El gesto de Valls

Lo que ha hecho Manuel Valls no es habitual en la vida política. El ex primer ministro francés y concejal electo por Barcelona le ha ofrecido a Ada Colau sus votos para que siga al frente de la Alcaldía de la ciudad. Y lo hace gratis, sin pedir nada a cambio, sólo con la finalidad de impedir que el independentismo se haga con el bastón de mando municipal. Si inaudito es el gesto de Valls, no menos llamativa es la equidistancia de Colau y las reservas manifestadas por su gente de confianza a esta vía. La todavía alcaldesa prefiere un pacto imposible con ERC y PSC, imposible porque los socialistas no pactarán con los separatistas. Cuesta entender el purismo de En Comú Podem, la confluencia catalana vinculada a Podemos. No hay mejor forma de transformar y hacer avanzar a una sociedad que desde las instituciones, y más aún quitándole un instrumento político de tanta magnitud como el Ayuntamiento de Barcelona a ERC y Ernest Maragall, que lo pondrían al servicio del procés y no de los ciudadanos, como están haciendo desde la Generalitat. En este caso, las dudas de Colau y su partido ofenden.

Foto.- elnacional.cat.

Rufián

Cada vez que habla sube el pan… ¿Qué sería Gabriel Rufián sin sus insultos y su permanente actitud altanera? Posiblemente nada, sería uno más del montón, pasaría desapercibido para el gran público. Con sus exabruptos, sus improperios y sus gestos chulescos, el inefable diputado de ERC sólo busca provocar, abrirse un hueco en el ámbito mediático, arrimar el debate a lo superficial para no entrar en el fondo de los asuntos, donde ya no se encuentra tan cómodo. En lugar de sobresalir por sus argumentos y su rigor intelectual ha tomado el atajo del ataque personal y del lenguaje subido de tono. Es el papel que le ha tocado o ha elegido desempeñar. Y se entrega a tope, ya sea en la tribuna del Congreso de los Diputados, delante de los micrófonos de los medios de comunicación o a través de su cuenta de Twitter. No suele dejar títere con cabeza, emplea el golpe bajo y atiza las más bajas pasiones para llevar al adversario político al rincón donde mejor se desenvuelve. El mejor antídoto ante este tipo de especímenes es la indiferencia, no caer en su trampa, mantener la distancia para poder desplegar toda la fuerza de la razón, zafarse de los trucos dialécticos emocionales. En el tablero democrático no hay que buscar el jaque mate del adversario sino anteponer los elementos que nos unen y favorecen la convivencia. Ahí naufraga Rufián, político de piñón fijo que sólo tiene el registro del conflicto y que, desde luego, hace honor a su nombre.

Foto.El Periódico de Cataluña.

Sentencia para Artur Mas

La CUP ha decidido finalmente no apoyar la investidura de Artur Mas. Les ha llevado más de tres meses la toma de una decisión que ya habían verbalizado hasta la saciedad durante la campaña electoral. Con esta premisa se presentaron a las elecciones catalanas del 27 de septiembre y se reafirmaron en ella en los días posteriores. La postura de la formación anticapitalista era pública: el que presida no puede ser identificado ni con los recortes ni con la corrupción. Mas no tenía ninguna posibilidad de repetir al frente de la Generalitat con esta línea roja. Sin embargo, la CUP se metió en una engorrosa y bizantina negociación con Junts pel sí y condujo a sus bases por un laberíntico proceso asambleario con sospechas de manipulación en su resultado (¿quién se cree ese empate imposible a 1.515 votos?). Constituye un sano ejercicio la profundización en la democracia interna de los partidos, como también lo es cumplir lo que se promete cuando se pide el voto durante la campaña. Todo el proceso de diálogo carecía de sentido, salvo que en Junts pel sí se hubieran mostrado dispuestos a sacrificar al actual president en funciones, y de momento esa eventualidad ni siquiera se ha planteado.

