Más leña

No paran. Los representantes de los mercados no cejan en su empeño de dejar el estado del bienestar reducido a un vestigio del pasado. No hay día que uno de esos organismos que nadie elige en las urnas nos den lecciones de cómo conjurar esta prolongada crisis, sin importarles que salgamos casi desnudos, como los hijos de la mar, que escribiría Machado. El Fondo Monetario Internacional se ha descolgado con otra vuelta de tuerca a la reforma laboral con la añagaza de crear empleo. Más leña a la pérdida de derechos de los trabajadores: despidos más baratos (será ya hacerlos libres), salarios más bajos y liquidación en la práctica de la negociación colectiva. Prácticamente, el FMI plantea dejar a los asalariados a la intemperie y sin ningún tipo de protección. Los empresarios se han frotado las manos, el Gobierno se tentado la ropa tras el desgaste que le ha supuesto la ya dura reforma laboral de febrero de 2012 y no se ha dejado seducir por este nuevo canto de sirenas (al menos, de momento), la oposición y los sindicatos han puesto el grito en el cielo. Otros expertos sostienen justo lo contrario que este organismo tan fallón en sus recetas (ahora admiten que se han pasado en la dosis de austeridad con Grecia): con la reducción de salarios no se crean más puestos de trabajo. Nos hicieron creer que los costes laborales eran altísimos es la cantinela del discurso dominante neoliberal. La fórmula para recuperar competitividad no supone deprimir las retribuciones, sino en poner en marcha políticas de estímulo e invertir en investigación, desarrollo e innovación. De seguir la senda que nos marcan los mercados, saldremos de la crisis, sin duda, pero en peores condiciones y con un retroceso de conquistas abismal.

Otro engaño más

Los poco más de cien días de Mariano Rajoy en el Gobierno están resultando un auténtico timo. Los engaños se suceden con ritmo de vértigo, sus hachazos no están dejando títere con cabeza. Dijo que no subiría los impuestos porque supondría una agresión a las familias y traería más paro y lo ha hecho; aseguró que no abarataría el despido y ha aprobado un reforma laboral que lo hace prácticamente libre y muy fácil para los empresarios, una reforma tan lesiva que le ha costado una huelga general y grandes manifestaciones; garantizó que “metería la tijera en todo menos en pensiones, sanidad y educación” y esta tarde, a través de una fría nota de prensa, anuncia recortes adicionales de 10.000 millones en educación y sanidad. Eso sin contar la drástica reducción de estas partidas en los Presupuestos Generales presentados el 30 de marzo. El actual inquilino de la Moncloa es una máquina de incumplir sus promesas y además en un tiempo récord. Y para más inri, sigue escondido en su despacho sin dar la cara. ¿Quién se va a poder fiar de su palabra? Con estos antecedentes, sólo los muy fanáticos.

El programa de la patronal

La patronal española se está frotando las manos ante una eventual victoria del Partido Popular el 20-N. No se cortan un pelo. Muestran sin arrobo sus uñas afiladas para despedazar las conquistas sociolaborales de los trabajadores. Son insaciables. Han encontrado en esta crisis creada y agudizada por su visión neoliberal la excusa perfecta para dar un zarpazo a la clase obrera y sacar adelante su programa de máximos (máximos recortes, máxima debilidad del trabajador y máximos beneficios sin reinversión social). Los empresarios tan solidarios como siempre socializando las pérdidas y amasando sus ganancias.

La CEOE ha entrado en campaña electoral. Su presidente, Joan Rosell, ha trasladado la aspiración de sus colegas de seguir abaratando el despido hasta casi que hacerlo libre. Plantea que el despido improcedente para los nuevos contratos indefinidos se rebaje a 20 días (de los que ocho los abonaría el FOGASA) y el procedente, “a 12 días o nada”.  Los patronos madrileños añaden dos huevos duros más: no subir los impuestos, reducir el gasto público implantar el copago en sanidad y dependencia, disminuir la representación sindical y recortar el derecho a huelga en determinadas, además del despido libre y sin trabas administrativas, para qué tanto legalismo.

Ante el vicio de pedir, está la virtud de no dar. Lo malo de esta ofensiva contra los derechos de los trabajadores no es que la pongan sobre la mesa, sino que haya algún partido político (léase el PP) que esté dispuesto a llevarla a la práctica. Esperemos que los empresarios no hayan lanzando a la opinión pública el programa oculto de Mariano Rajoy, ese enigmático documento que el aspirante de la derecha no se atreve a mostrar para disipar dudas.

El ventajismo de la CEOE

La patronal se quiere aprovechar de la desesperación de la gente que persigue un empleo. Al calor de la cifras del paro, la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) se ha descolgado con dos propuestas que suponen asestar un duro golpe a la clase trabajadora. Una de carácter general, abaratar el despido y que éste tenga efecto con menor control judicial. Y otra dirigida a un sector poblacional, los menores de 30 años, para los que se plantea un contrato de inserción (¿o de esclavitud?) con una retribución como máximo del salario mínimo interprofesional y sin derecho a derecho a desempleo e indemnización, es decir, sin protección social.

