Otro envite más

julio 19, 2017

De manera cíclica, el Fondo Monetario Internacional nos obsequia unas recetas de castigo para la clase trabajadora. Ayer recibimos la última entrega del serial de cómo achuchar a los de siempre. El FMI emplaza a España a que mantenga la pírrica subida de las pensiones en un 0,25% en los próximos años, con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo, y a retrasar la edad de jubilación, incluso más allá de los 67 años. En un país con 3,5 millones de desempleados (paro registrado), parece que alargar la vida laboral de los activos sólo perjudica la incorporación de los más jóvenes al mercado laboral, además de penalizar a los que llevan muchos años cotizados. Desde las poltronas de estas instituciones, sus bien remunerados ejecutivos sólo piensan en cómo seguir engordando a los de arriba y exigir más sacrificios a los trabajadores. Todo muy previsible y muy liberal.

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Esta fotografía culmina el hundimiento de un icono de la derecha económica de este país. Rodrigo Rato ha pasado de héroe a villano en unos pocos años. Ni los suyos quieren saber de él. Antes era todo lo contrario: el político de moda, el ejecutivo admirado, el símbolo del buen hacer, el gestor ejemplar. El Partido Popular y sectores conservadores de los medios de comunicación lo definieron como el hombre milagro del despegue económico español durante la etapa de José María Aznar. Poco a poco, esa reputación prefabricada e injustificada comenzó a agrietarse. El modelo económico tan jaleado por los sectores liberales trocó en una burbuja inmobiliaria de tal magnitud que ha lastrado a nuestro país durante esta larga crisis y ha retrasado la recuperación. Ésa es una herencia que nos dejó Rato, el que declinó la oferta de Aznar de ser el candidato del PP a la presidencia del Gobierno en 2004 para hacer las Américas en la bien remunerada poltrona de director del Fondo Monetario Internacional (FMI). Dio una espantá de Nueva York, sin haber olfateado la profunda recesión internacional que había provocado la ambición sin límites del sistema financiero, y recaló en Caja Madrid/Bankia. Otra mancha (¡y de las grandes!) en su expediente: llevó a la entidad al borde del colapso con su salida a Bolsa y obligó a un rescate (con todas sus letras) que nos ha costado a todos los españoles más de 23.000 millones. Ahora, este patriota de la derecha está acusado por la Fiscalía de los presuntos delitos de fraude, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes. No sé si esto es cuestión de familia porque su padre fue condenado a tres años de prisión por evasión fiscal (ocultó 70 millones de pesetas en Suiza). Las palmas de entonces ahora son pitos. Razones no faltan. El falso icono no tiene ya quien le escriba bien.

Foto.Huffington Post.

Paripé para Rato

octubre 21, 2014

La salida de Rodrigo Rato del Partido Popular por el escándalo de las tarjetas opacas y aledaños huele a paripé o a componenda. “La persona a la que usted se refiere”, que diría Mariano Rajoy, ha presentado su baja temporal de militancia después de varios días de ruido mediático y de clamor de sectores del partido. E inmediatamente, la dirección del PP ha archivado el expediente disciplinario que tenía abierto. Será, siguiendo a su presidente, para no prejuzgar a su correligionario. El que fuera vicepresidente de Aznar y su candidato para sucederle (le dio dos veces calabazas) se ha ahorrado el mal trago de salir por la puerta trasera y muy pequeña del sótano y el partido, el disgusto de sacrificar en el altar público a unos de sus prohombres. Este ángel caído del paraíso neoliberal no se siente culpable del inmoral (y ya decidirá un juez si ilegal) uso de las tarjetas opacas. Todo un responsable de economía y hacienda de España durante ocho años y otros cuantos presidente del Fondo Monetario Internacional que se hace el sueco. Pero por escabroso e indignante que es el caso de las tarjetas black, aún ha sido más gravosa para la sociedad española la gestión de Rato y su antecesor, Miguel Blesa. Ambos dejaron a Bankia en la bancarrota y el rescate nos ha costado a los españoles 23.000 millones de euros. Que los árboles del lacerante episodio de las tarjetas no nos impidan ver el bosque de una gestión ruinosa cuya factura nos han pasado a los ciudadanos.

