Un obispo homófobo e intolerante

No es la primera vez y seguramente tampoco será la última. Un destacado miembro de la jerarquía de la Iglesia católica ha vuelto a cargar contra la homosexualidad. En la homilía del Viernes Santo, el obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Plá, ha descerrajado todo el argumentario retrógrado del pecado y la tentación mundana contra las personas homosexuales, un soniquete desfasado y obsoleto que nos retrotrae a los tiempos de la Inquisición, cuando desde los púlpitos se predicaba el miedo y no el evangelio. Monseñor Reig, prelado con historial jalonado por disparates moralizantes, ya publicó hace un año una guía de lecturas y consejos para “curar” la homosexualidad, otro claro ejemplo de su visión homófoba y recalcitrante. La curia eclesial sigue instalada en sus prejuicios considerando a gays y lesbianas como enfermos. Esta discriminación de personas en función de su sexualidad vulnera los derechos fundamentales reconocidos por la Constitución española. Tanta inquina contra la libertad sexual de la gente mientras asistimos perplejos a su condescendencia con el goteo alarmante de sacerdotes y obispos pederastas. En el mismo lote de la malicia intolerable, el obispo de Alcalá ha incluido el aborto y la disolución del matrimonio. La barrabasada de Reig Plá ha sido matizada por el arzobispo de Barcelona, Lluis Martínez-Sistach, apelando a la dignidad y al respeto de estos seres humanos. Son tantos los desvaríos homófobos y machistas de la cúpula católica que se agradecen la sensatez y la amplitud de miras de algunos de sus representantes.

Si ya cuesta digerir este pensamiento tan ultramundano, choca aún más que esta verborrea adoctrinadora se cuele en los hogares a través de la televisión pública. TVE, a través de La 2, retransmitió los Santos Oficios del Viernes Santo, una costumbre arrastrada desde el franquismo que tiene una difícil cabida en un estado aconfesional como es España. Ya va siendo hora que la cadena que pagamos todos con nuestros impuestos rompa con el pasado y deje de emitir la eucaristía cada semana. Un medio público no puede ser usado como instrumento al servicio de una confesión religiosa para imponer su moral. Y mucho menos cuando se predica la intolerancia y se humillan a seres humanos.