Desahogo

Hay personajes que nunca defraudan. Javier Arenas es uno de ellos. Se antoja proverbial su capacidad para darle la vuelta a la verdad con desahogo y desparpajo sin límites. En las últimas horas nos ha dejado dos fogonazos con su descaro habitual. En primer lugar, al hilo del proceso electoral abierto en la cúpula de la patronal CEOE, el jefe de la oposición en Andalucía asegura que los partidos no deben opinar de lo que hacen los empresarios. Y eso lo plantea después de que su partido se haya tirado a degüello contra los sindicatos, liberados incluidos, al calor de la huelga general del 29 de septiembre pasado. Escucharlo días después suena a chiste de mal gusto.

La segunda perla del susodicho guarda relación con el proceso judicial del caso Malaya. Aprovechando la declaración del abogado de uno de los encausados, el empresario cordobés Rafael Gómez Sandokán, apuntando a un alto cargo policial, Arenas, ni corto ni perezoso, le exige responsabilidades al ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Como la memoria es débil, olvida cínicamente el prócer de la derecha andaluza que la práctica totalidad del sumario coincide con los años de gobierno de José María Aznar cuando los titulares de Interior fueron sus compañeros de filas Jaime Mayor Oreja, Mariano Rajoy y Ángel Acebes. Casualmente tampoco recuerda que el PP se negó en reiteradas ocasiones a disolver el Ayuntamiento de Marbella siendo él responsable del Ministerio de Administraciones Públicas, que la Junta de Andalucía impugnó 400 actuaciones urbanísticas del Ayuntamiento de Marbella desde 1995 o los pactos que firmó con Jesús Gil para gobernar la Diputación de Málaga.

Por mucho menos de lo que ahora plantea a Rubalcaba, este baranda ha amenazado a medio PSOE con una querella criminal. Son dos ejemplos de la doble vara medir que usa el PP: complaciente con los desafueros propios e implacable con las pajas en ojo ajeno, incluso cuando no las hay.

Fichaje del PP en Estepona

En política es cada vez más importante la elección de las personas que van a representar las siglas de un partido. La selección de candidatos resulta crucial no sólo para cosechar el triunfo electoral, también para la buena gobernanza de las instituciones. Si no se elige bien, luego vienen los quebraderos de cabeza. Todas las formaciones políticas se afanan en buscar los mejores y más solventes carteles electorales, personas que inspiren confianza y den garantía a la organización que los propone.

El Partido Popular ha entrado en una carrera desaforada para nombrar aspirantes a las elecciones municipales. Es una especie de competición respecto a sus rivales en las urnas. Como si el sumar nominaciones antes que los demás fuera un aval de triunfo en los comicios locales. Javier Arenas se ufana de contar con 260 proclamados mientras que los demás no tienen ninguno oficialmente designado. El presidente del PP saca pecho como palomo cortejador en la plaza pública. La clave no está en elegir antes, sino en hacerlo bien, en colocar la mejor opción para el partido de turno y para los vecinos de cada pueblo o cada ciudad.

En esta frenética galopada, el PP ha puesto sus ojos en el notario José María García Urbano como candidato en Estepona. No tengo muchas referencias de este cualificado profesional. Sólo me llega un aviso inquietante sobre su pasado reciente. En el despacho de este fedatario público se fraguó y firmó, con nocturnidad y alevosía, el pacto para la moción de censura en Marbella, impulsado por Jesús Gil y el cerebro Roca, para desbancar a Julián Muñoz de la alcaldía y colocar a alguien más propicia, Marisol Yagüe, para proseguir con las pillerías y el vaciamiento de las arcas públicas. El de García Urbano fue el despacho elegido por los corruptos del caso Malaya para conjurarse en sus nuevas fechorías. Fuentes de la zona me trasladan esta suspicaz pregunta: ¿por qué los truhanes se fueron a Estepona habiendo otras notarías en el término municipal de Marbella? Será una simple casualidad…

Foto.- El Mundo. Marisol Yagüe y Tomás Reñones, dos de los gilistas que promovieron la moción de censura.

Puente de plata para Juárez

Juan Carlos Juárez, el tristemente célebre ex alcalde de La Línea, ha decidido poner punto y final a su etapa política. Ahora, unas semanas después de ser inhabilitado por la Justicia y con varias causas pendientes ante los tribunales de mucha enjundia y más que previsible condena, deja la presidencia del PP en la ciudad fronteriza y todos los cargos inherentes a ese puesto dentro de su partido. Juárez, que comunicó su renuncia a los medios de comunicación desde una cuenta particular de correo electrónico, despeja las dudas sobre su presentación como candidato en las municipales de 2011.

El ex regidor linense llegó a la vida pública de la mano de Jesús Gil y luego fue cobijado entre agasajos y reverencias por Javier Arenas en el seno del PP. En sus diez años en el sillón municipal, dio muestra de métodos y formas absolutamente contrarios a las reglas del juego del estado de derecho: autoritarismo, confusión de lo público y lo privado, dilapidación del patrimonio municipal, bancarrota de las arcas municipales, ausencia total de respeto a la oposición, lenguaje soez y altanero con los discrepantes… En definitiva, una joya del museo de la noche de los tiempos. Ejerció el mando con la impronta heredada de su mentor y, con el apoyo inquebrantable de Arenas, ha acabado con idéntica ristra de asuntos judiciales pendientes que su maestro y sus secuaces en Marbella.

