¡Qué gran estafa!

Pienso hoy en los muchos catalanes de buena fe a los que los gurús de independentismo han engañado con el falso sueño de un país propio al margen de España. Hoy la fantasía se ha desvanecido y se ha descubierto el truco de los charlatanes de feria. Se ha impuesto la normalidad democrática y el estado de derecho. ¿Qué habrán pensado muchos de estos ciudadanos cuando han visto cómo Puigdemont y buena parte del govern han huido a Bruselas y se plantean seguir haciendo el ridículo internacional con la petición de asilo político? ¿Qué habrán pensado de un president y un gabinete que decían continuar trabajando y que tras su destitución por el Estado no han pasado por sus despachos? ¿Qué habrán pensado de Tardà y Rufián, que desde la más absoluta incoherencia siguen aferrados a un escaño en el Congreso de un país al que no quieren pertenecer? ¿Qué habrán pensado de que ningún país europeo ni EEUU hayan reconocido la huida hacia ninguna parte de la independencia? ¿Qué habrán pensado de tantas mentiras inoculadas por la propaganda del separatismo? Muchos de los que se creyeron el cuento de la buena pipa hoy pensarán que todo ha sido un gran timo, una colosal estafa política.

Foto.La Vanguardia. Puigdemont y los cinco consellers que se han ido de Cataluña.

Rufián

Cada vez que habla sube el pan… ¿Qué sería Gabriel Rufián sin sus insultos y su permanente actitud altanera? Posiblemente nada, sería uno más del montón, pasaría desapercibido para el gran público. Con sus exabruptos, sus improperios y sus gestos chulescos, el inefable diputado de ERC sólo busca provocar, abrirse un hueco en el ámbito mediático, arrimar el debate a lo superficial para no entrar en el fondo de los asuntos, donde ya no se encuentra tan cómodo. En lugar de sobresalir por sus argumentos y su rigor intelectual ha tomado el atajo del ataque personal y del lenguaje subido de tono. Es el papel que le ha tocado o ha elegido desempeñar. Y se entrega a tope, ya sea en la tribuna del Congreso de los Diputados, delante de los micrófonos de los medios de comunicación o a través de su cuenta de Twitter. No suele dejar títere con cabeza, emplea el golpe bajo y atiza las más bajas pasiones para llevar al adversario político al rincón donde mejor se desenvuelve. El mejor antídoto ante este tipo de especímenes es la indiferencia, no caer en su trampa, mantener la distancia para poder desplegar toda la fuerza de la razón, zafarse de los trucos dialécticos emocionales. En el tablero democrático no hay que buscar el jaque mate del adversario sino anteponer los elementos que nos unen y favorecen la convivencia. Ahí naufraga Rufián, político de piñón fijo que sólo tiene el registro del conflicto y que, desde luego, hace honor a su nombre.

Foto.El Periódico de Cataluña.