Una arcadia feliz

El Gobierno de las derechas ha difundido el barómetro andaluz correspondiente al segundo semestre de su triunfal mandato. No es que haya cocina, es que se les ha quemado el guiso de tanto recalentarlo. En este estudio (cuesta llamar de esta forma a semejante bodrio) se nota la mano y la firma del Rasputín de San Telmo que nos intenta dar el timo del tocomocho sociológico. Elías Bendodo hace turnos de 24 horas en la fábrica de churros, montajes y otras majaderías efectistas. En términos políticos, y pese a todo el repertorio de especias para quitar el olor a asentado, no les ha quedo más remedio que reconocer que si hoy se celebraran elecciones en Andalucía, las volvería a ganar el PSOE, como ocurrió el 2 de diciembre de 2018 y también las generales del 28 de abril y el 10 de noviembre de 2019. El Partido Popular se queda segundo a más de tres puntos, Ciudadanos se desploma y la tercera pata del banco conservador, Vox, se aúpa a la tercera posición, sacando rédito a sus imposiciones a sus socios. Adelante Andalucía se mantiene como en los últimos comicios autonómicos.

Lo que es desternillante, casi de diván, es la valoración de líderes. Este Gobierno no tiene abuela, no ha habido nunca uno tan perfecto como éste: se sienten tan satisfechos de su labor, tan pagados de sí mismos y acreedores de las buenas notas que reciben a criterio subjetivo del manijero Bendodo… El presidente Moreno Bonilla se nos presenta como una especie de Churchill redivivo: en el barómetro nos lo sacan bajo palio demoscópico, a la vieja usanza, como la reencarnación de un mesías que nos redime todas las dificultades que nos acucian.

En la encuesta manca finezza todo es de color de rosa. Los problemas de la vida diaria no existen: se nos presenta una arcadia feliz, un vergel de satisfacciones. Y todo este paisaje idílico es gracias al presidente y su equipo. Todos los miembros de este memorable gobierno aprueban y con cierta holgura. Algo insólito: no conozco ninguna encuesta en la que no haya ni un gobernante suspendido. Se han empachado con tanto azúcar… No se refleja el descontento generalizado con el consejero de Salud de todos los sectores de la sanidad pública, se oculta el clamor de los colectivos feministas y que trabajan por la igualdad con los recortes de la titular de Igualdad para contentar a Vox, los padres, madres y docentes ven en Imbroda un obstáculo para los derechos en la educación pública… Suma y sigue. Pero todo esto lo arregla Bendodo con un PowerPoint y media pinta de desahogo. Que siga la fiesta… (ellos se divierten y la pagamos entre todos).

El señor de los destrozos

El consejero de Salud y Familia de la Junta de Andalucía es de esas personas que practican el desahogo como deporte y se ponen sin sonrojo el mundo por montera. Jesús Aguirre tiene el sistema público de salud como los zorros. Tiene enfadados y con el hacha de guerra a todos los sectores sanitarios, todos, incluso aquellos que en otra época iban de la mano del PP. Su trayectoria en el cargo tiene bemoles. Se sacó de la chistera medio millón de pacientes en listas de espera con un particular sistema de medición que dibujaba una Andalucía enferma, con un porcentaje inverosímil de potenciales pacientes. Una estratagema para poner en marcha un plan de choque y regar el negocio de sus colegas de la privada. Cuando se dio a conocer a finales de noviembre pasado la última estadística del Ministerio de Sanidad sobre espera sanitaria, con el mismo método de medición de siempre, Andalucía presentaba peores registros que antes de llegar las derechas a la Junta y con el triste bagaje de ser la comunidad que más había empeorado en España… y en tan corto periodo de tiempo. De estar mejor que la media, la gestión de Aguirre y las derechas nos ha colocado en el furgón de cola. Somos farolillo rojo, por ejemplo, en espera para una intervención quirúrgica con 164 días, nada menos que 91 más, tres meses más, que en la etapa socialista.

Con la gestión de la crisis de la listeriosis también se cubrió de gloria. Minimizando primero la gravedad del brote y poniéndose del lado de la empresa responsable de la enfermedad en lugar de estar con las víctimas. Luego, la contumacia de los hechos lo obligó a rectificar tanta equidistancia y displicencia. No en vano este alerta alimentaria ha causado tres muertes, ocho abortos, más de 200 ingresos hospitalarios y ha afectado a más de 2.000 personas. Ciertamente no era para tomárselo a la ligera ni con lisonjas.

