40 años de progreso

Celebramos el cuadragésimo aniversario del instrumento que ha permitido la mayor etapa de estabilidad, libertad y progreso de España en nuestra historia. Nuestra Constitución cumple cuatro décadas, un tiempo en el que ha cambiado radicalmente la faz de este país. Defendamos lo que ha representado y cerremos filas antes los que amenazan su vigencia. Puede necesitar mejoras, retoques para su actualización, pero su esencia y sus valores siguen estando muy vivos. Felicidades a todos l@s español@s y a todos los demócratas.

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Nueva etapa

Estamos de enhorabuena. La democracia ha puesto punto y final a la etapa Rajoy, seis años y medio de gobierno de la derecha caracterizado por recortes, desigualdad e involución en derechos y libertades. El instrumento empleado es legítimo, constitucional y democrático, recogido en artículo 113 de nuestra carta magna. La moción de censura era inevitable y un deber ético tras la sentencia contundente del caso Gürtel. La falta de grandeza de Rajoy al no asumir responsabilidades políticas por el durísimo varapalo judicial precipitó esta salida de higiene democrática. El ya ex presidente podía haberse sometido a una moción de confianza, o convocar elecciones anticipadas o simplemente dimitir. Pero no, no hizo nada. Rajoy volvió a hacer de Rajoy. Todo un monumento a la parálisis. Su miopía política ha puesto de acuerdo a una amplísima mayoría de sensibilidades y ha favorecido que prospere una moción de censura por primera vez en la historia de nuestra democracia. Los aspavientos y los gritos hiperbólicos del PP no pueden ocultar su gran fracaso. No han estado a la altura de lo que demandaba este país.

Como socialista, me alegro del cambio en la Moncloa y de la llegada de Pedro Sánchez a la presidencia. Y frente al apocalipsis anunciado por la derecha, la reacción de la Bolsa ha sido al alza. La llegada de la izquierda al Consejo de Ministros no afecta a la estabilidad económica de España. Era de perogrullo, pero la respuesta de los mercados acalla esas voces tremendistas del espectro conservador. Este país necesita un cambio de rumbo progresista y más diálogo, una acción política honesta que regenere la vida pública y que piense en la inmensa mayoría, que haga posible que la recuperación alcance a las familias y no sólo se quede en datos macroeconómicos, una acción política que devuelva derechos arrebatados y que trabaje por la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, que resuelva de una vez por todas la insuficiente financiación de las comunidades autónomas para garantizar el buen funcionamiento de los servicios públicos fundamentales… Sánchez tiene ante sí un gran reto. Mucha suerte y acierto.

Foto.El País.

Brecha salarial

A Rajoy no le importará pero a mucha gente sí, incluyendo a este que suscribe. Escuchar al presidente despachar de forma tan insensible y displicente  la sangrante brecha salarial existente entre hombres y mujeres produce vergüenza ajena. Horas después, balbuceó una insuficiente e ininteligible matización. Intentó sin éxito corregir el patinazo previo sin convicción, de boquilla, se le notó demasiado la incomodidad ante este asunto. Esta semana hemos visto cómo el PP se ha quedado solo en el debate del Congreso de los Diputados para eliminar la diferencia de trato salarial en España por razón de sexo… No se lo creen, no lo tienen interiorizado, siempre les acaba aflorando la concepción machista de la vida por muchos aspavientos y gritos que diera Celia Villalobos en la tribuna de oradores. Hago esta reflexión en el Día Internacional por la Igualdad Salarial. En España, según los datos que manejan los sindicatos, la brecha entre hombres y mujeres alcanza el 23%. Seguramente, la realidad sea peor y el diferencial sea incluso mayor. Por tanto, hay que dar pasos legislativos para erradicar la discriminación laboral y acciones de sensibilización para que exista un clamor social para poner fin a este dislate. Nuestro reto es la igualdad real en todos los ámbitos. No más demoras, no más excusas.

