Chipre: la mano en la cartera

Al calor del ominoso rescate de Chipre, no voy a incurrir en el mismo error del Partido Popular cuando estaba en la oposición de lanzar la piedra y esconder la mano, de que España no es Grecia (ni Irlanda, ni Portugal) pero… Ni peros ni dudas. Quizá en aquellos momentos turbulentos se habría necesitado una derecha más patriota y menos interesada en su particular cálculo electoral.

Como ciudadanos nos ha de preocupar el hecho en sí mismo: cómo se ha gestado un rescate al que van a tener que contribuir los ciudadanos directamente con una parte de sus ahorros. Algo hasta ahora tabú. Les van a meter la mano en la cartera (nunca mejor traída la expresión coloquial) saltándose a la torera la legislación comunitaria. Ni siquiera se respeta a los pequeños y medianos ahorradores, los que tienen menos de 100.000 euros de depósitos, como se recoge en los tratados de la Unión. El prestigioso economista José Carlos Díez habla de “aberración económica” y, aun a riesgo de errar, hablaría también de aberración democrática y social. Máxime cuando el presidente chipriota denuncia que ha aceptado el trágala ante el chantaje del Eurogrupo de dejar caer a este pequeño país mediterráneo. Incluso los que marcan el ritmo en esta UE cada vez más alejada de la Europa de los ciudadanos, Merkel y el FMI, exigían medidas más duras.

La decisión ha caído como una bomba entre la población chipriota y su Parlamento es un hervidero al no contar el gobierno recién salido de las urnas con una mayoría suficiente para convalidar este castigo impuesto desde fuera. Chipre es un peldaño más en la escalada de la injusticia social y de la cesión de soberanía sin mecanismos democráticos de control y contrapeso en Europa. La indignación popular y la pésima acogida por los mercados apuntando a otra nueva crisis del euro han obligado a renegociar el rescate y suavizar el castigo para los pequeños y medianos ahorradores. Ni así tiene un pase.

Viñeta.Forges en El País.

Patriotas

No es precisamente santo de mi devoción el gobernador del Banco de España, pero ha dado esta vez en la tecla. España somos todos, ha venido a decir Miguel Ángel Fernández Ordóñez en tono de reconvención al Partido Popular por jugar a sacar tajada electoral en estos de incertidumbre tras la caída de Irlanda. Cada vez que se produce una turbulencia económica, el primer partido de la oposición empieza a revolotear cual ave carroñera esperando cobrarse su ansiada pieza, que no es otra que el poder. Hace unos meses, entonaron el “España no es Grecia, pero…”. Ahora, otro tanto de lo mismo: “Irlanda no es España, pero…”. Y después de este paño caliente a zurrar al Gobierno de España, que es lo que toca en su carrera alocada electoral y a este país que le vayan dando. Estos patriotas de pacotilla que se envuelven de boquilla en la bandera van a lo suyo. Ni les importa la verdad ni el futuro de España. Sin renunciar a ejercer la oposición, se puede y se debe ser más riguroso en lugar de arrojar sombras de sospecha sobre la fortaleza económica de este país. Provoca una razonable indignación que, sin ninguna base, se dé carnaza a esos tiburones especulativos que se afilan los dientes para seguir haciendo negocio fácil. Los organismos internacionales avalan la marcha de España y, en cambio, estos sabios de la gaviota  no corrigen su discurso porque tienen la cabeza en otra cosa. Ausencia de patriotismo y de pudor. Así no se hace país, así no se hace más fuerte España.

