Bajo mínimos

La semana viene cargada, con agendas kilométricas y múltiples ocupaciones. Este calor sofocante no ayuda a superar esta gran cota del mes de julio. El año se me está haciendo largo. Se me agolpan los hitos en este breve lapso de tiempo: dos citas electorales (generales de noviembre y autonómicas de marzo), una variación de registro político hacia un perfil institucional (de la ejecutiva regional del PSOE de Andalucía a la portavocía del Gobierno de la Junta) y dos congresos del partido (regional y provincial de Sevilla) en los dos últimos fines de semana. En este ínterin he cambiado de estado civil (mi deseada boda con Regina) y los preparativos también han requerido una dedicación adicional (todo mereció la pena porque la fiesta fue fantástica y, sobre todo, cumplimos un sueño). Todo este ajetreo sentimental, institucional y orgánico me tiene con las reservas bajo mínimos. Y toca dar el callo hasta que arranque agosto y se vacíen las calles de mi tórrida ciudad natal. Para soltar el estrés hacen falta descanso y desconexión. Como no dispongo de ninguna de estas dos posibilidades, de momento, una de música relajante para hacer más llevadera esta cuesta arriba de canícula y muchas batallas (políticas) por librar en defensa de los intereses de Andalucía.

PD.- Música sugerida por Mayka Ramón (@MaykaRamn en Twitter).

Necesito un respiro

En lo que más nota uno que va cumpliendo años es en la menor capacidad de recuperación después de los esfuerzos. En momentos mozos, el organismo respondía con tonificada elasticidad a las exigencias. Nos podíamos echar sobre la espalda maratonianas jornadas laborales, agendas absorbentes y noches en blanco. Con una ducha y un buen café, a la mañana siguiente como nuevos. Ese eslogan publicitario de no pesan los años sino los kilos se me antoja como una soberana falacia. Me mantengo en la línea y hago deporte con cierta disciplina y, sin embargo, me resiento ya de este estresante modus vivendi que, por momentos, no pica pero mortifica. Llevo once días consecutivos sin descansar y estoy con las reservas justas para llegar al fin de semana. Posiblemente, sea más una necesidad de desconexión y oxigenación mental que de desgaste físico o gajes de la edad… Ahora bien, caen irremisiblemente las hojas de calendario y algo tendrá que ver este transcurrir del tiempo con nuestras prestaciones y desenvoltura. Ahora sólo pienso en que llegue las 20 horas de mañana. Un respiro que, por pequeño que sea, me sabrá a gloria.

La reparadora siesta

Se difunden a menudo estudios que pretenden descubrir la pólvora. La última entrega de estas investigaciones de impacto que confirman lo obvio o que reafirman lo archisabido por la cultura popular se solaza con los beneficios reparadores de la siesta. El congreso de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, celebrada en San Diego (California), nos trae una conclusión que busca cambiar la idea de este descanso vespertino como momento de vagancia o manifestación de pereza.

Para las decenas de investigadores de diferentes disciplinas congregados en este foro científico, una siesta es mucho más que un momento de relax. Este descanso no sólo es reparador sino que mejora el funcionamiento cerebral: ayuda para memorizar, concentrarse y aprender nuevos datos.  Dormir no sólo corrige las consecuencias del cansancio de estar despierto sino que “mueve (a la persona) más allá de donde estaba antes de tomar la siesta”, ya que hace intervenir al hipocampo, la región del cerebro que favorece la memorización de datos y mejorar la capacidad para aprender.

El sueño, por tanto, es necesario para el almacenamiento de la memoria a corto plazo y para hacer espacio para información nueva. En declaraciones a Clarín, Matthew Walker, profesor asistente de psicología de la Universidad de California en Berkeley y uno de los autores de estos trabajos, comparó al hipocampo con la bandeja de entrada del correo electrónico: cuando está llena, no puede recibir más mensajes. “En el caso del hipocampo, si no duerme, le costará aprender”.

