El no gobierno

El gobierno de las derechas en Andalucía lleva ya dos meses en el puesto y sigue sin dar golpe. Hasta la fecha no han gestionado nada y sólo se dedican a difundir bulos, patrañas y montajes de la anterior etapa socialista. Como por inercia de tantos años o por incapacidad y desconocimiento, o por todo a la vez, continúan haciendo oposición al Ejecutivo anterior. Una demostración de que esta tarea les viene grande y sólo saben destruir porque no tienen nada que ofrecer a la ciudadanía. No es que haya desgobierno, que lo hay por la inacción y la desconfianza de los socios, es que no hay gobierno porque los que han llegado después de tantos años lampando no cumplen su cometido y se dedican al trilerismo político.

Y este espectáculo bufo y decepcionante tiene su momento de esplendor cada martes, con el consejero de Presidencia, Elías Bendodo, como un Merlín de las malos augurios y de profecías de todo a cien. Cada rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno se convierte en un disparate de afirmaciones manipuladas, de mentiras como puños, con el afán malsano de convertir la buena herencia recibida en una suerte de erial. Datos descontextualizados, cifras infladas o discursos incendiarios desde una tribuna que se convierte en un altar del despropósito y la propaganda, muy lejos del tono institucional que ha de presidir este tipo de comparecencias. Un gobierno cuyo único balance son las soflamas y la ausencia más absoluta de rigor y solvencia. Los supuestos cien días de gracia que se les concede a un nuevo gabinete se han convertido en periodo de desgracia porque lo único que hacen los del trifachito es generar falsa alarma y engañar sin pudor a la opinión pública.

Con las reglas del juego en la mano, los perdedores de derechas llegaron al Palacio de San Telmo porque la aritmética parlamentaria con Vox, la extrema derecha, lo hizo posible. Todo legítimo. Lo que no lo es tanto es que desde el Gobierno se haga oposición espuria a los anteriores por la falta de ideas y de aptitud. Manolete, si no sabes torear…

Foto.Andalucía Información. De derecha a izquierda, el uno (Moreno Bonilla), el dos o supuesto dos (Marín) y el tres, que en verdad es el dos (Bendodo).

A ralentí

Por tradición en política a los nuevos gobiernos se les concede cien días de gracia. Al nuevo de Andalucía, ese frankestein de las derechas y la extrema derecha, le parece poco tiempo y se plantea pasarse el primer año en blanco. No tienen mucha prisa en tomar decisiones antes de las elecciones municipales de mayo. No serán medidas positivas para la mayoría las que tienen en mente cuando no se atreven a que se conozcan sus (¿aviesas?) intenciones antes de la cita con las urnas. En esta estrategia de ralentí, llama la atención que la única medida apuntada sea la de iniciar los trámites (largo me lo fías, Sancho) para bonificar al 99% el impuesto de sucesiones, un tributo que pagan cada año en Andalucía menos de 500 personas, las que heredan de forma individual un millón de euros. Su prioridad, salta a la vista, es darle satisfacción a los millonarios.

El flamante presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla, que no tiene fama de trabajador infatigable, ya ha despejado el balón de los presupuestos de este año hasta el mes de junio. No los llevará a la Cámara para su debate hasta que pasen los comicios locales. Lo que de facto supondrá que esta comunidad no tendrá nuevas cuentas antes de septiembre en el mejor de los casos. Justo cuando el Ejecutivo ha de estar culminando las de 2020 para entregarlas en la Cámara antes del 31 de octubre. Estresados no se les ve. Este ritmo lento y parsimonioso, de casi brazos caídos, no reportará más que lastre a la economía, los emprendedores y al bienestar de los ciudadanos. Tantos años en la oposición presentándose como la opción de cambio y ahora demuestran carecer de los conocimientos suficientes para tan elevada empresa.

Ejercicio tras ejercicio, el Partido Popular ha registrado enmiendas a la totalidad a los presupuestos socialistas de Andalucía con texto alternativo. Este paso de tortuga actual evidencia que antes escribían cartas a los Reyes Magos carentes del más mínimo rigor o que hoy pretenden sacar la tijeras de los recortes y cargarse los derechos que tanto han costado conseguir. Me malicio que se alinean los dos factores: ni saben y además quieren arrebatarnos lo que es nuestro. ¡Qué tropa!