El postrero y manoseado veredicto de la CUP supone la muerte política de Artur Mas. Éste había fiado todo su futuro político a seguir como cabeza de la Generalitat e iniciar el proceso de independencia (o de desconexión de España, como eufemísticamente lo bautizaron en la resolución aprobada por el Parlament). Si antes del 10 de enero su formación no cede a la petición de los anticapitalistas, se tendrán que repetir las elecciones autonómicas. El equilibrio de fuerzas dentro de Junts pel si ya no es el mismo. En los comicios generales del 20 de diciembre por primera vez desde 1978 ERC ha superado en las urnas al partido de Mas, Convergència, ahora rebautizada como Democracia i Llibertat. Sin duda, y dando por hecho de que continué la candidatura de concentración independentista, Artur Mas no tiene escasas posibilidades de repetir como candidato a la Presidencia. Por un lado, porque en caso de necesitar otra vez los votos de la CUP para la investidura estaríamos ante un nuevo bloqueo y, por otro, porque los socios no sólo demandarán un cambio de cartel sino una reconfiguración de la lista acorde al mapa político actual de Cataluña. Por tanto, alea jacta est.

Foto.Reuters. Oriol Junqueras (ERC), Antonio Baños (CUP) y Mas, en el Parlament.

Chantaje patriótico

Las cuentas no salen para la investidura de Mariano Rajoy. Sólo dispone en este momento de la sorprendente abstención anunciada por Ciudadanos. Albert Rivera se ha tenido que desdecir de todas sus palabras de campaña y apuntalar al ala derecho del bipartidismo que tanto había criticado. Ni aunque PNV y Coalición Canaria estuvieran dispuestos a cargar con esa cruz sería suficiente el gesto parlamentario. En la izquierda, PSOE, Podemos e IU ya han dejado claro un no rotundo a la continuidad del presidente y su formación política. Es de suponer que el independentismo catalán (ERC y la nueva marca de Convergencia, Democràcia i Llibertat) tampoco estén por la labor. A la vez que se ha consolidado el rechazo que cosechan Rajoy y el PP hemos empezado a escuchar llamamientos a la responsabilidad y peticiones de altura de miras. Mensajes cocinados en altas esferas para ablandar o condicionar las decisiones autónomas y democráticas de los partidos. Se sacará a relucir que el futuro de España está en juego en clave de chantaje emocional y patriótico. Toda la artillería apuntará hacia el PSOE para que se dirija altruistamente al altar del sacrificio político. Ya se ha abierto el fuego para debilitar las defensas de los principios socialistas con argumentos endebles y retórica solemne. Al coro se ha sumado Rivera, quién te ha visto y quién te ve, Albert, de emergente a efervescente. Los que piden un apoyo incondicional a Rajoy defienden otros intereses que para nada coinciden con los de nuestro país y, mucho menos, con los de la inmensa mayoría de los españoles. ¡Que no nos engañen!

Equidistancia

España vive en convulsión por el desafío del independentismo catalán. Es un conflicto que está monopolizando todo el debate político y que, al mismo tiempo, está clarificando posiciones. Por un lado, el conglomerado soberanista nucleado entre Junts pel sí (Convergencia, Esquerra Republicana y la Asamblea Nacional Catalana) y la CUP. Por otro, el bloque constitucionalista en el que se integran PSOE, PP, Ciudadanos y otros partidos minoritarios (UPyD y Unió, entre otros). En medio del tablero, en una inentendible equidistancia, se sitúa Podemos. La formación morada defiende el “derecho a decidir” de los catalanes, un planteamiento político que choca con nuestro ordenamiento jurídico. El partido de Pablo Iglesias se pone de perfil y pretende templar gaitas sin entrar en el fondo de la cuestión. ¿Por qué no recurre la propuesta de resolución donde se inicia el proceso de “desconexión” del Estado (menudo eufemismo) como han hecho socialistas, populares y C’s? ¿Por qué no alzan la voz contra la barbaridad de un proceso separador sin contar con mayoría social? ¿Por qué la mitad de los diputados de su grupo votaron a favor de la independentista Carme Forcadell como presidenta del Parlamento catalán? Es la hora de definir con nitidez si se está con la legalidad vigente o con la locura, si se está por fortalecer España o hacerles el juego a los secesionistas. Nos enfrentamos ante un escenario que exige respuestas claras y no juegos de palabras, ni ambigüedades. Quedan 45 días para las elecciones y Pablo Iglesias se tendrá que mojar si pretende coger peces.