Quizá, siguiendo el refranero, sabio y certero en extremo, no merezca la pena perder ni un segundo más con esta higiénica retirada. Ya se sabe que a enemigo que huye, puente de plata… Y Juárez, por sus más que conocidas credenciales, era un enemigo para la democracia.

Jetas

El mundo está plagado de pícaros, pillos, tunantes, buscavidas, charranes… Y jetas. Éstos últimos tienen un plus de desparpajo, de desahogo, de desfachatez, de insolencia, de cinismo. Hacen lo que pueden para ganarse la vida y les importa un rábano los medios con tal de conseguir sus objetivos. Javier Arenas es el arquetipo de lo que en Andalucía conocemos como jeta. Le da igual ocho que ochenta, dice una cosa y al día siguiente la contraria sin rubor, le importa la verdad un pimiento, manipula los acontecimientos en función de sus necesidades. Presenta el genotipo del trilero y/o del mercachifle. En la esfera pública, tanta amoralidad no tiene cabida, es exigible un mínimo de integridad y coherencia, ética y algunos profundos principios.

El jefe de filas de la derecha andaluza no está atravesando un buen momento. Tiene la cabeza en frentes de otros tiempos que copan hoy la actualidad. La avalancha Gurtel está sepultando sus últimos cartuchos de supervivencia en política. Acosado por esta atmósfera hostil, con la presión judicial sobre el turbio historial de su partido y los medios de comunicación aireando la basura acumulada bajo las alfombras, ha entrado en un estado de nerviosismo y desquiciamiento exagerado. Ha pensado que la mejor defensa para sacudir la losa de la presunta corrupción pasa por poner el ventilador. Como no hay mucho que remover, las aspas aviesas han tenido que rebuscar en el pasado, desempolvando asuntos del Pentateuco, o tergiversar la realidad para darle apariencia de consistencia a su huida hacia adelante.

Dispone de poca pólvora actual y la del pasado está mojada. En su habitual mitin dominguero, Arenas se despachó a gusto: por un lado, manoseó de forma indecente la política antiterrorista y a las víctimas para arrear al Gobierno de Zapatero (¿se puede ser más rufián y desalmado?) y, por otro, en el capítulo de la corrupción se retrotrajo a tiempos remotos ya sancionados por los tribunales y endosó de forma gratuita al PSOE responsabilidades de otros escándalos (los casos de Marbella y El Ejido). Es la prueba más palpable de la desesperación del campeón de las derrotas electorales. Se recurre a la mentira cuando no nos gusta la verdad o cuando nos aferramos a ella de manera compulsiva. El presidente del PP andaluz miente con contumacia. Ese vicio tiene prescripción facultativa. Pretende reescribir la historia a su capricho sin respeto a los hechos. En su contra está que carece de credibilidad para ello, la ciudadanía lo tiene calado.

Querer cargar a los socialistas las tropelías de Jesús Gil y sus secuaces en ciudad de la Costa del Sol no cuela ni a empujones. Resulta un contradiós. Los nombres y apellidos de los responsables del asalto y del reparto del botín del Ayuntamiento de Marbella están grabados a fuego: el ex presidente del Atlético de Madrid y su banda de delincuentes. Lo que no le gusta recordar a Arenas es su coqueteo con el GIL para conseguir sillones. ¿Ya ha olvidado su pacto con Gil para obtener la presidencia de la Diputación de Málaga en 1995? ¿No tiene fresco en su memoria el fichaje por parte del PP de concejales gilistas en La Línea, San Roque o Estepona?

Ahora también busca aprovechar el desplome de Juan Enciso en El Ejido para lanzar ponzoña contra su pesadilla socialista. Sabe de más Arenas que el PSOE no tiene nada que ver con el alcalde de este municipio almeriense, está libre de polvo y paja. Lo único que existía era el pacto de gobierno en la Diputación, roto de manera fulminante cuando se han conocido los detalles de la investigación judicial y la detención de este munícipe, que amasa cargos abominables para un servidor público. El PP, a priori, nada tiene que ver en los negocios ilegales de Enciso, pero le unen muchas más cosas a su ex compañero de siglas y gaviotas hasta 2005. ¿Recuerda Arenas cuando consideraba a Enciso el mejor alcalde de España? ¿Ha borrado de su disco duro la negociación mendicante con el factótum ejidense para que no se fuera del Partido Popular? ¿Tiene aún en mente las horas que le dedicó Juan Ignacio Zoido, su embajador en este conflicto, para retener a Enciso en el seno del PP? ¿Tenía montada la trama el regidor de El Ejido en sus tiempos de pepero? ¿Cualificados dirigentes del partido de Mariano Rajoy mantenían relaciones mercantiles con cabecillas de la red desmantelada en el Poniente de Almería?

