Félix Grande in memoriam

Esta semana nos hemos quedado sin dos voces imprescincibles de las letras hispanas. Primero, José Emilio Pacheco; unos días después, Félix Grande. Compartían prácticamente la misma generación literaria, la del 50. Al mexicano ya le dediqué mi particular despedida, hoy toca el adiós a Félix, poeta y flamencólogo. En estas dos disciplinas es donde más lo he disfrutado. También novelista, dramaturgo y ensayista. Un intelectual de altura. Me quedo con su producción lírica: como Pacheco, su obra es una expresión existencialista, exuda una visión descarnada de la vida, un realismo que duele y que nos acerca a una realidad sin filtros ni engaños. Merece mucho la pena su lectura de sus ocho volúmenes poéticos. Y ahí va uno de mis poemas preferidos.

SI TÚ ME ABANDONARAS…

Si tú me abandonaras te quedarías sin causa
como una fruta verde que se arrancó al manzano,
de noche soñarías que te mira mi mano
y de día, sin mi mano, serías sólo una pausa;

si yo te abandonara me quedaría sin sueño
como un mar que de pronto se quedó sin orillas,
me extendería buscándolas, con olas amarillas,
enormes, y no obstante yo sería muy pequeño;

porque tu obra soy yo, envejecer conmigo,
ser para mis rincones el único testigo,
ayudarme a vivir y a morir, compañera;

porque mi obra eres tú, arcilla pensativa:
mirarte día y noche, mirarte mientras viva;
en ti está mi mirada más vieja y verdadera.

Adiós a un poeta sencillo

Libro de José Emilio PachecoQuizá sólo tenga en mi biblioteca un único libro dedicado. Es La fábula del tiempo, una antología poética de José Emilio Pacheco. La noticia de su muerte me ha hecho recordar nuestro breve pero tierno encuentro en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en noviembre de 2006. Este autor mexicano era una persona afable, sencilla y humilde pese a gran talla cultural. Una persona llena de humanidad y con una mirada bonancible y que inspira confianza. Una personalidad que recorre toda su creación. Pacheco, perteneciente a la Generación del 50 de poetas mexicanos, tiene un estilo claro, directo, sin barroquismo, aunque con una enorme profundidad. Toda su producción tiene un enfoque existencialista que construye un universo realista y austero. Como siempre en estos casos, prefiero dejar de escribir y recomendar su magnífica obra.

Indeseable

INDESEABLE
José Emilio Pacheco

No me deja pasar el guardia.
He traspasado el límite de edad.
Provengo de un país que ya no existe.
Mis papeles no están en orden.
Me falta un sello.
Necesito otra firma.
No hablo el idioma.
No tengo cuenta en el banco.
Reprobé el examen de admisión.
Cancelaron mi puesto en la gran fábrica.
Me desemplearon hoy y para siempre.
Carezco por completo de influencias.
Llevo aquí en este mundo largo tiempo.
Y nuestros amos dicen que ya es hora
de callarme y hundirme en la basura.

Lluvia de sol

LLUVIA DE SOL
José Emilio Pacheco

La muchacha desnuda toma el sol
apenas cubierta
por la presencia de las frondas.

Abre su cuerpo al sol
que en lluvia de fuego
la llena de luz.

Entre sus ojos cerrados
la eternidad se vuelve instante de oro.
La luz nació para que el resplandor de este cuerpo

le diera vida.
Un día más
sobrevive la tierra gracias a ella

que sin saberlo
es el sol
entre el rumor de las frondas.

Lluvia de sol

LLUVIA DE SOL
José Emilio Pacheco

La muchacha desnuda toma el sol
apenas cubierta
por la presencia de las frondas.

Abre su cuerpo al sol
que en lluvia de fuego
la llena de luz.

Entre sus ojos cerrados
la eternidad se vuelve instante de oro.
La luz nació para que el resplandor de este cuerpo

le diera vida.
Un día más
sobrevive la tierra gracias a ella

que sin saberlo
es el sol
entre el rumor de las frondas.

José Emilio Pacheco

El Premio Cervantes, máximo galardón de las letras hispanas, ha reconocido en esta edición de 2009 a José Emilio Pacheco. El jurado que concede esta prestigiosa  distinción homenajea a “un poeta excepcional de la vida cotidiana”, con “profundidad y libertad en sus pensamientos” y “capacidad de crear un mundo propio”. El fallo también resalta “el distanciamiento irónico de la realidad” y el conocimiento lingüístico del que hace gala en su obra.

A mí me gusta la frescura de sus textos, su poesía directa, su expresividad en estado puro. A sus 70 años este autor polivalente (poeta por antonomasia, pero también narrador, periodista, crítico literario, traductor y dramaturgo) tiene una mente ágil y una pluma apasionada y ardorosa.  “Quiero dejar claro que este premio es para toda la literatura mexicana, que no sale mucho de nuestras fronteras”, ha comentado Pacheco, que es el cuarto mexicano en ganar el Cervantes tras Octavio Paz (1980), Carlos Fuentes (1987) y Sergio Pitol (2005). ¡Menudo elenco de creatividad y gloria literaria!

Conocí a José Emilio Pacheco en la FIL (Feria Internacional del Libro) de Guadalajara en 2006, cuya invitada de honor fue Andalucía. En una sala de exposiciones atestada de público, recalé con un grupo de diputados (Regina Cuenca, Rosa Ríos y José Manuel Mariscal) en el stand donde el poeta estaba firmando libros. No había grandes colas, posiblemente porque la lírica es una manifestación de minorías. Conversó un rato con nosotros. Encontré a un hombre tranquilo, sencillo, ligeramente tímido, con cara de buena persona y una humildad impropia en una autoridad del mundo de las letras.

Me llevé un grato recuerdo de la charla con José Emilio y un volumen firmado, su antología poética La fábula del tiempo (2005), con la siguiente dedicatoria: “A Miguel Ángel, recuerdo de sus días en Guadalajara”. De ese título, extraigo uno de sus poemas.

DESDE ENTONCES

Hubo una edad (siglos atrás, nadie lo recuerda)
en que estuvimos juntos meses enteros,
desde el amanecer hasta la medianoche.
Hablamos todo lo que había que hablar.
Hicimos todo lo que había que hacer.
Nos llenamos
de plenitudes y fracasos.
En poco tiempo
incineramos los contados días.
Se hizo imposible
sobrevivir a lo que unidos fuimos.
Y desde entonces la eternidad
me dio un gastado vocabulario muy breve:
“ausencia”, “olvido”, “desamor”, “lejanía”.
Y nunca más, nunca más, nunca, nunca.