Ha salido el barómetro sel CIS de enero y nos ha dado la primera foto demoscópica tras el proceso electoral catalán del 21 de diciembre. Hay que digerirlo con la cautela de que estamos ante un instrumento falible, de que vivimos una coyuntura política muy cambiante y de que no se atisban elecciones anticipadas (si Rajoy agota la legislatura, queda partido hasta junio de 2020). El titular mediático más relevante es el ascenso de Ciudadanos al tercer lugar, desplazando a Podemos. Pero en un análisis desde una perspectiva progresista, lo preocupante es que la derecha supera a la izquierda con cierta holgura y, de confirmarse esta tendencia, la suma de Partido Popular y Ciudadanos podría rondar la mayoría absoluta. La estimación de voto, la conocida ‘cocina’, da la victoria al PP, con un 26,3%, seguido del PSOE (23,1%), Ciudadanos (20,5%) y Podemos más confluencias (19%). Si se observa la intención directa de voto, los socialistas aparecen en primera posición. Igual ocurre si al apoyo electoral manifestado de forma espontánea se le suma la simpatía hacia los partidos. En este estudio del CIS no aprueba ningún político y la peor nota la recibe Pablo Iglesias: un escuálido 2,54. Su popularidad caído en picado por su soberbia y su discurso errático, especialmente ante el conflicto catalán.

En clave andaluza, el claro ganador de unas elecciones en esta comunidad sería el PSOE,  a mucha distancia de las otras tres fuerzas nacionales. Los socialistas ganarían en siete de las ocho provincias y sólo en Almería lo adelantaría el PP por estrecho margen. Haciendo una extrapolación a escaños, el PSOE alcanzaría los 22 frente a 17 de la franquicia de Rajoy. Y Ciudadanos desbancaría a Podemos en el tercer lugar: 11 escaños naranjas por 10 morados. Esta lectura de urgencia permite concluir que Andalucía sigue confiando en  los socialistas. Y si los comicios fueran autonómicos, la distancia a favor del PSOE sería mucho mayor aún.

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Caprichos del destino

junio 26, 2017

El destino, siempre caprichoso, ha querido que el Partido Popular celebre el primer aniversario de su victoria en las elecciones repetidas el mismo día en que Luis Bárcenas, “Luis, sé fuerte”, tenía que comparecer en la comisión de investigación sobre la presunta financiación ilegal del PP. El ex tesorero se ha acogido a su derecho constitucional a no declarar en su contra, a guardar silencio, una actitud de autodefensa que sus ex compañeros de filas habrán visto como un gesto de fortaleza, en la línea del SMS que en su día le mandó Mariano Rajoy en plan colega. La fiesta pepera no ha dado para mucho por el panorama que se cierne sobre ellos en los tribunales y en la Congreso de los Diputados. Ganaron sí, y con más votos y más diferencia sobre el resto que seis meses antes, pero la pregunta que nos hacemos todos es cómo la gente le dio más apoyo con la losa de asuntos turbios que llevan sobre sí. Los comicios del 26 de junio depararon además un escenario con mayoría de la derecha y ninguna opción desde la izquierda. Toda una paradoja democrática con la que ha liado el PP no sólo con sus tejemanejes, también con sus políticas crueles de recortes. El veredicto de las urnas es inapelable, pero a veces da que pensar.

Primeras elecciones

junio 15, 2017

Se cumplen hoy cuarenta años de las primeras elecciones democráticas: las generales de 1977. Una cita con las urnas, apenas año y medio después de la muerte del dictador, que aúpo a Adolfo Suárez a la Presidencia del Gobierno, que abrió un periodo constituyente y, sobre todo, supuso un momento de efervescencia en el que la sociedad española empezó de verdad a respirar libertad. Viví ese ambiente de fiesta con 12 años pero recuerdo cómo el miedo a pronunciarse políticamente empezaba a quedarse atrás, que la ilusión se abría paso (meses después, el 4 de diciembre, Andalucía se echó a la calle por su autonomía) y que el color lúgubre de la represión iba cogiendo tonos alegres de la democracia. Ayer visité el archivo histórico de CCOO, un sitio imprescindible para la memoria del tardofranquismo y de los primeros años de la Transición, y vi algunos de esos carteles que poblaron nuestras calles ese 15 de junio. Pasamos un rato emotivo repasando vivencias y recuerdos. Hablo en plural porque compartí este rato delicioso con Eduardo Saborido, Paco Acosta, Paco Alfonsín, Nando Blanco, Eloísa Baena (todos en la foto), Javier Giráldez, Miguel Ángel Melero y trabajadores de la fundación. Una grata experiencia.