Foto.La Vanguardia. Iglesias y Oriol Junqueras (ERC).

Un parapeto para Artur Mas

Hace unos días Artur Mas decía que era un “escándalo monumental” que el Parlamento de Andalucía no investigara el caso de los ERE. El presidente catalán daba muestras de un profundo desconocimiento: la Cámara autonómica albergó una comisión de investigación en 2012, cuyos trabajos se prolongaron durante cuatro meses. He recordado ese desliz de Mas al hilo de la negativa de CiU y ERC a que éste declare en la comisión que busca esclarecer el fraude fiscal confesado por Jordi Pujol. Este prócer que intenta dar lecciones se refugia, sin embargo, en la mayoría que suman su formación política y la de Oriol Junqueras para hacer mutis por ese foro.

El argumento del portavoz de ERC para vetar la asistencia del jefe del Ejecutivo no puede ser más inconsistente, casi naif. Oriol Amorós defendió su negativa “por lo que representa la figura del presidente“. Textual. Le concede el portavoz republicano una inviolabilidad como la que tenían los reyes medievales. Este argumento algo trasnochado carece de todo fundamento porque, entre otras razones, Artur Mas en la época que se investiga era tan conseller como otros que sí ha sido citados y mano derecha de Pujol. En cambio, tendrán que acudir al Parlamento catalán Felipe González y José María Aznar. Curioso modo de querer esclarecer los hechos por parte de la mayoría parlamentaria.

Y, por cierto, no estaría mal recordarle al molt honorable que en la comisión andaluza comparecieron tanto el presidente de la Junta en aquel momento, José Antonio Griñán, como su antecesor, Manuel Chaves. Que la memoria luego es muy débil… Podría tomar ejemplo.

Un acuerdo cada vez más lejano

Cada episodio que acontece, cada declaración, cada gesto nos sitúan más lejos del acuerdo en el conflicto catalán. El frente soberanista no deja de inventar atajos imposibles para sortear una legislación que les cierra la puerta a cualquier aventura independentista. Enfrente, el Gobierno de España hace cumplir la ley pero mantiene una posición inmovilista, el presidente Rajoy no ejerce su liderazgo y el problema cada día resulta más irresoluble. Artur Mas se ha embarcado en una singladura de autodestrucción, sus compañeros de viaje lo tienen secuestrado y ERC se frota las manos. En la Moncloa se confía en que por arte de magia la situación se encauce sola, en un ejercicio irresponsable de dontancredismo.

Y cuando pase el 9 de noviembre, ¿qué? La consulta está suspendida y el simulacro posterior seguirá el mismo camino. Ese triunfo jurídico no oculta una realidad de insatisfacción y un sentimiento de ruptura que han prendido en la sociedad catalana. El último estudio del Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat pone de manifiesto la fractura. Cataluña está partida en dos: un 49,4% votaría sí a la separación de España y un 48,5% dice no sentirse independentista. Existe un problema y algo hay que hacer. Ni dar un paso hacia el abismo, como se empecinan Mas y sus cuates estando al borde del precipicio, ni quedarse cruzados de brazos esperando a que escampe, como postulan Rajoy y el PP. Si no se abre una vía de diálogo desde el respeto a la ley y la igualdad de todos los españoles, el conflicto se enquistará y llegaremos a un punto de no retorno perjudicial para España y para Cataluña. Tanto monta.

