La rabia de la derecha

Con la investidura de Pedro Sánchez, las derechas se están moviendo entre la ira y la rabia. Han perdido por completo los papeles y no respetan las más elementales reglas de la democracia. Tanta inquina y tanta persecución al discrepante recuerdan a métodos ya pasados que creíamos que no volveríamos a vivir. Los que van a posibilitar con su voto superar esta situación de bloqueo se les acosa por redes sociales, a través del correo electrónico o con pintadas en sus pueblos. Además, sin mesura alguna, se les califica de traidores a España y otros calificativos muchos más subidos de tono. En esa espiral de resentimiento para con el contrario, están repartiendo carnets de buenos y malos patriotas. Así respeta la derecha el resultado de las urnas. Los ciudadanos han votado similar tanto en abril como en noviembre y sólo el voto libre de los españoles hacen posible que se pueda constituir una gobierno de progreso, un gobierno legítimo y democrático.

Si se cumple lo previsto, Sánchez será investido presidente con 167 votos a favor, 165 en contra y 18 abstenciones. Para las derechas, todos los que con su sí o su abstención posibiliten que se forme el primer gobierno de coalición progresista están actuando contra España. Sin más paños calientes: usan artillería gruesa y tono guerracivilista. Las señorías que van a dar su apoyo al candidato socialista representan a casi 11 millones de españoles (10.982.940), mientras que los catalanes y vascos, y por ende españoles, que dieron su voto a ERC y Bildu son 1.146.453. En el bloque del no, hay que distinguir a los que las derechas consideran buenos, 10.526.491 españoles, de los independentistas de JxCat y la CUP, con 772.129 sufragios, que a su juicio forman parte de las fuerzas del mal.

Con estos datos, usando el retorcido esquema mental de las derecha patrióticas, más del 55% de los votantes representados en el Congreso de los Diputados no quieren/queremos a España o son/somos malos españoles por sustentar un gobierno progresista o mantener posiciones soberanistas, o ambas cosas a la vez. A este paso, la derecha le va a retirar la nacionalidad y el pasaporte español a más de la mitad de la población. Con tanto dividir y enfrentar, éstos que se apropian de nuestro país y nuestros símbolos nos van a dejar sin España y sin una buena parte de los españoles… Su deriva es demencial.

Foto.-Efe. Abascal (Vox) y Casado (PP)

 

Pillado

Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente del PP de Andalucía, 19/04/2017

“…otras formaciones que tuvieron la suerte de ser llave para abrir la puerta a 40 años de socialismo, pero no han dado la vuelta a la cerradura”.

Teresa Rodríguez, jefa de Podemos en Andalucía, 21/04/2017

“Nosotros en ningún caso quisimos ni siquiera cogerle el teléfono al PP”

La verdad, más pronto que tarde, se abre camino. Estas dos declaraciones demuestran que el PP intentó evitar un gobierno socialista presidido por Susana Díaz pese a que el PSOE ganó, y bien, las elecciones autonómicas en 2015. Sacó casi 10 puntos al PP y más de 20 a Podemos. Ese desliz de Moreno Bonilla nos ha descubierto que tocó a otros partidos para desbancar al ganador aunque las cuentas no le salían salvo con un batiburrillo de siglas. Y no soló tanteó a Ciudadanos porque con sus nueve escaños no sueperaba los 47 socialistas. Necesitaban también a Podemos y se afanaron en seducirlos. Ahora lo confirman el que proponía y la que recibía las llamadas. La derecha estaba dispuesta a todo pese a que su resultado fue calamitoso: 33 diputados perdiendo hasta 17 respecto a la legislatura anterior. Así se explican los 80 días de bloqueo a la investidura de Díaz. El PP no aceptó su abultada derrota y puso todas las zancadillas que pudo. Hoy lo sabemos por el lapsus de Moreno Bonilla. Pero lo intuíamos todos.

Gráfico.- El País.

