Dos patinazos

No ha tenido un buen arranque de semana el alcalde de Málaga. Un político habitualmente moderado ha protagonizado un par de sonoros traspiés dialécticos. En primer lugar, Francisco de la Torre ha reaccionado de forma extemporánea y airada a la noticia de que el Ayuntamiento ha construido un parque para que los perros hagan sus necesidades sobre la mayor fosa de víctimas del franquismo. Al final, la realidad es tozuda y han tenido que cerrar la instalación ante tamaña ofensa. Han pasado de la bravuconería de ayer queriendo responsabilizar del dislate a las asociaciones de Memoria Histórica a templar gaitas. Con voz de no haber roto nunca un plato, el concejal de Urbanismo se ha tragado sus palabras y ha asumido un error técnico. No sólo han metido la pata sino que les faltó humildad para admitir el yerro. Bienvenida sea la rectificación de hoy. No se podía insultar de esa manera la memoria de las víctimas.

Y en paralelo un segundo tropezón. El regidor tampoco ha demostrado mesura al criticar a la Junta por no apoyar, a su juicio, a Málaga como futura sede de la Agencia Europea del Medicamento, sita actualmente en suelo británico, ante la salida del Reino Unido de la UE tras la victoria del Brexit. De la Torre debería actuar con prudencia y controlar sus arrebatos porque Bruselas y Londres ni siquiera han concretado cómo se efectuará la salida de la UE.  Sin duda, para el Gobierno de Andalucía sería una buena noticia que este centro administrativo comunitario se instale en esta tierra. Y considera tan potente la opción de Málaga como la de Granada, cuyo alcalde también ha manifestado interés por albergar este organismo. Cuando hay dos ciudades andaluzas con aspiraciones, la Junta ha de estar con las dos.

Llama la atención que De la Torre arremeta contra la Junta cuando el Gobierno de España ya ha manifestado que ayudará a la Generalitat, de Carles Puigdemont y los independentistas de Junt pel sí, a conseguir que Cataluña sea sede de la Agencia. El alcalde no debería pagar sus frustraciones con quien no debe. Ha sido la vicepresidenta del Gobierno, que es de su partido por si lo ha olvidado, quien ha apostado por Barcelona dando la espalda a otras posibles candidatas. Si está molesto, que dirija las pullas a quien corresponda. A ver si va a ser culpa de la Junta que Soraya Sáenz de Santamaría haya ofrecido su apoyo a Barcelona. Un segundo patinazo por querer buscar una confrontación que no cabía.

Foto.ABC de Sevilla.

 

Sentencia para Artur Mas

La CUP ha decidido finalmente no apoyar la investidura de Artur Mas. Les ha llevado más de tres meses la toma de una decisión que ya habían verbalizado hasta la saciedad durante la campaña electoral. Con esta premisa se presentaron a las elecciones catalanas del 27 de septiembre y se reafirmaron en ella en los días posteriores. La postura de la formación anticapitalista era pública: el que presida no puede ser identificado ni con los recortes ni con la corrupción. Mas no tenía ninguna posibilidad de repetir al frente de la Generalitat con esta línea roja. Sin embargo, la CUP se metió en una engorrosa y bizantina negociación con Junts pel sí y condujo a sus bases por un laberíntico proceso asambleario con sospechas de manipulación en su resultado (¿quién se cree ese empate imposible a 1.515 votos?). Constituye un sano ejercicio la profundización en la democracia interna de los partidos, como también lo es cumplir lo que se promete cuando se pide el voto durante la campaña. Todo el proceso de diálogo carecía de sentido, salvo que en Junts pel sí se hubieran mostrado dispuestos a sacrificar al actual president en funciones, y de momento esa eventualidad ni siquiera se ha planteado.

El postrero y manoseado veredicto de la CUP supone la muerte política de Artur Mas. Éste había fiado todo su futuro político a seguir como cabeza de la Generalitat e iniciar el proceso de independencia (o de desconexión de España, como eufemísticamente lo bautizaron en la resolución aprobada por el Parlament). Si antes del 10 de enero su formación no cede a la petición de los anticapitalistas, se tendrán que repetir las elecciones autonómicas. El equilibrio de fuerzas dentro de Junts pel si ya no es el mismo. En los comicios generales del 20 de diciembre por primera vez desde 1978 ERC ha superado en las urnas al partido de Mas, Convergència, ahora rebautizada como Democracia i Llibertat. Sin duda, y dando por hecho de que continué la candidatura de concentración independentista, Artur Mas no tiene escasas posibilidades de repetir como candidato a la Presidencia. Por un lado, porque en caso de necesitar otra vez los votos de la CUP para la investidura estaríamos ante un nuevo bloqueo y, por otro, porque los socios no sólo demandarán un cambio de cartel sino una reconfiguración de la lista acorde al mapa político actual de Cataluña. Por tanto, alea jacta est.

