Metáfora desafortunada

Es sano reconocer errores. Hace tres días, me excedí al pedir un bozal para el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, por sus críticas a la igualdad entre hombres y mujeres. Escogí una metáfora desafortunada que ha puesto el foco en esta anécdota y no en el contenido de su carta pastoral, con el que discrepo profundamente. Retiro esas palabras para que los árboles no nos impidan ver el bosque, para que lo accesorio no silencie lo mollar y trascendente. Una rectificación que nos ha de permitir entablar un debate sereno y argumentado sobre la ideología de género y el reconocimiento de otras formas de familia distintas a las que predica la Iglesia católica. Quizá me faltó mesura en mi expresión, pero me reivindico en el fondo de la cuestión. En materia de igualdad no se puede desandar lo andado ni volver a conceptos ya caducos sobre el papel de la mujer en la sociedad y en el entorno familiar. Se han dado importantes pasos que tenemos que consolidar y conseguir, más pronto que tarde, que la igualdad legal sea real y efectiva. Ése ha de ser no sólo nuestro objetivo sino nuestra obligación como ciudadanos. Ahí deberíamos estar todos y todas sin excepción.

Las cosas de monseñor

No es la primera vez y lamentablemente no será la última. Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra… Pero determinados prebostes de la Iglesia católica reinciden en el error con avaricia. El obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, se siente muy a gusto pisando charcos que incomodan a la inmensa mayoría. Monseñor azuza polémicas que chocan contra los derechos individuales y colectivos recogidos en la Constitución. Su última salida de tono ha sido un ataque frontal contra la ideología de género, es decir, contra la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres.

En una carta a sus fieles, sostiene que la igualdad “destruye la familia” y que el feminismo “rompe con Dios y la propia naturaleza”. Este jerarca eclesial prefiere la sección femenina, las amas de casa serviles y sumisas a sus esposos, ese arquetipo de la mujer, mujer que tanto defiende la derecha. La posición del obispo no puede ser más reaccionaria, se adentra hasta el tuétano en los terrenos de la misoginia, el machismo y la discriminación por razón de sexo. El alejamiento del pensamiento católico de la realidad social se hace cada vez más insalvable (y más insufrible). La igualdad entre hombres y mujer, don Demetrio, no es sólo una cuestión de justicia social y de respeto a nuestro marco constitucional, es también una demostración de sentido común. ¿Por qué tenemos que desaprovechar la inteligencia y el talento de más de la mitad de la población en beneficio del conjunto de la sociedad y el progreso?

Dentro de la visión retrógrada, el obispo hace una apelación a la familia tradicional en contraste con los distintos modelos de perdición que se apartan de la norma de la Iglesia. Achaca a la ideología de género un afán de destruir la familia clásica, sería un nuevo Herodes, una “fuerza del mal y de la muerte” que lava el cerebro a niños y jóvenes. Como si la felicidad y el desarrollo personal sólo se hallaran al amparo de sus preceptos trasnochados. Antes que renunciar a la igualdad prefiero arder en los infiernos (si es que existen).

¿Y ésta es la enseñanza que el Gobierno de Rajoy quiere introducir en las escuelas con la reforma educativa del ministro Wert? La religión evaluable en los centros públicos supone la imposición de un adoctrinamiento no acorde a los tiempos que corren. Sin embargo, se han fulminado educación por la ciudadanía por algo tan dañino como enseñar los valores y principios que inspiran la Constitución y nuestro marco de convivencia. Están aprovechando estos momentos de incertidumbre para recortarnos hasta la libertad de pensamiento. Ni un paso atrás… vivimos en un estado aconfesional.

