Prejuicios medievales

En España nos queda mucho por avanzar en tolerancia y respeto a la identidad sexual de las personas. Dos episodios acaecidos en Andalucía demuestran los muchos prejuicios que persisten en nuestra sociedad y que nos hacen rechazar al diferente. En Cádiz, un joven árbitro de fútbol, el primero que ha reconocido públicamente su homosexualidad en público, cuelga el silbato porque, según sus palabras, no aguanta más. Jesús Tomillero está harto, y con razón, de escuchar mofas, insultos e ironías hirientes. De soportar a gente desalmada que aprovechando el anonimato de la grada descarga su agresividad y su crueldad por el mero hecho de ejercer su sexualidad como le da la gana. La homofobia no cabe en nuestro modelo de convivencia.

En Córdoba, un párroco de Posadas se parapeta tras la decisión del obispo de la diócesis, Demetrio Fernández, para negar la confirmación a un joven transexual del pueblo. José Belloso, de 28 años, quería recibir este sacramento para poder ejercer de padrino de bautismo de su sobrina. La respuesta de la Iglesia es medieval: “Tenía que haber aguantado el castigo que Dios le dio y la cruz que el Señor le mandó, sin ofender a la naturaleza“. ¡Qué lejos se encuentran estas palabras de las que predica el papa Francisco! Se declara no idóneo su estilo de vida, contrario a la moral católica. ¿No dijo Bergoglio que quién era él para juzgar a un gay “si busca al Señor y tiene buena voluntad“? Esta reflexión se podría hacer extensiva para cualquier persona por su identidad sexual. Estamos ante un caso de discriminación de manual, de transfobia, que tiene de nuevo como protagonista al obispo de Córdoba.

Si a la sociedad española le queda mucho trecho que recorrer, algunos altos representantes de la Iglesia católica están a años luz del tiempo en que vivimos.

Foto.– Jesús Tomillero. Mundo Deportivo.

Contra la discriminación por razón de género

Hoy se celebra el Día Internacional contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género. Siguen haciendo falta campañas de sensibilización para asentar la tolerancia ante la persona que es diferente. Un estudio de la Fundación Triángulo realizado entre alumnos de ESO demuestra que queda camino por recorrer y que no hay que bajar la guardia para derrotar patologías sociales como la homofobia o la transfobia. Dos datos de este trabajo adelantado por El Correo de Andalucía: tres de cada diez adolescentes rechazan tener amigos gays y un 13% de los adolescentes que se declaran homosexuales afirma haber sido agredido por su orientación sexual.

Esta realidad preocupante no es exclusiva de Sevilla. Tiene un triste reflejo en nuestro entorno europeo. la mitad de los homosexuales europeos se han sentido acosados y un 80% ha oído burlas en el colegio dirigidas a personas en su misma situación. La mayor encuesta realizada en la UE, con un universo de 93.000 entrevistados en los 27 países miembros más Croacia, confirma que los prejuicios no han desaparecido. Basta con repasar el repunte de la violencia contra los gays que se ha vivido en Francia al calor de la legalización del matrimonio de personas del mismo sexo. España no sale muy mal parada en esta investigación sociológica de la Agencia para los Derechos Fundamentales. Está por debajo de la media europea. Los que más se han sentido discriminados durante los últimos doce meses son los gays de Lituania (61%), Croacia (60%) y Polonia (57). Sin embargo, son los de Chipre (97%), Grecia (96%) y Bulgaria y Reino Unido (95) los jóvenes que sufrieron comentarios o conductas negativas en el colegio o en el instituto.

Un obispo homófobo e intolerante

No es la primera vez y seguramente tampoco será la última. Un destacado miembro de la jerarquía de la Iglesia católica ha vuelto a cargar contra la homosexualidad. En la homilía del Viernes Santo, el obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Plá, ha descerrajado todo el argumentario retrógrado del pecado y la tentación mundana contra las personas homosexuales, un soniquete desfasado y obsoleto que nos retrotrae a los tiempos de la Inquisición, cuando desde los púlpitos se predicaba el miedo y no el evangelio. Monseñor Reig, prelado con historial jalonado por disparates moralizantes, ya publicó hace un año una guía de lecturas y consejos para “curar” la homosexualidad, otro claro ejemplo de su visión homófoba y recalcitrante. La curia eclesial sigue instalada en sus prejuicios considerando a gays y lesbianas como enfermos. Esta discriminación de personas en función de su sexualidad vulnera los derechos fundamentales reconocidos por la Constitución española. Tanta inquina contra la libertad sexual de la gente mientras asistimos perplejos a su condescendencia con el goteo alarmante de sacerdotes y obispos pederastas. En el mismo lote de la malicia intolerable, el obispo de Alcalá ha incluido el aborto y la disolución del matrimonio. La barrabasada de Reig Plá ha sido matizada por el arzobispo de Barcelona, Lluis Martínez-Sistach, apelando a la dignidad y al respeto de estos seres humanos. Son tantos los desvaríos homófobos y machistas de la cúpula católica que se agradecen la sensatez y la amplitud de miras de algunos de sus representantes.

Si ya cuesta digerir este pensamiento tan ultramundano, choca aún más que esta verborrea adoctrinadora se cuele en los hogares a través de la televisión pública. TVE, a través de La 2, retransmitió los Santos Oficios del Viernes Santo, una costumbre arrastrada desde el franquismo que tiene una difícil cabida en un estado aconfesional como es España. Ya va siendo hora que la cadena que pagamos todos con nuestros impuestos rompa con el pasado y deje de emitir la eucaristía cada semana. Un medio público no puede ser usado como instrumento al servicio de una confesión religiosa para imponer su moral. Y mucho menos cuando se predica la intolerancia y se humillan a seres humanos.