El no gobierno

El gobierno de las derechas en Andalucía lleva ya dos meses en el puesto y sigue sin dar golpe. Hasta la fecha no han gestionado nada y sólo se dedican a difundir bulos, patrañas y montajes de la anterior etapa socialista. Como por inercia de tantos años o por incapacidad y desconocimiento, o por todo a la vez, continúan haciendo oposición al Ejecutivo anterior. Una demostración de que esta tarea les viene grande y sólo saben destruir porque no tienen nada que ofrecer a la ciudadanía. No es que haya desgobierno, que lo hay por la inacción y la desconfianza de los socios, es que no hay gobierno porque los que han llegado después de tantos años lampando no cumplen su cometido y se dedican al trilerismo político.

Y este espectáculo bufo y decepcionante tiene su momento de esplendor cada martes, con el consejero de Presidencia, Elías Bendodo, como un Merlín de las malos augurios y de profecías de todo a cien. Cada rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno se convierte en un disparate de afirmaciones manipuladas, de mentiras como puños, con el afán malsano de convertir la buena herencia recibida en una suerte de erial. Datos descontextualizados, cifras infladas o discursos incendiarios desde una tribuna que se convierte en un altar del despropósito y la propaganda, muy lejos del tono institucional que ha de presidir este tipo de comparecencias. Un gobierno cuyo único balance son las soflamas y la ausencia más absoluta de rigor y solvencia. Los supuestos cien días de gracia que se les concede a un nuevo gabinete se han convertido en periodo de desgracia porque lo único que hacen los del trifachito es generar falsa alarma y engañar sin pudor a la opinión pública.

Con las reglas del juego en la mano, los perdedores de derechas llegaron al Palacio de San Telmo porque la aritmética parlamentaria con Vox, la extrema derecha, lo hizo posible. Todo legítimo. Lo que no lo es tanto es que desde el Gobierno se haga oposición espuria a los anteriores por la falta de ideas y de aptitud. Manolete, si no sabes torear…

Foto.Andalucía Información. De derecha a izquierda, el uno (Moreno Bonilla), el dos o supuesto dos (Marín) y el tres, que en verdad es el dos (Bendodo).

La casa por el tejado

El aforamiento es una figura que permite a determinadas personas por el cargo o la función que desempeñan gozar de un fuero distinto y no son juzgadas por instancias ordinarias. Esta situación especial afecta a unas 250.000 personas, la mayoría, unas 232.000, forman parte de las fuerzas de seguridad del Estado. El resto son jueces y fiscales (unos 10.000), integrantes de instituciones del Estado, cargos públicos y la familia real. Eso no significa que no tengan que pasar por el Supremo o tribunales superiores de Justicia de cada autonomía a rendir cuentas. Sin embargo, en los últimos tiempos este fuero particular se ha calificado como privilegio de quienes los disfrutan y se ha hecho mucha demagogia con su eliminación. Pues si hay que quitarlos, hágase para todos sin excepción, a escala nacional y no usar este debate cínicamente para desacreditar a la política y los políticos. Quien no tiene nada que temer ni que ocultar le da igual el tribunal que lo juzgue.

Hago esta reflexión previa porque el nuevo Gobierno de Andalucía, el trifachito de las derechas y la extrema derecha, ha anunciado el inicio del trámite para eliminar esta situación jurídica sólo para los cargos políticos en Andalucía. Es una medida que Ciudadanos insiste en sacar adelante en esta comunidad pero no impulsa en España ni en aquellas autonomías donde gobierna con o apoya al Partido Popular. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, lo incluyeron en el pacto de investidura con el PP y se les agota la legislatura, queda menos de un mes para la disolución del Parlamento autonómico, y no se han rasgado las vestiduras por el supuesto incumplimiento. Como sí hicieron en Andalucía rompiendo la colaboración con el PSOE, negándose siquiera a negociar los presupuestos de 2019 y provocando la convocatoria anticipada de elecciones.

El anuncio del Ejecutivo andaluz de PP, Cs y Vox se quedará aquí también en fuegos de artificio, un movimiento de cara a la galería sin visos de prosperar. Y es que hasta el propio presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla, lo ve complicado. Su puesta en marcha necesita en Andalucía la reforma del Estatuto de Autonomía, con una mayoría cualificada de dos tercios del Parlamento, la remisión a las Cortes para su validación y su aprobación posterior por referéndum. Un camino largo y que exige un amplio consenso. Lo que pretenden es comenzar la casa por el tejado. Una medida de estas características requiere un gran acuerdo nacional y una aplicación en todo el territorio, no parches autonómicos que romperían la igualdad que hipotécticamente quieren conseguir con esta iniciativa.

