Religión y Constitución

El Gobierno ha actuado otra vez con nocturnidad y alevosía. El Boletín Oficial del Estado, sin previo aviso, ha publicado el conjunto de conocimientos evaluables de la asignatura de Religión, para Primaria, Secundaria y Bachillerato que tras la ley Wert, la fatídica LOMCE, pasa a ser una asignatura evaluable. Unos contenidos que suponen una involución en un estado aconfesional como el nuestro. Rajoy y el PP han torpedeado la Constitución. El catálogo de materias que impulsa el Gobierno de la nación es claramente inconstitucional, propio de otros tiempos por suerte ya olvidados. En ‘El Intermedio’, el teólogo Juan José Tamayo ha asegurado que el contenido de la asignatura es más apropiado para una clase de catequesis que para una escuela pública. Con la derecha andamos hacia atrás como los cangrejos. Pese a todo, la jerarquía católica no se conforma y pide más. Son insaciables.

En marcha

El PSOE está en marcha a partir del congreso del fin de semana. O está de nuevo en pie para cambiar España, que diría su nuevo secretario general, Pedro Sánchez. El partido sale más fuerte, más unido y con unos objetivos políticos reconocibles y coherentes con el ideario socialista. Sánchez ha trazado una hoja de ruta clara en la regeneración política, en la defensa del modelo social y en la línea económica. Ha esbozado a grandes trazos un programa de gobierno con espíritu reformista y modernizador de este país como ya hicieron en su momento Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero.

El líder del PSOE ha fijado una serie de compromisos (derogación de la reforma laboral, de los acuerdos con la Santa Sede para avanzar hacia un país laico y un no rotundo al pucherazo de la reforma electoral para la elección directa de alcaldes, entre otros) que ha puesto a la derecha política y mediática de los nervios. Sánchez pronóstico al término de su intervención que para las huestes conservadoras era un mal día y leyendo algún editorial, se nota que la derecha no encaja que el PSOE tome nuevos bríos.

Cerrado este capítulo congresual, toca dirigir todas las energías a dar respuesta a los problemas que aquejan a cientos de miles de españoles, desplegando políticas que busquen el interés general, la creación de empleo y el bienestar social, que favorezcan la convivencia y que no penalicen a las clases medias y trabajadoras como hace el PP. La gente tiene que sentir muy cerca al PSOE. Ese es nuestro reto.

Foto.- EFE.

¿Dueña de nuestras instituciones?

Hay algunos que se resisten a la separación entre Estado e Iglesia como marca la Constitución. Ya sabemos, por boca del alcalde de Tarifa, Juan Andrés Gil, que las instituciones no son del pueblo sino que pertenecen a instancias divinas (0:47 del vídeo). ¡Nos han modificado nuestra carta magna y no nos hemos enterado! Lo que más sorprende de este regidor es su súbita conversión: como San Pablo un día se cayó del caballo y comenzó un largo viaje. Este nómada de la política ha pasado en una década de Izquierda Unida al Partido Popular, con una parada intermedia en una formación independiente de su municipio. Como siga a este ritmo o se le acaba el espectro político o vuelve a la casilla de salida.

La música suena bien

El Papa Francisco quiere romper amarras con la curia y la deriva de las oxidadas estructuras de la Santa Sede. Siempre he sostenido que los evangelios son de izquierdas y su interpretación y aplicación por parte de los que mandan en la Iglesia católica muy de derechas. La gira por Brasil de Bergoglio ha dejado, al menos, una música que suena bien. Incluso para los no creyentes como yo. Su discurso supone un giro de 180 grados, sus palabras parecen despojarse de la ortodoxia vaticana que tanto se aparta de la realidad de la calle. ¡Quién puede no estar de acuerdo con el pontífice en defender una doctrina más social (se ha echado de menos durante esta larga crisis una posición más beligerante contra la economía especulativa y de apoyo sin fisuras a los que sufren el paro y los desahucios) y la laicidad del estado, en censurar la soberbia de obispos que actúan como príncipes y no como pastores o con su comprensión hacia las personas homosexuales! Su mensaje tiene el punto reformista de Juan XXIII hace medio siglo. Ahora viene lo más difícil: pasar del dicho al hecho. La empresa entraña una tremenda dificultad. Se topará con una férrea resistencia. A ver si lo dejan…

Discriminación aberrante

Una sentencia muy terrenal pone las cosas en su sitio ante una cacicada de 2001 amparada en el poder divino del que hace gala y ostentación la Iglesia católica. Once años después, el Tribunal Constitucional le da la razón a Resurrección Galera, una profesora de religión despedida por el Obispado de Almería por contraer matrimonio con un divorciado. La máxima instancia jurisdiccional de este país condena este despido improcedente con argumentos irrefutables. A nadie, salvo que sea muy sectario o muy fanático, se le escapa que estamos ante un caso flagrante de “discriminación por sus circunstancias personales” y que se vulneran los derechos a “la libertad ideológica y a la intimidad personal y familiar”. A estas alturas de nuestra andadura democrática resulta una aberración el marco de relaciones Iglesia-Estado maniatado por un Concordato que conculca de facto la aconfesionalidad recogida en la Constitución española. Sólo esta anomalía constitucional explica que sea la Conferencia Episcopal la que elija y mande en la selección de los docentes de religión y el erario público el que abone religiosamente sus nóminas. Salvando las distancias, se reproduce el típico ‘yo invito y tú pagas’.

