Peaje

Se acerca el 2019 y llega la hora de la verdad sobre el levantamiento del peaje de la AP-4 entre Sevilla y Jerez. El Gobierno de Mariano Rajoy no tiene ninguna excusa para prorrogar una vez más la concesión de la vía, que sufrimos desde 1972. Las empresas que han explotado la autopista han amortizado con mucho su inversión. Pese a todo, año tras año sigue subiendo la tarifa: en 2018 los usuarios tendrán que abonar un 2% más. Son insaciables y van a exprimir el limón hasta el último día. Esperemos que el Ejecutivo del PP no tenga la tentación de mantener este castigo confiscatorio para los andaluces y todos los que transitan por este trazado. Nadie entendería otra decisión que no signifique su reversión a la gestión pública y su apertura como vía gratuita. El Ministerio de Fomento está entre la espada y la pared. En Andalucía vamos a estar muy vigilantes para que no reincidan en su error y en 2019 quede la autopista liberada de tan longevo peaje.

El agravio que no cesa

El capítulo de los agravios del Gobierno de Mariano Rajoy para con Andalucía crece día a día. Es tan voluminosa la lista que resulta insoportable. Parafraseando a Miguel Hernández, es el rayo que no cesa y que pretende achicharrar cualquier posibilidad de crecimiento o de posicionamiento estratégico de esta tierra. Por no remontarnos muy atrás y repasar sólo las últimas semanas: reducen drásticamente la inversión en los Presupuestos Generales para este año (un 36% menos que en 2016), recurren la jornada de 35 horas semanales de los empleados públicos de la Junta, aprueban 1.170 millones para el trayecto de alta velocidad entre Valencia y Castellón y resuelve con un by-pass de segunda división la unión entre Sevilla y Málaga, de la conexión ferroviaria del Puerto de Algeciras ni se acuerdan cuando la lluvia torrencial de millones en otros territorios no para…

Si todo esto no fuera suficiente y escandaloso, el Boletín Oficial del Estado acaba de publicar un decreto ley por el que el Ministerio de Fomento se hace cargo del pago de una autopista gallega, la AP-9, una decisión que contrasta con la negativa a levantar el peaje de la AP-4 entre Dos Hermanas y Jerez (expira la concesión en 2019) o a cubrir la parte que paga la Junta entre Jerez y El Puerto de San María (más de 100 millones desembolsados desde 2005). El Gobierno, primero por boca de Ana Pastor y luego de Íñigo de la Serna, ha rechazado sin contemplaciones la petición del consejero andaluz de Fomento, Felipe López, de liberar la totalidad del trazado o de asumir lo que paga la Junta, que es la única administración autonómica que atiende con sus propios fondos la supresión de un peaje en una vía de competencia estatal. El agravio es manifiesto, la desigualdad en el trato es insultante. Y sólo existe una explicación: se trata de Andalucía. Así les va al PP en esta tierra. De nuevo callarán y otorgarán sumisos.

Foto.- Cadena Ser.

Kale borroka de aquí

Varios representantes públicos de Andalucía, todos casualmente del PSOE, han sufrido en las últimas fechas intimidaciones, amenazas y acciones propias de la ya desaparecida kale borroka. En Jerez, el equipo de gobierno socialista lleva varios meses sufriendo un acoso intolerable, pero la semana pasada ya se pasó el límite de lo asumible en democracia. Coches particulares rociados con ácido (entre ellos, el de la alcaldesa, Mamen Sánchez, poniendo en peligro a su hija de 3 años) y pintadas con insultos y coacciones en casas de los ediles. Una actuación vandálica perpetrada en el anonimato de la madrugada y bajo la cobardía de quien carece de más instrumentos que la fuerza y el miedo. Lo cierto es que se ha producido una escalada en la violencia por parte de este reducido grupo de radicales y exaltados ante la obligación del Ayuntamiento jerezano de aplicar una ley estatal para reducir el gasto. Una de las medidas ha sido reducir el salario de los empleados municipales. Este episodio ha de servir para que los sindicatos aparten a los incontrolados y diriman las diferencias mediante el diálogo y, si fuera menester, la protesta pacífica.

