Tres larguísimos años sin tren

Decía el bolero que veinte años no es nada, pero los tres que lleva Granada de aislamiento ferroviario representa una eternidad. La sociedad granadina salió el domingo a la calle para clamar una vez más contra este castigo que sufre por la incompetencia del Ministerio de Fomento. Siguen cayendo hojas del calendario y no se prevé que la línea férrea esté restablecida hasta noviembre. Un nuevo retraso y ya se acumulan tantos incumplimientos que no es de extrañar que el Gobierno de Rajoy puede alcanzar el triste honor de celebrar los cuatro años sin tren. Siendo la gestión de esta obra demencial, más aun lo es el desahogo de los prebostes del PP y su falta de asunción de responsabilidades políticas por este monumento a la insolvencia. El pasotismo del Ministerio ha causado un enorme perjuicio económico, estimado en 420 millones de euros, a una ciudad que tiene en el turismo cultural uno de los motores de desarrollo. Nadie entiende que en pleno siglo XXI Granada pueda estar casi 1.100 días (y los que quedan) aislada por ferrocarril y perdiendo oportunidades de generación de empleo y riqueza. Y el ministro, escondido y sin dar la cara.

Foto.- Ideal,

Se les ve el plumero

Aunque los lectores de ciertos periódicos no la hayan encontrado entre los asuntos destacados, ayer hubo una gran manifestación en Granada contra el Gobierno de Mariano Rajoy. Nada más y nada menos que unas 20.000 personas salieron a la calle contra la incomunicación por tren de la capital de la Alhambra desde hace dos años. Y según la previsión del caótico Ministerio de Fomento el ferrocarril, no estará en funcionamiento hasta bien entrado 2018. Queda, por tanto, un año más de aislamiento. Es natural la protesta ciudadana, muy especialmente cuando el principal motor económico de Granada es el turismo. Lo llamativo es que determinadas cabeceras que ofrecieron tanta cobertura al conflicto de la reordenación sanitaria despachen como un mero trámite la movilización por el tren. En alguna noticia cuesta encontrar contra quién se dirige la protesta, incluso se ponen titulares que pueden dar lugar a la confusión. El doble rasero es incompatible con el periodismo. No se cumple con la función social cuando se da diferente tratamiento a hechos similares. Si el sujeto es la Junta de Andalucía, leña al mono, mientras que si es el Gobierno de la nación, se pasa de puntillas. Actuando así a algunos se les ve demasiado el plumero.

Foto.- El Independiente de Granada. Imagen de la manifestación de ayer.

Castigo tras castigo

Que la derecha no quiere a Andalucía es una evidencia endémica. No hay oportunidad que desaprovechen para castigar a esta tierra y lastrar su futuro. Dos nuevas decisiones vienen a engordar la lista de agravios que ‘adornan’ la carta de presentación del Partido Popular ante la ciudadanía andaluza. La logística supone una vía de desarrollo para Andalucía que el Gobierno de Mariano Rajoy está torpedeando por la ausencia de inversión para que los corredores ferroviarios europeos lleguen a esta comunidad, que tiene una situación geoestratégica en el comercio internacional. La semana pasada recibíamos otro jarro de agua fría para el Puerto de Algeciras, el primero de España y de los más importantes de Europa. El Ministerio de Fomento confirmó, en una respuesta parlamentaria, que no hay consignación presupuestaria para determinados tramos entre Bobadilla y Algeciras y lo que es aún más incomprensible: que tendrá que devolver fondos a Bruselas porque no se han ejecutado las obras a tiempo. De los 1.178 millones que se necesitan para acabar la conexión sólo se destinarán 310,9, ni se va a hacer ni la tercera parte. Menudo fiasco.

Hoy se ha conocido otro revés para Andalucía por la desidia y el desinterés del Gobierno central. El tramo de alta velocidad entre Granada y Almería ha quedado fuera de la programación comunitaria por la inoperancia de Rajoy para abordar esta infraestructura. Un varapalo para dos provincias que sufren los problemas de comunicación por la mala gestión del PP. Granada soporta ya casi dos años aislada por vía férrea y Almería lleva tiempo clamando por poder contar con una comunicación propia del siglo XXI. Una situación discriminatoria que se agrava cuando se sabe que al corredor mediterráneo se han dedicado 6.000 millones en estos últimos cinco años y lo paran en Murcia sin que llegue a Almería. Y el tramo Algeciras-Bobadilla ha contado con una inversión de apenas 50 millones. El cariño se demuestra con hechos. Y si es por hechos, el PP sigue sin querer a Andalucía.

