Desconfianza

De manera tan solemne como hipócrita, Partido Popular y Ciudadanos incluyeron en su pacto de gobierno en Andalucía, un acuerdo bendecido por la extrema derecha de Vox, la despolitización de Canal Sur. Un compromiso que da por hecho que la cadena pública estaba sometida al control del anterior Ejecutivo. Nada más lejos de la realidad. Todos los informes sobre el pluralismo emitidos por el Consejo Audiovisual concluyen justamente lo contrario: que la radiotelevisión andaluza cumple su misión pública y que hay equilibrio y neutralidad informativas. Existe un consejo profesional, órgano formado por los trabajadores de la casa, para velar por la independencia y veracidad de los servicios informativos. Además, la agencia pública cuenta con un consejo de administración y una comisión de seguimiento en el Parlamento que le hacen un control a toda la gestión.

A pesar de todo estos mecanismos de fiscalización, el Gobierno de las derechas va a crear un nuevo ente paritario entre populares y naranjas para el marcaje estrecho de Canal Sur, manteniendo la Dirección General de Comunicación Social, departamento que se ocupa de los asuntos de la nuestra. Pues menuda paradoja: se constituye un ente político para despolitizar supuestamente la cadena. No se lo creen ni ellos. Estamos ante un órgano fruto de la desconfianza de los socios y que pretende el reparto de parcelas de poder en Canal Sur. Lo de despolitizar es un eufemismo para meter el cazo y usar un medio público al servicio de PP y Ciudadanos. Como no se fían, los números dos y tres del tripartito, el naranja Marín y el popular Bendodo, se vigilarán en torno a una mesa para que la manipulación y el abuso de la cadena produzca un beneficio compartido en detrimento del servicio público. La derecha, en estas lides, tiene másteres y dilatada experiencia. Está claro que los medios públicos sólo los quieren para usarlos.

Foto.Diario de Sevilla.

Lectura agridulce

Los resultados de las elecciones catalanas de ayer nos han dejado un sabor agridulce. Te queda una grata sensación con la elevada participación (un 82%) en una jornada presidida normalidad democrática y, sobre todo, con el crecimiento de los votos de los que apoyan la convivencia y el camino compartido dentro de España. Las urnas han hablado y la diferencia se incrementa respecto a 2015: hay muchos más catalanes, la nada despreciable cifra de 150.000 de diferencia, que han apostado opciones políticas que no apoyan al independentismo ni la ruptura unilateral. Crece el número de ciudadanos que se posicionan contra la locura secesionista.

La cara amarga del resultado electoral es que una sesgada ley electoral catalana permitirá que los separatistas tengan mayoría de escaños en el Parlamento. Se sabía que ese marco normativo, que prima el voto de las circunscripciones menos pobladas, jugaba a favor de las candidaturas independentistas. Al ganador, Ciudadanos, cada escaño le ha costado 29.786 votos, mientras que al segundo, Junts per Catalunya (JxC), la antigua Convergència, tan sólo 27.665, esto es, 2.121 menos que a la formación naranja. Y su derrota en números absolutos no les impedirá formar gobierno y seguir en las andadas. Nos espera más confrontación y más desafío unilateral. Al menos eso se deduce de sus primeras valoraciones de unos comicios en los que han reducido de forma sensible su fuerza electoral. Este frenesí separatista, sin duda, se traducirá en inestabilidad y freno a la recuperación económica para Cataluña y España.

Foto.RTVE.

El sainete de Podemos

Sin encomendarse a sus compañeros catalanes, los comunes, Pablo Iglesias anunció ayer por sorpresa la decisión de Unidos Podemos de impugar ante el Tribunal Constitucional la aplicación del artículo 155 en Cataluña. Como en un corral de comedias, entró en escena un Xavier Domènech despavorido por una proclama que rompe su campaña de la equidistancia en las elecciones del 21 de diciembre. Todo un sainete a apenas tres semanas de los comicios. Lo que no podían hacer los independentistas por falta de diputados en el Congreso se lo pone en bandeja la formación morada. Se necesitan 50 parlamentarios para presentar un recurso ante el TC.

