138 años

mayo 2, 2017

Hace 138 años, en Casa Labra, Pablo Iglesias Posse fundó el PSOE para luchar contra la explotación laboral y mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. Me siento orgulloso de pertenecer a un partido que ha luchado por la libertad, la igualdad y la justicia social, que ha estado siempre al lado de los trabajadores y de los que más lo necesitan, que ha liderado la transformación más importante de este país desde los gobiernos de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. Y me siento orgulloso de los miles de hombres y mujeres que se han dejado la piel por estos valores y que constituyen una  referencia, un ejemplo para todos los socialistas. 138 años son pocos para los que nos quedan por vivir siempre fieles a nuestros ideales y con el compromiso de estar al servicio de los ciudadanos.

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Como hace 25 años

abril 21, 2017

Un presidente tuvo la visión histórica de comenzar el AVE desde el sur. Si no hubiera sido así, a lo mejor hoy estaríamos desenganchados de la alta velocidad. Felipe González hizo una apuesta por la cohesión territorial y por reducir los déficits históricos en infraestructuras de Andalucía. Celebramos el primer cuarto de esta conexión ferroviaria, tal día como hoy hace 25 años se realizó el primer viaje comercial entre Madrid y Sevilla en AVE, con la normalidad de lo cotidiano, como un éxito ya interiorizado pero no siempre fue así. ¡Qué campaña le hizo la derecha! Lo denostaban con el nombre del ‘rapidillo’, desde José María Aznar hasta Javier Arenas. Recuerdo una ‘memorable’ portada de un periódico de la capital andaluza, de pequeño formato y grapa, que pronosticaba “el corto vuelo del AVE” después de la Expo 92. El tiempo ha desacreditado ese negro augurio y casi 40 millones de viajeros han garantizado el éxito de la línea de alta velocidad.

Como hace 25 años, Andalucía tiene hoy otro reto y aquí no está encontrando la misma sensibilidad de un presidente para llevarlo a cabo. Hay una gran diferencia: el presidente actual no es socialista, es derechas, se llama Mariano Rajoy y le importa poco la cohesión territorial. Aunque el AVE sigue sin llegar a varias ciudades, fundamentalmente Granada y Almería, el reto hoy no es otro que la conexión a la red transeuropea de transporte, el muy revindicado Corredor del Mediterráneo, que tiene su kilómetro cero en el puerto de Algeciras. Para el desarrollo económico de esta tierra es fundamental el tramo Algeciras-Bobadilla y desde ahí la ejecución completa del ramal que discurre por la costa y del otro ramal interior. Pero la apuesta del Gobierno es cero. Seis años sin inversión poniendo en riesgo el futuro del principal puerto de España y de toda la red logística de Andalucía. Si en estos momentos tuviéramos un presidente como Felipe González, la obra habría empezado del sur al norte para no dejar descolgada a Andalucía, como ha ocurrido históricamente con la derecha. Al ritmo que va el corredor, con un PP dándole la espalda a esta tierra, no lo veremos acabado en 30 años y entonces será tarde y el daño, irreversible.

Foto.ABC de Sevilla.

Reencuentro

marzo 27, 2017

Lo necesitábamos. Llevábamos unos meses con la moral frágil, con desazón y cierta tristeza, con un pellizco en el estómago y la mirada perdida en el horizonte. Lo necesitábamos. El PSOE necesitaba una catarsis. Y eso fue precisamente el acto de presentación de Susana Díaz como candidata a la secretaría general socialista. Fue el recuentro con nuestra historia, fue la reafirmación de un presente no exento de dificultades pero todas ellas remontables y la constatación de que la fuerza política que más ha contribuido al progreso de España tiene futuro. Un proyecto encarnado en la figura de Susana Díaz que siempre conjugará el verbo en primera persona del plural, un proyecto alejado del caudillismo y que no claudicará a los cantos de sirenas de los que quieren ocupar su espacio, un proyecto con ambición legítima de ganar para cambiar a mejor la vida de la gente, un proyecto con los valores de siempre y con respuestas nuevas, modernas e inclusivas. Lo necesitábamos, sí, lo necesitábamos. Un acto de emoción, ilusión y camaradería. Así vibra el PSOE, así se reivindica el PSOE.

Y tras leer y escuchar muchas cosas desde ayer hasta este momento, sólo quiere trasladar con humildad unas pocas apreciaciones.

1. No fue el acto de las viejas glorias, sino el del PSOE de ayer, hoy y mañana. Estaban todos los que han sido (Felipe González, Alfonso Guerra, José Luis Rodríguez Zapatero o Alfredo Pérez Rubalcaba, todos los que son (cuatro presidentes autonómicos, alcaldes y alcaldesas y la inmensa mayoría de cargos provinciales) y todos los que serán o pueden ser. 9.000 militantes de base, con una amplísima representación de las Juventudes Socialistas. El auditorio era transversal e intergeneracional.

