Manifestómetro

“¡Y luego diréis que somos cinco o seis!”. Es éste un grito que se corea habitualmente y con mucho énfasis en todas las manifestaciones. Me lo ha recordado un reportaje de El País (¿Son 35.000 o son dos millones?) al hilo de la controversia sobre la asistencia a las protestas de la huelga general del 14-N. Concluye este periódico que el cálculo de manifestantes está demasiado condicionado por el afán de manipulación. Manipulación que conciertan los responsables de Interior (o de la Policía Local en el caso de los ayuntamientos) con sus medios afines. Un burdo engaño a la sociedad arrimando el ascua a la sardina del interés particular e ignorando la verdad.

Lo vivimos con toda su crudeza hace cinco días: la gran concentración que copaba todo el trayecto de la manifestación en la capital de España (desde Atocha a Colón) y las calles adyacentes, una muchedumbre en toda regla, varios cientos de miles de personas unidad por la llamada de los convocantes (foto  superior), quedó reducida a 35.000 desarrapados al ojo del mal cubero de la Delegación de Gobierno de Madrid, una cifra lógicamente aceptada sin discusión, incluso jaleada y convertida en verdad absoluta, por determinados altavoces mediáticos. En cambio, una manifestación en el mismo sitio, con infinitamente menos gente (foto inferior), eso sí convocada en 2007 por el PP contra la política antiterrorista del Gobierno socialista, se despachó sin pudor en 600.000 personas por parte de la Comunidad de Madrid de Esperanza Aguirre. Y por supuesto con una cobertura especial por la brunete mediática, que infló el acontecimiento hasta cotas que se sobrepasan el sentido común y la decencia.

Vista esta disparidad de criterios, nos hace falta con urgencia un manifestómetro, un medidor objetivo no sujeto al manoseo de una autoridad con deseos irrefrenables de barrer para casa y meter debajo de la alfombra la verdad. O un poco más de vergüenza para no mentir y que encima esa impudicia quede a título de inventario.

Oídos sordos

Cientos de miles de personas en las calles no cambian un ápice la posición del Gobierno de la nación. Ni se inmutan: en el PP están vacunados contra el dolor y la angustia social. Es más, Mariano Rajoy se reafirma en sus perversas e injustas recetas, ésas que efectos tan ¿positivos? nos proporcionan, y se aferra a que Bruselas refrenda su política como el único camino posible. ¿Adónde queda la soberanía de España? En poco más de diez meses, lleva ya dos huelgas generales sobre su espalda y sigue haciendo oídos sordos al clamor social. Quizá sólo lea esos periódicos que han ocultado en sus portadas las multitudinarias manifestaciones que han salpicado toda la geografía española. Si las hubieran convocado la Conferencia Episcopal o el Foro de la Familia, habría tenido un despliegue informativo sin precedentes aunque sus asistentes no fueran más que un puñado de reaccionarios. Desinformado por los medios conservadores, Rajoy mantiene su hoja de ruta que ya nos ha situado en la frontera de los seis millones de acuerdo con la EPA y ha empobrecido severamente a las familias.

No basta el sufrimiento de la gente, se antepone unas órdenes que vienen de fuera al bienestar y al futuro de la inmensa mayoría de este país. Se prioriza la contabilidad y no a las personas. El Gobierno de la nación está en otra onda: está alejado de los ciudadanos, de espaldas a la realidad y no escucha. Rajoy se encuentra cómodo con lo que hace, está desarrollado su ideario, el viejo sueño de la derecha de quebrar el estado del bienestar y el modelo social basado en la igualdad de oportunidades que hemos construido en más de tres décadas. Este atracón ideológico que se están dando los barandas del PP lo padecen especialmente las clases medias y trabajadoras. Nos están dejando sin futuro. Como dice Máximo en su viñeta diaria en ABC: “La clase alta goza. La clase media sufre. La clase baja tirita“.

Viñeta.- Miki & Duarte, en los diarios del Gripo Joly.

Otro engaño más

Los poco más de cien días de Mariano Rajoy en el Gobierno están resultando un auténtico timo. Los engaños se suceden con ritmo de vértigo, sus hachazos no están dejando títere con cabeza. Dijo que no subiría los impuestos porque supondría una agresión a las familias y traería más paro y lo ha hecho; aseguró que no abarataría el despido y ha aprobado un reforma laboral que lo hace prácticamente libre y muy fácil para los empresarios, una reforma tan lesiva que le ha costado una huelga general y grandes manifestaciones; garantizó que “metería la tijera en todo menos en pensiones, sanidad y educación” y esta tarde, a través de una fría nota de prensa, anuncia recortes adicionales de 10.000 millones en educación y sanidad. Eso sin contar la drástica reducción de estas partidas en los Presupuestos Generales presentados el 30 de marzo. El actual inquilino de la Moncloa es una máquina de incumplir sus promesas y además en un tiempo récord. Y para más inri, sigue escondido en su despacho sin dar la cara. ¿Quién se va a poder fiar de su palabra? Con estos antecedentes, sólo los muy fanáticos.

