Más participación, más democracia

Andalucía toma de nuevo la delantera en mejoras de la calidad de nuestra democracia. A la ley de Transparencia, ya aprobada por el Parlamento, hoy se ha comenzado a tramitar el anteproyecto de ley de Participación Ciudadana, un texto muy avanzado que da voz a los ciudadanos en los asuntos públicos y que, por tanto, da argumentos para que la gente se sienta más cerca de la política y recupere la confianza en su instituciones. La unión de las dos leyes dará respuesta a una demanda social: por un lado, el ciudadano podrá conocer en qué se gasta el dinero de sus impuestos y, por otro, podrá participar a qué se destina. Andalucía responde con más democracia frente a la desafección política, favoreciendo la rendición de cuentas y la corresponsabilidad de los ciudadanos y su Gobierno.

Este anteproyecto de ley se inspira en el derecho de participación tal y como se regula en el Estatuto de Autonomía, la Constitución y las recomendaciones de las instituciones europeas. Todas las personas inscritas en el padrón mayores de 16 años gozarán de un derecho que les permitirá participar en las decisiones públicas. Los vecinos de Andalucía podrán marcar determinadas prioridades de gasto con los presupuestos participativos y trasladar propuestas a los anteproyectos de ley, reglamentos o formular sugerencias a las políticas públicas. Tanto el Gobierno andaluz como los ayuntamientos o los propios ciudadanos podrán impulsar consultas populares en lo referido a las competencias autonómicas y locales. Consultas que no son vinculantes aunque desde luego comprometen políticamente a las instituciones.

Un proyecto de ley que ahora comienza a tramitarse y que avanza hacia una democracia más participativa. Un salto más que le permite a Andalucía marcar diferencia y ser referencia para el resto de España.

Foto.- ABC. La presidenta de la Junta, Susana Díaz, y el vicepresidente Diego Valderas.

Periodismo de partido

La tendenciosidad es la carcoma que corroe al periodismo actual. Los medios de comunicación juegan un papel esencial en las sociedades democráticas: el rol de notario de la actualidad entre gobernantes y ciudadanos con la verdad como eje ineluctable de su actividad, lo que el profesor Lorenzo Gomis conceptuó como el papel de mediación. Sin embargo, la neutralidad, el equilibrio y la deontología brillan por su ausencia en más ocasiones de las debidas en el quehacer periodístico actual. Las cabeceras (no todas, por suerte) declinan en ese deber sagrado de informar y comentar lo que acontece, actuando como juez y parte, no como mero observador. Así, el medio se convierte en un actor político activo en el espacio público. Hace unos años ya escribí un artículo en la revista universitaria Ámbitos (Los medios toman partido) sobre la parcialidad que predomina en los productos informativos.

Esta mañana me he topado con unos de esos ejemplos que me apenan por la deriva sectaria que se percibe en la profesión. ABC de Sevilla arremete con dureza contra el vicepresidente de la Junta, Diego Valderas, por asistir a una cooperativa de Lora del Río (Sevilla) con motivo del comienzo de la temporada de cítricos. En portada y en páginas interiores el enfoque no puede ser más ácido: “Queda inaugurada esta naranja”. Me reconforta un periodismo de denuncia, exigente y severo contra todos y contra todo, sin importar el signo político o ideológico de la institución, la organización y el colectivo del que se trate. Cuando se aplica la doble vara de medir, la contundencia contra el adversario y la benevolencia contra el afín, el periodismo se convierte en una suerte de actividad panfletaria. Esta misma semana, el jefe de la oposición andaluza, Juan Ignacio Zoido, y la presidenta manchega y número dos nacional del PP, María Dolores de Cospedal, visitaban una fábrica cárnica en Málaga y no se le hacía desde este medio la misma lectura.

Otro ejemplo significativo de cómo se reparten cañas y lanzas en el diario de Vocento: la virulenta reacción de este periódico a las críticas irónicas del PSOE a una visita de Mariano Rajoy y Javier Arenas a una fábrica de quesos en Grazalema (Cádiz) en 2009. Las palabras de un dirigente socialista tirando de sarcasmo recibieron una dura reprimenda por los editorialistas de ABC. Si lo que hizo González Cabaña entonces era demagogia, lo que nos ofrece hoy este medio se podrían catalogar de la misma forma… aplicando idéntico rasero.

Tres flashes sobre el Egopa

El Estudio General de Opinión Pública de Andalucía (Egopa), de la Universidad de Granada ofrece unas conclusiones que me llaman poderosamente la atención. Más allá de la intención de voto en Andalucía, donde el PSOE de Andalucía ganaría, con un 39,76 % de los votos, aventajando en algo más dos puntos al PP, que obtendría un 37,62 % de apoyos, me interesa otros parámetros de análisis poselectoral de las elecciones del 25-M.

1. Interés por las campañas

El sondeo refleja un interés alto por el desarrollo de la campaña electoral. Dato elocuente teniendo en cuenta la desafección hacia la política que se palpa en el ambiente, una desafección incrementada por la crudeza de la crisis económica y la ausencia de un horizonte cierto de esperanza. El 25-M movilizó al electorado.