También tiene en su haber en estos once meses de gestión el episodio chusco de las vacunas perdidas y luego encontradas, así como un fabuloso historial de colocar en cuatro días a sus amigos, dicho por el mismo Aguirre, en los puestos directivos del sistema público sanitario, la mayoría sin experiencia de gestión. A esta larga lista dedazos se acaba de sumar la incorporación en un puesto de libre designación de un sobrino suyo (en la foto, BOJA, 16 de diciembre de 2019, número 240, pág. 56). Un fichaje para el que no se ha tenido ninguna prevención ética. La exigencia de regeneración es para los demás, nunca para uno mismo, claro.

Los mentideros políticos hablan de cambios de alto nivel en el Gobierno andaluz a la vuelta de las fiestas. Más cambios y eso que el gabinete conservador ostenta ya el curioso récord de más de 30 ceses/dimisiones en menos de un año. Entre ellos, el que suena con más fuerza es el del consejero de Salud. No quiero pedir la dimisión de Aguirre, y mira que la merece, no vaya a ser que por pedirla desde la oposición se refuerce en el puesto. Pero es urgente que sea destituido… los destrozos que está haciendo en la sanidad pública son de aúpa.

Saber estar

Las personas demuestran su talla en los momentos difíciles, ésos en los que hay que hacer frente a las adversidades con determinación, empatía e integridad. Sevilla ha sido el epicentro este verano de la mayor alerta sanitaria por listeriosis vivida en España. En la gestión de esta grave crisis alimentaria, con tres personas muertas, siete abortos, más de 200 hospitalizados y casi 2.000 afectados, la ciudadanía hemos podido ver la cara y la cruz de nuestros representantes públicos.

En el lado oscuro se ha situado la Junta de Andalucía, que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias. El Gobierno de Partido Popular y Ciudadanos ha reaccionado tarde, mal y con mentiras, han mostrado más comprensión hacia la empresa infractora que antes las víctimas del brote de listeria, ha usado la estrategia del calamar para manchar a otras administraciones e intentar tapar sus propios fallos y responsabilidades, ha pretendido, sin éxito, culpar del retraso en la toma de decisiones al laboratorio municipal con una maniobra fullera y muy poco institucional (en las últimas fechas se han dado cuenta del error y han corregido esta actitud desleal por la debida cooperación), el consejero de Salud, Jesús Aguirre, se ha preocupado más de hacer gracietas que de coger el toro por los cuernos… Y para rematar la nefasta faena, el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, ha estado ausente, como si el problema no fuera suyo y en el momento con más pico de incidencia de la enfermedad se fue de vacaciones a Galicia a compartir mesa y mantel (y buenos manjares) con su colega Núñez Feijóo.

El contrapunto a esta actitud negligente lo ha protagonizado el Ayuntamiento de Sevilla, con su alcalde a la cabeza. El equipo de gobierno hispalense ha trabajado con responsabilidad e interlocución permanente con la Junta de Andalucía, ha rehuido la confrontación política y las provocaciones del PP anteponiendo la colaboración entre las administraciones y el interés general, ha actuado con diligencia llevando a la empresa responsable de la listeriosis ante los tribunales y Juan Espadas ha estado desde el primer momento dando la cara y asumiendo el papel que le corresponde a un político riguroso y solvente.

Espadas es el haz y Moreno Bonilla, el envés de esta crisis alimentaria. El primero ha sabido estar a la altura, el segundo ha buscado escurrir el bulto. Dos formas de afrontar esta alerta que pone a cada uno en su sitio.

PD.- Mucho está tardando el Gobierno de Andalucía en poner en marcha una campaña de apoyo y promoción de nuestra industria cárnica, tan relevante en Sevilla y en la comunidad autónoma (más si cabe tras la segunda firma afectada). La crisis de la listeriosis les ha hecho perder ya, según primeras estimaciones, un 30% de ventas. Los productos andaluces son sinónimos de calidad y seguridad y este triste episodio no puede poner en peligro el prestigio y la reputación que tanto ha costado construir.