¿Llevará el Partido Popular la eliminación de los aforamientos, todos los aforamientos, en su programa para las próximas elecciones? ¿Exigirá Ciudanos su aplicación en todo el territorio nacional y no sólo en aquellas comunidades donde le interese un titular en los medios de comunicación, muy al estilo del “perturbador” Rivera? Menos demagogia y más rigor para afrontar este asunto de manera global. Insisto, si hay que eliminar esta figura, hágase en toda España y para todos. Solo así sería justo y oportuno.

Promesas que se lleva el viento

Para Ciudadanos, el partido que regeneración democrática significa subirse el sueldo, las promesas electorales son una forma de hablar, no hay que cumplirlas, pertenecen al género hiperbólico de las campañas. El flamante consejero de Economía de Andalucía, Rogelio Velasco, lo ha dejado claro en esta comparecencia en el Parlamento llevándose por delante los dos compromisos estrella de su presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla, en materia económica. Ni creación de 600.000 empleos en esta legislatura ni bajada masiva de impuestos. Estamos ante un engaño masivo y ante una falta de respeto colectivo. La política no se trata de bla, bla, bla, sino de dar la palabra y hacer lo posible y lo imposible por cumplirla. Mal ejemplo de este consejero y triste pedagogía sobre la credibilidad de los que se dedican (nos dedicamos) a lo público. Un representante de los ciudadanos dista mucho de ser un charlatán o un vendedor de humo, o al menos debería intentarlo. Ha de actuar como un servidor público ejemplar, honesto y comprometido hasta la médula por hacer realidad todo lo que promete. Espero que este desahogo de Rogelio Velasco sea fruto de su inexperiencia y no de su convicción. Si no, aviados estamos.

A ralentí

Por tradición en política a los nuevos gobiernos se les concede cien días de gracia. Al nuevo de Andalucía, ese frankestein de las derechas y la extrema derecha, le parece poco tiempo y se plantea pasarse el primer año en blanco. No tienen mucha prisa en tomar decisiones antes de las elecciones municipales de mayo. No serán medidas positivas para la mayoría las que tienen en mente cuando no se atreven a que se conozcan sus (¿aviesas?) intenciones antes de la cita con las urnas. En esta estrategia de ralentí, llama la atención que la única medida apuntada sea la de iniciar los trámites (largo me lo fías, Sancho) para bonificar al 99% el impuesto de sucesiones, un tributo que pagan cada año en Andalucía menos de 500 personas, las que heredan de forma individual un millón de euros. Su prioridad, salta a la vista, es darle satisfacción a los millonarios.

El flamante presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla, que no tiene fama de trabajador infatigable, ya ha despejado el balón de los presupuestos de este año hasta el mes de junio. No los llevará a la Cámara para su debate hasta que pasen los comicios locales. Lo que de facto supondrá que esta comunidad no tendrá nuevas cuentas antes de septiembre en el mejor de los casos. Justo cuando el Ejecutivo ha de estar culminando las de 2020 para entregarlas en la Cámara antes del 31 de octubre. Estresados no se les ve. Este ritmo lento y parsimonioso, de casi brazos caídos, no reportará más que lastre a la economía, los emprendedores y al bienestar de los ciudadanos. Tantos años en la oposición presentándose como la opción de cambio y ahora demuestran carecer de los conocimientos suficientes para tan elevada empresa.

Ejercicio tras ejercicio, el Partido Popular ha registrado enmiendas a la totalidad a los presupuestos socialistas de Andalucía con texto alternativo. Este paso de tortuga actual evidencia que antes escribían cartas a los Reyes Magos carentes del más mínimo rigor o que hoy pretenden sacar la tijeras de los recortes y cargarse los derechos que tanto han costado conseguir. Me malicio que se alinean los dos factores: ni saben y además quieren arrebatarnos lo que es nuestro. ¡Qué tropa!

Foto.Público. Marín (Ciudadanos), Moreno Bonilla (PPI y Serrano Vox, los coligados.