Rencor

La acción política no puede estar basada en el rencor. Cuando se obra con resentimiento se alimenta la división y el enfrentamiento. Pablo Iglesias ha mostrado en el Congreso de los Diputados su perfil más duro, más agresivo y más radical. El líder de Podemos es de esos a los que no les gusta tender puentes ni dejar prisioneros en el campo de batalla. Sabe que ese es su punto débil e intenta siempre disimular su carácter bipolar, su alma de doctor Jekyll siempre sucumbe ante Mr. Hyde. Cuando se le cae la piel de cordero, se le puede escuchar comentarios tan injustos y desafortunados como que en la Cámara hay más potenciales delincuentes que en la calle. Lo que más molesta no es el exabrupto en sí, las palabras se las lleva el viento, sino la soberbia intelectual que destila Iglesias, la supremacía moral que se otorga para repartir etiquetas y dividir a la sociedad y el desprecio absoluto a las opiniones distintas a las suyas.

La suma de todo esto y el deseo de humillar al PSOE nos llevaron a unas elecciones repetidas. El principal responsable de que no haya un presidente socialista ha atacado hoy de forma furibunda al PSOE, como viene siendo norma de la casa. Si no hubiera pensado en su frustrado sorpasso, el PP estaría ya en la oposición, no se habrían celebrados otros comicios tras una legislatura fallida y la derecha no tendría más escaños que la izquierda en las Cortes. Lo que fue posible lo tiró por la borda por su avaricia electoral. Quería relegar a los socialistas como primer partido progresista y se quedó con una mueca de amargura en la noche del 26 de junio. No ha ido al debate de investidura de Mariano Rajoy a hacer oposición al PP, sino a hacerles oposición a los socialistas. Pobre bagaje para un partido que quería conquistar los cielos y que se ahora se inclina, como acepta el propio Iglesias, por “morder” y por la agitación social. Menudo programa de gobierno.

Fuera las caretas

Al final acabó cantando la gallina. Mariano Rajoy no ha tenido ningún rubor en reconocer lo que todos sabíamos: es el principal interesado en la celebración de unas terceras elecciones. Lo ha dicho claramente: sí hay que ir a elecciones, se va y además sacaremos mejores resultados. Nada que cualquier observador político no pudiera interpretar como consecuencia de su escaso interés para evitar lo que la inmensa mayoría de los ciudadanos no quiere. Su discurso y su actitud en el debate de investidura fallido ya dejaban entrever su estrategia. No sólo ninguneó el candidato del PP a sus aliados de Ciudadanos, es que no hizo ningún gesto para seducir a ningún otro grupo político situado en el ‘no’ y dinamitó cualquier puente que quedara en pie hasta ese momento con el nacionalismo periférico. Y desde este intento frustrado no ha realizado ningún movimiento para favorecer el desbloqueo de la situación política. Antes al contrario, ha ido tomando decisiones, como la de recuperar al dimitido ex ministro José Manuel Soria, para apuntalar en el ‘no’ a sus adversarios. Pero ayer ya dio por hecho que quiere nuevas elecciones. Admitió lo evidente o le traicionó el subconsciente, qué más da. Y es que en la sede nacional de la calle Génova, remozada con dinero de dudoso origen, ya trabajan en clave de campaña y han contratado a una agencia de publicidad con vistas a la cita con la urnas de diciembre. En Andalucía dirigentes peperos tampoco tienen empacho en asegurar que están con agenda de campaña. Y luego diciendo que los demás son los responsables de la falta de gobierno. ¿Se puede destilar tanta hipocresía?