Nota.- Artículo publicado en www.centrohistórico.info. Entre paréntesis, actualizaciones desde el día de difusión, 5 de septiembre. Y foto de elconfidencialandaluz.com.

Profesionales del desahogo

La gestión de la mayor alerta sanitaria por listeriosis a cargo de la Junta de Andalucía ha sido manifiestamente mejorable a ojos de cualquiera. Menos para las derechas, que se jactan sin recato y con engreimiento de su nefasta labor, instalados en un narcisismo político aberrante. El consejero de Salud y Familias, Jesús Aguirre, puso el listón alto calificando de “impecable” la respuesta de la Administración autonómica a una crisis que se ha cobrado tres vidas, 200 ingresados en centros hospitalarios y casi 2.000 afectados. El presidente Moreno Bonilla no quiso ser menos, subió la puja de las grandilocuencias y sentenció sin rubor: “Estamos escribiendo un nuevo relato contra la listeriosis en el mundo”. Soltó esta fanfarronada y se quedó tan pancho, incluso con regusto de satisfacción ante semejante ostentación (injustificada). Tanta fanfarria y salvas de cañones no se compadecen con la realidad. La gestión de esta alerta por parte del Ejecutivo de PP y Ciudadanos, con el apoyo de Vox, se ha caracterizado por:

Incompetencia: Reaccionaron tarde y mal. Había 12 casos detectados en julio y la alerta no se declaró hasta el 15 de agosto. Tampoco estuvieron diligentes tras el primer informe del laboratorio municipal certificando la presencia de la bacteria en la carne mechá el 9 de agosto.

Desconocimiento: A la administración se llega con preparación y no se viene a aprender. La ciudadanía no puede estar en un vilo por la falta de experiencia en crisis alimentarias y de salud pública. El portavoz del PP en el Parlamento, José Antonio Nieto, intentó escurrir las culpas con el argumento tan inconsistente que para ser la primera no se había gestionado mal. ¿En qué manos estamos?

Cobardía: Viendo la dimensión que estaba cogiendo el caso, el Partido Popular optó por esparcir tinta de calamar para confundir a la opinión pública. Primero, pinchó al pretender corresponsabilizar al Ayuntamiento de Sevilla de los errores de la Junta y luego, más tímidamente y sin éxito, ha apuntado al Ministerio de Sanidad, cuando las competencias son de la comunidad autónoma. Es de buen gobernante asumir sus responsabilidades, las buenas y también las malas.

Insensibilidad e indolencia: El Gobierno andaluz, muy especialmente su consejero de Sanidad, ha demostrado más comprensión con la empresa causante del brote que con los afectados y las familias de las víctimas mortales. Con la cifra de ingresados creciendo, el presidente, los consejeros y los responsables sanitarios han estado de asueto, de vacaciones y en los toros. Nada de empatía con los que sufrían las consecuencias del brote.

Mentiras: El gabinete de las derechas es una factoría de mentiras. Esto no es nuevo. Elías Bendodo es el encargado de fabricarlas. No les ha valido ni el encendido del ventilador para implicar a otras administraciones ni su pretensión desesperada de disimular sus fallos clamorosos. Sólo han contabilizado los casos desde el 15 de agosto y sólo por ingesta de carne mechá. Se les ha cogido en el truco para manipular la cifra real de afectados y la verdadera dimensión de la crisis.

Nula transparencia: Han ido ocultando información y datos para cubrir su comportamiento negligente. El consejero de Salud no comparecerá hasta mañana en el Parlamento por la presión social, de la oposición y también de sus socios de la extrema derecha, que no han tenido más remedio después de este escándalo nacional.

Cinismo: El Gobierno de las derechas ha estado evitando dar la cara durante todo agosto. Eso sí, PP y Ciudadanos pedían la comparecencia de la ministra de Sanidad en el Congreso de los Diputados aun cuando las competencias y la responsabilidad es de la Junta de Andalucía. Una respuesta hipócrita y de defensa del interés particular.

Este es el resumen de un mes de despropósitos, ocultamientos y fallos en una gestión incapaz e insolvente que ni las derechas pueden tapar con su proverbial desahogo y triunfalismo.

Foto.eldiario.es. Moreno Bonilla y Aguirre.