Primeras elecciones

junio 15, 2017

Se cumplen hoy cuarenta años de las primeras elecciones democráticas: las generales de 1977. Una cita con las urnas, apenas año y medio después de la muerte del dictador, que aúpo a Adolfo Suárez a la Presidencia del Gobierno, que abrió un periodo constituyente y, sobre todo, supuso un momento de efervescencia en el que la sociedad española empezó de verdad a respirar libertad. Viví ese ambiente de fiesta con 12 años pero recuerdo cómo el miedo a pronunciarse políticamente empezaba a quedarse atrás, que la ilusión se abría paso (meses después, el 4 de diciembre, Andalucía se echó a la calle por su autonomía) y que el color lúgubre de la represión iba cogiendo tonos alegres de la democracia. Ayer visité el archivo histórico de CCOO, un sitio imprescindible para la memoria del tardofranquismo y de los primeros años de la Transición, y vi algunos de esos carteles que poblaron nuestras calles ese 15 de junio. Pasamos un rato emotivo repasando vivencias y recuerdos. Hablo en plural porque compartí este rato delicioso con Eduardo Saborido, Paco Acosta, Paco Alfonsín, Nando Blanco, Eloísa Baena (todos en la foto), Javier Giráldez, Miguel Ángel Melero y trabajadores de la fundación. Una grata experiencia.

Primeros frutos

noviembre 16, 2016

La nueva realidad parlamentaria permitirá revertir las políticas dañinas que puso en marcha el Partido Popular en los últimos casi cinco años. Mariano Rajoy no tiene mayoría absoluta para actuar a su capricho y lo pudo comprobar en la sesión de ayer del Congreso de los Diputados. Salió adelante una propuesta del PSOE, apoyada por el resto de la oposición, para derogar la LOMCE, la injusta y segregadora reforma educativa que impuso el tándem Rajoy-Wert con la opinión contraria de toda la comunidad educativa. También se consiguió una de las propuestas que desde hace un año viene defiendo Andalucía, con la presidenta Susana Díaz a la cabeza: alcanzar un Pacto de Estado contra la violencia de género. Y esta misma mañana el PSOE ha impedido que el ex ministro reprobado Jorge Fernández Díaz sea presidente de una comisión en la cámara baja. En este zamarreón inicial del árbol se han recogido ya los primeros frutos… Y los que quedan. El PP se ha dado de bruces con la realidad y el PSOE ha certificado la utilidad de estar en la oposición, que es donde le correspondía con unos resultados tan escuálidos y sin posibilidad de construir una mayoría alternativa. Un acierto desde el punto de vista político (las terceras elecciones habrían dado más mayoría a Rajoy y más margen para seguir produciendo sufrimiento) y una demostración de responsabilidad democrática (era un disparate someter al país a otro proceso electoral y debilitar todo el entramado institucional). Cuando uno se mueve por el dogmatismo irredento no consigue nada. En cambio, son necesarias ciertas dosis de pragmatismo, sin renunciar a la utopía ni a los principios, para conseguir los objetivos.

Foto.- La bancada socialista, con Antonio Hernando y Miguel Angel Heredia, y el inefable Rufián dirigiéndose al atril.

Frenar a la derecha

noviembre 14, 2016

Hablando claro. Si no se tienen los votos suficientes, lo que toca es pasar a la oposición. Eso es lo que ha hecho el PSOE después de la oportunidad desperdiciada por Podemos de remover a Mariano Rajoy y permitir que hubiera un presidente socialista. Las elecciones repetidas el 26 de junio otorgaron más escaños al Partido Popular y una mayoría en las Cortes Generales a la derecha. Por tanto, la mejor forma de combatir y frenar a la derecha es ganando en las urnas. Todo lo demás son discursos para la galería o hacerse trampas en el solitario.

Rencor

octubre 27, 2016

La acción política no puede estar basada en el rencor. Cuando se obra con resentimiento se alimenta la división y el enfrentamiento. Pablo Iglesias ha mostrado en el Congreso de los Diputados su perfil más duro, más agresivo y más radical. El líder de Podemos es de esos a los que no les gusta tender puentes ni dejar prisioneros en el campo de batalla. Sabe que ese es su punto débil e intenta siempre disimular su carácter bipolar, su alma de doctor Jekyll siempre sucumbe ante Mr. Hyde. Cuando se le cae la piel de cordero, se le puede escuchar comentarios tan injustos y desafortunados como que en la Cámara hay más potenciales delincuentes que en la calle. Lo que más molesta no es el exabrupto en sí, las palabras se las lleva el viento, sino la soberbia intelectual que destila Iglesias, la supremacía moral que se otorga para repartir etiquetas y dividir a la sociedad y el desprecio absoluto a las opiniones distintas a las suyas.

