Ataque nazi

Un grupo de más de treinta neonazis la montó en las fiestas patronales de San Fernando de Henares (Madrid) en la noche del viernes 30 de mayo. Los ultraderechistas, armados con bates y palos, protagonizaron ataques y agresiones contra los asistentes y las casetas del ferial. Estos sucesos requieren una respuesta inmediata del Ministerio de Interior y que se pongan los medios para que no se vuelva a repetir este tipo de episodios violentos.

Quijorna… del Caudillo

Quijorna es un pequeño pueblo madrileño, hasta ayer desconocido para la inmensa mayoría de españoles, que ha saltado a la primera línea de la actualidad merced a una exposición de exaltación del fascismo. Banderas preconstitucionales, esvásticas nazis o mercadotecnia de ultraderecha copaban la mayoría de los stands del certamen organizado por el Ayuntamiento de la localidad en el colegio público del municipio. Si la iniciativa resulta escandalosa, más aún lo son las explicaciones de la alcaldesa, una señora muy de derechas cobijada bajo las siglas del PP. La regidora visitó el mercadillo y no observó nada chocante. Quizá se sienta muy cómoda en ese ecosistema cargado de simbología fascista y franquista.

A esta pepera le costó definir a Franco como dictador en una entrevista en el programa ‘Al rojo vivo’, de La Sexta: sólo ante la insistencia del periodista Antonio García Ferreras acabó brotando tímidamente de su boca ese concepto. Y es que la alcaldesa tuvo un fin de semana nostálgico: a la exposición del sábado, siguió el homenaje (con un discurso exaltado incluido) a los caídos del bando nacional en la batalla de Brunete (vídeo). En Alemania están prohibidas y penalizadas este tipo de exhibiciones. Aquí sólo se ha arrancado, y con esfuerzo, una disculpa con la boca muy chica por parte de la primera edil de Quijorna. Ni en la dirección regional ni en la nacional han tomado ninguna medida disciplinaria contra la regidora. No es de extrañar. Tampoco el PP ha movido un dedo para zanjar el fervor preconstitucional que han manifestado en los últimos meses muchos de sus cachorros de Nuevas Generaciones.

Maldita intolerancia

La masacre de Noruega nos tiene que hacer reflexionar. Duele, irrita, indigna… el recurso a la barbarie y la exaltación de la violencia para acallar ideas no compartidas. El asesino (llamarlo perturbado suena a atenuante, a nadie se le ocurre ese eufemismo, por ejemplo, con un etarra) ha atacado al corazón de la democracia y de una organización política, jóvenes del Partido Laborista noruego de entre 15 y 17 años, para cortar de raíz esos brotes de una ideología distinta a su doctrina totalitaria, xenófoba y excluyente. Sus métodos beben en fuentes deleznables, se inspiran en teorías nazis, siguen patrones fascistas. Matar al que piensa o siente de manera distinta es abominable.

Esta brutal crisis está envalentonando a la derecha extrema. Su crecimiento es evidente en muchos países europeos, donde están cuajando los mensajes contra el diferente apelando a las más bajas pasiones. En la cuna del estado del bienestar, los países nórdicos, ha prendido la llama de la ultraderecha y eso que  la presión de la inmigración es insignificante. El egoísmo del primer mundo se alimenta con facilidad. Después del crack del 29 enraizaron los totalitarismos de derecha. En Alemania, los problemas económicos, unidos al orgullo herido por la derrota de la I Guerra Mundial, cimentaron la consolidación del Tercer Reich. No quiero hacer una analogía, estamos en tiempos distintos y la lección está bien aprendida. Ahora bien, tenemos que combatir con todas nuestras energías la intolerancia y la imposición de la fuerza… Y no dejar que germine ninguna semilla del odio ni del rencor. Sería pan para hoy y hambre para mañana.