Unas semanas antes, el portavoz socialista en el Ayuntamiento de Cádiz, Fran González, recibió la amenaza contra su integridad física por parte de dos personas de la órbita de Podemos durante la celebración de un pleno municipal. El concejal del PSOE interpuso una denuncia contra los activistas morados por gritarle que iba a “tener que salir a la calle con escolta”. Hoy la jueza ha decidido considerar estas palabras como delito grave por atentado a la autoridad. Con esta decisión, la magistrada ha suspendido la vista oral por una infracción leve y ha abierto una investigación de acuerdo con la petición del fiscal y las partes. Estas formas camorristas no caben en democracia. Recuerdan a tiempos que ya parecían superados en la política española. Los que llegan con ínfulas de nueva política tienen que desterrar el odio y la violencia de la vida pública.

La sociedad se tiene que revolver ante este tipo de episodios. Hay que aislar a los que usan métodos totalitarios e intentan con la intimidación conseguir sus objetivos. A la inmensa mayoría nos une la defensa de la libertad y del estado de derecho.

PD.- Mi solidaridad y mi apoyo a mis compañer@s socialistas. Y, por extensión, a todos los demócratas.

El mismo rasero, por favor

Moreno Bonilla y García Pelayo

El manoseado ‘y tú más’ es una de las causas de degradación de la actividad política a los ojos del ciudadano. Por echar al adversario sus miserias a la cara no mejora la posición propia. Erradicar este nocivo vicio debería formar parte del libro de cabecera de cualquier organización. Sin embargo, cuando aprietan las circunstancias la válvula de escape suele ser buscar el empate en lugar de dar las explicaciones pertinentes o depurar las responsabilidades sin más. Como el ‘y tú más’, resulta igual de aborrecible la doble vara de medir: exigencia feroz con el de enfrente y complacencia con los de dentro de casa. En eso, el Partido Popular tiene todos los records en el libro Guinness. Los peperos actúan como justicieros implacables cuando la sombra de la sospecha rodea a sus contrincantes, les hacen la vida imposible, los despellejan en la plaza pública a modo de modernos inquisidores. Sin importarles la verdad, la presunción de inocencia o el estado de derecho. Eso sí cuando las cañas se vuelven lanzas en clave interna, ni son tan contundentes ni tan intachables, buscan todas las excusas para escurrir el bulto.

El último ejemplo ayer: la Fiscalía pide el encausamiento de la senadora y ex alcaldesa de Jerez, María José García Pelayo, por un contrato con la trama Gürtel y el presidente de la franquicia conservadora en Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, dice que se trata de “una imputación administrativa”… y que corra el aire. Es un chiste tan malo que en lugar de risa produce sonrojo. La pregunta es: ¿Si el afectado hubiera sido de otro partido la respuesta habría destilado tanta compresión y respeto? Seguro que no. Más allá del recorrido judicial del caso, ya veremos en qué acaba, lo que habría que pedirle a Moreno Bonilla y sus cuates es coherencia y que prediquen con los hechos. Lo honesto es empezar por dar ejemplo y aplicar siempre el mismo rasero para todos. Hacer caso al mensaje evangélico y no ver sólo la paja en el ojo ajeno cuando uno tiene una viga en el propio. Quizá sea mucho pedir a un PP que cree tener credenciales de superioridad. A ver si algún día aprenden porque tienen tanto que callar.

Foto.- PP de Jerez. Moreno Bonilla y García Pelayo en un acto electoral.

Playa hinchable

No aprenden. Desde el punto de vista ciudadano, molesta y frustra que ante unas elecciones los candidatos se enfrasquen en una subasta de proyectos, ocurrencias y compromisos incumplibles. Hay pujas y tómbolas por todos los rincones de España y de todos los signos políticos. Aunque por encima de cualquier otra en esta campaña de las municipales sobresale por deméritos propios una promesa del Partido Popular en Jerez: una playa urbana. Existe alguna experiencia como es el caso de Valladolid en la ribera del Pisuerga. Pero los peperos jerezanos no querían ser menos aun estando a poco más de diez minutos de la costa. La actual alcaldesa, María José García Pelayo, lanzó el resort urbano con bombo y platillos, como proyecto emblemático del siguiente mandato, y a la vuelta de un par de días, un concejal de su equipo reduce la infraestructura a piscinas hinchables, de medio metro de profundidad, como la que se pueden comprar en cualquier gran superficie. El suflé se ha venido abajo con estrépito y con una catarata de críticas. Un proyecto estrella que nace ya estrellado. La playa urbana no era más que un timo electoral, una engañifa, de esas que los ciudadanos ya no soportan más.

Foto.El País.