2. Debates electorales

La ciudadanía exige a los candidatos que expliquen sus programas en debates televisados. La espantá de Javier Arenas al organizado por Canal Sur es mal vistapor el 75% de la población. Ese gesto de soberbia de no acudir a la cita con Pepe Griñán y Diego Valderas le pasó factura en las urnas.

3. El escaso valor de las encuestas

Los institutos de opinión tendrían que reparar en este dato: el 84,4% de los ciudadanos no se dejan influir por una encuesta. Todo el derroche de sondeos que se produce en torno a unas elecciones no cambia la opinión de la gente. Mucha culpa de ello la tienen los sonoros fracasos de los pronósticos de las empresas demoscópicas. En las autonómicas de marzo fallaron todas y por mucho. Las encuestas publicadas por los medios le daban al PP un triunfo holgado entre 8,5 a 15 puntos. Sólo el CIS bajó a 7,2 puntos la distancia, cocinada al alza a favor del hipotético caballo ganador. Al final, la diferencia, contado el voto de los residentes ausentes, se quedó en el 0,9. Derrota política en toda regla de Arenas, que había vendido la piel del oso antes de cazarlo, tanto que ahora está ya fuera de la política andaluza.

Gobierno de coalición

El gobierno de coalición entre PSOE e Izquierda Unida en Andalucía ha salvado su último escollo. Las bases de IU, a falta de conocer los resultados definitivos del referéndum interno, han dado luz verde por una amplia mayoría a la participación de su organización política en el futuro ejecutivo presidido por Pepe Griñán. Los militantes han sabido interpretar la trascendencia de este momento histórico y el mensaje que trasladó el electorado el pasado 25 de marzo. El pueblo andaluz, nítidamente de izquierdas, frenó en seco la marea azul, hizo descarrillar la cuarta tentativa de un Javier Arenas empapado de tantos baños de falsa humildad y abrió las puertas a un gobierno de progreso. El escrutinio de la consulta responde a esta lógica ciudadana y a la reivindicación de sindicatos y de otras organizaciones progresistas. Existía un clamor en la izquierda a favor del pacto. Los brutales recortes del Gobierno de Rajoy, metiendo la piqueta en la educación y sanidad públicas y promulgando una reforma laboral que lesiona gravemente los intereses de los trabajadores, también ha abonado el camino del acuerdo. Izquierda Unida se enfrenta por primera vez a la responsabilidad de sumarse al gobierno en esta tierra. La situación económica de España y Europa es dramática: estamos en recesión y los dichosos mercados no dejan de exigir sacrificios. Con este escenario económico y la tozudez del pensamiento único neoliberal, dominante en la zona euro, el camino que tendrán que recorrer PSOE e IU será duro, tortuoso y complejo, pero tienen la oportunidad de demostrar que existe otra forma de salir de la crisis.

Foto.El País. Griñán y Diego Valderas (IU), en la constitución del Parlamento de Andalucía el pasado 19 de abril.

La espantá

Está es la foto de la espantá. Como había anunciado, Javier Arenas hizo mutis por el debate de Canal Sur y la cadena pública, confirmado vía notarial el plante, tuvo que retirar el atril y adaptar el plató para acoger un insólito cara a cara a entre el socialista Pepe Griñán y Diego Valderas, de IU. El debate, deber de los candidatos y derechos de los ciudadanos, no se vio afectado y su valor creció exponencialmente por la rabieta pueril del ausente. Un millón de andaluces pasaron en algún momento por este espacio, que registró una media de 360.000 telespectadores y una cuota de pantalla del 10,1%. La primera media hora fue el programa más visto en Andalucía. Y, además, #debateRTVA se situó como trending topic mundial en Twitter. Los estrategas del Partido Popular se estarán tirando de los pelos con estos datos. El cóctel envenenado de soberbia y cobardía del político-gallina les ha producido una penosa resaca. Ni propios ni extraños entienden el desplante de Arenas a la cadena pública y mucho menos sus argucias de última hora para enmascarar su inasistencia. Ahora lanza proclamas de querer debatir donde sea, cuando se ha pasado rehuyendo la confrontación no se sabe si por desahogo o por vergüenza por lo que está haciendo Rajoy y en sus acólitos del tijeretazo y la involución social. No quiere hablar ni de eso ni de lo que haría él si toca la flauta y llega a la Presidencia de la Junta. No sería otra cosa que profundizar en los recortes de Rajoy. El primer recorte que ha hecho ya Arenas ha sido a la democracia: es infumable que un político se esconda y se niegue a dar la cara. No querer debatir es el ejemplo de la pésima cultura democrática de la derecha. Les produce alergia dialogar y contrastar programas, sólo entienden el rodillo ideológico y el ‘ordeno y mando’. Pese a actuar con la chulería del señorito, se quiere hacer pasar por víctima. Pero el único atropello es su desplante a la ciudadanía de Andalucía.