¡Vaya semanita para Rajoy!

Una mayoría absoluta no es un cheque en blanco. Mariano Rajoy ha interpretado el enorme apoyo electoral conseguido en las generales del 20 de noviembre como manga ancha para actuar a su libre albedrío. Bueno, al libre albedrío de Merkel y el directorio que nos tutela desde Bruselas. Mayúsculo error. Donde dije digo, digo Diego y todo lo prometido en la etapa de oposición y de campaña se olvida fruto de una sobrevenida e interesada amnesia. Se está haciendo justamente lo contrario. Subir impuestos era un atentado contra las familias y el sentido común y garantía de más paro, jamás se abarataría el despido, el apoyo presupuestario a los investigadores no estaba en cuestión, subir el recibo de la luz era intolerable… Pues si te he visto, no me acuerdo. En menos de cien días, los considerados de cortesía para un gobierno debutante, el PP ha tirado por tierra su credibilidad, se ha comido abruptamente todas sus promesas y está aplicando el recetario de la derecha más dura y reaccionario en clave de recortes de derechos ciudadanos, laborales y conquistas sociales. La derecha patria se ha mostrado como un lobo con piel de cordero. Se ha despojado de la lana y ha sacado las garras para agredir a las clases medias y trabajadoras.

Esta hoja de ruta lesiva y regresiva impuesta desde Bruselas y desplegada por Rajoy ya le está pasando factura. Le ha costado la mayoría absoluta en Andalucía, una mayoría suficiente para gobernar que anunciaban todas las encuestas, lo ha situado como tercera fuerza en Asturias y se le ha levantado la mayoría del país con una respuesta contundente en la jornada de huelga general. A día de hoy, con la velocidad que se producen los cambios, la confianza que delegó el pueblo español en el PP se resiente. El mantra de que sólo con un cambio de gobierno se arreglaría la situación económica española se ha demostrado una fantasía, un engañabobos, una pócima crecepelo, un truco de prestidigitador de tres al cuarto. Ya están en el Consejo de Ministros y el panorama es más negro que hace unos meses: otros 640.000 parados en 2012 hasta alcanzar la nefasta cifra de seis millones y una recesión que impedirá la recuperación económica hasta pasado 2013. En lugar de soluciones nos han traído recortes e involución. Y, por tanto, cuando se nos intenta dar gato por liebre, un programa distinto con el que se concurrió a las generales, la sociedad está en su derecho a protestar y a exigir a sus mandatarios el cumplimiento de sus compromisos. El 29-M ha unido a millones de españoles contra un gobierno insensible, marioneta y embustero. Desde la Moncloa se ha decidido el enroque y ninguna concesión a las demandas ciudadanas; se prefiere el conflicto, la división y la imposición sin diálogo.

Para cerrar esta negra semanita, el Gobierno aprueba hoy los Presupuestos Generales, retrasados malintencionadamente hasta después de las autonómicas andaluzas (y asturianas) para no perjudicar las opciones electorales de Javier Arenas (y Mercedes Fernández). Ya conoceremos las cuentas al filo de la hora de comer. Y seguro que nos amargará el almuerzo. Con una reducción media de un 15% por ministerio, sin ningún tipo de discriminación positiva ante determinadas políticas sociales, el hachazo será de órdago. Y tras éste vendrá otro aún mayor para 2013 hasta dejar el déficit al 3% como exige la UE. En cuatro años esta familia conservadora nos van a dejar sin plumas y cacareando.

Como siga por este camino, Rajoy habrá consumido todo su crédito en un tiempo récord. Su mayoría absoluta se consumirá como una vela.

Piquetes

La derecha usa a su antojo el doble rasero. Son condescendientes con los suyos y extremadamente exigentes con los demás. Se desprenden sin dificultad de la enseñanza evangélica sobre la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. El Partido Popular y los medios de ideología conservadora han desplegado una campaña intensa y justificada contra los piquetes que, durante la huelga general del 29 de septiembre, sobrepasaron los límites de su derecho constitucional y recurrieron a métodos inadmisibles en democracia.

En Sevilla esta campaña se ha focalizado en los incidentes acaecidos en un restaurante del centro de la ciudad protagonizados por un grupo de sindicalistas entre los que se encontraba el concejal de Izquierda Unida Carlos Vázquez. La derecha le ha puesto precio a su cabeza y, en cierto modo, se merece este chorreo porque no se entiende que un cargo público participe en hechos violentos. Incluso, el Pleno del Ayuntamiento, con el voto de todos los grupos, incluido el suyo, expresó ayer la condena por los tristes sucesos del mesón de marras.