La suma de todo esto y el deseo de humillar al PSOE nos llevaron a unas elecciones repetidas. El principal responsable de que no haya un presidente socialista ha atacado hoy de forma furibunda al PSOE, como viene siendo norma de la casa. Si no hubiera pensado en su frustrado sorpasso, el PP estaría ya en la oposición, no se habrían celebrados otros comicios tras una legislatura fallida y la derecha no tendría más escaños que la izquierda en las Cortes. Lo que fue posible lo tiró por la borda por su avaricia electoral. Quería relegar a los socialistas como primer partido progresista y se quedó con una mueca de amargura en la noche del 26 de junio. No ha ido al debate de investidura de Mariano Rajoy a hacer oposición al PP, sino a hacerles oposición a los socialistas. Pobre bagaje para un partido que quería conquistar los cielos y que se ahora se inclina, como acepta el propio Iglesias, por “morder” y por la agitación social. Menudo programa de gobierno.

Todo lo demás era peor

octubre 24, 2016

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Hoy estoy recordando las disputas de juventud con mi padre sobre política. Mi progenitor, trabajador del metal, era afiliado a UGT, socialista de corazón y, sobre todo, felipista hasta la médula. Jamás dejó de votar y sentir al PSOE hasta su muerte. Por aquello de la rebeldía propia de la edad, me situaba más a su izquierda, militaba en CCOO dentro de la misma fábrica y me aferraba a una utopía más marxista. Una dialéctica producto de la brecha generacional que con el tiempo acabó en convergencia ideológica. Lo mismo me ocurre hoy con uno de mis hijos, que persigue el sueño revolucionario que a todos nos cautivó en los años mozos. Ya veremos si el transcurso del tiempo nos sitúa en las mismas coordenadas políticas. La experiencia serena mucho los ánimos y te hace ser más pragmático sin renunciar a los principios.

Rememoro estas vivencias en el día después de la decisión del Comité Federal para desbloquear la situación de España tras diez meses de gobierno en funciones y favorecer con una abstención técnica que gobierne el único partido que con la aritmética parlamentaria actual puede hacerlo. Abstenerse no es apoyar y no es verdad que existan otras alternativas: no es factible el gobierno transversal del cambio (PSOE-Podemos-Ciudadanos) ni el pentapartito con la formación morada, PNV e independentistas catalanes. Si se hubiera hecho un análisis realista de los resultados del 26 de junio, en los que el PSOE sacó el menor apoyo electoral de la democracia, y no se hubiera santificado el fiasco del sorpasso de Podemos para no hacer autocrítica, la legislatura ya estaría en marcha y los socialistas estaríamos haciendo oposición y revirtiendo buena parte del mucho daño que ha hecho el PP en estos años. No es que quiera que gobierne el PP, es que no hay otra opción posible porque así lo han decidido los españoles con su voto, y porque la otra salida son unas terceras elecciones que serían una pasarela para una mayoría más amplia de la derecha y un fracaso en las urnas para la izquierda en general y el PSOE en particular.

No les asiste la razón a los que se rasgan las vestiduras porque el Comité Federal del PSOE, máximo órgano del partido, ha actuado con sensatez y ha espantado el cuento de la lechera que algunos no paraban de contar. Sólo había dos caminos: la abstención u otras elecciones. Lo segundo sería el peor escenario posible para el país y para los socialistas. Desde el pragmatismo y con los pies puestos en el suelo, que es la única forma de avanzar, no quedaba otra. Hay decisiones complejas que requieren responsabilidad y altura de miras. No estamos ante una cuestión ideológica, es de carácter meramente táctico. No se renuncia a nada, ni se traiciona nuestros valores ni nuestra historia. Los de la banda morada pretenden sacar tajada deformando la realidad, posiblemente para tapar que no hay un gobierno presidido por un socialista porque ellos no quisieron después del 20 de diciembre. Sólo querían llevarnos a otro proceso electoral a ver si a la tercera sonaba la flauta del sorpasso. En las críticas de los seguidores de Pablo Iglesias no hay ética ni grandeza, sólo el histórico afán de revancha y ajustar cuentas con la socialdemocracia.