Foto.Público. Marín (Ciudadanos), Moreno Bonilla (PPI y Serrano Vox, los coligados.

La austeridad según Ciudadanos

Decían que venían a regenerar la política y lo primero que han hecho es subirse el sueldo. La presidenta del Parlamento de Andalucía, Marta Bosquet, segunda autoridad de la comunidad autónoma gracias al apoyo de la extrema derecha, se ha estrenado en el cargo con muy malos modos y con un aumento de sueldo a su segundo de a bordo que produce bochorno. Nada menos que un incremento de 20.000 euros anuales a su director de gabinete, quien con este generoso óbolo cobrará más que el presidente de la Junta y cualquier miembro del Consejo de Gobierno. La gracia de Bosquet a su colaborador hará que sus ingresos superen incluso a los de los diputados elegidos por los ciudadanos en las urnas. Para todo el personal del gabinete el presupuesto anual en esta legislatura se dispara a 198.000 euros, 15.000 euros más que el anterior cuando presidía la Cámara el socialista Juan Pablo Durán. Esta decisión no se sostiene y la presidenta del Parlamento por vergüenza la debería reconsiderar y dar marcha atrás. Con el regalo que le hace a su colega hay familias enteras que tienen que vivir todo el año. La regeneración que prometía Ciudadanos y para la que han creado toda una vicepresidencia consiste en subir el sueldo a sus cuates. Dando ejemplo, señores Rivera y Marín, con el dinero de todos los andaluces. Como para fiarse de su retórica falaz.

Ménage à trois

Esta viñeta de Miki&Duarte explica a la perfección que existe una evidente alianza a tres bandas para el gobierno de Andalucía de las dos derechas y la extrema derecha. Lo de Ciudadanos queriéndonos hacer ver que el pacto es a dos y que las exigencias de Vox no les conciernen ni les afectan resulta patético y bochornoso, una tomadura de pelo. Se pongan como se pongan están en una cama redonda con la ultraderecha, en un ménage à trois que supone una traición del partido de Albert Rivera a sus votantes y una línea de fractura del partido naranja con sus socios liberales europeos, que defienden un cordón sanitario con el extremismo de derechas. Silbe o mire al tendido, Ciudadanos formará gobierno de coalición con el PP gracias a los doce votos de Vox y tendrán que tragar con los 37 puntos pactados por sus dos compañeros de viaje. Amplias tragaderas. Rivera se ha retratado de la mano del partido más corrupto de España, condenado por la Gürtel, y de la extrema derecha. Como siempre la cabra tira al monte.

Viñeta.- Grupo Joly.

La gente no se chupa el dedo

Ciudadanos ha cruzado el rubicón de la incoherencia política por unos cuantos sillones. Para esta formación política los principios son de quita y pon. Basta ver los muchos vaivenes en su ideario en su escaso tiempo de existencia. En su ansia de alcanzar el poder se ha aferrado al clavo ardiendo de la extrema derecha, justo una línea roja infranqueable para todos sus socios liberales en Europa. En Andalucía se ha consumado una alianza a tres bandas, Partido Popular, Ciudadanos y los ultras de Vox, que ha permitido a los naranjas hacerse con la presidencia del Parlamento y a los nostálgicos de otras épocas de tinieblas tener un representante en la Mesa de la Cámara.

No hace falta tener un máster regalado como el de Pablo Casado para ver la vergonzosa coyunda. Sin embargo, el mandado de Albert Rivera en esta comunidad, Juan Marín, niega que exista tal pacto. Y además se revuelve contra la pregunta del periodismo con tono airado. Los que iban de moderados han sacado a relucir modos autoritarios a las primeras de cambio, mimetizándose súbitamente los usos y costumbres de sus aliados de Vox. Señor Marín, los 59 votos que han permitido a su partido obtener el sillón principal del Parlamento es la suma de los 26 representantes del PP, 21 de Cs y 12 de Vox. Si Vox no hubiera apoyado, el puesto habría ido a la izquierda. La entrada de la extrema derecha en el órgano que dirige el Parlamento es fruto del reparto de su votos entre PP y Vox para dejar fuera a Adelante Andalucía (la confluencia de Podemos e IU). Los números hablan por sí mismos.