Hasta el gorro del tópico

Ya está bien. Uno se harta de este sistemático bombardeo contra Andalucía, un pimpampum cargado de tópicos, prejuicios y mala baba. El último en disparar las baterías del estereotipo y el insulto ha sido el independentista catalán Joan Puigcercós, de ERC, al asegurar que “en Andalucía no paga [impuestos] ni Dios”. Esta agresión gratuita viene de boca de un representante de ese catalanismo celoso de sus señas de identidad y sus símbolos aunque en absoluto respetuoso con la imagen y la realidad de otros pueblos de este país común que es España.

Lo ha dicho el Gobierno de Andalucía a través de su consejera de Presidencia: esta argumentación falaz es tan fácil y tan injusta como el anticatanalismo. No incurriré en el error de atizar el enfrentamiento entre territorios ni tampoco en fomentar la catalanofobia. Es una gran metedura de pata de un tipo desesperado por ganar un titular y por recuperar los votos que se les escapan a borbotones a su partido.

Cuando el yerro recalcitrante se había colocado en la primera plana de la agenda mediática y la indignación crecía exponencialmente en la sociedad andaluza, colgaba en su blog, ya pasada medianoche, unas excusas insuficientes sobre la presión fiscal que soporta Cataluña (la misma que todos los territorios del Estado), aunque el daño ya estaba hecho. Muchos nacionalistas dan muestra de un profundo desconocimiento de la realidad de Andalucía y de falta de sensibilidad para reconocer el esfuerzo de esta tierra para engancharse al tren del progreso.

Laporta y su trampolín

Laporta en manifa independentista

La gestión de Joan Laporta al frente del FC Barcelona, al menos en el plano deportivo, es incontestable. Con algún que otro altibajo, como pudo ser el último año de Frank Rijkaard, el equipo culé enamora en el terreno de juego y amasa campeonatos. Desconozco los pormenores de la situación financiera del club, pero con tantos éxitos deportivos las arcas no han de estar muy esquilmadas. Resulta obvio que el trabajo en los despachos también repercute en la trayectoria deportiva y, por tanto, es artífice de los laureles acumulados durante las últimas campañas.

Este expediente plagado de títulos y el grado de popularidad alcanzado como timonel de la nave blaugrana constituyen los principales avales con los que Laporta quiere dar el salto a la política cuando concluya su segundo y último mandato. En los mentideros ya circula su candidatura a la Generalitat como cartel de la independentista Reagrupament, una organización fundada por un grupo de escindidos de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Laporta se va a servir de una institución que se define como mucho más que un club para entrar lanzado en la batalla política. La invitación la tiene sobre la mesa y su decisión llegará, desde mi modesto punto de vista, cuando se desvincule de sus responsabilidades en Can Barça. El fútbol como trampolín. Salvando las distancias, ya lo hizo Jesús Gil en Marbella y su proyecto se extendió por la Costa del Sol, el Campo de Gibraltar y llegó hasta Ceuta.

Laporta se ha generado una imagen de persona afable, cercana, popular y de eficaz gestor como presidente del Barça. Al mismo tiempo, tiene un punto de niño repelente y sabihondo unido a una acentuada manifestación de falsa modestia. Es un personaje ambicioso, con pinta de insolidario, estirado y con ínfulas de grandeza. Su perfil político está por explorar, tiene visos de ser de derechas y sólo se conocen con exactitud sus devaneos independentistas. Es tan catalanista que algunos que lo conocen ponen en su boca frases cargadas de inquina contra España. El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, ha aireado que Laporta le dijo que España machaca a Cataluña. Con esas credenciales este lobo con piel de cordero sería un auténtico peligro como referente político.

Foto.- Efe. Laporta, en la manifestación por la indepedencia de Cataluña celebrada hace unos días.