Foto.Reuters. Oriol Junqueras (ERC), Antonio Baños (CUP) y Mas, en el Parlament.

¿Tongo?

Nuevos partidos, viejos trucos. El empate registrado en la asamblea de la CUP para apoyar o no la investidura de Artur Mas se antoja un puro artificio, una maniobra artera de la dirección para mantener la situación en suspense y arrogarse la decisión última sobre el respaldo o el rechazo al president en funciones. El azar puede producir estas contingencias inverosímiles, pero en política las casualidades no existen. Y estas increíbles tablas a 1.515 votos entre independentistas y anticapitalistas de la CUP, las dos almas que conviven en esta formación, dejan la decisión en manos de la dirección. Ya no serán 3.030 militantes los que decidan, sino sesenta dirigentes los que pongan jefe del Gobierno catalán o fuercen la repetición de las elecciones.

No tenía dudas de que la asamblea iba a ser dirigida por los cabecillas con hilos aparentemente invisibles. Así lo manifesté en este blog hace unos días. La faena ha sido más burda de lo esperado. El resultado final tiene cocina de creación y nos sirve en bandeja de plata un asamblearismo moldeable. Y chirría el camino conducente al empate plagado de preguntas trampas y votaciones kafkianas. ¿No habría sido más fácil decidir sobre dos opciones: sí o no a la investidura de Mas? El complejo sudoku perseguía generar una apariencia de democracia con un final escrito de antemano. El veredicto de la asamblea se muñó entre bambalinas y se revistió de decisión salomónica: fractura en dos mitades. Nadie pierde, nadie gana y el grupúsculo directivo que tiene la batuta de esta orquestada desafinada parte y reparte juego.

La lectura de los líderes de la CUP se sitúa en el esperpento. Su valoración fue en una rueda de prensa sin preguntas. Estos próceres de los nuevos modos tienen vicios de la más añeja política. Anna Gabriel, su portavoz parlamentaria, ha dejado una frase lapidaria que bebe en los galimatías de Groucho Marx: “No podemos dar a ninguna opción por ganadora, como por una parte u otra deseaban algunas partes“. El candidato anticapitalista en el 27-S, Antonio Baños, busca una maquillaje imposible para cubrir la realidad: “El resultado no nuestra división. Es una oportunidad para estudiar nuevas propuestas“. La primera pone el parche antes de que salga el grano y el segundo hace de la necesidad virtud (algo así que somos tan independentistas como anticapitalistas.

Si se pretendía alargar la agonía de Mas, objetivo cumplido. Si se intentaba sacar más tajada de la debilidad y la ansiedad de Junts pel sí por evitar una nueva cita con las urnas, objetivo cumplido. Pero lo más claro de todo es que sesenta dirigentes han cogido la sartén por el mango y tienen en sus manos el futuro de Cataluña.

Foto.– El Periódico de Catalunya. Baños y Gabriel, en el centro, durante la asamblea.

 

Mas se arrastra ante la CUP

Viendo el escenario catalán desde la barrera, da la sensación que Artur Mas ha perdido la dignidad y está dispuesto a cualquier arreglo (por oneroso que éste sea) con tal de amarrar su continuidad en la presidencia de la Generalitat. Cierto es que en este viaje se juega su pellejo político pero sus ocurrencias lo están situando en el ridículo más absoluto. Muchos de los votantes del Junts pel sí, básicamente los que tradicionalmente han votado a Convergencia i Unió, de extracción conservadora, estarán desconcertados con el matrimonio antinatura que persigue Mas con la CUP, una fuerza anticapitalista y antisistema. Esa alianza sería tanto como querer mezclar el agua y el aceite. Sin embargo, en ello se afana sin éxito el president en funciones, mendigando el apoyo con propuestas delirantes. Todo por superar este match-ball que lo puede sacar del tablero. No se trata de salvar el disparate que representa el proceso de independencia, sólo busca un cabo que lo rescate del laberinto en el que se ha metido por sus errores, su mala gestión y los casos de corrupción que acosan a su partido.

Viñeta.Peridis en El País.