Ménage à trois

Esta viñeta de Miki&Duarte explica a la perfección que existe una evidente alianza a tres bandas para el gobierno de Andalucía de las dos derechas y la extrema derecha. Lo de Ciudadanos queriéndonos hacer ver que el pacto es a dos y que las exigencias de Vox no les conciernen ni les afectan resulta patético y bochornoso, una tomadura de pelo. Se pongan como se pongan están en una cama redonda con la ultraderecha, en un ménage à trois que supone una traición del partido de Albert Rivera a sus votantes y una línea de fractura del partido naranja con sus socios liberales europeos, que defienden un cordón sanitario con el extremismo de derechas. Silbe o mire al tendido, Ciudadanos formará gobierno de coalición con el PP gracias a los doce votos de Vox y tendrán que tragar con los 37 puntos pactados por sus dos compañeros de viaje. Amplias tragaderas. Rivera se ha retratado de la mano del partido más corrupto de España, condenado por la Gürtel, y de la extrema derecha. Como siempre la cabra tira al monte.

Viñeta.- Grupo Joly.

Antología del disparate

A ver quién la dice más gorda. Desde la convocatoria de elecciones autonómicas en Andalucía, el Partido Popular ha entrado en una carrera de insultos y barrabasadas por su desesperación y falta de proyecto y sensibilidad hacia esta tierra. Los dirigentes de la derecha pepera (en Ciudadanos también se ha pisado en alguna vez la línea roja) están completando una auténtica antología del disparate. El que abrió la puja fue líder nacional, Pablo Casado, incluso antes de estar fijada la cita con las urnas el 2 de diciembre. Valgan solo unos ejemplos de estas últimas semanas:

Casado: ¿Qué pasa, que los andaluces sois de peor condición y no tenéis capacidad de probar otras siglas políticas, otras ideas sociales? (28 de septiembre)

Casado: “Se envuelve en la bandera de Andalucía como un burladero […] como si estuviéramos en la Cuba castrista“. (20 de octubre)

Casado: “Por mucho que le duela, Susana Díaz lleva a Torra y a Otegi en sus listas”. (27 de octubre)

Isabel García Tejerina, ex ministra: “En Andalucía lo que sabe un niño de 10 años es lo que sabe uno de ocho en Castilla y León” (18 de octubre)

Teodoro García Egea, secretario general: “La Junta gasta más en prostitutas que en educación” (18 de octubre).

Juan Manuel Moreno Bonilla, candidato: “¿Le ha dicho Díaz a Sánchez que no nos gusta que en Sevilla se insulte a la Macarena o al Cachorro? (28 de octubre)

Es sólo una recopilación de urgencia y centrada en Andalucía. En este tiempo también  hemos escuchado a Casado llamar, entre otras lindezas, “golpista” al actual presidente del Gobierno. El líder del PP está tomando los derroteros de Trump, Salvini o Bolsonaro. Su hoja de ruta y la que impone en su partido es volver al aznarismo. Radicalización porque Vox les aprieta por la ultraderecha y Ciudadanos por el otro flanco.

Foto.– Paco Fuentes, El País.

Morro, mucho morro

Desfachatez, desahogo, morro, cinismo… A todo esto y mucho más me evoca el Partido Popular cuando ahora habla de eliminar ya el peaje de la AP-4 entre Sevilla y Jerez, o en su defecto que se bonifique el paso compensando por parte de la Junta de Andalucía a una concesionaria que ya ha ganado bastante dinero en 50 años. O cuando ahora habla del plan de empleo para Andalucía. Dos ejemplos de las últimas 24 horas que demuestran cómo se las gasta el PP: antes con Rajoy en la Moncloa no decían ni mu, silencio cómplice y sumisión ante la estrategia de hostigamiento a esta comunidad autónoma. No llega ni a tres meses de su salida del Gobierno por higiene democrática y en este escaso tiempo el nuevo Ejecutivo socialista ha hecho más que el PP en seis años y medio en estas dos cuestiones. El  actual ministro de Fomento ya ha anunciado que no se prorrogará el peaje de la AP-4 cuando termine la concesión el 31 de diciembre de 2019, cuando en la época de Rajoy sólo había ambigüedad y ninguna garantía de que la autopista volvería a manos públicas. Entonces, Moreno Bonilla y sus cuates callaban. Ahora, tras la reunión de Susana Díaz y Pedro Sánchez de finales de julio, el Gobierno socialista ha empezado a trabajar en un plan especial de empleo para Andalucía y el PP critica la falta de celeridad. Esta comunidad pidió a Rajoy durante su mandato una medida similar que éste negó sistemáticamente mientras se la concedía a otras autonomías. Entonces, Moreno Bonilla y sus cuates callaban… Y suma y sigue. Se les nota tanto la impudicia que produce sonrojo, es una transformación partidista que no se la creen ni ellos. En cambio, la Junta de Andalucía sigue reivindicando ahora para esta comunidad lo mismo que antes con Rajoy. El PP no conoce el concepto de coherencia. Ni está interesado en ello.

Foto.Portal de Andalucía.