España ha acogido hasta la fecha a sólo 18 refugiados procedentes de la guerra de Siria. Un número ridículo teniendo en cuenta que el cupo asignado a nuestro país por la Unión Europea asciende a más 16.000 desplazados. No olvidemos que huyen de la muerte y el terror. Conociendo esta realidad y la falta de generosidad y la cicatería que definen al Gobierno de la nación ante esta emergencia humanitaria, resulta indignante escuchar al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, sacar pecho porque entre mayo y junio vamos a recibir a 200 reubicados desde Grecia e Italia. Ya tocaba. Las imágenes del dolor y de la desesperación de los refugiados en campos con condiciones infrahumanas, en travesías en las que se juegan la vida, no han conmovido al muy pío gabinete que preside Mariano Rajoy. Se ha movido de su posición numantina por el temor a una multa de Bruselas por incumplimiento de los acuerdos de la UE y por las críticas de otros socios comunitarios, que han recibido decenas de miles de desplazados mientras que España tiene sus fronteras selladas y sus dirigentes miran hacia otro lado. 4.000 millones de sanción han podido demoler el muro de la insolidaridad del Partido Popular. El aviso ha tenido sus efectos. Eso sí, ha retratado a un Gobierno de la nación insensible y egoísta. ¿A quién quiere engañar, señor ministro?

Foto.El País.

Anuncios

Egoísmo

septiembre 3, 2015

Esta imagen desnuda el egoísmo de Europa ante la crisis de los refugiados. ¡Y cómo duele! ¡Qué espanto! La guerra de Siria está desembocando en una situación de emergencia humanitaria. También el caos en que está sumido Irak. Decenas de miles de personas huyen de la guerra, del hambre y del terror del Estado Islámico. Muchos no alcanzan su destino. Este niño y otros cuatros más perecieron en el mar Egeo en el intento de su familia de alcanzar la isla griega de Kos. Episodios que se repiten por desgracia: en el Estrecho, en Lampedusa, en camiones que llegan a Austria… Seres humanos que huyen de la miseria y de los conflictos bélicos arriesgando sus vidas. Un drama que no nos conmueve. O si ocurre, se nos olvida al instante. La vergüenza de tanta insolidaridad pasa pronto. Unos ponen alambradas, otros reparos políticos. Falta humanidad. Europa no reacciona ante la tragedia y los estados miembros que lo hacen, como es el caso de Hungría, se erigen en gendarmes. La respuesta española resulta decepcionante. El Gobierno se resiste a aumentar el cupo de refugiados a acoger en nuestro país porque aquí hay mucho paro. Argumento falaz y sórdido. Más viniendo de un gabinete de la derecha tan pío sobre el papel… A ver si Rajoy se mueve.

Foto.- AFP.

Desde hace unas horas, el conjunto de la población española es más pobre. Ha entrado en vigor esta medianoche la subida del IVA, el “sablazo” y el “disparate” del “mal gobernante”  que Rajoy y su troupe criticaban hace unos meses. Estamos ante una decisión política que retraerá el consumo, deprimirá más la economía y producirá más angustia a las familias. No comparto el incremento de este tributo (ni antes ni ahora), sólo se pretende hacer caja de forma rápida y se abunda de una presión fiscal injusta, desequilibrada y no redistributiva, todos los pagamos por igual seamos hijos de Botín o de familias humildes. Pero al margen de la ineficacia de esta medida para la reactivación económica y la insolidaridad que acarrea, lo más clamoroso es la incoherencia del Ejecutivo del Partido Popular y toda su cohorte directiva. Uno siempre es prisionero de sus palabras y dueños de sus silencios. Mirando atrás, con la videoteca a rebosar de mentiras grandilocuentes, esta gente sobrada de la derecha ni siquiera se ruboriza con lo que piaban no hace tanto. Quizá más de alguno se dice para sus interiores aquello tan socorrido de que en boca cerrada no hubieran entrado moscas. Se lo podían haber aplicado antes y haber realizado una oposición menos corrosiva y manipuladora de la opinión pública. Ahora sufren las consecuencias de su incontinencia verbal (¡cuántos sapos se han comido!) y de la ambición de poder a cualquier precio… Incluso hasta el de que todo vale con tal de lograr los objetivos. Pues que ahora cada palo aguante su vela.

Hace unos días nos conmocionaba la luctuosa historia de una mujer que murió de un aneurisma tras recorrer cuatro hospitales en Cataluña. La política de severos ajustes que está aplicando el Gobierno de CiU, con el apoyo del Partido Popular, en la sanidad pública catalana no se limita a simples apuntes contables, se concreta con rostro humano y provoca situaciones dramáticas que no se compadecen con los supuestos ahorros conseguidos. Cada episodio fruto de esa cruzada economicista de la derecha proyecta un sufrimiento insoportable desde una perspectiva solidaria. Cualquiera se indigna cuando comprueba en un periódico la cicatería y la inhumanidad de los gestores públicos catalanes ante un enfermo terminal de cáncer:

“A Enrique Conesa, barcelonés de 55 años con un grave cáncer terminal, sólo le queda morir tranquilo, sin dolor y rodeado de los suyos. Será dentro de pocas semanas. Pero ni eso resulta sencillo: la morfina que consume desde septiembre por vía oral le hace cada vez menos efecto y lleva ocho meses esperando una cita con la clínica del dolor del hospital de Mataró para obtener la primera administración del analgésico por vía intravenosa, la forma de administración más potente, junto a las pautas para las siguientes dosis y la receta médica. “Se nota que aguanta sufriendo, le duele horrores: Los médicos dicen que le queda un mes de vida. No quiero que muera como un animal”, ruega con entereza su esposa, Antonia Benegas, de 52 años.” (Sigue leyendo en El País)

Este cruel final que le están obsequiando a Enrique resulta intolerable. Y políticamente tendría que pasar factura a los que no hacen nada desde sus poltronas públicas para favorecer una muerte digna y sin dolor a los que encaran la recta final de sus vidas. La ortodoxia neoliberal no puede estar por encima de todo.