40 años de progreso

Celebramos el cuadragésimo aniversario del instrumento que ha permitido la mayor etapa de estabilidad, libertad y progreso de España en nuestra historia. Nuestra Constitución cumple cuatro décadas, un tiempo en el que ha cambiado radicalmente la faz de este país. Defendamos lo que ha representado y cerremos filas antes los que amenazan su vigencia. Puede necesitar mejoras, retoques para su actualización, pero su esencia y sus valores siguen estando muy vivos. Felicidades a todos l@s español@s y a todos los demócratas.

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Concordia

Pablo Casado nos regala cada día una vuelta de tuerca a su radicalismo reaccionario. La última del presidente del PP es de traca: derogar la ley de Memoria Histórica y promover una ley de concordia. Está claro que este asunto le produce sarpullido a la derecha y Casado es muy de derechas. Debería saber el jefe de la oposición que la Constitución de 1978 es esa norma de concordia y que ha favorecido la convivencia y el mayor periodo de progreso en nuestro país de nuestra historia reciente. La Ley de Memoria Histórica no persigue otro objetivo que reparar y hacer justicia con los represaliados del franquismo y sus familias. Al igual que buena parte de sus cuates, no deja de echar paladas de incomprensión e insensibilidad con la memoria de las víctimas de la dictadura. El Partido Popular sigue teniendo demasiada ataduras con su pasado y les afloran demasiados tics que chirrían en democracia. Casado, apenas unas horas después de su ‘brillante’ idea, ha reconocido que no tiene votos suficientes para sacar adelante su propuesta. No se trataba más que un argumento de fogueo, pero ha vuelto a enseñar su patita retrógrada por debajo de la puerta. Y ya van… en muy poco tiempo.

Foto.Okdiario. Casado y Aznar, su mentor.

Nueva etapa

Estamos de enhorabuena. La democracia ha puesto punto y final a la etapa Rajoy, seis años y medio de gobierno de la derecha caracterizado por recortes, desigualdad e involución en derechos y libertades. El instrumento empleado es legítimo, constitucional y democrático, recogido en artículo 113 de nuestra carta magna. La moción de censura era inevitable y un deber ético tras la sentencia contundente del caso Gürtel. La falta de grandeza de Rajoy al no asumir responsabilidades políticas por el durísimo varapalo judicial precipitó esta salida de higiene democrática. El ya ex presidente podía haberse sometido a una moción de confianza, o convocar elecciones anticipadas o simplemente dimitir. Pero no, no hizo nada. Rajoy volvió a hacer de Rajoy. Todo un monumento a la parálisis. Su miopía política ha puesto de acuerdo a una amplísima mayoría de sensibilidades y ha favorecido que prospere una moción de censura por primera vez en la historia de nuestra democracia. Los aspavientos y los gritos hiperbólicos del PP no pueden ocultar su gran fracaso. No han estado a la altura de lo que demandaba este país.

Como socialista, me alegro del cambio en la Moncloa y de la llegada de Pedro Sánchez a la presidencia. Y frente al apocalipsis anunciado por la derecha, la reacción de la Bolsa ha sido al alza. La llegada de la izquierda al Consejo de Ministros no afecta a la estabilidad económica de España. Era de perogrullo, pero la respuesta de los mercados acalla esas voces tremendistas del espectro conservador. Este país necesita un cambio de rumbo progresista y más diálogo, una acción política honesta que regenere la vida pública y que piense en la inmensa mayoría, que haga posible que la recuperación alcance a las familias y no sólo se quede en datos macroeconómicos, una acción política que devuelva derechos arrebatados y que trabaje por la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, que resuelva de una vez por todas la insuficiente financiación de las comunidades autónomas para garantizar el buen funcionamiento de los servicios públicos fundamentales… Sánchez tiene ante sí un gran reto. Mucha suerte y acierto.

Foto.El País.

El sainete de Podemos

Sin encomendarse a sus compañeros catalanes, los comunes, Pablo Iglesias anunció ayer por sorpresa la decisión de Unidos Podemos de impugar ante el Tribunal Constitucional la aplicación del artículo 155 en Cataluña. Como en un corral de comedias, entró en escena un Xavier Domènech despavorido por una proclama que rompe su campaña de la equidistancia en las elecciones del 21 de diciembre. Todo un sainete a apenas tres semanas de los comicios. Lo que no podían hacer los independentistas por falta de diputados en el Congreso se lo pone en bandeja la formación morada. Se necesitan 50 parlamentarios para presentar un recurso ante el TC.

Todo el mundo era consciente de los coqueteos de Iglesias y su troupe con los separatistas. Pero esta iniciativa indica bien a las claras del lado que está Podemos. La posición sobre Cataluña está abriendo un abismo entre Iglesias y sus votantes. Ya lo alertó una de las cofundadoras, Carolina Bescansa, pidiendo que su partido “hablara más a España y a los españoles y menos a los independentistas”. Su sugerencia, salta a la vista, ha caído en saco roto. La cúpula nacional de Podemos se ha abrazado al secesionismo. Cada día tiene más poder el ala más radical y antisistema.

Iglesias pretende retorcer la realidad. La aplicación del 155 fue la respuesta constitucional y políticamente adecuada a la declaración unilateral de independencia tras un referéndum ilegal. Y ante el disparate separatista, nada mejor que hable la democracia, que los ciudadanos voten… Aunque a Podemos le gusta más un referéndum de independencia que unas elecciones autonómicas. Qué perdidos están.

Reescribidores

Sirva esta entrevista como recordatorio de la historia de la lucha de Andalucía por la conquista legal de su autonomía, con el máximo nivel de autogobierno y en pos de la igualdad de todos los ciudadanos de este país. Ni más ni menos que nadie. Los lumbreras de Podemos, con Pablo Iglesias y Teresa Rodríguez a la cabeza, están intentando retorcer la realidad y comparar la movilización andaluza por la vía constitucional con el procés de Cataluña. Ni de lejos el significado del 4-D y del 28-F tiene que ver con el independentismo. Este intento de reescribir la historia por parte de la formación morada produce bochorno. Sólo buscan tapar sus vergüenzas por su posición incomprensible ante la cuestión catalana. Las mentiras por muchas veces que se repitan no se hacen verdad. Ya no cuela ni la propaganda ni la posverdad.

Sí pero no

Mejor una imagen (cinco en este caso) que mil palabras sobre la supuesta declaración de independencia de Cataluña, anunciada y suspendida en pocos segundos, un mal truco de prestidigitación política que abunda en una deriva irracional, ilegal y basada en un referéndum tramposo y sin garantías. A Puigdemont le quedan cuatro días para que aclare lo que ha querido escenificar. No caben más artificios, lo único posible es que el Gobierno catalán recupera la sensatez y vuelva al estado de derecho y al marco constitucional.

Viñetas.– Peridis (El País), Gallego&Rey y Ricardo (El Mundo) y Esteban y Miki&Duarte (Grupo Joly)