Mejor no mentar la bicha en determinados casos. El réptil se puede revolver y dejarte un buen recado. Hay veces que la osadía pasa descollantes facturas. ¡Ay, Javier, que te viene de regreso este bumerán!

El penúltimo mohicano

Ha caído el penúltimo mohicano del gilismo en Andalucía. Juan Carlos Juárez se ha visto forzado a presentar su dimisión como alcalde de La Línea (Cádiz) tras ser condenado por un delito de desobediencia a una sentencia judicial. Éste es sólo uno más de los muchos pleitos que tiene pendientes en los tribunales. Era la crónica de una muerte anunciada, aunque no por esperado deja de tener su relevancia política.

Juárez llega a La Línea de la mano de Jesús Gil, gana holgadamente las elecciones como su mentor en Marbella y empieza a aplicar un patrón en el que la gestión pública se entiende como un coto privado de intereses espurios y de maniobras de dudosa legalidad. Se cierra por suerte para este municipio del Campo de Gibraltar una década ominosa, con irregularidades a troche y moche. La trayectoria de este mohicano (el último sigue gobernando en San Roque) es para echarse a temblar: escándalos, quiebra técnica de la hacienda municipal desde mucho antes de la crisis, deficiente prestación de servicios públicos, impuestos asfixiantes para los ciudadanos y, lo que es más preocupante, un rosario de actuaciones judiciales pendientes con el ya ex alcalde y numerosos concejales imputados y/o procesados en numerosos y graves delitos.

En 2001, llega Juan Carlos Juárez al PP de la mano de Javier Arenas. Lo ficha a él y a todo su equipo saltándose en pacto anti-GIL a la torera firmado por los principales partidos políticos. Arenas rompió el cordón sanitario para poner una gaviota en el mapa de la comarca, por puro interés electoral. Y no sólo lo apadrinó en la pila bautismal popular, sino que lo arropó y lo mimó en todo momento, posibilitó el desfile de la cúpula nacional y andaluza del PP, ministros incluidos,  por La Línea. Si Gil fue su primer mentor, Arenas ha sido su gran valedor en los últimos años. Por tanto, es el responsable político de los desaguisados, de una gestión bajo sospecha y perniciosa para la ciudadanía y la imagen del municipio.

La dimisión de Juárez, a diferencia de lo que defiende el jefe de filas del primer partido de la oposición en Andalucía, ni es coherente ni merece respeto. Se ha ido porque la Justicia ha puesto fin, al menos de momento, a sus desmanes. Como siempre, Arenas con evasivas y el doble rasero. Este ángel justiciero es implacable con los adversarios y extremadamente condescendientes con los suyos. Ya se sabe: siempre la paja en el ojo ajeno.

Ahora, en La Línea es el momento del cambio de políticos y, especialmente, de políticas, de un vitaje radical de rumbo en la gestión de lo público, de abrir las ventanas del consistorio para que entre aire fresco.

Laporta y su trampolín

Laporta en manifa independentista

La gestión de Joan Laporta al frente del FC Barcelona, al menos en el plano deportivo, es incontestable. Con algún que otro altibajo, como pudo ser el último año de Frank Rijkaard, el equipo culé enamora en el terreno de juego y amasa campeonatos. Desconozco los pormenores de la situación financiera del club, pero con tantos éxitos deportivos las arcas no han de estar muy esquilmadas. Resulta obvio que el trabajo en los despachos también repercute en la trayectoria deportiva y, por tanto, es artífice de los laureles acumulados durante las últimas campañas.

Este expediente plagado de títulos y el grado de popularidad alcanzado como timonel de la nave blaugrana constituyen los principales avales con los que Laporta quiere dar el salto a la política cuando concluya su segundo y último mandato. En los mentideros ya circula su candidatura a la Generalitat como cartel de la independentista Reagrupament, una organización fundada por un grupo de escindidos de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Laporta se va a servir de una institución que se define como mucho más que un club para entrar lanzado en la batalla política. La invitación la tiene sobre la mesa y su decisión llegará, desde mi modesto punto de vista, cuando se desvincule de sus responsabilidades en Can Barça. El fútbol como trampolín. Salvando las distancias, ya lo hizo Jesús Gil en Marbella y su proyecto se extendió por la Costa del Sol, el Campo de Gibraltar y llegó hasta Ceuta.

Laporta se ha generado una imagen de persona afable, cercana, popular y de eficaz gestor como presidente del Barça. Al mismo tiempo, tiene un punto de niño repelente y sabihondo unido a una acentuada manifestación de falsa modestia. Es un personaje ambicioso, con pinta de insolidario, estirado y con ínfulas de grandeza. Su perfil político está por explorar, tiene visos de ser de derechas y sólo se conocen con exactitud sus devaneos independentistas. Es tan catalanista que algunos que lo conocen ponen en su boca frases cargadas de inquina contra España. El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, ha aireado que Laporta le dijo que España machaca a Cataluña. Con esas credenciales este lobo con piel de cordero sería un auténtico peligro como referente político.

Foto.- Efe. Laporta, en la manifestación por la indepedencia de Cataluña celebrada hace unos días.