La CEOE, a través de un presidente como Gerardo Díaz Ferrán con la autoridad moral a ras de suelo, pretende extraer ventaja del exceso de mano de obra demandante de un puesto de trabajo. Con este caldo de cultivo, los patronos han mostrado su verdadero rostro. Llevan tiempo amagando, tirando la piedra y escondiendo la mano. Por fin, han manifestado con elocuencia su aviesa hoja de ruta con la que piensan a acudir a la mesa de la reforma laboral con el Gobierno de España y los sindicatos. El diálogo social ha de servir para mejorar el mercado de trabajo y no para usar la crisis como coartada para arrebatar derechos y conquistas de los trabajadores.

Ya va siendo hora de exigir a los empresarios una verdadera implicación con los designios de este país. No se puede apelar siempre a la teta de mamá Estado en los momentos de vacas flacas y cuando llega la temporada de bonanza, embolsarse los beneficios y engrosar las cuentas corrientes particulares. ¿Dónde está la responsabilidad del sector privado para sumar a la bolsa común y no a la propia? ¿Para cuándo un poco de cordura por parte de la cúpula patronal?

Por cierto, al PP no le queda más remedio que retratarse. Ahora tiene la oportunidad de demostrar si está con la gente o está con la elite empresarial que quiere cebarse con los de siempre, los más débiles.

Foto.El Mundo.

Un patrón en apuros

El jefe de la patronal española, Gerardo Díaz Ferrán, es un gigante con los pies de barro. El moisés que tendría que conducir al empresariado patrio a la tierra prometida ha naufragado en las orillas del mar Rojo. Está atravesando serias dificultades para sacar adelante sus negocios particulares. En concreto, acumula una deuda de 16 millones de euros con la Seguridad Social y un impago de 26,5 millones a Caja Madrid pese a la colaboración dilatada e incondicional de su amiga Esperanza Aguirre (que “es cojonuda“, según sus palabras) con suculentos contratos públicos en la Comunidad de Madrid. Esta línea de ayuda tuvo su contrapartida con la donación de 246.000 euros a una fundación del PP madrileño, Fudescam, vinculada con la trama corrupta del caso Gurtel. Si se hubiera guardado ese dinero, empleado por Aguirre para sus actividades electorales, tendría un agujero más pequeño en sus cuentas.

Tiempos de tribulación e incertidumbre para el presidente de la CEOE. Hasta tal punto, que se ha visto obligado a poner su cargo a disposición de la junta directiva de la patronal. Sus compañeros del gremio han cerrado filas en torno a Díaz Ferrán. O lo que es lo mismo: éste ha salvado este match-point con una jugada ladina, convenientemente preparada, y parapetado en la excusa de los socorridos agentes externos. Para blindar a su jefe, algunos de su círculo de confianza atribuyeron los problemas de liquidez de sus sociedades a su firmeza en la negociación de la concertación social con Gobierno y sindicatos. Es como mezclar la velocidad con el tocino. ¿Qué tendrá que ver su papel institucional en el marco del diálogo social con la mala marcha de sus empresas? ¿Se puede ser más retorcido o insolvente en los planteamientos?

Esperemos que este patrón apuros no encauce esta renovación de confianza de sus compañeros hacia la confrontación y el mantenimiento de tesis maximalistas. En los dos últimos dos años, la cerrazón de Díaz Ferrán ha impedido avances en el diálogo social. Se ha enrocado en una petición eufemística de reforma laboral que en el fondo propugnaba el abaratamiento del despido y la pérdida de derechos conquistados por los trabajadores. El presidente de la CEOE tiene una oportunidad de apurarse en buscar soluciones para dar respuesta a la principal reivindicación ciudadana: el empleo, empleo de calidad y seguro.

Órdago patronal

Diálogo socialLa Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) quiere reventar el diálogo social impulsado por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para acordar nuevas medidas de fomento del empleo y de la actividad económica que posibiliten una salida más rápida y eficaz de la crisis y sitúen a nuestro sistema productivo en condiciones de mayor competitividad. La patronal ha lanzado un órdago con reivindicaciones inaceptables que, de facto, pretende dinamitar el sistema de protección social conquistado durante décadas.

La cúpula empresarial ha puesto sobre la mesa un documento de 16 páginas que preconiza el despido libre. Es más, quiere una reducción de las cotizaciones a cuenta del superávit de la Seguridad Social que pondría en riesgo el futuro de nuestro sistema de pensiones. No es de extrañar que los sindicatos UGT y CC OO tachen la iniciativa de “tomadura de pelo” y entiendan que la patronal “rompe unilateralmente” la negociación.

El Gobierno de España, a través del ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, se ha plantado ante la afrenta de una patronal con aspiraciones ultraliberales de difícil digestión, y está dispuesto a tomar medidas de acuerdo al programa y a la ideología que más de 11 millones de españoles apoyaron en las urnas en marzo de 2008. Por ejemplo, se aprobará una ayuda de 421,8 € para las personas sin empleo que se hayan quedado sin prestaciones.

Rechina este gesto postrero (¿y grosero?) de la CEOE tras doce meses de complejas negociaciones, esta radicalización final tiene un ligero tufo a maniobra política en posible sintonía con las urgencias del PP. Al primer partido de la oposición no le conviene la foto del acuerdo y está presionando soterradamente. El movimiento de la patronal tiene mucho de soberbia, chulería y chantaje. El Gobierno no puede ceder a la extorsión de los empresarios. Seguro que no lo hará.

Foto: Cándido Méndez (UGT), José Luis Rodríguez Zapatero, Gerardo Díaz Ferrán (CEOE) y Celestino Corbacho.