De tal palo…

El padre, el ex teniente coronel Antonio Tejero Molina, fue la cara del intento fallido de golpe de estado el 23 de febrero de 1981. El hijo, 33 años después, monta el 18 de febrero pasado una comida homenaje a las impresentables hazañas de su progenitor en el cuartel de la Guardia Civil de Valdemoro. Tristemente el apellido Tejero regresa a la actualidad por actitudes contrarias a la democracia. De tal palo, tal astilla.

La respuesta del Gobierno ha sido rápida y fulminante. El Ministerio de Interior ha destituido al teniente coronel Antonio Tejero Díez por organizar un ágape a su padre golpista rodeado de antiguos compañeros de la asonada frustrada. Y lo que es más grave: a costa de erario público y en unas instalaciones del instituto armado. La decisión del departamento que preside Fernández Díaz es oportuna y plausible. El único pero es que no haya sido por iniciativa propia, sino como consecuencia de escándalo que se organiza al publicar El País el encuentro gastronómico de los nostálgicos.

Si el acto resulta deleznable, las explicaciones de Tejero hijo se antojan ridículas. Nos quiere hacer creer que era una pandilla de amigos en un rato de convivencia. Como si los demás nos chupáramos el dedo. Y no sólo hubo paella por la cara, sino una exhibición de material y vehículos de la unidad en la que se obligó a participar agentes de servicio. Un error de bulto que tiene un justo castigo y nos quita de en medio a un militar con tics antidemocráticos.

Foto.– Tejero padre e hijo en El País.

Víctor Jara, un justo adiós

Los restos del cantautor chileno Víctor Jara, asesinado por el régimen de Augusto Pinochet un día después del golpe de Estado de 1973, serán enterrados hoy en el Cementerio General, 36 años después. El velatorio en honor a Jara abrió sus puertas para dar la oportunidad a miles de personas a despedirse de una de las figuras más emblemáticas de la cultura chilena del último siglo. La viuda, Joan Turner Jara, junto a sus hijas Amanda Jara y Manuela Bunster le velaron con todos los honores.

Jara, conocido militante del Partido Comunista de Chile que hizo de la canción de reivindicación su sello artístico, fue detenido junto a otros profesores y alumnos en la Universidad Técnica en la que daba clase el 15 de septiembre de 1973, un día después lo trasladaron al centro de torturas del Estadio Chile, actualmente bautizado estadio Víctor Jara. Después de ser brutalmente torturado, fue abatido a tiros el día siguiente y su cuerpo, con las muñecas rotas, fue encontrado tres días después cerca de un cementerio. La esposa de Jara tuvo que enterrarlo el 18 de septiembre de 1973 de forma clandestina con la ayuda de dos personas. Los restos fueron exhumados el pasado junio para saber cómo murió.

El cantautor recibe hoy un justo y merecido homenaje, un segundo adiós, en un Chile en democracia. Ojalá pronto se pueda hacer algo parecido en España con Federico García Lorca, otra víctima internacional del fascismo, que merece descansar en paz con honores y no en el olvido de una fosa común anónima.

Emotivo artículo de Joan Manuel Serrat en El País: El segundo entierro de Víctor Jara.

Foto.- Efe. La viuda de Jara, Joan Turner, y la presidenta de Chile, Michelle Bachelet.

Profunda Honduras

Daniel Ortega, Manuel Zelaya, Hugo Chávez y Rafael Correa, en Managua.

Suena ya anacrónico en la vieja Europa el ruido de sables. Han pasado sólo 28 años del intento fallido de golpe de estado por parte de Tejero y compañía y en España sería impensable un levantamiento militar para enterrar nuestra democracia parlamentaria. Nuestro régimen constitucional de libertades, pese a los nostálgicos de la dictadura que aún colean, no corre riesgos, está consolidado. Su juventud comparada con la de solera que acumula la democracia en otros países de nuestro entorno no se ha de entender como una rémora o una desventaja, no le resta un ápice de madurez ni solvencia. Nuestro modelo de convivencia goza de muy buena salud.

Frente a esta realidad nuestra, en otras partes del mundo, y en concreto en los países de Latinoamérica, las asonadas están a la orden del día, se producen con una facilidad pasmosa, tienen una proverbial habilitad por aquellos lares para tirar por tierra los avances democráticos. El último caso se ubica en Honduras. El presidente elegido por el pueblo ha sido desalojado por los militares con el apoyo activo de su partido político.

Manuel Zelaya encabezó una lista de una organización de corte liberal y, desde el puente de mando, ha ido girando paulatinamente hacia a la izquierda, sumándose a la corriente mayoritaria en esa zona del planeta que responde al nombre de bolivarización. Esta dinámica aperturista y progre estaba soliviantando a la rancia oligarquía de este estado centroamericano, uno de los más tradicionalistas y conservadores de la región, no en vano le dio cobijo a la Contra nicaragüense y a los Escuadrones de la Muerte de El Salvador, movimiento paramilitares de extrema derecha. Los poderes fácticos hondureños se han aferrado como un clavo ardiendo a una propuesta de reforma constitucional promovida por Zelaya a fin de optar a un segundo mandato para asestar este empellón a la voluntad popular. Un insignificante argumento que trunca el deseo de libertad y democracia de la mayoría de la población.

Menos mal que esta vez la respuesta de la comunidad internacional ha sido firme, unánime y sin fisuras. El mundo occidental y sus vecinos continentales no han mirado para otro lado y han dejado hacer a los golpistas, como ha ocurrido en otras ocasiones. La Organización de Estados Americanos, con México, Chile, Brasil y Costa Rica a la cabeza, trabaja por restablecer el régimen democrático. Además, ha encontrado dos buenos aliados: Barack Obama y José Luis Rodríguez Zapatero. O lo que es lo mismo Estados Unidos y España. El presidente del Gobierno español ha tomado cartas en el asunto desde el primer momento y ha puesto a trabajar en una solución al ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. España está liderando la posición de la Unión Europea contra el golpe y plantea la retirada de los embajadores de los 27 como medida de firmeza en demanda de la recuperación del orden constitucional. Zelaya anuncia su regreso el jueves mientras que sus partidarios se movilizan en las calles. Esta sucia jugada de los militares está condenada al fracaso o, si prospera, a Honduras al ostracismo y al aislamiento. Esperemos que impere el sentido común y triunfe la democracia.

Foto.- Efe. De izquierda a derecha, los presidentes Daniel Ortega (Nicaragua), Manuel Zelaya (Honduras), Hugo Chávez (Venezuela) y Rafael Correa (Ecuador), en Managua.