Grecia en Europa

Cualquier ciudadano griego, alemán o español votaría no a un recorte de las pensiones o a una subida de impuestos. Y con más fuerza aún después de siete años de crisis que nos han hecho perder derechos y cotas de bienestar como consecuencia de las políticas crueles del austericidio que patrocina la derecha. Por eso, en el ordenamiento de la mayoría de los países democráticos se prohíben referendos sobre este tipo de materia. La respuesta está cantada. ¿Alguien esperaba otro resultado? No, salvo Mariano Rajoy, que desconoce el malestar que hay a ras de suelo allí y aquí. El pueblo griego ha dicho un no rotundo a seguir asumiendo nuevos sacrificios. Muy humano. Nadie quiere más sufrimiento. Los griegos se merecen una recuperación justa, al igual que defendemos para nosotros en España. Que los que más han sufrido en esta crisis puedan tener la esperanza de que, a pesar del esfuerzo, queremos construir un futuro con más justicia social y menos desigualdad.

La manifestación democrática del pueblo griego me merece todo el respeto. Sin embargo, hoy tanto los que votaron ‘no’ como los que optaron por el ‘sí’ tienen los mismos problemas que antes de la consulta. Si acuden a un cajero, conseguirán con dificultad retirar un máximo de 60 euros y el país heleno sigue teniendo un serio problema de liquidez que puede producir un colapso financiero si no se produce un acuerdo. Lo que cualquier ciudadano reclama son políticos que aporten soluciones, no que miren a otro lado, que difieran la toma de decisiones o actúen sin empatía. Tenemos que reivindicar la utilidad de la política como instrumento transformador de la sociedad. En este sentido, es necesario mucho diálogo y la rectificación de posturas maximalistas sostenidas en las últimas jornadas que sólo alejan un eventual acuerdo. Se requiere sensibilidad de las instituciones europeas y responsabilidad por parte del Gobierno griego. Ése es el único camino que podrá permitir hacer realidad el deseo unánime de que Grecia siga en el euro y una grave crisis institucional en la Unión Europea.

Chipre: la mano en la cartera

Al calor del ominoso rescate de Chipre, no voy a incurrir en el mismo error del Partido Popular cuando estaba en la oposición de lanzar la piedra y esconder la mano, de que España no es Grecia (ni Irlanda, ni Portugal) pero… Ni peros ni dudas. Quizá en aquellos momentos turbulentos se habría necesitado una derecha más patriota y menos interesada en su particular cálculo electoral.

Como ciudadanos nos ha de preocupar el hecho en sí mismo: cómo se ha gestado un rescate al que van a tener que contribuir los ciudadanos directamente con una parte de sus ahorros. Algo hasta ahora tabú. Les van a meter la mano en la cartera (nunca mejor traída la expresión coloquial) saltándose a la torera la legislación comunitaria. Ni siquiera se respeta a los pequeños y medianos ahorradores, los que tienen menos de 100.000 euros de depósitos, como se recoge en los tratados de la Unión. El prestigioso economista José Carlos Díez habla de “aberración económica” y, aun a riesgo de errar, hablaría también de aberración democrática y social. Máxime cuando el presidente chipriota denuncia que ha aceptado el trágala ante el chantaje del Eurogrupo de dejar caer a este pequeño país mediterráneo. Incluso los que marcan el ritmo en esta UE cada vez más alejada de la Europa de los ciudadanos, Merkel y el FMI, exigían medidas más duras.

La decisión ha caído como una bomba entre la población chipriota y su Parlamento es un hervidero al no contar el gobierno recién salido de las urnas con una mayoría suficiente para convalidar este castigo impuesto desde fuera. Chipre es un peldaño más en la escalada de la injusticia social y de la cesión de soberanía sin mecanismos democráticos de control y contrapeso en Europa. La indignación popular y la pésima acogida por los mercados apuntando a otra nueva crisis del euro han obligado a renegociar el rescate y suavizar el castigo para los pequeños y medianos ahorradores. Ni así tiene un pase.

Viñeta.Forges en El País.