La mayoría de los españoles sabrá entender que se ha hecho lo que se tenía que hacer. A nadie le gusta un nuevo mandato del PP, pero todos los demás escenarios eran peores o imposibles. El PSOE seguirá defendiendo los mismos valores de siempre: la libertad, la igualdad y la justicia social. Nadie nos va a dar lecciones de compromiso ni de conciencia. Por eso, he recordado aquellas charlas con mi padre en las que defendía a un PSOE ganador, realista, representante de los intereses de los trabajadores y con la capacidad de transformar la sociedad sin dogmatismos ni quimeras. Eso es lo que nos toca ahora: reconstruir desde la oposición a ese partido que necesita España y articular un proyecto que ilusione.

Foto.La Razón. Susana Díaz, Juan Cornejo y el que suscribe a la salida del Comité Federal.

Como militante socialista y con la libertad de expresión y de pensamiento que ha presidido siempre en mi partido, expongo mis razones, con humildad y sin creerme en posesión de la verdad absoluta, contra la celebración de unas terceras elecciones en España:

1. Los ciudadanos no quieren ni de lejos ser llamados otra vez a las urnas. Sería un enorme fracaso político no haber entendido el mensaje de la gente a favor de un mayor pluralismo político y de más diálogo para resolver los asuntos públicos. Una nueva cita electoral produce hastío y cansancio, que se traducirían en una mayor abstención, y fundamentalmente entre los votantes de la izquierda. ¿Cuántas veces habrá que votar hasta que se forme gobierno y una legislatura eche a andar? La gente quiere solución a sus problemas, no que sus representantes sean su problema.

2. La imagen de España se resentiría en el exterior. No sólo desde un punto de vista político, también desde la óptica de la confianza para atraer inversiones que apuntalen los indicios de recuperación económica. Unas nuevas elecciones transmitirían hacia fuera un mensaje de inestabilidad y una crisis de reputación difícil de superar en el corto plazo.

3. Otras elecciones supondría una victoria más amplia de la derecha. El no ahora a Rajoy sería más Rajoy en diciembre. El PP ampliaría la diferencia y se aproximaría a una mayoría tan amplia que completaría sobradamente la absoluta con Ciudadanos. Esto cerraría la posibilidad de cambiar muchas de las medidas que tanto sufrimiento han causado (reforma laboral, LOMCE y sus reválidas, ley mordaza, los recortes en sanidad y educación…) e investigar los casos de corrupción del PP para que se depuren responsabilidades políticas. Con la composición actual del Congreso de los Diputados se puede corregir lo que el PP impuso con el rodillo de la mayoría absoluta. Es más de izquierdas (y más inteligente) impedir otros comicios y que así la derecha no vuelva a tener el control absoluto de la situación.

4. El PSOE no está para elecciones. Su puesto está en la oposición, haciendo una oposición firme, exigente y útil para las clases medias y trabajadoras. Ahora los números no suman y el gobierno alternativo ha sido una gran falacia. ¿O es que son de izquierdas los diputados de la antigua Convergència? Después de las elecciones de diciembre fue posible un gobierno del cambio pero Podemos no quiso, en este momento es sencillamente imposible. Tenemos que poner los cimientos desde la oposición para forjar una opción de gobierno en las siguientes elecciones.

La decisión, por tanto, está entre pasar a la oposición, dejando que se forme gobierno y ejerciendo con firmeza desde el primer minuto nuestro papel opositor, o mantener el no y abrir la puerta grande a Rajoy y al PP en diciembre para que sigan haciendo y deshaciendo a su antojo. Yo me quedo con la primera por el bien de España, por el bien de la mayoría de los ciudadanos que tan mal lo han pasado en esta crisis con las recetas conservadoras y por el bien del PSOE. Tres en uno. Y vaya por delante que no quiero a la derecha ni en pintura y me duele que ése sea el único camino posible. Todo lo demás es peor.

(En cualquier caso, ésta es mi modesta opinión y siempre hay que respetar lo que decidan democráticamente los órganos del partido).

Foto.- elconfidencial.com.