Un hombre bueno

Esta foto recoge el momento de la despedida real, la última vez que nos vimos. Hoy le hemos dicho adiós oficialmente, pero siempre estarás ahí, presente en nuestro recuerdo, querido Juan. Ese último abrazo llevaba un mensaje entre líneas, la rúbrica de años de sincera y profunda amistad con los puntos suspensivos del hasta siempre.

Juan Ayllón Campillo era un tipo de una pieza, en términos machadianos, en el buen sentido de la palabra, bueno, muy bueno, una persona servicial a prueba de bomba, la palabra ‘no’ nunca tuvo un hueco en su vocabulario ni en su forma de entender la vida, siempre dispuesto a ayudar en cualquier momento y en cualquier circunstancia, daba sin pedir nada a cambio, siempre entregado a los demás aunque éstos a veces, muchas veces, no lo trataran como él realmente se merecía, su bondad no entendía de resentimientos. Generosidad a raudales, lealtad inquebrantable, coherencia al máximo exponente, fiel a sus ideas y a las esencias del socialismo transformador, amigo de sus amigos, de fiar…

Una persona única, irrepetible, que nos dice adiós y nos deja muchas lecciones de las que aprender. En lo humano y también en lo profesional. Un trabajador infatigable, con conocimientos y preparación, cumplidor y de palabra, le gustaban las cosas bien hechas y no cejaba en el empeño hasta conseguirlo, se sentía incómodo con las chapuzas y las improvisaciones. Un lujazo trabajar con alguien que te transmitía seguridad y serenidad, que destilaba saber, confianza y pasión. Me lo refería esta mañana Lola, su esposa y compañera de tantos años, muchas veces no lo han valorado como le habría correspondido en justicia. Quizá fuera así por su humildad, su bonhomía y su escaso afán de protagonismo. Pero para quienes lo conocíamos de verdad (y lo queríamos) era alguien irreemplazable. También en esta faceta era bueno, muy bueno, DEP.

Foto.- Es del 31 de enero. A Juan se le notaban ya los estragos de la enfermedad. Fue una visita sorpresa preparada con Lola de Paco Perujo y quien suscribe, los doctores como él nos llamaba y servía de nombre a nuestro grupo de WhatsApp. Un momento de emociones, muchas emociones…

Hasta luego

HASTA LUEGO
Nicanor Parra

Ha llegado la hora de retirarse
Estoy agradecido de todos
Tanto de los amigos complacientes
Como de los enemigos frenéticos
¡Inolvidables personajes sagrados!

Miserable de mí
Si no hubiera logrado granjearme
La antipatía casi general:
¡Salve perros felices
Que salieron a ladrarme al camino!
Me despido de ustedes
Con la mayor alegría del mundo.

Gracias, de nuevo, gracias
Reconozco que se me caen las lágrimas
Volveremos a vernos
En el mar, en la tierra donde sea.
Pórtense bien, escriban
Sigan haciendo pan
Continúen tejiendo telarañas
Les deseo toda clase de parabienes:
Entre los cucuruchos
De esos árboles que llamamos cipreses
Los espero con dientes y muelas.

¿Serás, amor…

¿SERÁS, AMOR…
Pedro Salinas

¿Serás, amor
un largo adiós que no se acaba?
Vivir, desde el principio, es separarse.
En el mismo encuentro
con la luz, con los labios,
el corazón percibe la congoja
de tener que estar ciego y sólo un día.
Amor es el retraso milagroso
de su término mismo:
es prolongar el hecho mágico
de que uno y uno sean dos, en contra
de la primer condena de la vida.
Con los besos,
con la pena y el pecho se conquistan,
en afanosas lides, entre gozos
parecidos a juegos,
días, tierras, espacios fabulosos,
a la gran disyunción que está esperando,
hermana de la muerte o muerte misma.
Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía.
Ni en el lugar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo altísimo, temblando.
Y la separación no es el momento
cuando brazos, o voces,
se despiden con señas materiales.
Es de antes, de después.
Si se estrechan las manos, si se abraza,
nunca es para apartarse,
es porque el alma ciegamente siente
que la forma posible de estar juntos
es una despedida larga, clara
y que lo más seguro es el adiós.

Ritos

RITOS
Pablo García Casado

los recuerdos son facturas a tu nombre
sé que el adiós tiene su rito y el tuyo
es dejarme vacía la despensa de los sueños

a veces me pregunto qué hicimos mal
te mandaré flores cada otoño puedes venir
por las facturas al menos las de la luz

estoy a oscuras por culpa de tus ritos

Los adioses

LOS ADIOSES
Rosario Castellanos

Quisimos aprender la despedida
y rompimos la alianza
que juntaba al amigo con la amiga.
Y alzamos la distancia
entre las amistades divididas.

Para aprender a irnos, caminamos.
Fuimos dejando atrás las colinas, los valles,
los verdeantes prados.
miramos su hermosura
pero no nos quedamos.

Foto.– Alberto Montejo.

Lied marino

LIED MARINO
Álvaro Mutis

Vine a llamarte
a los acantilados.
Lancé tu nombre
y sólo el mar me respondió
desde la leche instantánea
y voraz de sus espumas.
Por el desorden recurrente
de las aguas cruza tu nombre
como un pez que se debate y huye
hacia la vasta lejanía.
Hacia un horizonte
de menta y sombra,
viaja tu nombre
rodando por el mar del verano.
Con la noche que llega
regresan la soledad y su cortejo
de sueños funerales.

Después de todo

DESPUÉS DE TODO
Rodolfo Serrano

Esta dulce amargura de los lunes,
esta tristeza suave en todo y nada,
la relación de causas y de ausencias,
el olvido dormido entre tu pecho.

La soledad vencida. Y el deseo.
Los nombres que olvidamos en los labios.
La lista de pecados en tu cuerpo.
El viaje de tus ojos en la noche.

La esperanza de verte o recordarme.
Esa vida pendiente entre tus dedos.
Las caricias del agua. Y el mordisco
del lobo del olvido en mi garganta.

Las venas de tu nombre, y esa risa
de peces y de uvas y de vinos.
El sueño de los días. Pesadilla
de no encontrar mi voz en tus caderas.

Todo se rompe, en fin, cuando me dices:
“La vida es el cuaderno donde anoto
el instante feliz de los encuentros.
Cuando lloras después de haberme amado”.