(In)justicia

La Justicia se comporta, a veces, de manera tozuda, inflexible e incomprensible para la inmensa mayoría. La ejemplaridad del tercer poder del Estado, en ocasiones, hace aguas y genera alarma social. No hace falta hacer un repaso de sus sonoras meteduras de pata. No sirve de nada regodearnos en los errores y realzar la imperfección del sistema. Hago esta reflexión después de conocer que el Tribunal Supremo no considera el Libro de Familia como documento público que acredite la convivencia de una pareja. A este rebuscado y peregrino argumento se agarra la sala del alto tribunal para denegar la pensión de viudedad a una mujer. Uno se queda de piedra cuando se recurre a argucias y vericuetos para negar la evidencia. La normativa vigente acompaña al sentido común. Las familias no responden ya al esquema clásico de hombre y mujer unidos en matrimonio para toda la vida, el abanico de posibilidades es amplio. A raíz de este fallo, que sienta jurisprudencia, uno se puede preguntar qué validez tienen entonces los documentos que emiten los registros civiles. Estoy convencido que, desde un punto de vista técnico, la sentencia del Supremo es intachable, pero la justicia no puede tener tapados los ojos a una realidad palpable y notoria: once años de cohabitación acreditada con un documento oficial.

A la Iglesia le falta autocrítica

Nos cuesta demasiado la autocrítica. Buscamos siempre un culpable o una excusa fútil para no asumir nuestra responsabilidad, una reacción lógica de la naturaleza humana por mucha sotana, bonete o púrpura con la que nos adornemos. La Iglesia católica pierde cada día más afectos, se lo gana a pulso por su inmovilismo e incapacidad para hacer un humilde ejercicio de contrición, asumir su penitencia y rectificar de postulados infumables en los tiempos que corren. Se desangra sin que sus teóricamente lúcidos popes sean capaces de practicar un torniquete de urgencia ante esa pérdida de feligresía. Es tanta la soberbia y la prepotencia que se encastillan en sus posiciones obsoletas, se parapetan en explicaciones absurdas, se enrocan en digresiones chuscas.

En este mapa general de la Iglesia de Roma, el caso español adquiere ribetes esperpénticos. En el año 2010, las bodas civiles casi han duplicado a las religiosas: 49.000 frente a 26.000. La Conferencia Episcopal, en lugar de analizar las razones que sustentan ese vuelco en el comportamiento de la sociedad española, se ha tirado por los cerros de Úbeda, con justificaciones peregrinas y, si me apuran, insultantes contra aquellos que han optado por los juzgados o los ayuntamientos para contraer matrimonio. El portavoz de la cúpula eclesial, monseñor Martínez Camino, equipara el compromiso que acarrea la unión civil con un contrato de telefonía móvil. Sus coléricas palabras no admiten ninguna duda:

El matrimonio religioso es uno y para toda la vida, y además es el formado por un hombre y una mujer, y no por otro tipo de uniones. En cambio, el matrimonio civil se puede repetir hasta cuatro veces al año. […] Cada tres meses ese contrato se puede disolver de manera unilateral sin aducir razón alguna. El matrimonio civil es un contrato más leve que el hecho de contratar un servicio de telefonía móvil, que a uno le resulta mucho más difícil de rescindir“. (Corte de audio de la Cadena Ser)

Además de esta ristra de sandeces, el prelado apuntó al causante de esta pandemia que azota a la Iglesia. Y cómo no, su dedo acusador ha señalado al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, instigador de “políticas hostiles contra la familia y la vida“. Ya tenemos la coartada perfecta para endosar el fracaso a un tercero que pasaba por allí. No me imaginaba al presidente conspirando desde la Moncloa que la gente no pase por la vicaría. Dice el refranero: errar es humano, pero echarle la culpa al otro es más humano todavía. Por muy divino o aspirante a la gloria que sea el que cometa el yerro.

Familias

Todos los años la cúpula católica española nos da la misma monserga con su visión reduccionista de la familia. En esta edición, el cardenal Rouco Varela ha anunciado el Apocalipsis, ha lamentado las horas dramáticas que viven las familias cristianas y las animado a salvar a Europa de la supuesta crisis de valores que vislumbra la miope óptica vaticana. El discurso del purpurado me ha recordado a la película 2012, que han pasado este fin de semana en Canal+. Sólo le ha faltado pedir la construcción de arcas de Noé para sobrevivir al cataclismo venidero.