Foto.- El Mirador de Castellar. Línea férrea Algeciras-Bobadilla.

Disculpas imprescindibles

Mariano Rajoy ha llegado esta tarde a Granada para asistir a un acto del Partido Popular. Y lógicamente no ha podido hacerlo en ferrocarril, habrá llegado por vía aérea desde Madrid, no le quedaba otra. La ciudad de la Alhambra lleva casi dos años aislada por tren. Si la enésima fecha dada por el Ministerio de Fomento se cumple, no será hasta octubre de 2017 cuando se restablezca la comunicación. Menudo estropicio. Los últimos tres ministros del Gobierno del PP en esta materia, Ana Pastor, Rafael Catalá e Íñigo de la Serna, no han hecho nada para acelerar los plazos. Es más, su incompetencia ha llevado a Granada a vivir una situación más propia del siglo XIX que del XXI. Granada soporta con estoicismo este contratiempo ahistórico. Una de las ciudades con más atractivos turísticos y que posee el monumento más visitado de España, la Alhambra, sólo encuentra el silencio del Gobierno de Rajoy y excusas vagas vinculadas a motivos técnicos. Rajoy tiene una oportunidad de comprometerse no sólo para que las obras terminen de una vez, sino de pedir disculpas por una gestión más que deficiente de su Gobierno que ha castigado a granadinos en sus desplazamientos por tren y a los muchos empresarios y autónomos que viven del sector turístico.

Foto.– Sindicato de Circulación Ferroviario (SCF).

¡Cuánto desahogo!

Y se creerá que nos chupamos el dedo. Se descuelga hoy el inefable Juan Manuel Moreno Bonilla con un tuit rebosante de desahogo: “Trabajando junto al ministro Rafael Catalá para intentar que el AVE llegue lo antes posible a Granada”. La frase suena a chiste de mal gusto cuando Granada lleva incomunicada por ferrocarril 18 meses por la pésima gestión del Gobierno de las obras de la línea de alta velocidad. Durante año y medio los viajeros que llegan o parten de Granada tienen que hacer un largo trayecto en autobús y en este tiempo el presidente del PP de Andalucía ni se ha arremangado ni ha levantado la voz para arreglar este tremendo desaguisado. ¿A quién le quiere tomar el pelo? Moreno Bonilla derrocha una vez más descaro e insolencia en un intento de subirse a los trenes baratos. Pero los ciudadanos, por suerte, tenemos memoria y sentido común para tamizar los mensajes groseros e impertinentes. En lugar de hacerse la foto debería haber empezado a presionar al Gobierno hace mucho tiempo para que Granada no viva situaciones más propias del siglo XIX que del XXI y pedir disculpas por las muchas molestias causadas a los granadinos y a su sector turístico. Hoy el ministro anuncia el final del túnel para septiembre de 2017. Quedan 11 meses más de obras y tormento, es lo que es lo mismo, de falta de comunicación por tren para la ciudad de la Alhambra. No es para sacar pecho.

Por cierto, ¿en calidad de qué un dirigente de un partido asiste a una reunión institucional? No hay ninguna razón para que Moreno Bonilla esté presente en el encuentro, el único senador andaluz que ha sido convocado, y mucho menos ocupando un sitio de preferencia en el protocolo. Han querido convertir una actividad del Ministerio en un acto de partido, confundiendo una vez más lo público y lo privado. Una reunión a la que casualmente no se ha contado con la Junta de Andalucía y a la que a duras penas, en el último momento, se acabó invitando a la Diputación de Granada.

Foto.– Moreno, primero por la derecha, y Catalá, tercero, en el acto celebrado hoy.

