Ni una más

16 mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas desde que comenzó el año. En términos estadísticos se produce una víctima cada tres días, en términos de humanidad y convivencia, una tragedia insoportable. Son casi 900 mujeres (885) a las que han arrebatado la vida desde 2003. Esta misma semana, en apenas cuatro días se ha registrado el asesinato de seis mujeres y cuando esto ocurre es síntoma evidente de que algo está fallando. Esta realidad resulta ya inaceptable y tenemos que reaccionar con firmeza. Como ciudadanos comprometido con la igualdad y el feminismo, quiero manifestar mi dolor y mi repulsa. Una sociedad democrática no puede permanecer impasible ante el drama del terrorismo machista. Esta lacra social requiere una respuesta urgente y firme, unidad de acción de todas las administraciones y más medios para combatirla. No puede esperar más tiempo un Pacto de Estado que refuerce la lucha contra la violencia contra las mujeres. Tenemos que poner todos los medios a nuestro alcance para se evite el una mujer por el mero hecho de serlo. Ni una víctima más.

 

Tarjeta roja

No es extraño que en el Partido Popular se tenga una visión retrógrada sobre las mujeres. Es un partido que no se ha caracterizado nunca por trabajar por la igualdad real entre hombres y mujeres. El alcalde de Alcorcón, el muy reaccionario David Pérez, se despachó a gusto contra el feminismo hace un año en un foro católico. Ahora cuando emerge el escándalo habla de manipulación y mal entendido. Su opinión es meridianamente clara y ofensiva para un sector de la sociedad, a la que desprecia con epítetos intolerables. La reacción del PP ha sido de motor de gasoil: tardía, insuficiente y blandita. La presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, no comparte estas palabras, hasta ahí podíamos llegar, y se ha limitado a pedir explicaciones a su compañero. No puede seguir ni un momento en su puesto una persona con un pensamiento tan cavernícola. Cifuentes tenía que haberle indicado la puerta de salida. Los paños calientes sólo sirven para reforzar a estos especímenes misóginos que siguen anclados a la Edad Media.

PD.– También se merece al menos tarjeta amarilla Pablo Iglesias por afirmar que la feminización de la política no se consigue con más mujeres en puestos de responsabilidad. El líder de Podemos involuciona cuando encasilla a las mujeres en el rol de madres-cuidadoras. Necesita actualizar su concepto de igualdad, se le nota un tono demasiado paternalista y decimonómico. Sigue leyendo

Terror machista

Cuando no se reivindica y se pelea por la igualdad real entre hombres y mujeres, el machismo campa a sus anchas. El machismo es sinónimo de explotación, abusos, discriminación, menosprecio, humillación y violencia. En las últimas fechas dos casos de terror machista han dado la vuelta al mundo… con diferente final: la muerte de una joven india violada salvajemente en un autobús público y la salida del hospital de la niña paquistaní Malala tras tres meses de recuperación como consecuencia del intento de asesinato de los talibanes por defender el derecho a la educación de las mujeres (en la foto). Representan dos ejemplos escandalosos de la imposición de una cultura misógina que denigra a más del cincuenta por ciento de la población. Pero no hace falta irse tan lejos, en nuestro entorno cercano muchas mujeres sufren la barbarie. Por eso, me duele y me indigna el extremismo de declaraciones como las del obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, tirando por tierra la ideología de género y las conquistas en igualdad ganadas por las mujeres con sangre, sudor y lágrimas. La religión, y muy especialmente los grandes credos monoteístas, relegan a las mujeres a un lugar secundario, gregario, las sitúan en la más insultante irrelevancia, colaborando activamente a la supremacía masculina y segando cualquier atisbo de equilibrio entre sexos. En esta atmósfera no se pueden dejar pasar barbaridades, groserías o chistes de mal gusto sobre la igualdad.