2. La militancia no es de nadie, tiene madurez y criterio propios y está donde quiere estar. Además, no comparto ese mensaje subrepticio sobre que los iconos del pasado restan. Nunca renegaría de mis abuelos o de mis padres, y lo mismo ocurre con la familia socialista: me enorgullece poder contar con ese enorme patrimonio moral y real que a través de la acción de gobierno ha hecho posible la modernización de España.

3. Susana Díaz no se aferra al pasado, lo valora y lo reconoce. Lo dijo con claridad: nos votarán por lo que hagamos y no por lo que hicieron Felipe y Zapatero. Compromiso y autoexigencia. No se trata de vivir de las rentas.

4. Defendemos un PSOE ganador y no acomplejado. El PSOE debe salir a ganar y no a pactar. El objetivo de cualquier partido tiene que ser ganar y no conformarse con pactar. Eso significa gobernar desde la victoria. Cuando se sale a empatar, se pierde. Esa afán de triunfo no cierra ninguna puerta a posteriores acuerdos. Este partido tiene que tener un proyecto propio, autónomo, reconocible y distintivo y no sindicar sus expectativas electorales o entregar la cuchara antes de competir.

 

Causa y efecto

octubre 20, 2016

De aquellas palabras miserables, estos escraches violentos. Pablo Iglesias está sembrando la semilla de la discordia y otros empiezan a repartir la cosecha de la intolerancia y violencia. La turba que impidió a Felipe González participar en una conferencia en la Universidad Autónoma de Madrid respondió al estímulo del líder de Podemos del pasado marzo (y a la convocatoria por Telegram de círculos morados). En el debate de investidura, este dirigente, que prefiere “morder” a hablar, acusó indignamente al ex presidente de tener “el pasado manchado de cal viva” y hoy mantiene esa injusta expresión en su huida hacia la algarada y la política de barricada. Los que protestaban en la Autónoma hicieron suyas las soflamas de Iglesias y, qué casualidad, las mismas consignas antidemocráticas, los mismos insultos ruines, la misma actitud intimidante que ya mantuvieron infiltrados de Podemos en las puertas de la sede del PSOE hace unas semanas. Y ante una reacción tan intolerable como la que impidió a González hacer uso de la palabra, no cabe transigir, ni mirar hacia otro lado, ni lamentar con la boca chica, como han hecho cualificados dirigentes morados, en democracia la violencia hay que condenarla con contundencia y sin excusas. Pablo Iglesias y el sector duro de Podemos han cogido el camino de la división y de la falta del respeto al que no comulga con sus ideas. No es buen síntoma para la democracia ni para la convivencia que se quiera fracturar la sociedad española entre buenos y malos. En lugar de dinamitar puentes, ¿no sería mejor construirlos o reforzarlos desde la tolerancia, el respeto y la humildad de saber escuchar al de enfrente?

Pablo Iglesias tiene que ser lector de Faulkner. Su puesta de largo en la investidura de Pedro Sánchez me evocó el título de una novela del escritor estadounidense: ‘El ruido y la furia’. A Íñigo Errejón le tuvo que pasar algo parecido. Al margen de las bromas, el examen del lenguaje no verbal del número dos en El Intermedio descubre su perplejidad y falta de sintonía con el exabrupto de su jefe de filas contra Felipe González. En el fragor del debate, Iglesias nos mostró su verdadero rostro: duro, agresivo, furibundo, cargado de ira. Justo lo que Errejón le trata de corregir. En el laboratorio de la formación morada, los expertos en comunicación intentan domesticar el lado salvaje y antisistema de Pablo para no espantar a un electorado que no comulga con los exaltados extremistas. Pero como bien sostiene el refrán, la cabra siempre tira al monte. Un día se presenta como moderado, baja el tono y usa un léxico suave y al siguiente olvida ponerse la careta y surge el más radical de los radicales que lleva dentro. Actúa indistintamente como el doctor Jekyll o míster Hyde. La acusación infame contra el referente socialista no fue un calentón, la repitió en dos ocasiones en poco menos de media hora, por si la primera hubiera pasada desapercibida. A las cajas destempladas de Iglesias, la respuesta sosegada del ex presidente del Gobierno: “No sé por qué tiene esa carga de rabia dentro. Y de odio, no lo entiendo. Sé que es un buen discípulo de Julio Anguita pero está muy sobrecargado. Se debía serenar un poquito“. Pues eso. Una tila.

