Los diez mandamientos del político decente

El periodista José María Izquierdo, en su sección ‘El ojo izquierdo’ en la Cadena Ser, nos ha ofrecido hoy este catálogo de cosas que hacen los políticos decentes:

1. No mienten ni utilizan cifras falsas.

2. Cumplen lo que prometen, y, si no pueden, por una u otra causa, dan la cara.

3. No amparan a delincuentes ni les animan a ser fuertes tras sus fechorías.

4. No presionan ni obstruyen hasta el escándalo a la justicia.

5. No permiten que un ministro reciba en su despacho oficial a un político de su partido acusado de graves delitos.

6. No sacan mesas a la calle para protestar por una pequeña subida del IVA y cuando gobiernan son los dirigentes de la Unión Europea que más suben ese impuesto.

A estos seis mandamientos, le añadiría otros cuatro:

7. No reciben sobres con dinero de origen dudoso. Y si lo hacen y luego queda demostrado, piden disculpas y devuelven el dinero.

8. No se muestran blandos y condescendientes con compañeros de siglas que son cogidos en un renuncio y, por el contrario, implacables con los adversarios, a los que no se les respeta siquiera la presunción de inocencia.

9. Asisten a los debates y no envían a sus segundos porque no tienen tiempo para ese deber democrático.

10. Cuando acuden a entrevistas aceptan todas las preguntas, no rehúyen los temas conflictivos ni lanzan amenazas veladas a los periodistas.

Foto.Huffington Post.

¿Quién puede dar lecciones?


¿Con este panorama, con cualificados dirigentes a punto de sentarse en el banquillo, con una carta de presentación para regirse por la prudencia, cómo se atreve el Partido Popular a dar lecciones a los demás partidos de honestidad, decencia o ética? Éste es el mapa de la corrupción popular confeccionado por el portal PPleaks, una radiografía abierta a la colaboración de los internautas. No aparece Canarias, comunidad salpicada por corruptelas de cuadros del partido de la gaviota.  Ésta es una evidencia donde cualquiera, con dos dedos de frente y un mínimo de humildad, se movería con recato y escrupuloso tacto. El PP, en cambio, ataca, agrede, difama y se pasa por el forro de sus caprichos el honor de los demás… Como si no tuviera ninguna mácula en su expediente. Y lo que es peor no corta por lo sano y saca del canasto las manzanas podridas, sino que en algunos casos hace ostentación de la putrefacción. Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces. Está claro que no dispone de autoridad moral para dar lecciones a nadie.

Decir que no

DECIR QUE NO
Mario Benedetti

Ya lo sabemos
es difícil
decir que no
decir no quiero

ver que el dinero forma un cerco
alrededor de tu esperanza
sentir que otros
los peores
entran a saco por tu sueño

ya lo sabemos
es difícil
decir que no
decir no quiero

no obstante
cómo desalienta
verte bajar tu esperanza
saberte lejos de ti mismo

oírte
primero despacito
decir que sí
decir sí quiero
comunicarlo luego al mundo
con un orgullo enajenado

y ver que un día
pobre diablo
ya para siempre pordiosero
poquito a poco
abres la mano

y nunca más
puedes cerrarla.

¡Peligro!

El aluvión de casos de corrupción acaecido en las últimas semanas puede generar un profundo desafecto de la ciudadanía hacia sus representantes. Si ya el ruido generado por el mayor escándalo de corrupción de la democracia española, que es el affaire Gurtel, junto a otras irregularidades de menor calado, parecía insoportable, el afloramiento a borbotones de nuevos episodios en un escaso margen de tiempo (Palma Nova, Palau o Millet, El Ejido y la trama vinculada a CiU y al PSC) han encendido las luces de alarma, la sirenas de emergencia suenan con estrépito y entre el bullicio ensordecedor ya se perciben las voces que alertan del peligro.

¿Qué puede pensar la opinión pública? ¿Son (somos) todos los políticos unos trincones, unos corruptos? Esa generalización sería extraordinariamente injusta: sólo unos pocos orillan la ética para ponerse las botas o llenarse las alforjas. Ahora bien, la gran mayoría honesta, de todos los signos políticos, debería arremangarse para cortar la gangrena y arbitrar medidas que hagan cada vez más difícil que se produzcan estos lamentables espectáculos que dañan la esencia y los pilares de la democracia.

La reflexión sobre el hartazgo que está generando esta cascada de hechos indignos y desmoralizadores me lleva rondando varios días por la cabeza. Esta mañana me he topado con un oportuno artículo de Ignacio Sotelo en El País, un texto pertinente y severo,  contundente y aleccionador, que profundiza en este cúmulo de circunstancias que causa el descrédito de la política:

Uno de los síntomas más preocupantes del estado actual de las democracias es el creciente desprestigio de los políticos, a los que se les considera tan ineptos como corruptos. De poco sirve escudarse en que no todos los políticos son iguales, una obviedad manifiesta, ni advertir de las fatales consecuencias para la estabilidad del orden político establecido, una amenaza que al menos tiene la virtud de mostrar lo hondo que esta opinión ha calado“. (Lee más)

No es tarde, ni mucho menos, se está a tiempo de evitar un daño irreparable y combatir el desapego de amplias capas de población hacia la cosa pública. No podemos tirar por tierra por inacción, pereza o indiferencia un sistema político y de convivencia por el que peleamos tantos años.