Un gesto del BCE

La terapia recomendada en la viñeta de Forges ha dado sus frutos. Tanto le han pitado los oídos al presidente del Banco Central Europeo (BCE) que ha aparcado su tradicional autismo, ha dejado de actuar como una esfinge y se ha dignado tomar cartas en la crisis de la zona euro, ahora centrada en España e Italia. Meses y meses pidiendo una respuesta del BCE frente al ataque de los especuladores y no movía un solo músculo. Hoy, Mario Dragui ha alzado un poco la voz (“El BCE hará lo necesario para sostener el euro“) y las fieras insaciables de los mercados han suavizado el cerco. Sus palabras han dado un mínimo respiro a la prima de riesgo y al bono a diez años y ha permitido un festín en la bolsa. ¿A ver hasta cuándo dura tan esperados propósitos de enmienda? Han tenido que aparecer en este desalentador escenario las agencias de calificación amenazando a la deuda Alemania y el BCE sale al rescate del euro. ¿Causa efecto? Esperemos que esta estelar irrupción del regulador de la Eurozona no sea demasiado tardía y que el daño ya sea irreversible.

Como la alegría en la casa del pobre

¡Qué poco dura la alegría en la casa del pobre! Estábamos festejando (unos más que otros) el buen resultado de la subasta de bonos y apenas veinticuatro horas después una agencia de calificación, uno de los instrumentos preferidos por el poder económico para meternos miedo, nos ha aguado la fiesta. España colocó el jueves 10.000 millones de euros en bonos a un tipo sustancialmente más favorable de lo esperado en comparación con anteriores subastas celebradas en el vórtice de la crisis de la deuda soberana. Sin embargo, no todo es tan idílico. Las entidades financieras reciben dinero del Banco Central Europeo a un 1% y lo destinan a la adquisición de deuda pública a un interés muy superior (en este último caso, el 3,75%). En román paladino, le prestamos y con esas cantidades se ponen las botas a nuestra costa. En lugar de dedicar esos recursos a reactivar la economía y a hacer fluir el crédito entre las empresas y las familias, se dedican a hacer negocio y a reírse de nosotros. No están robando por la cara. Se les llama ahora eufemísticamente especuladores y son ladrones de cuello blanco. España consiguió 10.000 millones en liquidez, el doble de la cantidad inicialmente prevista, pero el sistema es perverso y nos obliga a pasar por la gatera.

Como todo es relativo y un mes atrás el tipo estaba mucho más alto, estábamos descorchando champán por el éxito de la subasta. Y llegó Standard & Poor’s y mandó parar. Esta agencia de rating ha asestado un severo golpe a la zona euro, empezando por Francia o Austria, siguiendo por España e Italia y terminando por Portugal y Eslovaquia. A nueve países de la Eurozona se les rebaja la calificación de su deuda. ¿Qué quiere decir esto? Que estos países tendrán que pagar más intereses por sus bonos u obligaciones en el futuro ante el mayor riesgo que implica su adquisición. Se antoja una respuesta orquestada por los insaciables mercados viendo que los intereses estaban cayendo. No quieren que se les acabe el chollo de conseguir duros a real. Cuánta más incertidumbre sobre la solvencia de los países, más ganancias en aguas revueltas para estos cacos de altos vuelos.

A España nos han hecho retroceder dos escalones en la nota crediticia y nos lanzan una amenaza sin ambages. S&P plantea a España un nuevo castigo si no se aprueba pronto la reforma laboral, si no hay medidas adicionales para reducir el déficit o si el sector financiero necesita más ayudas de capital por parte del sector público (el ministro de Economía ya planteó una ayuda adicional de 50.000 millones de euros). No andan sobradas de credibilidad tampoco las agencias de calificación pero este aviso puede animar al Gobierno de Rajoy a tomar medidas que están muy en sintonía con su programa neoliberal. El Partido Popular está aguardando a las elecciones autonómicas de Andalucía para tomar decisiones de este calibre para evitar fuga de votos. Tal vez este empellón anticipe el baile. Estará pensando Rajoy: “No me toques las palmas que me conozco”. Pues eso.

Viñeta.– Los calvitos.

