Contra la ley mordaza

PSOE no a la ley mordaza

Se nos amontona el trabajo para cuando el Partido Popular pierda las elecciones generales en unos meses (sea en septiembre con las catalanas o en noviembre-diciembre agotando la legislatura). Son muchos los compromisos colectivos contraídos por la oposición en este periodo negro de rodillo reaccionario del PP: derogar la reforma laboral, la reforma educativa, la reforma local o la ley de Seguridad Ciudadana, la conocida como ley mordaza, entre otros proyectos recalcitrantes. La derecha está haciendo un gran estropicio en derechos y libertades públicas que costará mucho recuperar. El destrozo es prácticamente total y la tarea que nos queda por delante, ingente pero ilusionante.

El retroceso que ha dado este país con la mordaza del PP es tremendo. Parece que a la derecha le produce alergia la libertad y los derechos recogidos en la Constitución. Se dan muchos golpes de pecho para luego pisotear determinados preceptos de nuestra carta magna. ¿Por qué tiene tanto pavor la franquicia de la gaviota a que los ciudadanos puedan expresar libremente su pensamiento, su crítica, a que ejerzan su derecho de manifestación y de expresión? Una sociedad avanza más y es más sólida cuando se crea masa crítica. Pero con la falsa coartada de la seguridad, la derecha está metiendo la tijera en las libertades y recuperando conceptos que nos retrotraen a tiempos retrógrados como la arbitrariedad, la falta de seguridad jurídica y la coacción ciudadana. Viejos usos que no tienen cabida en la España actual.

MB sale de la madriguera

Juan Manuel Moreno Bonilla con la camiseta de España en su Twitter

Tras el batacazo del Partido Popular en las elecciones europeas en Andalucía, el líder que no es líder de esta formación, Juan Manuel Moreno Bonilla, ha estado un mes prácticamente escondido y, según cuentan, reflexionando. Sus presencias públicas desde el 25 de mayo se pueden contar con los dedos de una mano y nos sobraría alguno. A su enclaustramiento le pega la música y casi la letra de Triana Pura: Qué le estará pasando al probe MB, que hace mucho tiempo que no sale…  Su ausencia es un clamor en los círculos políticos, y especialmente dentro de su partido, y en los medios de comunicación. En los últimos días sólo se le ha visto en algún selfie desafortunado en las redes sociales.

Es tan elocuente su paso atrás, objeto de chanzas por parte de sus adversarios políticos, que ha tenido que montar en el día de hoy una agenda de actividades entre Granada y Almería. Una urgencia por aparecer que se contradice con la llamada de sus asesores a distintos periodistas para justificar la ausencia de su jefe en estos días por razones familiares. Bonilla se anda quejando que está reventado y eso que apenas lleva cuatro meses al mando de la derecha andaluza. Lo que sí está reventada es la unidad interna, cada vez son más voces que en privado admiten el error de su designación a dedo por Rajoy y cada vez es más evidente es que el PP andaluz se enroca en taifas provinciales o locales. Quieren escapar de la quema de una desorientada estrategia regional y del hundimiento de un líder casi sin estrenar. Como ha dicho la presidenta de la Junta, Susana Díaz, todavía está en garantía y si no les sirve lo pueden descambiar y le devuelven el dinero.

Mal encaje

Sin entrar en el fondo de la cuestión porque quien calla, otorga. Es decir, que Soraya Sáenz de Santamaría no desmiente que haya cobrado unos 600.000 euros en concepto de sobresueldos, como la inmensa mayoría de los dirigentes del Partido Popular en los últimos años. Quiero reparar en el mal encaje de la vicepresidenta a la crítica, que se concreta en el rictus agrio y encolerizado, en su lenguaje corporal desafiante, en su mirada esquiva sin buscar a su adversaria interpelante, su tocaya socialista, Soraya Rodríguez, y en los gallos que acompañan su discurso. También de aúpa es el gesto retador y arrogante cuando se le agota el tiempo y emplaza con gesto altivo al presidente del Congreso, Jesús Posadas, que cede a la presión de la número dos del Gobierno. Y, por último, el golpe chulesco, rabioso y grosero que la da al micro antes de sentarse en su escaño. Un claro ejemplo de mandíbula de cristal cuando los peperos siempre golpean con puño de acero… Tiran a dar sin importarles la verdad ni el honor de los demás.

