Chantaje patriótico

Las cuentas no salen para la investidura de Mariano Rajoy. Sólo dispone en este momento de la sorprendente abstención anunciada por Ciudadanos. Albert Rivera se ha tenido que desdecir de todas sus palabras de campaña y apuntalar al ala derecho del bipartidismo que tanto había criticado. Ni aunque PNV y Coalición Canaria estuvieran dispuestos a cargar con esa cruz sería suficiente el gesto parlamentario. En la izquierda, PSOE, Podemos e IU ya han dejado claro un no rotundo a la continuidad del presidente y su formación política. Es de suponer que el independentismo catalán (ERC y la nueva marca de Convergencia, Democràcia i Llibertat) tampoco estén por la labor. A la vez que se ha consolidado el rechazo que cosechan Rajoy y el PP hemos empezado a escuchar llamamientos a la responsabilidad y peticiones de altura de miras. Mensajes cocinados en altas esferas para ablandar o condicionar las decisiones autónomas y democráticas de los partidos. Se sacará a relucir que el futuro de España está en juego en clave de chantaje emocional y patriótico. Toda la artillería apuntará hacia el PSOE para que se dirija altruistamente al altar del sacrificio político. Ya se ha abierto el fuego para debilitar las defensas de los principios socialistas con argumentos endebles y retórica solemne. Al coro se ha sumado Rivera, quién te ha visto y quién te ve, Albert, de emergente a efervescente. Los que piden un apoyo incondicional a Rajoy defienden otros intereses que para nada coinciden con los de nuestro país y, mucho menos, con los de la inmensa mayoría de los españoles. ¡Que no nos engañen!

Utopía por plato de lentejas

La CUP ha abierto la puerta a la investidura de Artur Mas. La cúpula directiva dará este domingo otra vez la voz a sus militantes. De nunca a puede ser. Se habla en los medios de comunicación de preacuerdo. Las proclamas de fuerza con un no rotundo, de antes y después del 27-S, se han ido debilitando con el paso de los días. No era tan fiero el león como lo pintaban. Esta fuerza anticapitalista, antieuropea y de la izquierda radical se comerá todos sus principios y, si lo deciden sus bases, mantendrán a un presidente de Cataluña de derecha, adalid de los recortes y miembro de un partido acechado por la sombra de la corrupción. Han pasado de la utopía al plato de lentejas. No les importa prostituir sus valores en aras de un aburguesado pragmatismo. Y no parecen escuchar a los catalanes que en las elecciones generales de este domingo han situado a la marca blanqueada de Convergencia en cuarto lugar, muy lejos de sus preferencias. Si el pueblo no los quiere, ¿por qué la dirección colegiada de la CUP le da oxígeno a Mas?  Hace unas semanas, los seguidores de esta fuerza política ya rechazaron al president en funciones, pero habrá una segunda vuelta a ver si en este nuevo intento se cambia el sentir de la mayoría con persuasión y una dirección inteligente de la asamblea. Los líderes pretenden pastorear a su rebaño con salmos y promesas de un mundo en el más allá. Veremos qué pasa.

Foto.– Mas y Baños, candidato de la CUP, en el Parlament de Cataluña.

Otro sablazo

A nadie sorprende ya el maltrato y la hostilidad que el Partido Popular dispensa a Andalucía. Es una dinámica más vieja que el hilo negro. Tenemos ya un callo de tanto castigo pero no nos cansamos de alzar la voz, es nuestra forma de defender lo que es nuestro. Hace un par de días, por la vía de los hechos consumados, el Gobierno de Mariano Rajoy nos ha quitado 265 millones de euros que nos correspondían por derecho. Ni han avisado: han metido directamente la mano en la caja y se lo han quedado. Son 265 millones que no podremos dedicar en esta tierra para atender las necesidades de la sanidad y de la educación públicas, para dar cobertura a más personas en situación de dependencia o en riesgo de exclusión social, para recuperar los derechos que arrebató la crisis a los empleados públicos, para generar posibilidades de empleo… Andalucía deja de percibir todos los años unos mil millones respecto a la media de las autonomías. Y no sólo sufrimos este agravio, sino que además nos dan un sablazo adicional de 265 millones. La derecha no entiende lo que significa justicia social y redistribución de riqueza. Eso sí, en su diccionario aparece con letras muy grandes discriminación y desprecio a Andalucía.