En manos de Merkel

El futuro de Grecia está las manos de Ángela Merkel. La canciller alemana se ve hoy con el presidente francés, Nicolás Sarkozy, para buscar una salida al recrudecimiento de la crisis griega, un agravamiento de la salud financiera de este país que puede arrastrar a algunos vecinos y dinamitar la estabilidad de la zona euro. Alemania y Francia, las dos locomotoras de la Unión Europea, no se ponen de acuerdo en la solución. Si Merkel no cede en la liberación de nuevas ayudas públicas de miles de millones de euros, el crack está cantado. Grecia está asfixiada por la herencia recibida del gobierno conservador y por los recortes impuestos desde los organismos internacionales. Los ciudadanos helenos no parecen dispuestos a admitir más ajustes a los ya impuestos (reducción de salarios y pensiones, despidos de funcionarios y recorte de 30.000 millones de euros de gasto público en tres años). Ahora se le quiere dar una vuelta de tuerca más si quiere recibir un segundo rescate. Ya van tres huelgas generales y los ánimos están algo más que crispados. Merkel, preocupada por su futuro electoral, no quiere ceder para no empeorar sus expectativas. Las hormigas alemanas no quieren asumir nuevos riesgos y sacrificios por culpa de las cigarras mediterráneas. El peso de la opinión pública germana maniata a la canciller. Este partido crucial se juega en Berlín, pero es como si disputara en la puerta de nuestra casa. Un eventual rebote nos afectaría… y mucho.

PD.– El editorial de El País Para salvar al euro da todas las pistas para entender la importancia de rescatar a Grecia cuanto antes.

Respiros

En este marasmo de la crisis que nos azota sin compasión desde hace tres años comienzan a surgir algunas noticias que nos hacen albergar algunas esperanzas. Se mueve algo el mercado laboral (el mes de mayo fue un alivio), Ford deja una derrama inversora cuantiosa en Valencia, el sector aeroespacial andaluz cerró 2010 con un aumento de las ventas del 26% y creando más de mil empleos… Son noticias de aquí y de allí que confirman cierta recuperación y que nos sacan del susto permanente al que nos tienen sometidos los mercados, es decir, los poderosos de siempre que están aprovechando esta honda recesión económica para incrementar aún más sus saldos bancarios. Esta crisis ha quebrado expectativas, ha podado las clases medias aumentado las diferencias entre la minoría opulenta y la mayoría social con menos recursos y dibuja un horizonte donde por primera vez la generación de nuestros hijos vivirá peor que la nuestra. Ante este panorama no muy halagüeño, que algunos días nos lleguen informaciones positivas supone un respiro impresionante. Estas treguas nos ayudan a aguantar los continuos tirones que tienen de nuevo en vilo a la zona euro y a Grecia de nuevo al borde del precipicio.

Cría cuervos

Cayó la segunda pieza del dominó europeo. Primero fue Grecia. Irlanda, uno de los países que ciertos doctrinarios de la economía califican despectivamente como PIGS, se ha tenido que agarrar al rescate ofrecido por la Unión Europea para frenar los ataques especuladores. Más de 80.000 millones de euros de inyección económica y el compromiso de un ajuste severo de otros 15.000 millones para sacudirse la presión de los mercados. Curiosamente, Irlanda, un paraíso neoliberal de rebajas de impuestos y boom inmobiliario, ha sido devorada como Saturno por sus propios hijos. Los bancos a los que salvó el Gobierno conservador con poderosas aportaciones de dinero público son los que ahora arrastran al país al borde del precipicio. Si en el origen de esta profunda crisis está en la mala gestión de las entidades financieras, con las hipotecas basura y los altísimos riesgos inmobiliarios, supone una tremenda paradoja que estos pájaros se revuelvan contra la mano que le ha dado de comer. Cría cuervos. Cobrada la pieza irlandesa, ahora afilan sus garras observando a Portugal. Van a por el euro.

Otra derivada del fiasco económico de Irlanda es la demostración del escaso tino que tiene Mariano Rajoy. Donde pone el ojo no suele poner la bala. Cada vez que habla de un gobierno modelo, éste se derrumba como un castillo de naipes. Se fijó primero en Baleares y la gestión del popular Jaume Matas ha dejado tras de sí un reguero de escándalos y supuesto mangoneo de dinero público. Cambio de tercio y puso su mirada en Valencia, pero hete aquí que Francisco Camps y sus amigos del alma lo han obligado a recular para no pisar charcos putrefactos, las secuelas del caso Gürtel lo han animado en poner los pies en polvorosa. Ahora también intentará pasar de puntillas por sus elogios al tigre celta y con mucho disimulo se comerá sus palabras sobre las maravillas y milagros de este vecino europeo. Para Rajoy, Irlanda y sus recetas neoliberales apuntaban el camino a seguir. El jefe de la oposición tiene ojo de mal cubero. Sus modelos son muy poco modélicos, muy poco ejemplares.

