El vendaval de la corrupción ha adquirido dimensiones de tsunami en el Partido Popular. La operación Lezo, por la que está en prisión Ignacio González y ha provocado la tercera dimisión en cinco años de Esperanza Aguirre, se suma a la larga de ristra de casos (Gürtel, Bárcenas, Púnica, Rato, Bankia, Brugal, Taula, Emarsa, Palma Arena…) que no sólo afectan a la dirección nacional sino a las de Madrid, Comunitat Valenciana, Murcia o Baleares. En todos escándalos se investiga la presunta financiación ilegal del PP y el enriquecimiento de ilustres representantes de la derecha patria. Si es gravísimo el uso y abuso del dinero público para el beneficio particular, no le anda a la zaga lo que hemos conocido en el transcurso de la operación Lezo sobre penetración del PP en distintas instancias para controlar los resortes del Estado, unas maniobras que suponen una adulteración de la democracia y un ejemplo nítido de corrupción institucional. Han trascendido cosas inaceptables que exigen explicaciones urgentes e incluso dimisiones.

  • El intento del fiscal jefe anticorrupción de boicotear el trabajo de los fiscales del caso frenando registros claves para el esclarecimiento del caso.
  • La reunión del número dos del Ministerio del Interior, José Antonio Nieto, en la propia sede institucional con el hermano de Ignacio González cuando la investigación judicial estaba ya en curso.
  • La confesión del juez Velasco reconociendo que se le está haciendo vida imposible y por eso pide irse.
  • La decisión del magistrado de poner micrófonos ocultos en el despacho del ex presidente de Madrid porque los investigados estaba recibiendo avisos del pinchazo de sus teléfonos.

Todo esto sitúa al PP ante un necesario ejercicio de refundación y al Estado en la obligación de cortar todos los tentáculos con los que el partido de Rajoy podría estar vulnerando las reglas del juego democrático.

Viñeta.- Miki&Duarte, en el Grupo Joly.

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Tarados e inmaduros

junio 26, 2014

Suma y sigue. El Partido Popular vuelve a las andadas. No sólo hacen una política de destrucción en Andalucía, sino que faltan sistemáticamente el respeto a los ciudadanos de esta tierra. Son muchos los dirigentes nacionales de este partido que recurren al insulto para intentar justificar sus derrotas electorales en Andalucía. Nos han llamado indolentes, subsidiados, analfabetos, que respondemos al ‘pitas, pitas’.

En esta ocasión la agresión no viene de fuera, sino de un dirigente de aquí. El diputado autonómico y el alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto, verbalizó en una entrevista en 8TV la visión peyorativa que tiene el PP de los millones de andaluces que no los votan. Nos llamó tarados e inmaduros por ejercer nuestra libertad democrática en cada elección.

Ése no es el camino. Si no han gobernado en esta tierra en 32 años es porque no se han ganado la confianza de los ciudadanos. Que no echen la culpa a los andaluces de sus errores. El PP no representa una alternativa para la inmensa mayoría de los andaluces. Ese es su gran problema. Para ganar algún día, además, tienen que empezar a saber perder y aceptar la voluntad mayoritaria del pueblo andaluz.