Cría cuervos

Cayó la segunda pieza del dominó europeo. Primero fue Grecia. Irlanda, uno de los países que ciertos doctrinarios de la economía califican despectivamente como PIGS, se ha tenido que agarrar al rescate ofrecido por la Unión Europea para frenar los ataques especuladores. Más de 80.000 millones de euros de inyección económica y el compromiso de un ajuste severo de otros 15.000 millones para sacudirse la presión de los mercados. Curiosamente, Irlanda, un paraíso neoliberal de rebajas de impuestos y boom inmobiliario, ha sido devorada como Saturno por sus propios hijos. Los bancos a los que salvó el Gobierno conservador con poderosas aportaciones de dinero público son los que ahora arrastran al país al borde del precipicio. Si en el origen de esta profunda crisis está en la mala gestión de las entidades financieras, con las hipotecas basura y los altísimos riesgos inmobiliarios, supone una tremenda paradoja que estos pájaros se revuelvan contra la mano que le ha dado de comer. Cría cuervos. Cobrada la pieza irlandesa, ahora afilan sus garras observando a Portugal. Van a por el euro.

Otra derivada del fiasco económico de Irlanda es la demostración del escaso tino que tiene Mariano Rajoy. Donde pone el ojo no suele poner la bala. Cada vez que habla de un gobierno modelo, éste se derrumba como un castillo de naipes. Se fijó primero en Baleares y la gestión del popular Jaume Matas ha dejado tras de sí un reguero de escándalos y supuesto mangoneo de dinero público. Cambio de tercio y puso su mirada en Valencia, pero hete aquí que Francisco Camps y sus amigos del alma lo han obligado a recular para no pisar charcos putrefactos, las secuelas del caso Gürtel lo han animado en poner los pies en polvorosa. Ahora también intentará pasar de puntillas por sus elogios al tigre celta y con mucho disimulo se comerá sus palabras sobre las maravillas y milagros de este vecino europeo. Para Rajoy, Irlanda y sus recetas neoliberales apuntaban el camino a seguir. El jefe de la oposición tiene ojo de mal cubero. Sus modelos son muy poco modélicos, muy poco ejemplares.

El lobo financiero

Se levanta uno cada mañana sobresaltado por las noticias económicas y por el griterío mediático anunciando la hecatombe. Los mercados financieros, responsables de esta profunda recesión, posiblemente la mayor de la historia, son los que marcan el ritmo de la economía internacional. Nos llevaron al pozo de la miseria y nos quieren mantener en vilo y con el agua al cuello. Los movimientos especulativos del lobo feroz financiero sobre la zona euro están apartando del rebaño a las ovejas más débiles, que son las presas más fáciles. El acoso sobre Grecia busca desestabilizar los cimientos de la vieja Europa para seguir haciendo caja a costa del ciudadano de a pie.

La inoportuna jugada de la sociedad de rating Standar & Poor’s de rebajar la calificación de la deuda griega nos ha metido aún más miedo en el cuerpo. A tenor del discurso imperante en la esfera pública, exagerado por los medios de comunicación, detrás del vecino heleno viene Portugal, luego quizá Irlanda y, a continuación, España o por qué no Italia. El dinero no entiende de política y sólo de beneficio. Grecia está a punto de estallar por los aires: por un lado, los organismos internacionales y los mercados exigiéndole  sacrificios y, por otra, la población en plena ebullición y con una huelga general amenazante por el severo ajuste que su gobierno tiene que aplicar si quiere encontrar el calor internacional. Por cierto, un ejecutivo socialista que tiene ahora que lidiar la herencia envenenada de una década de pésima gestión de la derecha.

El tablero planetario tiembla y esas sacudidas llegan a España con la forma del desempleo. La crisis se personifica en este país en las colas de las oficinas del INEM. Según el dato de la EPA avanzado por un error (o quién sabe) del Instituto Nacional de Estadística, el índice de paro supera ya el 20% en el primer trimestre de 2010. Otro mazazo a las esperanzas de recuperación que se perciben y a los halagüeños indicadores que se han conocido en las últimas fechas. El desempleo, menos mal, parece haber tocado fondo y nos queda por delante una larga y lenta travesía de reconstrucción de los efectos devastadores de una recesión económica que nos llovió del cielo, como sin quererlo, por los desmanes y la avaricia de los tiburones financieros norteamericanos (hipotecas basura, la bancarrota de Lehman Brothers o los presuntos ilícitos de Golman Sachs). La gran mayoría sufre los embates de la crisis, mientras que los bancos siguen con beneficios obscenos: el BBVA ganó de enero a marzo 1.240 millones de euros.