Otro grupo de investigadores de la Universidad de Arizona también reforzaron el valor de las siestas como parte del aprendizaje de los bebés. Los bebés que duermen la siesta tienen más posibilidad de tener un nivel avanzado de aprendizaje, conocido como abstracción. Al hacer pruebas con frases grabadas que fueron escuchadas por bebés de 15 meses, identificaron que los que durmieron siesta tenían una mejor capacidad para encontrar patrones entre las frases. No sólo hay que estimular a los chicos con lectura, charlas y nuevas palabras, sino que necesitan un contexto favorable que incluye un tiempo de sueño adecuado.

En definitiva, estos científicos han redescubierto lo que los romanos hacían en la hora sexta: dormir después de comer para retomar con más energía el resto de la jornada. Aunque por mi actividad laboral y política no puedo disfrutar de la cabezada provechosa tras la comida, me declaro partidario de la siesta. Un paréntesis corto, de no más de media hora, en el sofá o en la cama, con pijama o con ropa de calle, y luego a comerse el mundo.

Vacaciones poéticas

Tómese esta introito como las presentaciones que hacen las estrellas de la música una vez que ya han sonado un par de temas en el concierto. Bueno, un pequeño matiz: ni soy una figura (no se me han subido los humos a la cabeza)  ni tengo cualidades vocales  (vamos, que canto menos que un grillo mojado).

El pasado viernes comenzó mi ansiado descanso estival y pensaba colgar en el blog el cartel de cerrado por vacaciones al menos hasta el 4 de agosto. He cambiado de opinión y pienso de mantenerlo activo con una especie de hilo musical pero, en este caso, la señal de continuidad tendrá un componente muy lírico. Desde el sábado y durante diez días te encontrarás en esta bitácora una selección de poemas que me gustan y que quiero compartir contigo. La de hoy corresponde a Rodolfo Serrano, una gentileza de mi servicio de documentación.

RUTINA

Porque el amor no fue lo que creímos
y las noches de pasión
fueron dos cuerpos,
sudorosos y hambrientos
en la cama,
cansados de luchar contra los vientos.

Porque fueron los besos
sólo un intercambio
de saliva –o eso es lo que dices-
con el gusto
del vino peleón del abandono
y las caricias el rastro de otras manos.

Porque no hay días mágicos
que puedan
llevarnos hasta otros territorios.
Y hasta el recuerdo, mi vida, es sólo el humo
de tantos cigarrillos compartidos
en sucias madrugadas.

Porque no sé si me quieres y te quiero.
Porque ya no hay teléfonos
que suenen
sobresaltando noches ni palabras
de amor tan cursis y tan bellas
como las que tú me jurabas cada instante.

Por eso, todo eso te quisiera
dormida entre mis brazos y sentir
en el calambre del hombro
esa dulce presión de tu cabeza.
Tu amor
y la rutina de estar juntos.

Esto es vida

Pese al torbellino (laboral que no político) surgido por el relevo al frente del Gobierno andaluz como consecuencia de la marcha de Manuel Chaves a Madrid, la Semana Santa ha sido plácida y excitante en lo personal. No es una contradicción la combinación de estos dos adjetivos, ni la vivencia de estas sensaciones. Los momentos agradables son muchos más intensos cuando tienen chispa, cuando acompaña la pasión, cuando emerge la emotividad, cuando se disfruta compartiendo, pero también cuando se espantan las perturbaciones, cuando brota la paz, cuando no hay más sobresaltos que la propia alegría. Esto es vida… Aunque los momentos buenos duren poco, se antojen demasiado fugaces, apenas de tiempo de paladearlos. Ya mañana llega de nuevo la vorágine. Hay que rematar la faena y dar un nuevo impulso a la acción política del PSOE de Andalucía con la elección como candidato de José Antonio Griñán. Nuevos tiempos, redoble de esfuerzos. Pero eso será mañana, hoy quedan apurar las últimas horas de descanso componiendo unos recuerdos maravillosos.

Vídeo: Amy MacDonald, This is the life.