Piojos

De la extrema derecha se puede esperar muy poco. Su carta de presentación es la represión, la provocación y la persecución de las libertades y las ideas discrepantes. Su relación con la democracia es como la del agua y el aceite. También demuestran los ultras sus ínfulas de superioridad y un nulo conocimiento de nuestra historia. Antes de la democracia, el tiempo en que la izquierda ha estado al frente de España se circunscribe fundamentalmente a la II República y en este breve periodo histórico hubo gobiernos de derechas. Por tanto, si en España ha habido piojos, en algunos periodos más de los deseados, la culpa no es de los rojos, sino de las derechas que tantos siglos han tenido secuestrado el poder y han castigado a la mayoría de la población a la pobreza y a la ausencia de esperanza en un futuro mejor.

Con la muerte del dictador y la llegada de la democracia, España ha contado con gobiernos de Felipe González que impulsaron la modernización y la convergencia con Europa; con los de José Luis Rodríguez Zapatero, que nos permitieron ganar en derechos y libertades, siendo referencia internacional, y ahora con el de Pedro Sánchez, que ha recuperado nuestro sitio en la Unión Europea, conquistas arrebatadas por la crisis y el ultraliberalismo y la decencia en las instituciones públicas y trabaja por la convivencia que el radicalismo de uno y otro signo trata de quebrar. Por tanto, aunque les pese a Vox y a sus socios de derechas, los rojos piojosos hemos prestado y estamos prestando un gran servicio a España y a los españoles.

Negar la evidencia

La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio. Esta máxima de Cicerón viene al caso de la contumacia de Ciudadanos de negar la evidencia de sus pactos con la extrema derecha en Andalucía y en otras latitudes de esta piel de toro que es España. Y no es sólo que hayan conseguidos mullidos sillones con el imprescindible apoyo de Vox, también han firmado en esta comunidad un acuerdo presupuestario para 2019 y 2020 con políticas regresivas en materia de igualdad y derechos. El documento lleva los logos y la rúbrica de las tres formaciones políticas y, por tanto, los naranjas son artífices de este contubernio. El delegado de zona de Cs y vicepresidente del Gobierno andaluz de las derechas, Juan Marín, niega una y otra vez esta realidad, con el mismo desahogo que se presenta como nuevo en política cuando lleva desde 1983 y ha pasado por cuatro partidos distintos, una trayectoria con más evoluciones que un pokémon. Tiene bemoles no darse por aludidos o mirar al tendido cuando lo enfrentan al espejo de las contradicciones de su idilio con los ultras. La inmensa mayoría de los ciudadanos, con minúscula, la gente, los han calado, no engañan a casi nadie. Distintas encuestas reflejan que un 64%, prácticamente dos de cada tres, afirma que el partido de Rivera ha pactado con el de Abascal. Al menos el Partido Popular no tiene arrobo en reconocer lo obvio. El silencio ominoso y cuando no la mentira descarada corrompen la verdad. Y Ciudadanos, un partido que dijo venir a regenerar y está degenerando a velocidad de la luz, debería dejarse de hipocresía.

Bandazos

Pablo Casado cree que la definición ideológica es algo tan simple o tan fácil de hacer como cambiarse de chaqueta. El viernes pasado seguía las directrices reaccionarias de Aznar e invitaba a Vox, a quien copiaba en tono y medidas, a formar parte de su gobierno. Apenas 48 horas después del monumental batacazo electoral del domingo, el líder del PP se autoproclama de centro y llama por primera vez ultraderecha a los de Abascal, con los que coqueteaba sin disimulo hace un cuarto de hora. Un nuevo bandazo y la opinión pública riéndose a carcajadas. Los giros políticos no se predican ni se consiguen como por ensalmo, se construyen con hechos a lo largo del tiempo. No es una cuestión táctica o de oportunismo, sino estratégica y de fondo.

Este volantazo visualiza la situación de extrema debilidad de un dirigente achicharrado en sólo nueve meses. Casado hoy es prisionero de sus palabras, sus pactos con Vox en Andalucía y la fatídica foto de Colón. Sólo empezará a ser creíble si rompen en Andalucía. Si en el PP quiere comenzar el enésimo viaje al centro, un trayecto que nunca culminan y siempre nos recuerda al día de la marmota, si quieren resultar mínimamente creíbles, que corten amarras de inmediato con la extrema derecha en Andalucía. Todo lo demás es mero postureo y una estratagema para frenar la hemorragia con vistas a las europeas, municipales y autonómicas en doce comunidades el 26 de mayo. Este truco está muy visto.