Llegamos a la celebración del Primero de Mayo con un ambiente de incertidumbre marcado por la recesión y el paro. Los sindicatos, con toda justicia, claman por la implicación de todos en la resolución de este agujero negro que nos rodea. También podían exigir algo más de responsabilidad a los estibadores del puerto de Algeciras. En estos momentos de dificultad, y después de una importante inversión, la nueva terminal de Hanjin no ha podido acoger la primera descarga en sus instalaciones por el desacuerdo con los trabajadores. La sociedad coreana se replantea la continuidad del proyecto (y no andamos sobrados de yacimientos de empleo y generación de riqueza) y desviar la ruta de los buques containers hacia otros puertos. Mala noticia para la Bahía de Algeciras si se confirma y, ojo, que la competencia de Tánger es muy seria y se halla muy cerca, a sólo unos kilómetros, a golpe de vista en días claros en el Estrecho. Los estibadores deberían reconsiderar o, al menos, aquilatar sus medidas de fuerza por el bien general. Los sindicatos tienen aquí también una piedra de toque.

Escándalo en Irlanda

A nadie habrá cogido por sorpresa el escándalo que se ha desatado en Irlanda a cuenta de los abusos sexuales contra menores cometidos por sacerdotes de la Archidiócesis de Dublín. Lo novedoso es que los clérigos campaban a sus anchas porque la Iglesia católica irlandesa gozó de inmunidad durante décadas para ocultar estas depravadas prácticas. Un informe elaborado por una comisión presidida por la juez Yvonne Murphy revela la connivencia entre la jerarquía eclesiástica y las autoridades del Estado. Quizá para redimir la vista gorda de sus predecesores ha sido el actual ministro irlandés de Justicia, Dermot Ahern, el encargado de presentar las conclusiones de tres años de investigación basada en las acusaciones de 450 personas contra 46 sacerdotes por hechos ocurridos entre 1975 y 2004.

El documento de 700 folios recoge que instancias oficiales, entre ellas la Policía y la Fiscalía, colaboraron con cuatro obispos por mantener en secreto la gravedad del caso y no dañar “el prestigio de la iglesia, proteger a los pederastas y los bienes de la Iglesia, y evitar escándalos”. El informe sostiene que la política y tácticas ocultistas de la cúpula eclesial se pueden resumir bajo la frase de tintes mafiosos “no preguntes, no hables”. “La Comisión no tiene duda alguna de que el abuso sexual clerical fue encubierto por la Archidiócesis de Dublín y otras autoridades de la Iglesia. Las estructuras y reglas de la Iglesia Católica facilitaron ese encubrimiento”. También se acusa a las autoridades del Estado de “no cumplir con sus obligaciones y asegurar que la ley se aplicase a todos por igual, lo que permitió a las instituciones de la Iglesia mantenerse fuera del alcance del proceso legislativo normal”.

Todos estos datos producen repugnancia y vergüenza. No sólo cabe aguardar las disculpas de la cúpula eclesiástica de Irlanda o de la Santa Sede y pasar página. Es exigible la acción implacable de la justicia para depurar las responsabilidades penales que se desprendan de esa investigación contra ejecutores y cómplices por omisión. Y es que ese país europeo llueve sobre mojado. Además de abusos sexuales, otro informe oficial desveló hace unos meses métodos inadmisibles y execrables en órdenes católicas: el maltrato físico y psicológico era moneda de uso corriente en centros de asistencia social desde la década de 1930. Cientos de niños, tratados casi como esclavos, han sufrido durante demasiado tiempo el desafuero y el desenfreno de sotanas calenturientas. Una razón más que explica la pérdida de clientela por parte de la Iglesia católica.