Rajoy se aferra al austericidio

Francia e Italia, dos de los países europeos con gobiernos socialistas, han planteado a la Comisión Europea un relajamiento de los objetivos de déficit público y de la deuda y una apuesta firme por el empleo. España, con su mayoría absoluta de derechas, se ha desmarcado de esta propuesta que piensa en las personas y no en las hojas de cálculo. Aprovechando la atención generalizada a los fastos de proclamación de Felipe VI, Mariano Rajoy habló por la boca del ministro de Economía, Luis de Guindos, para apuntalar la ortodoxia neoliberal y anteponer el ajuste presupuestario a la recuperación económica y la creación de un empleo. Se ha alineado nuestro país con Alemania y no con la necesidad de casi seis millones de parados. Esta línea de austeridad inflexible sólo perjudica a los ciudadanos y choca con el sentido común en un país que tiene más del 25% de paro. Lo lógico, como piden Francia e Italia, sería flexibilizar los plazos de consolidación fiscal y excluir las inversiones productivas del cálculo de déficit público. El resultado de tanto ajuste se traduce en aumento de la desigualdad y pérdida de riqueza (España tiene el PIB de hace 16 años en comparación con la UE). Empecinarse en estas recetas perversas ya sabemos que no conducen a buen puerto, Urge un cambio de rumbo económico que favorezca la recuperación, la austeridad a ultranza sólo la frena y evita que los posibles beneficios lleguen antes a las personas.

Foto.- Los presidentes francés e italiano, François Hollande y Matteo Renzi.

Un gesto del BCE

La terapia recomendada en la viñeta de Forges ha dado sus frutos. Tanto le han pitado los oídos al presidente del Banco Central Europeo (BCE) que ha aparcado su tradicional autismo, ha dejado de actuar como una esfinge y se ha dignado tomar cartas en la crisis de la zona euro, ahora centrada en España e Italia. Meses y meses pidiendo una respuesta del BCE frente al ataque de los especuladores y no movía un solo músculo. Hoy, Mario Dragui ha alzado un poco la voz (“El BCE hará lo necesario para sostener el euro“) y las fieras insaciables de los mercados han suavizado el cerco. Sus palabras han dado un mínimo respiro a la prima de riesgo y al bono a diez años y ha permitido un festín en la bolsa. ¿A ver hasta cuándo dura tan esperados propósitos de enmienda? Han tenido que aparecer en este desalentador escenario las agencias de calificación amenazando a la deuda Alemania y el BCE sale al rescate del euro. ¿Causa efecto? Esperemos que esta estelar irrupción del regulador de la Eurozona no sea demasiado tardía y que el daño ya sea irreversible.

Bendito placebo futbolero

La ciudadanía de este país se ha sacudido por unas horas el pesimismo y la angustia que la viene atenazando desde hace unos años. La gesta de la selección española de fútbol ha servido de válvula de escape para soltar la presión acumulada y mejorar nuestra maltrecha autoestima. El éxito de La Roja, con un juego primoroso, ha sacado a la gente de manera momentánea de sus preocupaciones, ha actuado como un efecto placebo que comenzará a remitir en cuanto cada cual se enfrente con la cruda realidad que nos acompaña. El espejismo durará tanto como los fastos de celebración de la segunda Eurocopa consecutiva. A partir de ahí comenzará a remitir la sensación analgésica que ha supuesto la proeza del grupo humano dirigido por Vicente del Bosque (¡qué saber y categoría humana tiene este hombre!), un equipo que ha convertido este juego en puro arte. Estábamos tan acostumbrados a los fracasos que Casillas, Xavi, Iniesta y compañía nos han descubierto otra dimensión del fútbol patrio, un nuevo registro donde, con humildad y esfuerzo, nos hemos ganado la vitola de favoritos en cada competición… Por méritos propios. Cuando el champán de este triunfo pierda las burbujas, cuando las vuvucelas dejen de sonar por las calles, cuando la afición (el entusiasmado jugador número 12) se quite las pinturas de la cara y guarde las banderas, nos daremos de bruces con nuestro duro día a día… Con un horizonte de más recesión económica, con pocas expectativas de creación de empleo, con subida de la luz y el gas, con el repago de medicamentos, con la inminente subida del IVA, incluso de los artículos de primera necesidad… Suma y sigue. Pese a todo, el combinado español nos ha dado una alegría que no resuelve pero al menos matiza los problemas. Bendito placebo futbolero.

Nuestro Plan Marshall

Nos ha costado pero ya tenemos un plan de estímulo económico, nuestro Plan Marshall del siglo XXI. La UE liberará 130.000 millones de euros para reactivar nuestra maltrecha economía. La minicumbre de Roma ha dado sus frutos. El tridente franco-italo-español, segunda, tercera y cuarta economías de la Unión, han impuesto cordura en la huida hacia ningún sitio de Alemania. Por fin, Merkel ha tenido que ceder acosada por los principales líderes e instituciones internacionales y por la evidencia de que su recetario era autodestructivo para Europa y el euro. Lo llevábamos pidiendo hace años: una política basada sólo en recortes sólo nos conducía a la depresión y al sufrimiento de la ciudadanía. El camino elegido por la canciller, mascarón de proa de la ortodoxia neoliberal, se ha demostrado erróneo casi desde el primer momento. La tozudez de sus planteamientos nos ha situado al borde del precipicio como país, con una amenaza de intervención, problemas de financiación, la actividad económica bajo mínimos y el paro desbocado.