Esta nueva agresión procede de una aplicación sectaria por parte del Ministerio de Hacienda de la liquidación del ejercicio de 2013 y de un reparto arbitrario del llamado de fondo de convergencia. Este fondo se ha de emplear para ir recortando las distancias entre las distintas comunidades autónomas y favorecer la cohesión social de todos los españoles. Sin embargo, Cristóbal Montoro, que en su DNI reza como andaluz, tergiversa este concepto y la obligación de un ejecutivo de que todos los territorios tiendan a parecerse, a contar con las mismas oportunidades. El Ministerio ha preferido dar una riada de millones a Cataluña y a la Comunidad Valencia en perjuicio de Andalucía. No cumplieron con el objetivo del déficit en ese año por la pésima gestión de Artur Mas (Convergencia) y de Alberto Fabra (PP) y encima se les premia.

La palabra de Rajoy es papel mojado, no vale nada. Hace justamente un año, la presidenta de la Junta, Susana Díaz, lo alertó de este auténtico dislate en el Palacio de la Moncloa. Le hizo saber la injusticia de castigar a Andalucía por una interpretación sesgada del reparto de la financiación autonómica y le planteó, si se consumaba esta distribución trampeada, que al menos se permitiera una devolución en varias anualidades. Pues ni una cosa ni la otra. Han mantenido el desequilibrio entre CCAA y nos han metido la mano en la cartera sin previo aviso. Así se las gasta el PP con Andalucía. A algunos sólo les interesa esta tierra para ver los debates de los que se ausenta desde las instalaciones públicas de Doñana.

Foto.EFE.

Mas se arrastra ante la CUP

Viendo el escenario catalán desde la barrera, da la sensación que Artur Mas ha perdido la dignidad y está dispuesto a cualquier arreglo (por oneroso que éste sea) con tal de amarrar su continuidad en la presidencia de la Generalitat. Cierto es que en este viaje se juega su pellejo político pero sus ocurrencias lo están situando en el ridículo más absoluto. Muchos de los votantes del Junts pel sí, básicamente los que tradicionalmente han votado a Convergencia i Unió, de extracción conservadora, estarán desconcertados con el matrimonio antinatura que persigue Mas con la CUP, una fuerza anticapitalista y antisistema. Esa alianza sería tanto como querer mezclar el agua y el aceite. Sin embargo, en ello se afana sin éxito el president en funciones, mendigando el apoyo con propuestas delirantes. Todo por superar este match-ball que lo puede sacar del tablero. No se trata de salvar el disparate que representa el proceso de independencia, sólo busca un cabo que lo rescate del laberinto en el que se ha metido por sus errores, su mala gestión y los casos de corrupción que acosan a su partido.

Viñeta.Peridis en El País.

Mas y la gran farsa

Nada mejor que recurrir al humor gráfico para conocer de forma sencilla y directa los asuntos más complejos. Estas viñetas de opinión de Gallego&Rey y Ricardo en El Mundo, El Roto en El País o Miki&Duarte en el Grupo Joly, muestran el disparate que supone el proceso de independencia de Cataluña y la obsesión de Artur Mas por continuar con su huida hacia adelante para tapar los casos de corrupción que cercan a su partido y el despropósito de una gestión ineficaz y caracterizada por los recortes. Cuando más dificultad tiene para repetir como presidente y salvar el pellejo político, más se aferra al desvarío separatista y más mendiga el apoyo a los antisistema de la CUP. Y es que el independentismo catalán se ha situado en la locura y fuera de la ley. Han usado el Parlamento y una minoría con ínfulas de superioridad moral para pisotear nuestra Constitución, la razón y la convivencia de los catalanes entre sí y de todos los españoles. Es inaceptable que Artur Mas haga gala de la desobediencia a la ley. No sólo es una barbaridad, sino que sitúa a Cataluña en el abismo y en el camino a ninguna parte. ¿Adónde quieren llegar con esta gran farsa? Artur Mas se ha amarrado el palo de la ruptura para salvarse él mismo. Y mientras los catalanes siguen sin tener solución a sus problemas.