Esa ofuscación en intentar ocultar la realidad, el pacto de la vergüenza, dice muy poco de su altura política o lo que es peor: nos toma por tontos a los hombres y mujeres de Andalucía. Entre decencia y poder, Ciudadanos ha optado por lo segundo. Es bochornoso pero es una decisión con la que tienen que apechugar o sacar pecho como hace el PP. Fuera complejos. No pretenderá Ciudadanos que los demás nos traguemos sus trolas. Es tan burda y ostentosa su maniobra que ha llegado hasta la prensa internacional. Señor Marín, no nos chupamos el dedo. Ni aquí ni en el resto del planeta.

Foto.ABC de Sevilla. Marín y Marta Bosquet, presidenta del Parlamento.

Gresca en la derecha

La derecha está viviendo un escenario inédito. Partido Popular y Ciudadanos se marcan encarnizadamente en pos de la hegemonía en esa franja ideológica y, al mismo tiempo, ambos miran de reojo a Vox, la ultraderecha envalentonada y sin complejos como ha demostrado en Vistalegre, para no tener fugas por el ala más radical de su espacio electoral. Están unos y otros más entretenidos en su rivalidad particular que en ofrecer propuestas para el conjunto de la sociedad. Y lo más llamativo es que esta competición los está escorando a posiciones extremistas.

En el caso de las elecciones andaluzas del 2 de diciembre, la pelea consiste en reafirmar la pureza de raza, en demostrar quién es más de derechas. Por eso un día Pablo Casado le pide a los naranjas que firmen ante notario que no van a apoyar a Susana Díaz en la próxima legislatura y Juan Marín, el candidato de Cs por estos pagos, le responde que no van a facilitar ni siquiera su investidura, que votarían que no siempre. Una suerte de riña de patio de colegio… o quizá simple postureo electoralista.

Que el PP no arrime el hombro en esta tierra es todo un clásico, lo llevan en el ADN, lo suyo es la confrontación y el obstruccionismo. Nada nuevo bajo el sol: los andaluces los tienen bien calados. Por el contrario, Ciudadanos, en su estreno en el Parlamento de Andalucía, ha colaborado a la estabilidad y ahora está más preocupado en dar el sorpasso a los populares que en los intereses generales de esta tierra. Los naranjas han pegado un volantazo por puro tacticismo electoral (pillar cacho en el caladero de la gaviota  jugando en su mismo terreno). Eso sí, pensando más en las ambiciones de Albert Rivera que en la propia contienda electoral andaluza.

La disputa se antoja interesante. Hasta ahora el PP había estado muy tranquilo en su parcela, muy acomodado en ser el primer partido de la oposición andaluza. Y ahora no sólo tiene que fajarse con los naranjas, sino que Vox les enseña la patita por debajo de la puerta.

Foto.El Español. Santiago Abascal (Vox), Casado y Rivera.

Perdedores

Aún no hay ni elecciones convocadas en Andalucía y algunos dirigentes de la derecha hacen gala de una alarmante moral de derrota. En las últimas horas hemos visto frases con envoltorio retórico que buscan un momento de gloria o un titular facilón pero que sólo ponen de manifiesto el pesimismo de sus protagonistas. Pablo Casado, el discípulo de Aznar que dirige el PP, reta a Juan Marín a no pactar con la presidenta andaluza, Susana Díaz. Y le pide que lo haga ante notario… de chiste. A su vez, Juan Marín, el representante de la franquicia naranja que pilota Albert Rivera, emplaza a Díaz a no pactar con Podemos. Mensajes que encierran el reconocimiento de una presumible derrota por parte de estos barandas conservadores. PP y Ciudadanos se ven perdedores, salen hundidos y ondeando la bandera del descalabro. O dicho de otra forma, ambos ven siempre a la líder socialista como la ganadora. Más que para acudir a las urnas están para pasar por el diván y tratarse la depresión electoral. Que no tarden.

Foto.- VozPópuli.