Pese al rotundo varapalo judicial, el Obispado se niega a readmitir a la maestra, como obliga la sentencia. ¿Y quién es la Iglesia para contravenir lo dictado por el poder judicial? No cabe la insumisión. Cuando menos estamos ante un claro delito de desacato. Y por si no fuera suficiente, el TC obliga a las administraciones a reintegrar el salario que la afectada no ha percibido desde la fecha del despido hasta que la readmisión tenga lugar. Un reintegro que supera los 200.000 euros. Un atropello, una injusticia, una arbitrariedad de la Iglesia que tenemos que pagar todos los contribuyentes.

Y todo esto sin entrar en la mayor: ya va siendo hora de eliminar la religión de las escuelas. Quién quiera conocimientos de una confesión, sea la que sea, que vaya a su iglesia, su mezquita o su sinagoga a recibirlas fuera del horario escolar. La religión no es una materia de conocimiento sino una ideología y, por tanto, con ella no se enseña sino que se adoctrina y se hace proselitismo. España debe romper con determinadas reminiscencias medievales y denunciar el Concordato. Esta servidumbre religiosa nos aleja del modelo laico de los países más avanzados de nuestro entorno europeo.

Foto.Cadena Ser. Resurrección Galera y su esposo.

Biblias

La inmensa mayoría de los nuevos ministros del Gobierno de Mariano Rajoy han jurado sus cargos sobre la Biblia. Sólo dos componentes, Soraya Sáenz de Santamaría y Luis de Guindos, lo han hecho sobre la Constitución. Y no sólo eso: presidía la mesa en tan solemne acto terrenal un crucifijo. Quizá sea un simple detalle sin importancia. O no, como remacharía el nuevo jefe del Ejecutivo. Supone todo un síntoma en un estado aconfesional como el nuestro, según reza en el articulado de nuestra carta magna. ¿Qué valor tiene la Biblia en un acto jurídico como la toma de posesión de los cargos de representación política? Me da a mí que ninguna. Sería tanto así como jurar o prometer sobre una novela o un taco de periódicos usados. Se jura o promete por “conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo… Con lealtad al Rey, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado“. Esta fórmula legal no hace alusión a pasaje evangélico alguno.

En el ámbito privado de las creencias religiosas, la Biblia puede representar muchísimo, ser el documento de cabecera o el cuaderno de bitácora que rija los destinos vitales de una persona. Sin embargo, en el espacio público de un país donde se ha establecido la división entre Estado e Iglesia (quizá no tanto como algunos desearíamos) chirría esta imagen. Esta confusión de planos no se justifica porque la mayoría se declare católica (el número de practicantes reales es ya harina sobre otro costal). ¿Tendría validez administrativa la partida de bautismo frente al DNI? La respuesta no ofrece ninguna duda. Hagamos una traslación de este planteamiento a todas las esferas de la vida pública y pongamos a la Constitución en su sitio. ¡Que una determinada moral religiosa no prepondere sobre el marco de convivencia que consagra la ley de leyes!

Funcionarios con sotana

Con las canas que peina uno debería estar ya curado de espanto. Sin embargo, aún hay muchas cosas que me indignan como cuando contaba con menos febreros  en la mochila y la paciencia no era una de mis virtudes.

Hace unos días, leía una información inquietante en El País sobre que la Iglesia católica inscribe como propios miles de inmuebles y solares propiedad de municipios o sin constancia registral, es decir, sin dueño conocido. En materia inmobiliaria la Iglesia arrastra prebendas desde la época del franquismo. Y no se ha parado ahí. En 1998, la supresión de un artículo del vetusto reglamento hipotecario por parte del Gobierno de Aznar multiplica los privilegios de esta confesión religiosa. Esta modificación legal abre la espita la apropiación de patrimonio público o privado. Gracias esta artimaña, orquestada sibilinamente por la derecha, los prelados se han puesto las botas a costa del Estado en un auténtico proceso de amortización (¡Ay si Mendizábal levantara la cabeza!) en todos los rincones de España,  aunque especialmente en Navarra.

Lo más llamativo es que los obispos tienen la consideración de funcionarios públicos y pueden otorgar títulos de dominio. ¿Cómo adquieren la condición de empleados públicos sin haber pasado una oposiciones y nadie hace nada para frenar esta ilegalidad? ¿Cómo en un país democrático con una Constitución que cuenta con casi 33 años de vida y consagra un Estado aconfesional se puede conceder a los representantes del Estado Vaticano en España esa prerrogativa? ¿Cómo se tolera el expolio de bienes, inmuebles y fincas que son propiedad del Estado? Cuando un Estado gana terreno a otro Estado se puede entender como anexión o conquista por muy pacífica y silenciosa que está sea y además, por muchas conexiones divinas que tenga, nos está escamoteando algo que es de todos.

