Me pregunto si es cosa de la edad…

ME PREGUNTO SI ES COSA DE LA EDAD…
Carmen Jodra Davó

Me pregunto si es cosa de la edad
o fruto de una mente depravada;
en uno u otro caso, jamás nada
puede apartarme de mi única idea.

Cada cosa que miro se recrea;
la inocencia del mundo, transformada,
me estremece; la carne delicada
se pudre con extraña enfermedad.

Suena un violín, y yo escucho un gemido;
miro andar a mi gato, y sólo veo
el movimiento firme y repetido;

oigo al viento soplar, y oigo un jadeo.
y un mundo diferente, enfebrecido,
agita con su vista mi deseo.

Necesito un respiro

En lo que más nota uno que va cumpliendo años es en la menor capacidad de recuperación después de los esfuerzos. En momentos mozos, el organismo respondía con tonificada elasticidad a las exigencias. Nos podíamos echar sobre la espalda maratonianas jornadas laborales, agendas absorbentes y noches en blanco. Con una ducha y un buen café, a la mañana siguiente como nuevos. Ese eslogan publicitario de no pesan los años sino los kilos se me antoja como una soberana falacia. Me mantengo en la línea y hago deporte con cierta disciplina y, sin embargo, me resiento ya de este estresante modus vivendi que, por momentos, no pica pero mortifica. Llevo once días consecutivos sin descansar y estoy con las reservas justas para llegar al fin de semana. Posiblemente, sea más una necesidad de desconexión y oxigenación mental que de desgaste físico o gajes de la edad… Ahora bien, caen irremisiblemente las hojas de calendario y algo tendrá que ver este transcurrir del tiempo con nuestras prestaciones y desenvoltura. Ahora sólo pienso en que llegue las 20 horas de mañana. Un respiro que, por pequeño que sea, me sabrá a gloria.