El colmo

El Gobierno de Mariano Rajoy no ha invertido ni un solo euro en los corredores ferroviarios en Andalucía desde que aterrizó en la Moncloa a finales de 2011. No sólo ha cerrado el grifo, sino que ha destinado más de 6.000 millones (dato ofrecido hoy por el PP) al ramal que discurre por la costa mediterránea hasta llegar a Murcia y ahí lo ha paralizado sin llegar a territorio andaluz. Es tal agravio que sufre esta comunidad autónoma que hace unas semanas se constituyó, a instancia de las Cámaras de Comercio, Industria y Navegación, una plataforma para reivindicar la conexión de Andalucía a la red transeuropea de transporte ferroviario, cuyo kilómetro cero tanto del corredor mediterráneo como del atlántico comienza por Algeciras, donde se ubica el primer puerto de España y al que el Partido Popular está sometiendo a un castigo injustificable para que pierda su condición de líder. A esta iniciativa ciudadana se han sumado la Confederación de Empresarios, los sindicatos UGT y CCOO, los puertos de Andalucía, la Federación Andaluza de Municipios y Provincias y la Junta de Andalucía. Sólo no está el Gobierno de la nación: el que no invierte y quiere hacer perder una oportunidad de desarrollo económico que la puede situar como la base logística del sur de Europa.

Con esta realidad incontestable, el presidente  del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, tiene la desfachatez de decir que el corredor mediterráneo es fundamental en un foro sobre esta infraestructura en que participaban peperos de Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia y Andalucía. Pues si es así por qué no le dice a sus compañeros de Madrid que dejen de maltratar a esta comunidad. No se ha acordado en casi cinco años de este proyecto crucial para esta tierra y ahora se descuelga con un ejercicio de hipocresía de aúpa. El discurso lo aguanta todo, pero la realidad desmiente a Moreno Bonilla. Se ha instalado en el colmo del desahogo. Y por si no fuera suficiente ha dejado una frase para la antología: hay que concluir esta obra que “hace frente a la incertidumbre que genera el independentismo y fanatismo yihadista”. Una reflexión muy depurada, sí señor, de reputado estadista… Todo un ‘viva Cartagena’. ¡Qué le han dado esta mañana a este hombre de desayunar!

Foto.- Puerto de Algeciras.

Todos menos uno

Estaban todos los que tenían que estar, todos menos uno: el Gobierno de la nación. En Antequera se dieron cita Junta de Andalucía, las corporaciones locales, sindicatos (UGT y CCOO), los empresarios (CEA) y las Cámaras de Comercio para reclamar la conexión de los puertos andaluces con los corredores ferroviarios europeos. La ausencia de representantes de la Administración central ante esta reivindicación de justicia resalta con más énfasis el agravio que sufre Andalucía en las inversiones ferroviarias. Mariano Rajoy castiga infraestructuras prioritarias como la Algeciras-Bobadilla, que multiplicaría el volumen de mercancías y empleo del mayor puerto de España, o la línea con Almería para dar salida a su gran producción agroalimentaria, mientras que favorece otras instalaciones portuarias con derramas multimillonarias.

Andalucía ocupa una posición geoestratégica que le confiere enormes oportunidades “al ser el nodo de paso de la principal ruta del comercio mundial”. Por ese motivo, todos los participantes del foro firmaron la ‘Declaración por el desarrollo de las infraestructuras logísticas, el crecimiento y el empleo’. Se trata de un compromiso para impulsar las infraestructuras logísticas de Andalucía a fin de fomentar las actividades industriales y el empleo. Pero esta apuesta por el desarrollo necesita inversión en la red ferroviaria. Así, las organizaciones firmantes exigen al Gobierno de España y a la Unión Europea que culmine la red ferroviaria transeuropea que contempla el eje Mediterráneo (Huelva-Sevilla-Antequera-Granada-Almería-Levante-Frontera Francesa), así como la conexión de Huelva con la Ruta de la Plata y el eje Central (Algeciras-Antequera-Córdoba-Linares-Madrid-Frontera Francesa). Ambos ejes interconectan en Antequera. Y se considera de especial prioridad la culminación de la conexión ferroviaria Algeciras-Bobadilla.

Fotos.– Clausura del foro y mapa de la red ferroviaria transeuropea.