Aún estamos a tiempo de superar el daño causado a nuestra economía y el dolor inflingido a la inmensa mayoría con la demolición de conquistas y derechos ciudadanos. Ahora toca confiar en que este Plan no pase de largo, como los americanos en la cinta de Berlanga, y dejen su huella presupuestaria. Y que por supuesto la ayuda no venga con letra pequeña, es decir, que la inversión no acarree nuevos sacrificios para las clases medias y trabajadoras.

Por cierto, Mariano Rajoy, como el alcalde de la película, nos debe una explicación. O varias. Con todo lo que ha acontecido en las últimas fechas urge su comparecencia en el Congreso de los Diputados. Transparencia, señor presidente.

Venecia

No tiene nada de extraordinario decir que Venecia es una ciudad con encanto. Atesora historia y valor arquitectónico, rincones mágicos, una atmósfera romántica y una gente acogedora. Le sobra bullicio, como a cualquier enclave con tanto atractivo. Lo mejor es perderse por rivas y fondamentas poco transitadas por el turismo. Y sin olvidar las islas, especialmente Burano, aunque Murano y Torcello bien merecen un recorrido. Y vivir la estancia a tu aire, alejado de circuitos y guías, buscando lo auténtico y genuino, lo que no está en catálogos ni en revistas promocionales. Se respira cierta decadencia, en algunos puntos llega a ser alarmante. Para proteger y salvaguardar este paraíso de canales y puentes, las autoridades venecianas han puesto desde el 24 de agosto (justo el día anterior a mi llegada) una tasa de cuatro euros por cada noche de estancia. Le hace falta un impulso para que este reducto de fantasía no pierda valor ni se degrade sin remisión. La gente no dejará de ir a Venecia por este impuesto y los más de veinte millones de personas que acuden a la ciudad de San Marco cada año contribuirán a la conservación de su impresionante patrimonio.

Libertad sexual

A dos jóvenes homosexuales los echaron de una caseta de la Feria de Sevilla por, al parecer, bailar sevillanas juntos. En Italia, le deniegan a un chico el carnet de conducir con un argumento de enorme solidez científica: ser gay. (No hace falta decir que esto último es una ironía). El pensamiento conservador y tradicionalista se cuela por los rincones más insospechados dentro y fuera de nuestras fronteras. En este nuestro sacrosanto país, la derecha no ha encajado con naturalidad los derechos conquistados por las personas homosexuales gracias a la gestión del Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. Cavernas televisivas y próceres mediáticos de comunión diaria y corazón podrido hacen gala de su intransigencia y desprecio a la libertad individual de cada cual para elegir su orientación sexual. El Partido Popular, empujado por la extrema derecha que convive en sus filas, pretende suprimir el matrimonio entre personas del mismo sexo. El ala derecha de este país está recuperando los postulados retrógrados de Vallejo-Nágera y quiere prescindir de los pervertidos y débiles mentales para regenerar la raza hispánica. Estas posiciones dogmáticas e irracionales dan miedo. ¡Que dejen a la gente vivir en paz y en libertad! ¡Ya está bien de falsa moralina!

Macho alfa

A nadie se le escapa a estas alturas de la película que el presidente italiano, Silvio Berlusconi, es un machista irredento, arrogante y egocéntrico. Como diría uno de los personajes de moda, Lisbeth Salander, la heroína de ficción de la trilogía Millenium, constituye un ejemplar genuino del macho alfa, esto es, un tipo bravucón, chulesco, misógino, incluso despreciable desde un punto de vista ético.

Il Cavaliere ha pedido disculpas a su manera por haber calificado al gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero, con más mujeres que hombres en su composición, de “Gobierno rosa”. Y lo hizo con talante rufianesco, con tono burlón, con una impostura manifiesta. Más que recomponer los puentes de unas sobrias relaciones diplomáticas, teatralizó su acto de contrición con un arrepentimiento forzado que escondía una evidente sombra de mofa.

Mejor hubiera sido que el capo del Gobierno transalpino hubiera mantenido el pico cerrado. En mi modesta opinión, empeoró la situación. Cuando se mueven los rescoldos, el fuego se reaviva. Queriendo arreglar el desaguisado, profundizó aún más en el fango. Exhibió su tono paternalista y su visión utilitaria de las mujeres con una frase memorable: “La mujer es el mayor regalo de Dios al hombre”. Para ese viaje no hacía falta esas alforjas.

La cabra siempre tira al monte. Berlusconi no consiguió disimular su modo trasnochado y retrógrado de entender las relaciones entre hombres y mujeres. Y, por si fuera poco, fanfarroneó con el escándalo de las velinas sacando su vena picarona (“¿Tiene usted envidia, verdad?”, replicó al periodista español que lo interpeló sobre el affaire), ensalzó sus encantos de seductor ultramontano (“Amo conquistar”) y, como ya no tiene abuela, se definió como el mejor primer ministro de su país de los últimos 150 años.

Il Cavaliere sería el mejor bufón de una corte medieval. Como mandatario es una ruina, como showman o clown, no tiene precio. Berlusconi se caricaturiza a sí mismo en cada acto. Él solito se ha comido la cumbre de presidentes de Gobierno de la UE. Es difícil encontrar en la prensa española una línea sobre los contenidos de la reunión.