Foto.- El Periódico de Cataluña. Firma del pacto entre PP y Vox en Andalucía.

Resultado inapelable

Las elecciones generales de este domingo han deparado un rotundo triunfo del PSOE y una única opción para la presidencia del Gobierno de España: Pedro Sánchez. Los socialistas casi doblan a la segunda fuerza, un Partido Popular que se ha hundido con estrépito perdiendo la mitad de los apoyos que cosechó en 2016. Las urnas han dado una mayoría de izquierdas frente al tridente de las tres derechas, un amplio apoyo en favor de la moderación, el progreso y la convivencia frente a la radicalización, el retroceso y el frentismo.

El PSOE vuelve a ganar unas elecciones de ámbito general once años después y lo hace con notable diferencia sobre el resto, hasta el punto de que el mapa de España ha virado en menos de tres años del azul al rojo, con 123 escaños en el Congreso y mayoría absoluta en el Senado, una cámara esta última en la que dominaba el PP desde el siglo pasado. Se ha producido una fuerte movilización de la izquierda para evitar que ocurriera el pacto de la vergüenza de las derechas y la ultraderecha, las consecuencia del 2 de diciembre han sido un agente movilizador del voto progresista.

El pueblo español ha parado en seco a la derecha altanera y faltona. El PP sufre un serio varapalo y presenta los peores resultados desde su refundación en 1990 (16,7% y 66 escaños). Mantiene por décimas la segunda posición, con Ciudadanos pisándoles los talones a punto de darle el sorpasso, y la cabeza de Pablo Casado en el aire. Los naranjas mejoran su grupo en las Cortes pero quedan muy lejos del discurso triunfalista de su líder, Albert Rivera, que ha fracasado en su estrategia de aislar al PSOE con su monotema territorial y ya se postula fatuamente como el nuevo líder de la oposición.

La extrema derecha entra por primera vez en las Cortes desde que se instauró la democracia, con 24 escaños y más del 10% de los votos. Una presencia que asusta pero que está muy por debajo de las expectativas. Las exhibiciones de fuerza en sus mítines y sus campañas fake habían producido un espejismo electoral, un temor que finalmente no ha sido para tanto por la madurez de nuestro electorado. Hasta ahora, los ultras estaban camuflados en el PP y ahora tienen espacio propio. España ya ofrece una foto parlamentaria muy a la europea.

Dos apuntes más. Unidas Podemos se deja casi la mitad de los escaños, pasa a ser cuarta fuerza en España, pierde su grupo en el Senado y el liderazgo de Pablo Iglesias queda tocado. Aunque sin su presencia en la recta final de la campaña, muy especialmente por su gestión de los debates, el resultado final habría sido peor. El nacionalismo periférico ha salido reforzado por la radicalidad de las derechas: por primera vez el independentismo catalán gana unas generales en esta comunidad y PNV y Bildu refuerzan sus posiciones. El PP se queda sin representación en Euskadi y sólo tiene un escaño en Cataluña. A la derecha el tiro le ha salido por la culata.

Y Andalucía ha sido la comunidad que más ha aportado a la victoria socialista y de Pedro Sánchez. Más de un millón y medio de sufragios, 24 diputados y 24 senadores, triunfo en las ocho provincias y primera fuerza en 734 de los 786 municipios de esta comunidad. Cumpliendo con creces los objetivos comprometidos públicamente por Susana Díaz, que se ha volcado en esta campaña.

Unos resultados que además tienen una lectura en clave autonómica: Andalucía ha planteado en las urnas una moción de censura al actual gobierno regional tripartito de las derechas y la extrema derecha. El mensaje de la gente de esta tierra ha sido nítido contra este pacto de perdedores y de la vergüenza. El PSOE dobla en votos y en escaños al segundo y tercero: 24 representantes socialistas frente a 11 de Ciudadanos y 11 del PP.

Sin duda, el gran derrotado de estos comicios es el actual presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla. Acumula en cuatro meses los dos peores resultados del PP. Hasta tal punto que ha sido superado por Ciudadanos en Andalucía y es ya la tercera política. Con estos datos, el Ejecutivo andaluz no presenta el sentir de la mayoría y da muestras de debilidad e inestabilidad, sobre todo porque para aprobar cualquier medida depende de Vox. En menos de 100 días el electorado le ha dado un sonoro suspenso.

