¿Quién te quiere, Mariano?

Los documentos del Departamento de Estado de EEUU filtrados por Wikileaks a cinco prestigiosos diarios del mundo, entre ellos El País, corroboran un secreto a voces: a Mariano Rajoy no lo quieren demasiado en su partido o, cuando menos, no se fían ni de su capacidad ni de su liderazgo. El material reservado distribuido por el portal del perseguido Julian Assange enumera una serie de conversaciones de pesos pesados del PP, con José María Aznar a la cabeza, con el entonces embajador norteamericano, Eduardo Aguirre, que satanizan el perfil político del cartel electoral de la derecha patria.

Las más impactantes confidencias vienen de un Aznar mesiánico y redentor, con la impronta de caudillo de otros tiempos, presentándose ante la primera potencia mundial como el salvador de una España que se encamina al abismo. “Si veo a España desesperada, quizá tendría que volver a la política”, aseguró en 2007 el estadista de las Azores al diplomático en una cena privada a la que acudió acompañado de su esposa, Ana Botella. (¡Qué pagado de sí mismo se siente este hombre!) El cable de Aguirre a sus jefes en la Casa Blanca no tiene desperdicio y desvela el escaso cariño que siente Aznar por Rajoy pese a haberlo puesto a dedo al frente del PP: “La falta de entusiasmo del ex presidente por Rajoy, el sucesor que él eligió, fue muy notable. Parece tener dudas de que sea más indicado para devolver el poder al PP“.

Aznar, fiel a su estilo, es el más descarnado en sus apreciaciones recogidas en los documentos destapados por Wikileaks. A la fiesta también se suman dos diplomáticos enrolados en las filas del PP como Jorge Moragas y Gustavo de Arístegui. Éste último se manifiesta con extrema sinceridad ante los representantes norteamericanos: “Rajoy parece estar culpando de los resultados electorales a todo el mundo menos a sí mismo. Cree que Rajoy debería abrir el congreso del partido a otras candidaturas“. Moragas, hoy hombre del íntimo círculo de confianza del jefe de la oposición española, después del segundo batacazo electoral no hizo tanta sangre pero “admitió las preocupaciones que existen sobre el liderazgo de Rajoy” y  “predijo que el partido volvería a la estabilidad“.

La conclusión de la embajada de EEUU tras esta serie de contactos oficiosos con la plana mayor popular no es muy favorable para Rajoy. Lo considera “un líder sin carisma” y manifiesta su sorpresa por haber sobrevivido a dos derrotas electorales. Si el coronel no tiene quien le escriba, Mariano no tiene quien lo quiera.

Viñeta.- Forges en El País.

Tsunami diplomático

El portal Wikileaks ha provocado un gran tsunami en el espacio público internacional. Con su filtración de 250.000 folios del Departamento de Estado de Estados Unidos a cinco grandes periódicos mundiales (New York Times, The Guardian, Le Monde, Der Spiegel y El País) ha destapado el lado oscuro de la diplomacia norteamericano, sus presiones, turbios tejemanejes, sus maniobras inconfesables, sus juicios de valor más reservados sobre actores de la esfera pública. Los servicios diplomáticos de la primera potencia del mundo, según estos documentos filtrados, llaman también autoritario a Nicolás Sarkozy, dudan de la capacidad mental de Cristina Fernández de Kirchner, censuran la vida licenciosa de Silvio Berlusconi o consideran un romántico y político de ideas de izquierdas trasnochadas a José Luis Rodríguez Zapatero.

La osadía y el buen hacer de Wikileaks permite conocer cómo se las gasta Estados Unidos. La administración norteamericana ha intentado ocultar su perfil de Mr. Hyde y frenar por todos los medios la publicación de estos materiales con inconsistentes argumentos sobre la seguridad de instituciones y personas. Todas las baterías se han dirigido de momento a la inconveniencia de la filtración, pero nadie de peso de la Secretaria de Estado de Hillary Clinton o de la oficina del presidente Obama ha aclarado nada sobre el fondo de la cuestión. Se guarda un mutismo vergonzoso. La Casa Blanca se ha enrocado y espera aguantar el chaparrón hasta que escampe. Es de suponer que por vías discretas a través de sus servicios diplomáticos intenten templar gaitas con las potencias mundiales concernidas.

El dique de urgencia que quería montar Estados Unidos para silenciar el escándalo ha desplomado. A través de varias cabeceras de prestigio, el portal que dirige Julian Assange ha posibilitado la transparencia y la respuesta al derecho de la ciudadanía a recibir una información veraz. El País lanza ya hoy dieciocho páginas sustanciosas y sugerentes y tiene un arsenal para difundir durante las próximas fechas. Tanta munición documental dan para mucho.