Estaba cantado. La Comisión Europea ya pidió a España más recortes antes de la campaña electoral. Desde Bruselas se valoraba el esfuerzo realizado hasta ahora pero exigía nuevos sacrificios colectivos en nuestro país. El Gobierno de Rajoy pasó de puntillas por semejante campo de minas en vísperas electorales. Otro de los integrantes de la troika, el Fondo Monetario Internacional, ha esperado que pasara la cita con las urnas para ponerle nombre a los nuevos ajustes: subida del IVA, un impuesto que pagamos todos por igual independientemente de nuestra renta y nuestro patrimonio, y una nueva bajada de salarios. Más de lo mismo. ¡Qué cansinos! Esta receta sólo conduce a más empobrecimiento y más sufrimiento de las clases medias y trabajadoras y a lastrar una posible recuperación económica. Esperemos que el Ejecutivo del PP no pase otra vez más por el aro y haya entendido el rechazo de una gran mayoría social a esas políticas seguidistas y a los recortes. En la cumbre de jefes de estados de la UE, hay una reacción de los principales países europeos (Francia, Reino Unido, Italia e incluso España) contra la austeridad a ultranza que sigue defendiendo Angela Merkel. Ya no está el horno para más bollos.

A la fuerza ahorcan. La alianza con el Partido Socialdemócrata ha devuelto a Angela Merkel a la tierra. La canciller se ve obligada a aceptar políticas progresistas que distan mucho de la doctrina neoliberal que nos ha aplicado a todos los europeos del sur. Subida del salario mínimo, reducción de la edad de jubilación de 67 a 63 años, debate sobre la reducción de la jornada laboral a cuatro días semanales… Son movimientos que se registran en el gigante alemán que nos congratulan a los ciudadanos de izquierdas. Estaría bien que Merkel nos aliviara a los demás de los grilletes del austericidio. Que no abra la mano a sus conciudadanos por razones de su estabilidad parlamentaria y a los demás nos siga apretando el cuello con la bota de unas recetas que nos empobrecen y nos arrebatan derechos y conquistas sociales. Alemania se aplica el ancho del embudo, mientras que miembros de la troika como el Fondo Monetario Internacional, con todos los parabienes de la locomotora germana, piden a España más recortes en los salarios o un nuevo apretón en la reforma laboral. Siempre los platos rotos los pagan los más débiles. Y esta larga crisis no es una excepción.

Vampiros

septiembre 11, 2013

Forges sintetiza de forma genial este pensamiento colectivo. ¿Quién no puede estar de acuerdo? Existe una sensación generalizada que determinados organismos internacionales que nadie elige nos condicionan la vida: nos empobrecen el presente y nos roban las expectativas de futuro. O hablando en plata, nos están chupando la sangre auspiciando recortes y liquidando derechos y el estado del bienestar.

Lo he escrito en más de una ocasión: los recortes conducen a más recortes. La reducción brutal del gasto público y la supresión de prestaciones sociales y derechos ciudadanos sólo contribuyen a deprimir más la economía. La austeridad a ultranza como única receta política de la filosofía ultraliberal, el denominado austericidio, no es la fórmula. Los organismos internacionales lo saben y persisten en el error, inasequibles al desaliento y miopes ante una realidad que desmontan todas sus teorías y sus previsiones en páginas excel. Grecia puede ser el ejemplo más elocuente (con un tercer rescate en lontananza), pero España se encuentra también en una situación delicada por la obcecación en medidas fracasadas. Estados Unidos y Japón, con políticas económicas expansivas, están comenzando a dejar atrás el fantasma de la crisis. En Europa, bajo la batuta de Alemania, con elecciones este mismo mes, se mantiene la ruta que conduce al abismo a los países del sur del viejo continente. ¡Para qué corregir si los poderosos están poniéndose las botas mientras que la inmensa mayoría se empobrece!

Viñeta.– Los calvitos en elplural.com.