Dos velocidades

Nunca había realizado el trayecto entre Madrid y la Estación de San Roque (Cádiz) en tren. Un itinerario teórico de cinco horas a bordo de un Altaria en el que conviven dos realidades: la velocidad alta desde la capital de España hasta Antequera (Málaga) y la travesía romántica de un ferrocarril a 80 kilómetros por hora atravesando paisajes de fotografía hasta alcanzar la meta campogibraltareña. Se tarda lo mismo en cubrir las dos terceras partes iniciales del recorrido hasta la ciudad malagueña, donde se cambia el ancho de vía, que en completar el último tercio, que ciertamente tiene más complicaciones orográficas. En el mismo trayecto se comparten sensaciones de siglos distintos. La parsimoniosa recta final del viaje me hizo recordar aquellos desplazamientos en el Expreso Costa de Luz de mi época de servicio militar o de mis estudios de periodismo en la Complutense de Madrid. Tiempos en que la ida a la Villa y Corte o la vuelta a Sevilla suponían nueve horas de traqueteo en ferrocarriles añosos.

Cuando uno se acostumbra al AVE, no sólo por la comodidad sino por la reducción de los tiempos para alcanzar el destino, viajes como el de ayer te hacen comprender y sumarte a la reivindicación de los vecinos del Campo de Gibraltar para contar con una conexión férrea acorde a los tiempos en que vivimos y en igualdad de condiciones que otros españoles. Es justo para el traslado de pasajeros, pero sobre todo es urgente y fundamental para el transporte de mercancías desde el Puerto de Algeciras. No se entiende que en pleno siglo XXI la mayor instalación portuaria de España por tráfico de contenedores no cuente con una infraestructura férrea que permita conectarse más rápido, más seguro y con menor coste con los mercados europeos. La Unión Europea considera este tramo prioritario y, sin embargo, el Gobierno de Mariano Rajoy está torpedeando el potencial del Puerto de Algeciras y desviando las inversiones que le corresponderían a la modernización de esta línea férrea a otras zonas de nuestro país. El PP está tirando piedras contra el desarrollo de una comarca con muchas oportunidades que hoy sufre más que ninguna otra el drama del desempleo.

El éxito del AVE

El tren de alta velocidad entre Sevilla y Madrid cumple hoy 18 años. Como acertadamente titula un diario, alcanza su mayoría de edad… biológica porque como proyecto es todo un éxito de gestión y ocupación desde hace mucho tiempo. El AVE ha sido la mayor apuesta de un gobierno, en este caso de la mano de Felipe González, por vertebrar nuestro país y mirar hacia el sur con una decisión estratégica. La historia de España está repleta de episodios donde el desarrollo pasaba por Madrid, Cataluña o el País Vasco y el resto nos quedábamos siempre papando moscas. Hubo alguien no sólo corazón andaluz, sino con visión de Estado, que fue capaz de cambiar esta dinámica y redistribuir los esfuerzos inversores de las arcas públicas.

En aquellos años también hubo agoreros que no llevaban bien esa inclinación del centro de gravedad hacia Andalucía. La derecha auguró un fracaso que nunca se ha producido. Es difícil de olvidar esas invectivas y declaraciones peyorativas de José María Aznar, Javier Arenas y la cohorte pepera hablando del “rapidillo de Andalucía”. Más que profetas del desastre son un desastre de profetas.

El trayecto Sevilla-Madrid constituye la base de la actual red de alta de velocidad española, el país del mundo con más kilómetros de líneas de AVE, un paradigma de transporte eficiente, puntual, cómodo y ecológico en el que ha puesto los ojos la Administración Obama para el desarrollo de sus comunicaciones ferroviarias. El presidente norteamericano lo considera un modelo a seguir. Los datos de la primera línea española explican las palabras de Obama: más de 50 millones de pasajeros, el 84% de la cuota de mercado respecto al avión y un 99% de índice de puntualidad (España es la segunda en el ranking mundial detrás de Japón). Y un elevado grado de satisfacción de sus usuarios.

18 años de éxitos que han permitido a Andalucía engancharse al futuro, han impulsado su crecimiento, han favorecido las conexiones acercando territorios y han revolucionado la forma de desplazamiento de mucha gente.