Otro envite más

De manera cíclica, el Fondo Monetario Internacional nos obsequia unas recetas de castigo para la clase trabajadora. Ayer recibimos la última entrega del serial de cómo achuchar a los de siempre. El FMI emplaza a España a que mantenga la pírrica subida de las pensiones en un 0,25% en los próximos años, con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo, y a retrasar la edad de jubilación, incluso más allá de los 67 años. En un país con 3,5 millones de desempleados (paro registrado), parece que alargar la vida laboral de los activos sólo perjudica la incorporación de los más jóvenes al mercado laboral, además de penalizar a los que llevan muchos años cotizados. Desde las poltronas de estas instituciones, sus bien remunerados ejecutivos sólo piensan en cómo seguir engordando a los de arriba y exigir más sacrificios a los trabajadores. Todo muy previsible y muy liberal.

Otra ocurrencia de Rajoy

Será porque llevo ya 34 años cotizados a la Seguridad Social y porque pienso que los trabajadores cuando alcanzan la edad de jubilación se han ganado su derecho a un merecido retiro y a una pensión digna que me ha sonado a ocurrencia la última promesa electoral de Mariano Rajoy. El candidato del Partido Popular (PP y promesa son sinónimo de incumplimiento) ha planteado eliminar el IRPF a los trabajadores que no se quieran retirar y prolongar su vida laboral. Seguramente habrá empleados, los menos, a los que no les importe continuar en el tajo cuando llegue el momento de pasar al estado de júbilo, pero no veo a muchos albañiles, mineros, transportistas, jornaleros y otras profesiones de riesgo o que exigen esfuerzo físico acogiéndose a la medida que pone Rajoy sobre el tapete electoral. Además, en un país con tan elevada tasa de paro juvenil y con muchos jóvenes y otros no tanto teniendo que buscarse la vida fuera de nuestras fronteras, no encaja esta propuesta del PP. Lo que nos toca entre todos es generar oportunidades laborales para que las generaciones mejor formadas de nuestra historia encuentren empleo con salarios decentes en España y no abrir la puerta a prórrogas, aunque sean voluntarias, de la vida activa. Un trabajador cuando cumple su edad de jubilación tiene que dar paso a que otra hornada se incorpore al mercado laboral. Me cuesta trabajo encontrarle la bondad al conejo que se ha sacado Rajoy de la chistera. Sólo lo veo como un señuelo para desviar el debate de asuntos de mayor trascendencia y preocupación social.

Foto.EFE.

Otra sugerencia envenenada

El Banco de España sigue haciendo de las suyas. El supervisor bancario, en lugar de dedicarse al control del sistema financiero, continúa haciendo pinitos en política. Su última propuesta pasa por hacer contratos fuera de convenio y suprimir el salario mínimo para determinados grupos de trabajadores, en concreto aquellos con menos cualificación o los que tienen más dificultad para encontrar empleo. En definitiva, el Banco de España plantea una vuelta de tuerca más a la fracasada reforma laboral del Gobierno de Rajoy. Y no se queda ahí y propugna adelantar la jubilación a los 67 años. Toda una declaración de intenciones neoliberales del equipo del gobernador Luis María Linde, como ya hizo en su día su antecesor Miguel Ángel Fernández Ordóñez. ¿Por qué se meten donde no los llaman? Perseveran en el error que nos ha traído y nos ha hundido en esta profunda crisis. Los recortes sólo generan más depresión y empobrecimiento de la sociedad. Empiezo a pensar que los que dirigen la economía están interesados en seguir ahondando la recesión y en la generación de paro para conseguir mano de obra barata y sometida. Los que mueven los hilos están cebando la desesperación de los parados para que estén dispuestos a trabajar por lo que sea renunciando a sus derechos. Todas las conquistas de muchas décadas de lucha obrera se están escapando por el sumidero de la crisis.

Rescate bancario y contrapartidas

Ya está decidido. Habrá rescate del sector financiero español. El Gobierno de Rajoy se ha tenido que bajar del burro de una fingida dignidad patriótica y aceptará una inyección millonaria para tapar el agujero que ha generado la mala gestión y la avaricia inmobiliaria en algunos bancos y cajas. Siendo justos, ese mantra de la buena salud del sistema financiero viene de la etapa anterior. El castillo de naipes se ha desplomado y supondrá una aportación por parte de la Unión Europea de unos 40.000 millones de euros. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ya ha deslizado esa cifra, que queda a expensas de las conclusiones de las dos auditoras privadas para establecer ese óbolo definitivo a las entidades financieras en riesgo. La cuantía final será, nada más y nada menos, dos veces el fiasco de Bankia.

