¡Basta ya, Israel!

Israel continúa con su brutal ofensiva sobre la franja de Gaza, mientras que la inmensa mayoría del planeta sufre, como este oficial de la Naciones Unidas, por el horror que aflige el pueblo palestino. El Gobierno hebreo cataloga los centenares de muertes de civiles inocentes (algunas fuentes hablan de más de mil) como inevitables daños colaterales. No se sienten concernidos ni por los tímidos llamamientos de la comunidad internacional ni por el dolor que va sembrando a su paso su campaña militar.

Nuevo bombardeo del Ejército israelí contra un colegio de la ONU con niños como víctimas. Y ya van cuatro ataques indiscriminados a estos recintos en los que se refugian los muchos desplazados por el conflicto. La actuación de Israel es intolerable y no tiene visos de acabar: el Gobierno de Netanyahu acaba de movilizar a 16.000 reservistas. Así, se está granjeando la antipatía de la opinión pública mundial. Estados Unidos juega a dos bandas: por un lado, la Casa Blanca condena el atentado sobre la instalación escolar de Naciones Unidas y, por otro, el Pentágono envía más munición el Ejército hebreo. Esta actitud hipócrita caracteriza la respuesta de los organismos internacionales a esta masacre injusta y desproporcionada. Le ponen una vela a dios y otra al diablo y todos tan contentos. Así no.

Otro atropello israelí

No se entiende la obsesión del Gobierno de Israel de hacer antipático a su país a los ojos de la comunidad internacional. En algunas ocasiones encuentran las coartadas perfectas para eludir el escarnio público ante sus atropellos y barrabasadas con sus vecinos, especialmente el pueblo palestino. Otras veces sólo lo ha sacado del atolladero su alianza con la Administración norteamericana, aunque en la era Obama han cambiado en parte las reglas del juego.

Esta madrugada la Armada del estado hebreo ha perpetrado una de las suyas. Los buques de guerra israelíes han atacado una flotilla compuesta por seis barcos con ayuda humanitaria para la franja de Gaza. La acción bélica se ha saldado con diez muertos (otras fuentes hablan de hasta 16 víctimas mortales) y una treintena de heridos. Si ya de por sí tiene poco sentido la oposición de las autoridades de Tel Aviv a que la ONG Cultura, Paz y Solidaridad llevara a Palestina diez toneladas de víveres y enseres de primera necesidad para un territorio donde la gente está pasando penurias y hambre, el uso de las armas resulta desproporcionado e intolerable. El bloqueo del Gobierno judío a la población palestina adquiere cotas inasumibles por la comunidad internacional y requiere una respuesta contundente, sin ambigüedad y con resultado práctico y palpable.

El comunicado oficial de las autoridades israelíes no resta un ápice de gravedad al asunto. Una simple nota lamentando el incidente no puede dar por cerrado el asunto. Entre otras razones, porque las disculpas insinceras han venido acompañadas de excusas de grueso calibre, como que los miembros del convoy humanitario pertenecen a “Hamás y Al Qaeda” y venían pertrechados con “fuego real, cuchillos y palos”. Estos pretextos no se sostienen en pie, es la vieja cantinela de siempre, que no convence a nadie. Acorazados militares amenazados por barcos de mercancías, es como si los pájaros disparasen a las escopetas.

Las razones de seguridad del pueblo de Israel, que se merece garantías y protección de su Gobierno, no supone un cheque en blanco ni manga ancha para todas las ocurrencias de la inteligencia y las fuerzas armadas de Tel Aviv. La Unión Europea, Turquía y España han criticado con dureza estos hechos gravísimos. El Ministerio de Asuntos Exteriores español ha llamado a consultas al embajador israelí como gesto de condena por lo ocurrido. Se hace necesaria una reacción firme e inequívoca de Obama. La pelota está ahora en el tejado de la Casa Blanca.

Vídeo.- Información de la cadena turca Sondakka Net.