PD.– Por cierto, en Onda Cádiz, cadena pública municipal, habrá debates. Y los dirigentes del Partido Popular irán pese a estar condenada por el TSJA por su clamorosa falta de publicidad. Es la única televisión condenada de Andalucía. Claro, es que los culpables son los esbirros de Arenas. El sambenito que le quiere colgar a Canal Sur es FALSO.

De incoherencias y fraudes

Las campañas no se pueden quedar en un catálogo de compromisos que se olvidan justo el día siguiente de las elecciones. Las propuestas de los distintos partidos constituyen un contrato con el electorado que no puede convertir en papel mojado a las primeras de cambio. Quiero poner el dedo en la llaga de dos mensajes, uno de IU y otro del PP, repetidos hasta la saciedad durante los días previos a las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo, que se han ido por el sumidero de la relajación o del desahogo.

Izquierda Unida prometió un día sí y otro también que no dejaría gobernar a la derecha ni por acción ni por omisión. El resultado de este incumplimiento es la alianza en unos 60 municipios, la mitad de ellos en Andalucía, con el Partido Popular. Voces en el seno de la coalición han clamado sin éxito para evitar esta tremenda incoherencia. Las palabras de Gaspar Llamazares o de la dirección del Partido Comunista de Andalucía no han servido para corregir el rumbo. Hasta el propio Julio Anguita plantea el apoyo en Extremadura al PSOE para evitar el escarnio de una traición grave a su electorado. Mientras tanto en esa comunidad IU sigue deshojando la margarita y poniendo en tela de juicio, aún más si cabe, la teórica fortaleza de la dirección federal y de Cayo Lara. Aún el error se puede agravar.

En la otra orilla, usando la terminología de Anguita, el Partido Popular se ha olvidado de las notarías y de su petición de que gobierne la lista más votada en los ayuntamientos de Andalucía. ¡Qué frágiles y amoldables son los principios de algunos! Tenían 70 mayorías simples y, gracias a su política de acuerdos, cuentan después de la constitución de los consistorios con 90 alcaldías más a sumar a las 177 obtenidas con mayoría absoluta. El PSOE ganó las elecciones en 416 municipios, 274 con mayoría absoluta y 142 con relativa. De éstos últimos, sólo ha podido consolidar el sillón municipal en 99 localidades, en 43 casos las alianzas, especialmente de PP e IU, han impedido gobernar a los socialistas.

No estoy en contra de los pactos, sí de que se demonicen en campaña y luego se olvide sin pudor lo prometido, engañando a la ciudadanía y favoreciendo el descrédito de la política. La congruencia y la decencia obligan a que dichos y hechos no sean incompatibles. De la derecha no espero nada, pero de la izquierda siempre demando ética en sus actuaciones.

Foto.- Diario Sur. Javier Arenas, presidente del PP andaluz, y Diego Valderas, coordinador de IU en Andalucía.

Pinza de aniversario

Han transcurrido ya 365 días del momento que plasma esta foto. Hoy se cumple un año de las últimas elecciones generales y autonómicas. Un año después, el escenario socio-económico ha cambiado radicalmente, con una crisis de origen internacional que se ha extendido al conjunto de las sociedades desarrolladas. Una recesión que se ha desencadenado con una virulencia y un alcance que ningún analista ni organismo había sido capaz de predecir.

El patio político no experimenta muchos cambios en Andalucía: todas las encuestas dan al victoria al PSOE y pronostican, casi unánimemente, un triunfo por mayoría absoluta. Un pequeño desgaste del partido del gobierno, lógico con la situación económica que estamos atravesando, y un deterioro mayor de la principal fuerza de la oposición, el PP, y de su líder, Javier Arenas, que siguen sin ser tenidos en cuenta por el electorado como alternativa. Posiblemente porque la ciudadanía espera de la oposición algo más que destrucción y crispación.

El Gobierno de Andalucía ha puesto en marcha un conjunto de medidas del mismo tenor que las que se están aplicando en Francia, Reino Unido o Alemania. De momento, los resultados son escasos, especialmente en el combate contra el desempleo, si bien una inyección tan importante de recursos públicos a la economía acabará teniendo repercusión en el medio plazo. El Ejecutivo de Manuel Chaves se ocupa y se preocupa de las cosas que conciernen al bienestar de las familias, el PP piensa en sus intereses particulares, no arrima el hombro para hacer frente a la crisis, Arenas sólo actúa en función de su futuro político.

Todas las fuerzas políticas han hecho balance de estos doces meses que han transcurrido desde la cita con las urnas. Esta mañana asistía en la Cadena Ser a una curiosa coyunda argumental entre el líder del PP y el coordinador de Izquierda Unida, Diego Valderas, en su valoración de este primer año de legislatura. Ambos coincidieron en que ha sido el peor año de Chaves y la democracia en nuestra tierra. Sorpresiva casualidad. Viejas concomitancias del pasado, remembranzas de alianzas disolutas, evocaciones de pinzas en este primer aniversario. Creía que Izquierda Unida compartía con nosotros que lo que nos había llevado al abismo era el fracaso del modelo ultraliberal basado en lo privado y la desregulación. La radiografía, entonces, les ha salido velada.