecibles y competitivas, pero vamos por el camino correcto.

El principal partido de la oposición se ha quedado en el discurso fácil. Crítica ramplona y falaz y, en cambio, ninguna sola propuesta. Se ha agarrado a la reducción a 110 km/h de la velocidad máxima en autopistas y autovías como supuesta coartada para tapar su ausencia de ideas. No es una ocurrencia obligar a levantar el pie del acelerador para conseguir ahorro. Lo hizo Estados Unidos en la crisis de 1972 rebajando a 90 km/h el límite para consumir menos combustible. Además, en la actualidad, en EEUU, Reino Unido, Noruega o Rusia no se pueden sobrepasar los 110 km/h. De alguien que aspira a gobernar este país, hay que reclamar algo más que retórica barata.

La ONU reacciona con reflejos

El Consejo de Seguridad de la ONU ha emitido con diligencia impropia en sus usos habituales una resolución condenatoria contra Muamar el Gadafi y su régimen de terror en Libia. El acuerdo de Naciones Unidas, adoptado por unanimidad, no sé si tendrá efectos prácticos inmediatos, con un país desangrándose en un enfrentamiento civil entre partidarios del dictador y defensores de la democracia, pero sin lugar a dudas representa un aldabonazo moral. Se escapa la ONU del ambiguo lenguaje diplomático y sentencia con claridad insólita la crueldad y la ausencia de respeto a los derechos humanos con que Gadafi ha intentado reprimir la revuelta popular. Las principales conclusiones de la resolución son:

  • Que el Tribunal Penal Internacional de La Haya juzgue al dictador libio por crímenes contra la humanidad.
  • Impone sanciones económicas y dicta el embargo de las ventas de armas al régimen libio.
  • El bloqueo de todas las cuentas de Gadafi en el exterior.
  • Prohíbe los viajes al extranjero de Gadafi, su familia y sus más destacados seguidores.

La respuesta de los organismos internacionales llega tarde porque las potencias han preferido hacer la vista gorda durante muchos lustros mirando más por intereses económicos que por valores éticos, humanitarios y democráticos. Ahora bien, no se puede dejar de valorar que esta reacción ante la brutalidad de Gadafi se caracteriza por una rapidez y una contundencia sin precedentes. La Unión Europea piensa adoptar medidas del mismo calibre. Particularmente, considero que con esta resolución de la ONU empieza el principio del fin de un régimen brutal y corrupto de Gadafi.

A 110 km/h

A partir del 7 de marzo la velocidad máxima de circulación en las autopistas y autovías será de 110 kilómetros por hora hasta nueva orden. La medida, de carácter transitorio, responde a la convulsa realidad que se registra en el norte de África, especialmente en Libia, país exportador de petróleo y gas a nuestro país. Una situación de incertidumbre que ha aconsejado a tomar medidas ante posibles contingencias futuras y ante el repunte del precio del barril de Brent y la negativa de otros países de la OPEP a incrementar la producción de crudo.

La coyuntura política nos empuja a conducir más lentos, esto es, más seguros, para de camino conseguir más ahorro energético, que nos vendrá muy bien para nuestros bolsillos, en particular, y para las finanzas de España, en general. Escribiendo este párrafo he recordado un anuncio para reducir el consumo a raíz de la crisis del petróleo de los setenta en el que una voz solemne en off nos decía: ‘Aunque usted pueda, España no puede’. El ahorro estimado que comporta esta decisión del Gobierno es de más de 1.500 millones de euros al año.

Al día de hoy, no se vislumbran problemas para nuestro suministro energético, ni de petróleo ni de gas, dos productos en la Libia es uno de nuestro principales proveedores. Sin embargo, la previsión nunca está de más ante un posible agravamiento de la tensión en los países norteafricanos. Ya se perciben indicios concluyentes de esta crisis: se ha producido una escalada en el precio del petróleo, básicamente de los combustibles, de la gasolina, y que eso nos afecta a todos. Por ejemplo, una subida de 10 euros en el barril del petróleo –como se ha dado en los últimos días- supone para nuestro país, para nuestra factura energética, en torno a 6.000 millones de euros (1 billón de las antiguas pesetas), 500 millones mensuales. La reducción de la velocidad máxima en 10 km/h se traducirá 15% menos de consumo de gasolina y un 11% de gasóleo. Como contrapartida, se ha rebajado la tarifa de los billetes y abonos de Renfe para cercanías y media distancia en un 5% para fomentar el uso del transporte público.

También se van a tomar nuevas medidas para mejorar la protección de los conductores en el marco de la estrategia europea 2011-2020, medidas relativas a formación, seguridad, carreteras, movilidad urbana –de ciudades también-, información y indemnización a las víctimas. Nadie puede poner en duda que la política de seguridad vial desplegada por el Gobierno de España está dando buenos resultados durante los últimos años. El descenso de la siniestralidad en carreteras es un dato por sí solo elocuente: en 2003 fallecieron en accidentes de tráfico un total de 4.000 españoles y el año pasado fueron 1.700.

Foto.Diario de Sevilla.