 

Trifachito

Me parece muy acertado este concepto que con tanto arte y puntería usa el tuitero Gerardo Tecé para denominar a la triple alianza de las derechas y la extrema derecha en Andalucía. PP, Ciudadanos y Vox forman el eje de la reacción y quieren exportar su entente cordiale a todos los rincones de España. Ya no queda ninguna duda tras sus primeras proclamas al calor del anuncio de generales el 28 de abril. A los ultras de Santiago Abascal y los populares cada vez más radicalizados de Pablo Casado les importa poco que los llamen de derechas. Es más, Casado está en una carrera para taponar la fuga de votos por flanco diestro y cada día se asemeja más a los extremistas.

En cambio, a la derechita acomplejada y cobarde, usando la terminología de Vox para referirse a los naranjas, sí les escuece y les incomoda. Comienzan la precampaña proclamándose como liberales, porque lo de centristas ya no se lo cree nadie, ni siquiera ellos. Rivera se ha retratado con una renuncia expresa a dialogar tras los comicios tanto con Pedro Sánchez como con el PSOE. Ha trazado un cordón sanitario preventivo. Este maximalismo electoralista (que ya usaron en Andalucía contra Susana Díaz) sólo deja como opción a Ciudadanos constituir el trifachito a escala nacional. Ha quedado muy claro del pie del que cojean: entre el PSOE y Vox prefieren a la ultraderecha. Así se explica de la foto de la Plaza Colón. Y como dice el refrán, dos (en este caso tres) que duermen en el mismo colchón se levantan de la misma condición.

Foto.- Europa Press.

La sartén y el mango

A estas alturas nadie duda de quién en la derecha tiene la sartén por el mango. Partido Popular y Ciudadanos saben que tienen que pagar peaje por el apoyo de Vox y que la extrema derecha es la que marca el son al que tienen que bailar. Al PP no le importa seguir el ritmo de los ultras, incluso se encuentra a gusto en el baile sin máscaras que proponen, y a Ciudadanos parece que todo le vale por el poder aunque sea a costa de sacrificar sus principios y su coherencia. Para Albert Rivera y los suyos unos sillones bien merecen el purgante de pactar con la ultraderecha traicionando sus valores y desairando a sus socios liberales europeos.

Vox le ha puesto una línea roja al eventual gobierno de perdedores de la derecha si quiere contar con sus votos para que eche a andar. Los de Santiago Abascal quieren erradicar lo que ellos llaman despectivamente ideología de género. Pero en realidad lo que plantean estos radicales es desmontar todos los avances en igualdad entre hombres y mujeres e imponer una visión retrógrada, patriarcal y misógina. Su modelo de sociedad concede un papel gregario a las mujeres, muy del tenor de la Sección Femenina y de los tiempos de la dictadura. La extrema derecha propugna derogar la ley de violencia de género y hacer un tótum revolútum sobre la violencia en el ámbito doméstico cargado de moralina y al grito de recuperar la familia tradicional. No tienen el más mínimo respeto por el más de un millar de mujeres asesinadas desde 2003 a manos de sus parejas o sus ex, una cifra muy superior en menos tiempo a otras estadísticas de fenómenos terroristas en España.

En el fondo de la reivindicación de Vox se percibe la aversión a la libertad y su vis netamente autoritaria. La ultraderecha siempre ha limitado o aniquilado las libertades haciendo pasar todo por el tamiz de su moral carpetovetónica. Todo lo que no entre en sus cánones morales será cercenado. Ora la lucha contra el terrorismo machista, ora la libre orientación sexual, ora la libre decisión de la mujer sobre su cuerpo, ora las políticas de integración social… Y por ese aro pasarán ufanos PP y Ciudadanos. Azules y naranjas hacen cómo que se resisten, pero al final acabarán hocicando. Vox los está friendo a fuego lento en la sartén y no se dan cuenta cegados por sus urgencias y sus fobias.

Su claudicación por la ambición de conseguir un gobierno a cualquier precio sólo servirá para alimentar a la bestia. Ya podemos ver hoy en una encuesta de Sigma Dos para El Mundo el auge de Vox jibarizando al PP en unas futuras elecciones generales. Entraría en el Congreso con 43-45 escaños y su 12,9% de votos es equivalente a la pérdida que sufre el PP. Si no hacen una seria reflexión, el partido que hoy dice liderar Casado será engullido por la extrema derecha. Al tiempo.