Mas y la gran farsa

Nada mejor que recurrir al humor gráfico para conocer de forma sencilla y directa los asuntos más complejos. Estas viñetas de opinión de Gallego&Rey y Ricardo en El Mundo, El Roto en El País o Miki&Duarte en el Grupo Joly, muestran el disparate que supone el proceso de independencia de Cataluña y la obsesión de Artur Mas por continuar con su huida hacia adelante para tapar los casos de corrupción que cercan a su partido y el despropósito de una gestión ineficaz y caracterizada por los recortes. Cuando más dificultad tiene para repetir como presidente y salvar el pellejo político, más se aferra al desvarío separatista y más mendiga el apoyo a los antisistema de la CUP. Y es que el independentismo catalán se ha situado en la locura y fuera de la ley. Han usado el Parlamento y una minoría con ínfulas de superioridad moral para pisotear nuestra Constitución, la razón y la convivencia de los catalanes entre sí y de todos los españoles. Es inaceptable que Artur Mas haga gala de la desobediencia a la ley. No sólo es una barbaridad, sino que sitúa a Cataluña en el abismo y en el camino a ninguna parte. ¿Adónde quieren llegar con esta gran farsa? Artur Mas se ha amarrado el palo de la ruptura para salvarse él mismo. Y mientras los catalanes siguen sin tener solución a sus problemas.

Equidistancia

España vive en convulsión por el desafío del independentismo catalán. Es un conflicto que está monopolizando todo el debate político y que, al mismo tiempo, está clarificando posiciones. Por un lado, el conglomerado soberanista nucleado entre Junts pel sí (Convergencia, Esquerra Republicana y la Asamblea Nacional Catalana) y la CUP. Por otro, el bloque constitucionalista en el que se integran PSOE, PP, Ciudadanos y otros partidos minoritarios (UPyD y Unió, entre otros). En medio del tablero, en una inentendible equidistancia, se sitúa Podemos. La formación morada defiende el “derecho a decidir” de los catalanes, un planteamiento político que choca con nuestro ordenamiento jurídico. El partido de Pablo Iglesias se pone de perfil y pretende templar gaitas sin entrar en el fondo de la cuestión. ¿Por qué no recurre la propuesta de resolución donde se inicia el proceso de “desconexión” del Estado (menudo eufemismo) como han hecho socialistas, populares y C’s? ¿Por qué no alzan la voz contra la barbaridad de un proceso separador sin contar con mayoría social? ¿Por qué la mitad de los diputados de su grupo votaron a favor de la independentista Carme Forcadell como presidenta del Parlamento catalán? Es la hora de definir con nitidez si se está con la legalidad vigente o con la locura, si se está por fortalecer España o hacerles el juego a los secesionistas. Nos enfrentamos ante un escenario que exige respuestas claras y no juegos de palabras, ni ambigüedades. Quedan 45 días para las elecciones y Pablo Iglesias se tendrá que mojar si pretende coger peces.

Foto.La Vanguardia. Iglesias y Oriol Junqueras (ERC).

Pulso independentista

El independentismo catalán se tira al monte. Las dos fuerzas que propugnan la ruptura con España, Junts pel sí y la CUP, no han esperado siquiera a la constitución del nuevo govern y han presentado una propuesta de resolución para que se tramite por la vía de urgencia en el Parlamento comenzar el proceso de independencia. Este movimiento exprés del bloque soberanista no llegará a ninguna parte y obedece sólo a las urgencias de Artur Mas y Convergencia para evitar la acción de la justicia en torno a la presunta financiación irregular de la formación (el famoso 3 por ciento) y para tapar el registro policial a todo el clan Pujol que se está produciendo hoy. Las sospechas de corrupción cada vez más fundadas estaban poniendo en peligro la investidura de Mas como presidente y la única manera de desbloquearla era acelerando el proceso separador para contentar a la CUP. No es más que el triunfo de la sinrazón para que el dirigente convergente salve el pellejo político.

El paso supone una vuelta de tuerca más en la demencial estrategia secesionista. No tiene soporte jurídico ni respaldo democrático (la mayoría del pueblo catalán está por seguir dentro de España). Ante este acto, nos toca al resto estar en la defensa de la Constitución y la legalidad, hacer valer la legitimidad de la democracia expresada en las urnas y buscar una solución con argumentos no sólo jurídicos, sino también políticos. Ante la provocación del independentismo, se requiere la unidad de los españoles y de todas las fuerzas políticas que apoyan nuestra carta magna. Sólo cabe afrontar el reto soberanista con altura de miras y huir de tentaciones que persigan réditos electorales porque nos jugamos mucho como país. Los españoles estaremos más tranquilos si observamos unidad de acción y objetivos compartidos. Buena señal es el contacto mantenido por Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Albert Rivera.

Foto.elconfidencial.com.