El pirómano Rajoy

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Entonces jugaron con fuego en Andalucía y hoy nos estamos quemando todos en España“. De esta forma tan gráfica, Susana Díaz explicaba en el Parlamento autonómico el origen del bloqueo político en España por la cerrazón del Partido Popular a facilitar su investidura en la primavera de 2015. La dirigente socialista ha desvelado una conversación con Mariano Rajoy (también lo hizo con Albert Rivera y Pablo Iglesias) del 24 de abril del año pasado para sondear las posibilidades de una abstención de este partido para facilitar que la legislatura comenzara andar. El actual presidente en funciones, que ahora reclama responsabilidad a las demás fuerzas políticas, se negó a valorar esta opción y puso en duda en virtud de su veteranía y su olfato político que llegara a ser presidenta. Unas semanas después, durante la campaña de las municipales y tras tres votaciones sin éxito para la investidura de Díaz, Rajoy dijo que Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la sucursal pepera en esta tierra, estaba haciendo lo que tiene que hacer: bloquear y bloquear. Esta postura cerril en los primeros comicios de esta nueva etapa de mayor pluralismo y de necesidad de diálogo en un nocivo precedente para este país. Y de aquellos polvos, los lodos que han llevado a España a dos elecciones generales y que encara la cuenta atrás para evitar unas terceras. Rajoy fue de pirómano y ahora se enfrenta a un fuego incontrolado y sin interés en sofocarlo. Su desgana y la carencia de gestos durante el debate de su investidura fallida evidencia que piensa más en una tercera cita con las urnas que en otra cosa. Quizá a él le pueda ir bien, pero para España sería una catástrofe. Se le ha caído la careta. El presidente del PP siempre antepone su beneficio. Como ocurrió con su apoyo explícito a la estrategia de bloqueo en Andalucía, una maniobra insensata que fracasó merced al acuerdo de investidura entre PSOE y Ciudadanos. La responsabilidad del PP y de Rajoy brilló entonces por su ausencia. Ahora bien, la presidenta andaluza ha demostrado tener más altura de miras que el político gallego y ha deseado que en España haya un gobierno cuanto antes y que arregle lo que todos ustedes (PP) han destrozado todos estos años“.

¡Qué disparate!

El escandaloso nombramiento frustrado de José Manuel Soria para el Banco Mundial ha sido un auténtico despropósito para el Partido Popular, especialmente cuando Mariano Rajoy ansía apoyos para conseguir la investidura. Un disparate en todos los estadios del escándalo. Primero, por el mero nombramiento de un ex ministro que tuvo que dimitir por dos pecados capitales en política: evadir impuestos a través de paraísos fiscales y mentir. Segundo, por unas explicaciones peregrinas para intentar justificar lo injustificable y que luego se han demostrado falsas: no era imprescindible ser funcionario para acceder a un puesto cuantiosamente remunerado (226.000 euros anuales libres de impuestos) y se disfrazó de falso concurso público un ‘dedazo’ para devolver favores al amigo del presidente en funciones. Y tercero, el escándalo social que produce una jugada carente de ética y de estética, unido al malestar producido en sectores del propio PP, ha obligado a rectificar a la fuerza y perdiendo en un momento políticamente inoportuno otros jirones más de credibilidad y van… Todo era un enjuague difícil de digerir. A Rajoy, que ha participado activamente en la farsa, el tiro le ha salido por la culata. El enchufe de alta tensión a su colega Soria deja claro que en el entorno del aspirante a la investidura se sigue creyendo que se cuenta con una mayoría absoluta para hacer y deshacer a su antojo sin contar con nadie. Mal síntoma para seducir a otros grupos políticos para su investidura. La soberbia no suele ser buena consejera.

PD.- Cuentan por Madrid que la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, se está frotando las manos por la desgracia de Soria, su íntimo enemigo de partido. Queda por confirmar su papel en el estallido de esta crisis que ha afectado a su bando rival dentro del Consejo de Ministros. Se especula que el titular de Economía y proponente del canario para el puesto, Luis de Guindos, puede ser el que pague los platos rotos en un futuro no muy lejano.

Viñeta.– Ricardo, en El Mundo.

El bloqueo político en clave de humor

El bloqueo político e institucional de España tras la investidura fallida de Mariano Rajoy contado con el humor y la mordacidad de los opinadores gráficos: Ricardo (El Mundo),  Peridis (El País), Miki&Duarte y Esteban (Grupo Joly), Bernardo Vergara (eldiario.es) y Los Calvitos (elplural.com).