Foto para un contexto cambiante

Ha salido el barómetro sel CIS de enero y nos ha dado la primera foto demoscópica tras el proceso electoral catalán del 21 de diciembre. Hay que digerirlo con la cautela de que estamos ante un instrumento falible, de que vivimos una coyuntura política muy cambiante y de que no se atisban elecciones anticipadas (si Rajoy agota la legislatura, queda partido hasta junio de 2020). El titular mediático más relevante es el ascenso de Ciudadanos al tercer lugar, desplazando a Podemos. Pero en un análisis desde una perspectiva progresista, lo preocupante es que la derecha supera a la izquierda con cierta holgura y, de confirmarse esta tendencia, la suma de Partido Popular y Ciudadanos podría rondar la mayoría absoluta. La estimación de voto, la conocida ‘cocina’, da la victoria al PP, con un 26,3%, seguido del PSOE (23,1%), Ciudadanos (20,5%) y Podemos más confluencias (19%). Si se observa la intención directa de voto, los socialistas aparecen en primera posición. Igual ocurre si al apoyo electoral manifestado de forma espontánea se le suma la simpatía hacia los partidos. En este estudio del CIS no aprueba ningún político y la peor nota la recibe Pablo Iglesias: un escuálido 2,54. Su popularidad caído en picado por su soberbia y su discurso errático, especialmente ante el conflicto catalán.

En clave andaluza, el claro ganador de unas elecciones en esta comunidad sería el PSOE,  a mucha distancia de las otras tres fuerzas nacionales. Los socialistas ganarían en siete de las ocho provincias y sólo en Almería lo adelantaría el PP por estrecho margen. Haciendo una extrapolación a escaños, el PSOE alcanzaría los 22 frente a 17 de la franquicia de Rajoy. Y Ciudadanos desbancaría a Podemos en el tercer lugar: 11 escaños naranjas por 10 morados. Esta lectura de urgencia permite concluir que Andalucía sigue confiando en  los socialistas. Y si los comicios fueran autonómicos, la distancia a favor del PSOE sería mucho mayor aún.

Buen cierre

Que baje el paro siempre es una buena noticia y que Andalucía sea la que más tira del carro en España reconforta y, al mismo, que destroza el discurso tremendista del Partido Popular. Estos buenos datos, que ahora desgranaré, no se pueden tomar con triunfalismo porque aún hay mucha gente en el desempleo. Dicho esto es justo resaltar que durante el año pasado uno de cada cinco parados menos en nuestro país es andaluz. En esta comunidad se ha reducido el paro en 57.713 personas a lo largo de 2017, un 20% del total nacional, que ha alcanzado los 290.193. En diciembre la disminución en Andalucía (26.378) representa el 42% del descenso en el conjunto de España. En los últimos cinco años son 258.465 los andaluces que han salido del desempleo. Andalucía también está a la cabeza de la creación de empleo. En doce meses Andalucía gana 100.201 nuevos afiliados a la Seguridad Social, un 3,44% más. Es la tercera comunidad en crecimiento de afiliación. Aportamos uno de cada seis nuevos afiliados de España. Cifras esperanzadoras que suponen un acicate para seguir reduciendo las listas de desocupados y que sigan creciendo las oportunidades de encontrar un puesto de trabajo. Ni un minuto que perder.

Lectura agridulce

Los resultados de las elecciones catalanas de ayer nos han dejado un sabor agridulce. Te queda una grata sensación con la elevada participación (un 82%) en una jornada presidida normalidad democrática y, sobre todo, con el crecimiento de los votos de los que apoyan la convivencia y el camino compartido dentro de España. Las urnas han hablado y la diferencia se incrementa respecto a 2015: hay muchos más catalanes, la nada despreciable cifra de 150.000 de diferencia, que han apostado opciones políticas que no apoyan al independentismo ni la ruptura unilateral. Crece el número de ciudadanos que se posicionan contra la locura secesionista.

La cara amarga del resultado electoral es que una sesgada ley electoral catalana permitirá que los separatistas tengan mayoría de escaños en el Parlamento. Se sabía que ese marco normativo, que prima el voto de las circunscripciones menos pobladas, jugaba a favor de las candidaturas independentistas. Al ganador, Ciudadanos, cada escaño le ha costado 29.786 votos, mientras que al segundo, Junts per Catalunya (JxC), la antigua Convergència, tan sólo 27.665, esto es, 2.121 menos que a la formación naranja. Y su derrota en números absolutos no les impedirá formar gobierno y seguir en las andadas. Nos espera más confrontación y más desafío unilateral. Al menos eso se deduce de sus primeras valoraciones de unos comicios en los que han reducido de forma sensible su fuerza electoral. Este frenesí separatista, sin duda, se traducirá en inestabilidad y freno a la recuperación económica para Cataluña y España.

Foto.RTVE.