Primeros frutos

noviembre 16, 2016

La nueva realidad parlamentaria permitirá revertir las políticas dañinas que puso en marcha el Partido Popular en los últimos casi cinco años. Mariano Rajoy no tiene mayoría absoluta para actuar a su capricho y lo pudo comprobar en la sesión de ayer del Congreso de los Diputados. Salió adelante una propuesta del PSOE, apoyada por el resto de la oposición, para derogar la LOMCE, la injusta y segregadora reforma educativa que impuso el tándem Rajoy-Wert con la opinión contraria de toda la comunidad educativa. También se consiguió una de las propuestas que desde hace un año viene defiendo Andalucía, con la presidenta Susana Díaz a la cabeza: alcanzar un Pacto de Estado contra la violencia de género. Y esta misma mañana el PSOE ha impedido que el ex ministro reprobado Jorge Fernández Díaz sea presidente de una comisión en la cámara baja. En este zamarreón inicial del árbol se han recogido ya los primeros frutos… Y los que quedan. El PP se ha dado de bruces con la realidad y el PSOE ha certificado la utilidad de estar en la oposición, que es donde le correspondía con unos resultados tan escuálidos y sin posibilidad de construir una mayoría alternativa. Un acierto desde el punto de vista político (las terceras elecciones habrían dado más mayoría a Rajoy y más margen para seguir produciendo sufrimiento) y una demostración de responsabilidad democrática (era un disparate someter al país a otro proceso electoral y debilitar todo el entramado institucional). Cuando uno se mueve por el dogmatismo irredento no consigue nada. En cambio, son necesarias ciertas dosis de pragmatismo, sin renunciar a la utopía ni a los principios, para conseguir los objetivos.

Foto.- La bancada socialista, con Antonio Hernando y Miguel Angel Heredia, y el inefable Rufián dirigiéndose al atril.

Frenar a la derecha

noviembre 14, 2016

Hablando claro. Si no se tienen los votos suficientes, lo que toca es pasar a la oposición. Eso es lo que ha hecho el PSOE después de la oportunidad desperdiciada por Podemos de remover a Mariano Rajoy y permitir que hubiera un presidente socialista. Las elecciones repetidas el 26 de junio otorgaron más escaños al Partido Popular y una mayoría en las Cortes Generales a la derecha. Por tanto, la mejor forma de combatir y frenar a la derecha es ganando en las urnas. Todo lo demás son discursos para la galería o hacerse trampas en el solitario.

Rencor

octubre 27, 2016

La acción política no puede estar basada en el rencor. Cuando se obra con resentimiento se alimenta la división y el enfrentamiento. Pablo Iglesias ha mostrado en el Congreso de los Diputados su perfil más duro, más agresivo y más radical. El líder de Podemos es de esos a los que no les gusta tender puentes ni dejar prisioneros en el campo de batalla. Sabe que ese es su punto débil e intenta siempre disimular su carácter bipolar, su alma de doctor Jekyll siempre sucumbe ante Mr. Hyde. Cuando se le cae la piel de cordero, se le puede escuchar comentarios tan injustos y desafortunados como que en la Cámara hay más potenciales delincuentes que en la calle. Lo que más molesta no es el exabrupto en sí, las palabras se las lleva el viento, sino la soberbia intelectual que destila Iglesias, la supremacía moral que se otorga para repartir etiquetas y dividir a la sociedad y el desprecio absoluto a las opiniones distintas a las suyas.

La suma de todo esto y el deseo de humillar al PSOE nos llevaron a unas elecciones repetidas. El principal responsable de que no haya un presidente socialista ha atacado hoy de forma furibunda al PSOE, como viene siendo norma de la casa. Si no hubiera pensado en su frustrado sorpasso, el PP estaría ya en la oposición, no se habrían celebrados otros comicios tras una legislatura fallida y la derecha no tendría más escaños que la izquierda en las Cortes. Lo que fue posible lo tiró por la borda por su avaricia electoral. Quería relegar a los socialistas como primer partido progresista y se quedó con una mueca de amargura en la noche del 26 de junio. No ha ido al debate de investidura de Mariano Rajoy a hacer oposición al PP, sino a hacerles oposición a los socialistas. Pobre bagaje para un partido que quería conquistar los cielos y que se ahora se inclina, como acepta el propio Iglesias, por “morder” y por la agitación social. Menudo programa de gobierno.