La culpa siempre de Zapatero

Jornada de viernes de turbulencias e incertidumbre en los mercados financieros. Hungría sigue la estela de Grecia y se mete de lleno en el ojo del huracán. Los nuevos mandatarios magiares acusan a sus antecesores de haber falseado los datos sobre el déficit público de su país. Una episodio que atiza el fuego de la  desestabilización de las economías de la vieja Europa, aunque Budapest no esté en la zona euro. Al sobresalto húngaro se unió un comportamiento peor de lo esperado del empleo en Estados Unidos. La conjunción de estas dos noticias provocó una jornada de pérdidas de todas las bolsas, incluida la española. Un pequeño estornudo desencadena una pulmonía en la maltrecha salud de las finanzas globales.

En la clave aldeana de la prensa española, todo se le imputa al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Que naufraga Hungría, se mira a la Moncloa. Que Wall Street arrastra a pérdidas a todos los parqués europeos o se devalúa el euro, se achaca a la gestión del Ejecutivo socialista. Que cae la liquidez del mercado interbancario, es fruto de la ineficacia de Zapatero. Que en Reino Unido estudian despedir a 300.000 funcionarios o en Francia se revisa el sistema de pensiones, responde al mal hacer del presidente español. Siempre es bueno que haya niños para buscar responsables.

Para algunos medios, como ABC, la culpa del desorden financiero global es de Zapatero. Después de lo ocurrido en la jornada de ayer, con Hungría como protagonista, se puede leer un editorial en el periódico de pequeño formato, con el título La mayor prima de riesgo, que señala con su dedo acusador al jefe del Ejecutivo español y se dibuja un “panorama sombrío” y negros augurios sobre una España con “una economía subsidiada y tutelada por nuestros socios europeos“. Cada cual tiene su cuota de responsabilidad en estos momentos de crisis, ni más ni menos. Pero que quede claro que Zapatero fue el que mató a Manolete.

El Gobierno de España, igual que todos los países de nuestro entorno, ha tomado medidas, la mayoría de ellas concertadas con nuestros socios de la UE o con el G-20, que han tenido éxito o no han supuesto más que un simple placebo para una economía internacional, y también patria, en dificultad. En estos momentos que hace falta generar confianza en los mercados y tranquilizar a la ciudadanía, algunos practican el deporte de dar palos al avispero a ver si todo se viene abajo y se anticipan las elecciones. Curiosamente, estos ventajistas de aguas revueltas se envuelven siempre en la bandera rojigualda, aunque ahora no les importa pisotearla en pro de sus beneficios particulares.

El ajuste duro que viene (III)

El paquete de medidas de recorte del déficit público genera división de opiniones en España. Desde fuera, Obama destaca la actuación valiente y audaz de la administración española. En casa, los sindicatos rompen con el Gobierno, escenifican su enfado y anuncian movilizaciones, la primera una huelga de los trabajadores del sector público convocada por UGT para el 2 de junio, una cita a la que se sumarán las restantes centrales sindicales. En cambio, la patronal, tanto CEOE como CEPYME, aplauden las propuestas del Ejecutivo y sólo manifiestan una queja muy tenue por la reducción de la inversión pública. Las circunstancias generan un cambio de pareja de baile: la política de ajuste produce el alejamiento de Moncloa de UGT y CCOO, los compañeros de viaje del presidente Zapatero en esta travesía de crisis económica que ya se extiende durante dos años.

España no es la única que saca las tijeras, no es un caso aislado. Portugal sube impuestos y recorta prestaciones, el flamante gobierno británico reduce sus salarios un 5% y anuncia más acciones contundentes, en las poderosas Alemania y Francia ya esperan al tío Paco con las rebajas. No es consuelo de tontos, pero llueven chuzos de punta en la vieja Europa. Los socios de la UE se han conjurado en la contención del gasto público para proteger la moneda única de los especuladores, o lo que viene a ser lo mismo, salvaguardar nuestras economías y nuestro estado del bienestar. Cuando las barbas de tu vecino griego veas rapar…