Todo el mundo era consciente de los coqueteos de Iglesias y su troupe con los separatistas. Pero esta iniciativa indica bien a las claras del lado que está Podemos. La posición sobre Cataluña está abriendo un abismo entre Iglesias y sus votantes. Ya lo alertó una de las cofundadoras, Carolina Bescansa, pidiendo que su partido “hablara más a España y a los españoles y menos a los independentistas”. Su sugerencia, salta a la vista, ha caído en saco roto. La cúpula nacional de Podemos se ha abrazado al secesionismo. Cada día tiene más poder el ala más radical y antisistema.

Iglesias pretende retorcer la realidad. La aplicación del 155 fue la respuesta constitucional y políticamente adecuada a la declaración unilateral de independencia tras un referéndum ilegal. Y ante el disparate separatista, nada mejor que hable la democracia, que los ciudadanos voten… Aunque a Podemos le gusta más un referéndum de independencia que unas elecciones autonómicas. Qué perdidos están.

Baño de realidad

Se ha confirmado el pronóstico. La Agencia Europea del Medicamento no se instalará en Barcelona. Este organismo se irá hasta Ámsterdam tras su salida de Reino Unido como consecuencia del Brexit. Y lo más clamoroso es que los independentistas catalanes se rasgan las vestiduras por esta oportunidad perdida. Pues la han perdido ellos por méritos propios. El contexto de inestabilidad política que han promovido ha sido determinante para esta decisión de las instituciones comunitarias, con un ya ex president Puigdemont jugando al exilio en la capital de la Unión, los líderes indepes desafiando y enfrentándose a las instituciones comunitarias y más de 2.500 empresas saliendo despavoridas de Cataluña por la inseguridad jurídica de las leyes de desconexión. La declaración de independencia, si hubiera prosperado, situaba a Cataluña fuera de la Unión Europea. El escenario republicano soñado por los separatistas dejaba a Cataluña fuera del club europeo. ¿O es que en su cuento de la lechera pensaban que la UE iba a colocar uno de sus organismos en un territorio ajeno? Este ejemplo desnuda el disparate jurídico y político que envuelve al secesionismo. Que no le imputen a nadie este baño de realidad que ha supuesto la pérdida de esta agencia. Esto no es más que la consecuencia de su despropósito. Que se lo hagan mirar.

Foto.Cadena Ser.

¡Qué gran estafa!

Pienso hoy en los muchos catalanes de buena fe a los que los gurús de independentismo han engañado con el falso sueño de un país propio al margen de España. Hoy la fantasía se ha desvanecido y se ha descubierto el truco de los charlatanes de feria. Se ha impuesto la normalidad democrática y el estado de derecho. ¿Qué habrán pensado muchos de estos ciudadanos cuando han visto cómo Puigdemont y buena parte del govern han huido a Bruselas y se plantean seguir haciendo el ridículo internacional con la petición de asilo político? ¿Qué habrán pensado de un president y un gabinete que decían continuar trabajando y que tras su destitución por el Estado no han pasado por sus despachos? ¿Qué habrán pensado de Tardà y Rufián, que desde la más absoluta incoherencia siguen aferrados a un escaño en el Congreso de un país al que no quieren pertenecer? ¿Qué habrán pensado de que ningún país europeo ni EEUU hayan reconocido la huida hacia ninguna parte de la independencia? ¿Qué habrán pensado de tantas mentiras inoculadas por la propaganda del separatismo? Muchos de los que se creyeron el cuento de la buena pipa hoy pensarán que todo ha sido un gran timo, una colosal estafa política.

Foto.La Vanguardia. Puigdemont y los cinco consellers que se han ido de Cataluña.

Un gran sinsentido

Versión reducida

Versión amplia

Decíamos ayer que Carolina Bescansa, una de las cofundadoras de Podemos, criticaba la falta de proyecto de su partido para España, que tenían que hablar más a los españoles y no sólo a los independentistas. He aquí un ejemplo de ese radicalismo irracional de la formación morada: un diputado andaluz de Podemos, Diego Cañamero, vocifera por la independencia en un acto de la CUP olvidando el marco legal que regula nuestra convivencia democrática. No tienen ni proyecto para España, pero tampoco para Andalucía. En esta comunidad están intentando pervertir el inmenso legado de nuestra lucha por la autonomía, el 4-D y el 28-F, para darle cobertura a los separatistas catalanes. Comparar la conquista de la autonomía andaluza dentro de la ley con lo que está ocurriendo en Cataluña es tanto como pisotear la verdad e insultar la inteligencia de los ciudadanos. Ésta es la triste aportación de un partido que ha perdido el norte. El sinsentido del populismo.