Declive y un nuevo ADO

septiembre 9, 2015

El deporte español está en recesión. Empieza a vivir una crisis de resultados que nos retrotrae a los ochenta del siglo pasado. Tras años de éxitos y laureles se ha cogido una peligrosa cuesta abajo de pronóstico incierto. Nos hemos acostumbrado a las alegrías y este frenazo casi en seco nos ha cogido desprevenidos. Por ejemplo, el sábado para los que vivimos con pasión en el deporte fue una jornada aciaga: Rafa Nadal caía a las primeras de cambio en el US Open, Fernando Alonso no se lograba clasificar ni para la Q2, la selección de baloncesto naufragaba ante Serbia (y ayer ante Italia pese al partidazo de Pau Gasol)… Ese día sólo el fútbol nos dio una satisfacción con un rival muy menor, Eslovaquia, y anoche frente a otro adversario aún más débil, Macedonia, nos brindó 90 minutos de bostezos, eso sí encarrilando su clasificación para el Europeo de Francia de 2016. Tampoco nos reportó buenas noticias en agosto el mundial de atletismo de Pekín, con una sola medalla en marcha.

Una generación de espléndidos deportistas se aproxima a la retirada y no hay recambios a la vista del mismo nivel competitivo. Quedan esperanzas pero puntuales: Mireia Belmonte (natación), Carolina Marín (bádminton), Jorge Lorenzo y Marc Márquez (motociclismo), sin contar el poderío de los clubes españoles de fútbol gracias al talonario de Real Madrid y el FC Barcelona. Pero no mucho más. Cuando las estrellas que han dado tanto lustre a nuestro país cuelguen las botas, el horizonte que se nos presenta no es halagüeño. Hemos disfrutado de una etapa dorada gracias a la inversión que se hizo en este país con el Plan ADO (Asociación de Deportes Olímpicos), puesto en marcha el Gobierno de Felipe González en 1988 en la antesala de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992.

Este programa supuso un revulsivo para el desarrollo y la promoción de deportistas de alto rendimiento cuyos frutos hemos ido recogiendo en las últimas dos últimas décadas y media. Este plan ha ido perdiendo dotación presupuestaria y actualmente languidece. Los recortes se han cebado también con el deporte, hasta el punto de que muchas federaciones están casi en quiebra. Sin recursos económicos es difícil competir contra países con mayor peso demográfico, más presupuesto y mayor compromiso con la práctica deportiva a todos los niveles. Es urgente un nuevo ADO que ayude a generar otra hornada de deportistas de élite que renueve los triunfos cosechados en los últimos años. Si no, volveremos a los ochenta donde disfrutábamos con los escasos pero peleados metales en Los Ángeles 1984: el oro de Doreste y Molina en vela, la plata de Climent y Lasúrtegui en remo y los bronces de Abascal en los 1.500 metros y de Míguez y Suárez en piragüismo. Hace falta una reacción rápida para no volver de nuevo a la mediocridad.

Foto.SportYou. Rafa Nadal, el mejor deportista español de todos los tiempos, en el partido que fue eliminado en el US Open.

Un fenómeno social

marzo 20, 2015

Esta noche se cierra una campaña electoral apasionante. Intensa. De mucho voltaje. La he vivido al lado de Susana Díaz. Quince días de mucho trasiego, con más de 12.000 kilómetros por la bella y extensa geografía de Andalucía. Un recorrido por todas las provincias, por todo tipo de municipios, desde pueblo pequeños a capitales pasando por ciudades medias, en la costa y en el interior, en zonas urbanas y en el medio rural. Y en todos sitios he notado la ilusión que despierta la presidenta de la Junta de Andalucía entre la gente. En un momento en el que la política y los políticos no pasan por su mejor momento, Susana Díaz genera confianza, recoge muestras de cariño, recibe mensajes de esperanza… Los ciudadanos se acercan a ella y no al contrario, la besan, la saludan, la jalean, se hacen fotos, le piden autógrafos. Constituye todo un fenómeno social. Su aceptación popular recuerda a otros momentos de la transición política cuando los representantes públicos eran vistos con aprecio y admiración. A los tiempos de Rafael Escuredo y la lucha por la autonomía plena para sacar a Andalucía del subdesarrollo. A la pasión que levantaba Felipe González y su fe en el cambio. Ella derrocha cercanía y empatía, es una más de la familia para todos, una andaluza como la inmensa mayoría de hombres y mujeres que forman parte de este pueblo sabio, con los pies en el suelo y la mirada alta para anticipar el presente y el futuro que esta tierra quiere y se merece. En mi ya dilatada experiencia electoral (acumulo ya cinco campañas autonómicas desde dentro y tres más cubiertas como periodista) no he visto otra cosa igual. La gente cree y confía en Susana. Cuando termino este breve post, quedan poco más de cinco horas para acabar la campaña y miro el domingo con optimismo. Los andaluces y las andaluzas tienen la palabra. Y siempre aciertan.