Equidistancia

España vive en convulsión por el desafío del independentismo catalán. Es un conflicto que está monopolizando todo el debate político y que, al mismo tiempo, está clarificando posiciones. Por un lado, el conglomerado soberanista nucleado entre Junts pel sí (Convergencia, Esquerra Republicana y la Asamblea Nacional Catalana) y la CUP. Por otro, el bloque constitucionalista en el que se integran PSOE, PP, Ciudadanos y otros partidos minoritarios (UPyD y Unió, entre otros). En medio del tablero, en una inentendible equidistancia, se sitúa Podemos. La formación morada defiende el “derecho a decidir” de los catalanes, un planteamiento político que choca con nuestro ordenamiento jurídico. El partido de Pablo Iglesias se pone de perfil y pretende templar gaitas sin entrar en el fondo de la cuestión. ¿Por qué no recurre la propuesta de resolución donde se inicia el proceso de “desconexión” del Estado (menudo eufemismo) como han hecho socialistas, populares y C’s? ¿Por qué no alzan la voz contra la barbaridad de un proceso separador sin contar con mayoría social? ¿Por qué la mitad de los diputados de su grupo votaron a favor de la independentista Carme Forcadell como presidenta del Parlamento catalán? Es la hora de definir con nitidez si se está con la legalidad vigente o con la locura, si se está por fortalecer España o hacerles el juego a los secesionistas. Nos enfrentamos ante un escenario que exige respuestas claras y no juegos de palabras, ni ambigüedades. Quedan 45 días para las elecciones y Pablo Iglesias se tendrá que mojar si pretende coger peces.

Foto.La Vanguardia. Iglesias y Oriol Junqueras (ERC).

Pulso independentista

El independentismo catalán se tira al monte. Las dos fuerzas que propugnan la ruptura con España, Junts pel sí y la CUP, no han esperado siquiera a la constitución del nuevo govern y han presentado una propuesta de resolución para que se tramite por la vía de urgencia en el Parlamento comenzar el proceso de independencia. Este movimiento exprés del bloque soberanista no llegará a ninguna parte y obedece sólo a las urgencias de Artur Mas y Convergencia para evitar la acción de la justicia en torno a la presunta financiación irregular de la formación (el famoso 3 por ciento) y para tapar el registro policial a todo el clan Pujol que se está produciendo hoy. Las sospechas de corrupción cada vez más fundadas estaban poniendo en peligro la investidura de Mas como presidente y la única manera de desbloquearla era acelerando el proceso separador para contentar a la CUP. No es más que el triunfo de la sinrazón para que el dirigente convergente salve el pellejo político.

El paso supone una vuelta de tuerca más en la demencial estrategia secesionista. No tiene soporte jurídico ni respaldo democrático (la mayoría del pueblo catalán está por seguir dentro de España). Ante este acto, nos toca al resto estar en la defensa de la Constitución y la legalidad, hacer valer la legitimidad de la democracia expresada en las urnas y buscar una solución con argumentos no sólo jurídicos, sino también políticos. Ante la provocación del independentismo, se requiere la unidad de los españoles y de todas las fuerzas políticas que apoyan nuestra carta magna. Sólo cabe afrontar el reto soberanista con altura de miras y huir de tentaciones que persigan réditos electorales porque nos jugamos mucho como país. Los españoles estaremos más tranquilos si observamos unidad de acción y objetivos compartidos. Buena señal es el contacto mantenido por Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Albert Rivera.

Foto.elconfidencial.com.

Órdago electoral

A Artur Mas se la caído la careta. El presidente de la Generalitat ya ha aparcado el eufemismo y habla ya sin tapujos de la independencia. Su partido, Convergencia, y Esquerra Republicana han trazado el camino de la secesión. De momento, al estilo de la lechera en 18 meses: si en las elecciones autonómicas de septiembre el soberanismo consigue una mayoría, se daría paso a la redacción de una Constitución propia y luego a unos comicios constituyentes como antesala de la declaración unilateral de independencia. Una maniobra inviable y sin soporte legal, una nueva huida hacia delante de Mas pensando más en la cita con las urnas de dentro de cinco meses. Detrás de este nuevo órdago, hay un interés puramente partidista. Más allá de los cálculos electorales, el regate corto del presidente catalán es puro aventurerismo sin final claro y sin apoyo de los organismos internacionales. Empeñarse en defender posiciones excluyentes sólo genera confrontación y dificulta la convivencia. La única manera civilizada de abordar los problemas es dialogar con respeto y sin saltarse las reglas del juego. Hace falta diálogo y no choque de trenes porque España es Cataluña y Cataluña es España. El planteamiento más solvente lo ofrece el PSOE: una reforma de la Constitución que nos lleve a un Estado federal. Se puede hablar de todo con dos límites: la unidad de nuestro país y la igualdad de los ciudadanos vivan donde vivan. Igualdad respetando la diversidad. Ésa es la mejor solución para España.