Dimisión tardía

Ana Mato ha dimitido como ministra de Sanidad tarde y forzada por las urgencias de Rajoy. El detonante ha sido el auto de procesamiento emitido por el juez Ruz en el que la acusa (al igual que al PP) de haber sido “partícipe a título lucrativo” de las actividades ilícitas de la red Gürtel. Dicho de otra forma, que se benefició de los negocios de su ex marido con la trama corrupta. El magistrado cifra en 700.000 euros la relación entre Jesús Sepúlveda y los cuates de Correa. De ahí, esos Jaguar que aparecían como por ensalmo en el garaje, los viajes a Eurodisney o las fiestas con payasos y confeti para celebrar los cumpleaños de su hijos, todo ello costeado con dinero de origen turbio. La razón es grave, y mucho más en este momento político, pero tendría que haber sido destituida antes y no por esta supuesta concomitancia con la corrupción. Su valoración social estaba en mínimos insoportables. Su amistad con Rajoy, sin enbargo, le hacía salvar todos los match-ball.

El auto de ayer, que la obligaba a sentarse en el banquillo por presunta responsabilidad civil, ha sido la guinda de una labor calamitosa al frente del Ministerio. Su situación era insostenible tras una gestión caótica en la crisis de ébola, tan mal lo hizo que el presidente la apartó de la dirección operativo y puso al frente la vicepresidenta del Ejecutivo, Soraya Sáenz de Santamaría. Casi tres años de mandato marcado por los recortes y la liquidación de políticas fundamentales para garantizar el bienestar de los ciudadanos. Ha emprendido recortes brutales en la sanidad pública, ha intentado la demolición de la atención a la dependencia y reducción de las políticas de igualdad y de lucha contra la violencia de género.

Foto.– Ana Mato, entre Juan Manuel Moreno Bonilla y Luis Bárcenas.

Parodia de pésimo gusto

Afortunadamente, Teresa Romero ya está en su casa tras haber sufrido el contagio del ébola. Ya se ha superado la crisis pese a los titubeos iniciales del Gobierno de Rajoy y a la incapacidad manifestada de la ministra de Sanidad, Ana Mato. En su día, algunos muy escorados a la derecha trataron esta alerta sanitaria con enorme insensibilidad. El caso más clamoroso es el del consejero madrileño de Sanidad, Javier Rodríguez, que al día de hoy sigue en su puesto. No fue el único. También en la televisión autonómica de Castilla-La Mancha se tomaron a pitorreo la situación de la auxiliar de enfermería. La parodia de la subdirectora de informativos no ha sonrojado a sus jefes ni ha provocado ningún toque de atención del Ejecutivo que preside María Dolores de Cospedal. Es más, el director de la cadena, el periodista Nacho Villa, ha asegurado en el Parlamento regional que ve “respeto y honorabilidad” en relación con la auxiliar de clínica. Nula autocrítica. Curiosa forma de ver este vídeo que es mucho más que un chiste de mal gusto, supone una ofensa a una persona cuya vida estaba en peligro, un gesto inhumano y ultrajante. Si la parodia producía indignación, las palabras de Nacho Villa resultan vergonzosas.

Rídiculo con mayúsculas

Con este tipo de defensa numantina, se desprestigia la política. ¿A quién se pretende engañar? El apoyo irracional e inquebrantable al consejero madrileño de Sanidad, Javier Rodríguez, no se digiere con facilidad después de sus palabras insensibles e hirientes contra Teresa Romero, cuando la auxiliar de clínica se debatía entre la vida y la muerte. Pero la exageración de  Eduardo Raboso, portavoz de Sanidad del PP en el Parlamento autonómico, roza el patetismo. Ahora resulta que el consejero faltón es el salvador de la civilización europea por su labor en la crisis del ébola, que su gestión nos ha librado de una pandemia de consecuencias incalculables para nuestro país. La política ha de ser algo más serio. La autocrítica es sana. También la asunción de responsabilidades políticas. En cambio, el PP toma por tonta a la sociedad española y agita el botafumeiro. ¡Qué ridículo más espantoso!