Cada día resulta más incomprensible el mantenimiento de ese fuero medieval del que goza la Iglesia católica. El dichoso Concordato nos lastra a un pasado que ya teníamos que tener más que superado. Es una losa cada día más insoportable para nuestra democracia. Un escándalo.

Foto.El País. Catedral de Navarra se, restaurada con dinero público antes de que la Iglesia se la apropiara.

El voto de Rouco

A nadie sorprenderá a estas alturas de la película que el cardenal Rouco se incline a la derecha, muy a la derecha. Como suele ser habitual cuando se aproxima un proceso electoral, la Iglesia católica a través de sus diferentes púlpitos y órganos hace una recomendación de voto en sintonía con su doctrina, llama a sus fieles a apoyar a los que defienden su ideario. La diócesis de Madrid plantea el sufragio para los que se opongan al aborto, a la asignatura educación para la ciudadanía y el matrimonio homosexual. Tardarían menos en reivindicar el voto sin ambages para el Partido Popular. Total, si comparten objetivos y manifestaciones para que andar con subterfugios y perdiendo tiempo. Cada uno en su casa hace lo que le parece, si la curia se mete en harina terrenal, los poderes civiles están más que legitimados para intervenir en asuntos divinos. Cada día se hace más necesario el cumplimiento del mandato constitucional y que España se convierta en un verdadero estado aconfesional. Y acabar con determinados privilegios consagrados por un concordato de otros tiempos.

Benedicto, el invitado faltón

Es poco elegante que alguien venga a tu casa a poner pegas o proferir críticas desaforadas. Benedicto XVI parece que no entiende ni de cortesía ni de la obligada diplomacia que ha de acompañar a un jefe de Estado en sus manifestaciones. Llega el sumo pontífice a España y, a las primeras de cambio, nos mete el dedo en el ojo con sus andanadas al “laicismo agresivo” de la sociedad española.

Clama al cielo (si me permiten esta expresión) oír estas palabras a un representante de una institución que hizo cruzadas, que declaró guerras, que persiguió y aniquiló herejes, que fundó la Inquisición como sanguinario aparato coercitivo de la libertad de pensamiento y creencias o que dio cobertura al golpe militar de 1936 y la posterior represión franquista. Y por no irnos tan lejos en el tiempo, un pastor que lidera un gran rebaño que alberga grupos sectarios, como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo y los Kikos, que blanden su doctrina contra principios democráticos y constitucionales.

Los árboles de su moral les impiden ver el bosque de la razón. La censura a la evolución (natural y cívica) de este país hacia un modelo aconfesional no entra en la sesera de los popes vaticanos. Se resisten a la consolidación de la separación de los asuntos de un Estado y de la Iglesia, como es propio de las sociedades modernas. Las nostalgias de Benedicto, este ilustre invitado faltón, nos retrotraen a la Edad Media.

Cruzada contra el laicismo

A Benedicto XVI no le va la diplomacia, ni siquiera la templanza, virtud tan cardinal y exigible al primer pastor del rebaño católico. Por donde pasa va dejando enemigos o cabreados. Sus visitas pastorales generan un reguero de desafecto y malestar. No se corta un pelo. En su llegada a Reino Unido ya cinceló un primer titular corrosivo al comparar el ateísmo radical con el nazismo, una agresión gratuita a los no creyentes y especialmente contraindicada viniendo de una persona que como pecado de juventud tiene en su biografía su pertenencia a las juventudes hitlerianas.

Para mantener alto el fuego de la indignación, además de alentar una cruzada contra el laicismo, ha puesto a parir a los hombres y mujeres de la ciencia. Para el pontífice no son más que gente sin moral ni principios. Según las palabras de Benedicto XVI, la perspectiva científica sin dimensión religiosa se vuelve peligrosa. Es decir, que el científico no creyente se convierte en un ser abyecto, un monstruo que ha de estar sometido a la tutela y vigilancia desde la moral de la Iglesia. Su modelo se ancla en las tinieblas del Medievo.

Como simple observador, me asombra esta falta de tacto del Papa cuando tan pudoroso y prudente se muestra con los temas que atañen a sus compañeros de sotana. Si fuera tan expeditivo con la condena de la pederastia y la aplicación de castigos ejemplares para sus autores, otro gallo cantaría. Desde luego, el jefe del Estado vaticano tendría más credibilidad para abroncar a la parroquia.

Desde mi laicismo democrático, o mi ateísmo radical si se prefiere, mi respeto a todas las creencias y a la libertad religiosa de cada cual. Aunque también sería bueno que algunos prebostes predicaran con el ejemplo. Quid pro quo.