La familia no está en crisis, muy a su pesar. Lo que ocurre es que la Iglesia no ha evolucionado, se ha estancado en su visión inmovilista. En España nos encontramos  familias plurales basadas en valores de igualdad y de libertad de cada uno de sus miembros. ¿Y si los demás respetamos a las familias cristianas, por qué no se respetan desde sus posiciones fanáticas otras formas de convivencia familiar? ¿Por que nos intentan imponer su moral? Si se ha superado el modelo tradicional, obedece indudablemente a la transformación que se ha producido en el país durante los últimos años, fundamentalmente por el papel que desempeñan las mujeres. La jerarquía eclesiástica española no comprende bien esta evolución y las mujeres hoy reclaman en el seno de la familia un plano de igualdad y no de sumisión y discriminación.

La cúpula católica, en el fondo, no acaba de aceptar nuevas fórmulas por su profunda misoginia. ¿Qué rol juega la mujer en la Iglesia? El de gregaria o subalterna. Ya lo vimos durante la reciente visita del Papa a Barcelona: los cardenales y próceres sentados y las monjas limpiando el altar. Es triste que los obispos no vayan al mismo ritmo que la mayoría de la ciudadanía y se nieguen a tolerar nuevos modelos de familia sin necesidad de colocar etiquetas discriminatorias.

Plan Esfuerza

A nadie le queda duda de la apuesta del presidente de la Junta, Pepe Griñán, por la educación. Desde que llegó al cargo hace poco más de un año ha situado la formación toda su extensión en la primera línea de la acción política de la Administración andaluza. Griñán ha lanzado el Plan Esfuerza, un proyecto con cinco ejes de trabajo que se concretan en ochenta medidas a desarrollar hasta 2012:

  • Mejorar los logros educativos del alumnado.
  • Conseguir un mayor respaldo y reconocimiento a la labor del profesorado.
  • Impulsar el apoyo y la participación de las familias.
  • Contribuir al cambio hacia la economía sostenible.
  • Implicar a la sociedad en los desafíos educativos.

El objeto de la iniciativa, por consiguiente, es conseguir un compromiso del conjunto de la sociedad para mejorar el sistema educativo, el rendimiento del alumnado, disminuir las tasas de fracaso o abandono escolar y garantizar la igualdad de oportunidades. El presidente andaluz considera prioritario combatir el desencanto y el derrotismo que rodean las críticas contra el sistema educativo con una importante movilización social.

Queda por delante mucho trabajo, pero con el concurso y la complicidad de todos los sectores implicados (profesorado, estudiantes, familias y administración) está al alcance la consecución de los objetivos marcados. Para ello, se precisa crear un clima de convivencia que facilite la enseñanza y el aprendizaje. No estamos ante ninguna utopía. Si queremos y nos empeñamos, podemos.

(Discurso del presidente de la Junta en la presentación del Plan Esfuerza)

Veda al nudismo

La ciudad de Cádiz tiene al menos cinco kilómetros de playa muy accesible para los bañistas y enamorados del mar. Una costa encantadora y diligentemente cuidada, limpia, atractiva… De esa enorme franja, un espacio de apenas quinientos metros muy alejado del casco urbano, a partir de la famosa Venta del Chato en dirección San Fernando, era frecuentado por ciudadanos que solían aprovechar las dunas para tomar el sol como les daba la gana, sin molestar a nadie. Es una zona de escasa ocupación por parte del público dominguero, no atrae a grandes masas ni siquiera en los días punteros. Hete aquí que el Ayuntamiento de Cádiz ha tenido un arrebato de puritanismo y ha prohibido la práctica del nudismo so multa de 750 euros. No entiendo ese recorte de libertades, esa involución a pensamientos de otras épocas más pacatas y recatadas, supone la vuelta a la moral estrecha y a enarbolar la bandera de la mojigatería. La excusa municipal no tiene fundamento: apelar a la presencia de familias falta a la verdad (se está convirtiendo en un tópico recurrente en el discurso conservador). Es una zona de poco tránsito y además los usuarios naturistas no hacían ostentación ni exhibicionismo. Simplemente supone un paso atrás muy en la línea del pensamiento neocon que se intenta imponer desde púlpitos de la derecha política, económica y religiosa.

Noticia de El País: Teófila no quiere ver desnudos.