Balance del ébola

Una vez que Teresa Romero ha superado el ébola, es el momento de hacer un primer balance de la gestión de esta crisis sanitaria:

1. Ante todo, satisfacción por la recuperación de la auxiliar de enfermería. Era lo más importante y lo ha conseguido.

2. Reconocimiento al equipo sanitario del Hospital Carlos III de Madrid que ha hecho posible la curación de la afectada. Queda demostrado que la sanidad pública y sus profesionales son una garantía pese a los intentos del PP, especialmente en Madrid, por destrozar con recortes y privatizaciones este patrimonio de todos.

3. Tarjeta roja para la ministra de Sanidad, Ana Mato, y para el consejero madrileño del ramo, Javier Rodríguez. A la primera por su manifiesta incompetencia hasta el punto de que el propio Rajoy le retiró la confianza nombrando un comité presidido por Soraya Sáenz de Santamaría. Al segundo por sus ultrajantes declaraciones contra la enferma, una verborrea ignominiosa que ha provocado un profundo y generalizado malestar. Toca depurar responsabilidades, uno por acción dialéctica y otra por omisión de su deber. ¿Pueden seguir un día más en sus puestos?

4. La respuesta de la Administración central y de la Comunidad de Madrid dejó mucho que desear al principio. Tras el desmadre inicial, mejoró la coordinación y se actuó con la diligencia que requería esta emergencia sanitaria. Los errores en el arranque dispararon los temores ciudadanos ante la enfermedad.

5. Suspenso al Gobierno de la nación por la ausencia de comunicación con la Junta de Andalucía por el uso de las bases de Rota y Morón como tránsito en la campaña de Estados Unidos en los países africanos afectados por el ébola. El ministro de Defensa tardó una semana en contactar con la presidenta de la Junta para informar de esta circunstancia y la delegada del Gobierno en esta comunidad informó por whatsapp, un cauce impropio y muy poco institucional, al sexto día de que los protocolos a aplicar eran los de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta situación anómala, por suerte, se ha rectificado y desde Madrid se ofrecen garantías de información al Ejecutivo andaluz, que es el competente en materia sanitaria. Lo importante es trasladar seguridad y tranquilidad a los ciudadanos que viven en la zonas colindantes a las bases.

Comparaciones

Las comparaciones siempre resultan odiosas… Aunque a veces son inevitables. En Estados Unidos califican de heroico al sanitario que se ha contagiado de ébola por atender voluntariamente a un paciente infectado. En cambio, en España la primera reacción del Gobierno de la nación y de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid fue culpar a Teresa Romero. Dos formas bien distintas de interpretar una acción altruista que merece el reconocimiento público y no la crítica. Convertir a la víctima en culpable sólo pretendía tapar la pésima gestión de la crisis por parte de la ministra Ana Mato y del consejero Javier Rodríguez. La respuesta institucional ha sido tan deficiente que al final han tenido que colocar a la vicepresidente del Ejecutivo, Soraya Sáenz de Santamaría, al frente del gabinete de crisis del ébola.  Esa desautorización a la labor de Mato debería tener consecuencias políticas. Tratándose de Rajoy no parece posible.

Profunda insensibilidad

Escuchar al consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid hablar de la auxiliar de enfermería contagiada de ébola produce una indignación sin límite. En su primera comparecencia (recogida en el vídeo de El Intermedio) y en su posterior romería de entrevistas por distintos medios de comunicación, Javier Rodríguez ha destilado una profunda insensibilidad, una falta de tacto insoportable, una ausencia de empatía brutal ante una persona cuya vida está en juego por hacer su trabajo. ¿Cómo se puede hablar así de una profesional que se ofreció voluntaria para atender a los misioneros repatriados aquejados de la enfermedad? La locuacidad fría y despiadada (ni una sola palabra de apoyo a la auxiliar de enfermería) contrasta con el silencio injustificable de la ministra Ana Mato.

Ya llegará la hora de exigir responsabilidades políticas, ahora es el momento de colaborar y resolver esta situación de alerta sanitaria que afecta a la imagen internacional de España. Sin embargo, no su puede permitir que desde el PP se intente culpar a Teresa Romero, la víctima nunca puede ser la responsable. Los profesionales de la salud pública de Madrid, que están viviendo una salvajada de recortes y privatizaciones, se merecen el reconocimiento a su trabajo y a su compromiso social. Y no el desdén con los que se expresa este consejero. Parece que con esta estrategia los gurús de comunicación de la calle Génova intenten desviar la atención sobre los errores cometidos tanto por el Ministerio de Salud como por el departamento madrileña de Salud. Mal camino.