Goyas reivindicativos

La entrega de los Premios Goya tuvo un acento nítidamente reivindicativo. La gala del cine español no estuvo ajena a la crisis económica, social e institucional que azota a nuestro país. El mundo del celuloide dio cera con más o menos intensidad a los recortes, a la subida del IVA para la cultura, a los políticos en general y muy especialmente al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, presente en la sala y que aguantó el chaparrón con cara de póquer. En esta edición no se escapó ni la familia real. No es una novedad que el mundo del cine y la cultura se moje y se erija en cualificado altavoz del clamor de la sociedad. El presidente de la Academia, Enrique González Macho, puso especial énfasis en que el cine no es de izquierdas ni de derechas, que no tiene adscripción política, que en definitiva es de todos. Sin embargo, una lectura somera de la prensa conservadora nos hace ver que la derecha ni se identifica ni se siente a gusto con y entre los “titiriteros” (como los suele llamar Federico Jiménez Losantos). Así, ABC titula en portada que el sectarismo, los ataques gratuitos y la demagogia deslucen la entrega de los Goya y La Razón abunda en que se convirtió en un mitin contra el gobierno del PP. ¿Por qué algunos quieren poner trabas a la libertad de expresión y la crítica en democracia?

Inquisidores

Rajoy, Camps y Trillo

Aquelarre de la derecha en Alicante. Acto de exaltación de dos personajes públicos en el disparadero por acciones u omisiones que exigirían la asunción de responsabilidades políticas y éticas. Mariano Rajoy ha unido su destino al del presidente de Valencia, Francisco Camps, imputado por un delito de cohecho (la recepción de regalos a cambio de la adjudicación de contratos públicos) en el denominado caso Gurtel, y al del ex ministro de Defensa Federico Trillo, que sigue sin dar una explicación mínimamente solvente tras la sentencia condenatoria a tres de sus colaboradores tras el despropósito monumental de la gestión de la repatriación de los cadáveres de los militares fallecidos en el accidente del Yak 42.

Rajoy se fue a tierras alicantinas a arropar a sus compañeros descarriados, a ofrecer su apoyo inquebrantable a dos cargos públicos en la picota, a contraponer una respuesta populista (o peronista) a la actuación de los mecanismos del estado de derecho… Nítida exhibición del compañerismo irracional. No ha aprendido nada de los errores ajenos en este campo. Y por si fuera poco, el PP pone en entredicho las reglas del juego, sembrando dudas sobre la actuación de la justicia, y su presidente nacional retuerce su sobreactuación, imposta hasta la exageración el honor supuestamente mancillado, acusando de inquisidores del siglo XXI a aquéllos que demandan simplemente la aplicación del código ético del que se dotaron los populares. 

Éstos que teóricamente eran incompatibles a la corrupción no encajan bien la crítica cuando ellos han quemado, políticamente hablando, a muchos adversarios, cuando han desplegado cruzadas contra dirigentes socialistas sin ningún tipo de misericordia ni fundamentación jurídica. Por poner un ejemplo elocuente: a Felipe González no sólo lo persiguieron como perros de presa, también, como ha reconocido el periodista José María Anson, se urdió un complot mediático para derribar por métodos mafiosos a un presidente democrático. Antes metían fuego a las piras, ahora demuestran tener mandíbula de cristal. Ellos prescribían diatribas, insidias y descalificaciones, pero no admiten la más mínima ración de reprobación pública y control democrático de acciones reprochables desde el punto de vista político y ya veremos si penal (la trama de Gurtel tiene proceso judicial en curso y mucha miga en cuanto a indicios de comisión de delitos). Rajoy compromete su suerte a la de dirigentes infectados de un virus que en política requiere una profilaxis menos pasional y corporativa y sí más moderada, más racional, más prudente.

Foto: El País.