Con dinero público se intenta salvar la deuda privada de bancos y cajas. Básicamente, estamos socializando las pérdidas del sector financiero. El pensamiento único neoliberal, guiado por Berlín y Bruselas, dirige una cruzada contra la reducción del déficit público cuando el problema, desde siempre, ha sido el endeudamiento privado. En 2011 el déficit de todas las administraciones españolas fue de unos 80.000 millones y se nos imponen recortes brutales para alcanzar el objetivo fijado por la UE. Con lo que se va a inyectar ahora a bancos y cajas en apuros se podría haber evitado el ajuste en el gasto público y se podrían haber impulsado políticas de estímulo económico y crear empleo. Lo peor es que mientras que la inmensa mayoría hacemos sacrificios y nos ajustamos el cinturón hasta casi la asfixia, a las entidades que han gestionado mal se las premia con fondos públicos.

Y este desorbitado aporte de dinero de la UE que entrega a España para evitar el colapso del sector financiero y poner coto a la presión de los especuladores no será ni altruista ni gratuito, se nos prestará esta enorme cantidad con exigencias de más recortes que los burócratas de Bruselas (y los de aquí también) llamarán reformas. Por los mentideros ya circulan contrapartidas que irán a costa de nuestro estado del bienestar y nuestros derechos ciudadanos: aumento del IVA, adelanto de la entrada en vigor de la jubilación a los 67 años y reducción de las prestaciones por desempleo. De ser así, los de siempre pagaríamos los desafueros de las entidades financieras.

¡¡¡Hasta los 67 años!!!

El Gobierno de España quiere prolongar hasta los 67 años la edad de jubilación. La idea no me gusta. Mentiría si dijera lo contrario. Quizá porque llevo en el tajo desde los 16 años y cotizados más de 28. O tal vez porque todos pensamos dejar la actividad laboral con energías suficientes para afrontar el trecho final de nuestras vidas.

Entiendo que algo hay que hacer para garantizar la viabilidad del sistema de pensiones. El segmento de población mayor de 65 años crece sin parar y la esperanza de vida supera los 80 años. Se ha optado por una medida contundente y poco popular. ¿Se han antepuesto premisas economicistas a las conquistas laborales? Se requiere con urgencia una explicación muy clarita, muy pedagógica, que disipe las dudas de la ciudadanía. Los sindicatos han expresado sus reservas y el PP, como siempre, exige medidas y luego se sube al carro del oportunismo.

En el paquete de reformas, además de la extensión de vida laboral, se incluye la revisión de las pensiones de viudedad y la elevación del periodo de cómputo para fijar la cuantía de la pensión. Y me pregunto: ¿Se va a poner coto a las prejubilaciones? ¿Es lógico elevar la edad de jubilación cuando hay trabajadores con 50 ó 52 años que pasan a la categoría de pasivos por el desahogo determinadas empresas para aligerar la nómina? Tremenda paradoja.

Derechas contra derechos

Rodrigo Rato, ex ministro, ex director general del Fondo Monetario Internacional y ex todo en el PP, le ha puesto voz a los anhelos recaudadores de Unespa, patronal del seguro. Rato, a la cabeza de las aseguradoras, lidera la causa por el alargamiento de la vida laboral poniendo voz al sector privado de los planes de pensiones. ¿Es de justicia posponer la edad de jubilación de un minero, de un encofrador o de una profesora de infantil? Pues no.

Este prócer del PP ha enarbolado la bandera del miedo para justificar la urgencia de reformas del sistema de pensiones dibujando un horizonte negro de insuficiencia financiera en 15 años. La derecha económica quiere hacer caja y cuenta con el apoyo inequívoco de la derecha política. El PP se sitúa de nuevo del lado de los intereses privados.

Se apuesta públicamente y sin disimulo por un modelo privado de protección social sólo al alcance de los más poderosos y deja a su suerte a las personas y trabajadores con menos posibilidades. ¿Es ése el modelo que propugna Javier Arenas para Andalucía? ¿O Mariano Rajoy para España? Es hora de que digan alto y claro por dónde pasa su modelo de pensiones. Hay que temerse lo peor porque Rajoy, en una reciente entrevista, incluyó entre sus reformas estructurales las pensiones.

El cambio que preconiza el PP busca eliminar las garantías de igualdad a los que menos tienen. Como siempre, los barandas de derechas blindando los intereses del capital, mientras que para la izquierda son las personas nuestro capital. Se puede constatar así la diferencia entre defender una política de derechas o defender una política de derechos.