Esta mañana otra barahúnda de signo político opuesto ha hecho de las suyas en la capital de Andalucía. Los radicales movimientos antiabortistas se han concentrado para protestar contra IX Congreso de la Federación Internacional de Profesionales del Aborto y la Contracepción (FIAPAC). Varios miles de simpatizantes provida y grupos de ultraderecha han montado un gran piquete contra un grupo de médicos que cumplen una función social de acuerdo con la ley, igual que los trabajadores del establecimiento hostelero querían ejercer su derecho al trabajo el 29-S. Esta gente ultra de comunión diaria ha agredido verbalmente, con gritos de “asesinos” y “profesionales del negocio de la muerte”, a los sanitarios reunidos en Sevilla. Por si no tuvieran bastante, han iniciado una cruzada, un boicot en toda regla, contra la cadena hotelera que ha albergado la convención médica.

Sobre este aquelarre de fanáticos y reaccionarios, la derecha política guarda un vergonzoso silencio, mientras que sus altavoces mediáticos han jaleado la convocatoria y calentado el ambiente en los días previos. Lo dicho: la derecha siempre con su pintoresca y desigual vara de medir.

Foto.- El Correo de Andalucía.

Una huelga que ensucia Sevilla

Vaya por delante mi respeto más absoluto a los convocantes del paro general del 29 de septiembre. No comparto sus argumentos ni considero que sea el momento oportuno para una movilización de estas características. Sin embargo, les asiste el derecho constitucional a la huelga, a manifestar públicamente sus discrepancias con las medidas adoptadas por el Gobierno de España, algunas muy dolorosas pero imprescindibles, para frenar el déficit público, mejorar la situación del país ante los mercados financieros y apuntalar los síntomas de recuperación económica y propiciar la creación de empleo. Ésas son las reglas del juego democrático y no tengo nada que objetar. Libertad y consideración cívica tanto para el que quiera secundar la protesta como para el que opte por cumplir con su jornada laboral como si de cualquier otro día se tratase.

No me parece tan edificante, en cambio, la recuperación de viejos métodos de propaganda y convocatoria de la huelga porque dejan una huella indeleble de suciedad en nuestras ciudades. Concretamente Sevilla, y supongo que no será un caso aislado, está repleta de pintadas y carteles en espacios y mobiliario públicos y en inmuebles privados. Pese a las nuevas formas de comunicación en la red y la abundante publicidad pagada en medios tradicionales, especialmente en radio, que están utilizando los patrocinadores del 29-S, algunos se han armado de aerosoles y cubos de cola ensuciando una ciudad cuya principal industria es el turismo, afeando la fisonomía de un municipio ya de por sí vilipendiado por tanto maniático del garabato insulso y sin sentido.

Me molesta sobremanera esta falta de afecto y miramiento por lo que es todos o por lo que es propiedad de personas con nombres y apellidos, incluso por el daño causado al intangible valor de la marca Sevilla cara al exterior. No sé cómo reaccionarían éstos que aprovechan el anonimato de la noche para pintarrajear fachadas, plazas públicas y elementos de decoración de la ciudad si a cualquiera le diera por plantar una proclama reivindicativa en su vehículo particular. Seguramente se acordaría de la familia del autor de la fechoría. Cualquier ciudadano ha de velar y cuidar de los bienes públicos y privados. Es una simple cuestión de civismo.

No me vale la excusa de que en la guerra (sindical) todo vale para conseguir los objetivos. Compañeros y compañeras, parafraseando el lema del 29-S, así no. Esos excesos los sufrimos y los pagamos todos.

Fotos.- Dos de los muchos ejemplos de mi barrio: Esquina de las calles María Coronel y Bustos Tavera (arriba) y calle Regina (abajo).

La derecha calienta el 29-S

No es casualidad. Esperanza Aguirre salió en avanzadilla poniendo precio a la cabeza de los liberados sindicales. Ahora, como por ensalmo, todas las autonomías gobernadas por el Partido Popular ponen unos elevados servicios mínimos para la huelga general con las miras de atizar el conflicto con los sindicatos. La estrategia del Partido Popular pasa por calentar la huelga general del 29-S para convertir el país en un caos. Desde las filas conservadoras se está alimentando un fuego en clave de interés partidista usando a los convocantes del paro como catalizadores de sus objetivos. Saben que poniendo dificultades y generando el enfado de las centrales se armará más ruido y será mayor el potencial desgaste sobre el Gobierno que sufrirá la movilización. Es una jugada tan maquiavélica como cobarde, en cierto modo no es más que tirar la piedra y esconder la piedra, espolear a otros para que le hagan el trabajo sucio. Sería mucho más decente sumarse al paro general de frente y no recurrir a artimañas o maniobras soterradas para continuar su campaña de acoso y derribo contra José Luis Rodríguez Zapatero.