Pacto por la Educación

Si en España no hay un Pacto por la Educación, sólo hay un responsable: el Partido Popular. En 2010, su secretaria general y hoy también ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, dio el portazo a una posibilidad histórica de consenso por puro cálculo electoral.  Las elecciones generales llegarían pronto y no querían darle un triunfo al Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. Los que van de patriotas antepusieron sus necesidades particulares al interés general. El documento elaborado por el entonces ministro de Educación, Ángel Gabilondo, contaba con el apoyo unánime de la comunidad educativa. Fue redactado con una amplísima participación de docentes, pedagogos, padres y madres y agentes sociales. Todo un ejercicio de síntesis para abordar con éxito educativo la presente década. Hubo una oportunidad y se malogró por el egoísmo del Partido Popular.

Cuesta entender que en España desde que llegó la democracia haya sido imposible alcanzar un pacto educativo que sea respetado por todos, con vigencia en el tiempo  y que no esté sometido a continuos vaivenes por los cambios de gobierno. Ahora se abre otra ocasión para el acuerdo. Se da una correlación de fuerzas en el Congreso de los Diputados que permite albergar cierto optimismo que ahora sea posible. Todos los grupos tendrán que ceder para alcanzar el punto de encuentro para un consenso que escuche e implique a todos los actores de la educación. No hay excusas para no lograrlo. Se necesita generosidad (no a la tentación de vetos) y altura de miras. Este país se merece un acuerdo en esta materia que dé seguridad, confianza a docentes y familias.

Documento completo del Pacto por la Educación de 2010 (pincha aquí).

Foto.Efe. Cospedal y Gabilondo, en 2009.

Las reválidas ya son historia

La eficacia del trabajo político se mide por los resultados que se consiguen. En este mes escaso que lleva rodando la legislatura se ha logrado ya, entre otras cuestiones, frenar la dañina LOMCE y hoy suspender las reválidas, que tenían en vilo a más de medio millón de estudiantes españoles. El PSOE ha trabajado de la mano de la comunidad educativa para frenar una injusta reforma impuesta por el Partido Popular sin consenso. Gracias al acuerdo alcanzado entre el Ministerio y comunidades autónomas, se vuelve al modelo anterior, a la selectividad, para el acceso a la Universidad tras cursar 2º de Bachillerato y se dejan definitivamente sin valor académico las pruebas de final de Primaria y ESO. De esta forma, se transmite tranquilidad y certidumbre a los niños y niñas y a sus familias a la hora de encarar el final del curso sin sobresaltos. Esta rectificación del Gobierno de Mariano Rajoy supone una buena noticia para toda la comunidad educativa y permite ser razonablemente optimistas para que en el plazo de seis meses se pueda alcanzar un gran pacto nacional sobre el modelo educativo que supere el fiasco de la LOMCE. Un pacto que consolide una educación de calidad, que garantice la igualdad de oportunidades, que no segregue y favorezca la integración y que proteja la educación pública. Una buena noticia para todos que ha tardado en conseguirse por el empecinamiento del PP en mantener una hoja de ruta equivocada y sin contar con ningún apoyo. Se empiezan a revertir las perniciosas medidas de la época del rodillo de Rajoy y a demostrar que esta legislatura desde la oposición se puede conseguir muchas cosas.

Foto.Huffington Post.

Pactos de Estado

Pacto de Estado Violencia de Género

Determinados asuntos de interés general, de profunda incidencia social o económica y que exigen una respuesta unitaria convienen sacarlos de la refriega política. Por este motivo, la Junta de Andalucía acordó ayer plantear al Gobierno de la nación dos pactos de Estado: uno en defensa del sistema público de atención a la dependencia y otro para la erradicación de la violencia de género. Estamos ante dos temas de enorme sensibilidad social y que demandan una política consensuada que permita en dependencia reforzar este cuarto pilar del estado del bienestar y en cuanto al terrorismo machista convertirlo en cuestión de Estado y que todos a uno combatamos esta lacra social. No habría ni que esperar al 21 de diciembre para impulsar y acometer estos pactos. Las inminentes elecciones no colisionan con la necesidad de dar atención a personas que lo necesitan ni anticipar medidas que puedan evitar que más mujeres sean asesinadas o maltratadas por sus parejas. El Ejecutivo que preside Susana Díaz pone sobre la mesa unas iniciativas urgentes y abiertas a que se adhieran partidos, agentes sociales y todo tipo de organizaciones.

De decepcionante se puede calificar la respuesta de la oposición en Andalucía. Partido Popular e Izquierda Unida han emplazado a la Junta a que cumpla con sus competencias (la popular Ana Mestre) y que se deje de propuestas ampulosas (Antonio Maillo, de IU). Si hubiesen contestado lo mismo con los atentados de París, se habría montado un gran escándalo. No se han enterado de la bondad ni de la necesidad de la propuesta. Se plantean estos pactos de Estado porque son políticas que requieren de unidad de todos y de coordinación y colaboración leal de las distintas administraciones. Existe un clamor social y cualquier institución responsable no puede permanecer impasible y de espaldas a esta problemática. En lugar de poner pegas, la oposición debería subirse al carro y favorecer, gracias a la unidad de acción en Andalucía, que estos pactos de Estado fueran una realidad en España. Tanto PP como IU han preferido el regate corto y una mirada desde el rifirrafe electoral en materias tan sensibles para los ciudadanos. Allá ellos. La sociedad andaluza va por delante y con más altura de miras.

Perogrullo y la reforma electoral

Hay que hacer las cosas bien y no hacer las cosas mal“. Esta brillante frase no es de un menor de edad en un programa infantil. Su autoría corresponde a Mariano Rajoy. Es difícil no estar de acuerdo con semejante perogrullada. Por primera vez, aunque sea con un aserto tan básico, coincido con el presidente. Más allá de la profundidad de la oratoria del político gallego, el que se empeña en hacer las cosas mal es el Partido Popular. Y nadie más. Quieren hacer una reforma electoral sin consenso, tocando uno de los pilares de la democracia para beneficio propio y salvar de la quema gracias al rodillo de la mayoría absoluta a muchos alcaldes y alcaldesas del PP que temen perder el bastón del mando. Un pucherazo en toda regla. O dicho con las palabras de Rajoy, se estarían haciendo las cosas muy mal por intereses estrictamente partidistas. Mal mensaje a la ciudadanía, que entendería estas urgencias del PP como un intento desesperado de salvar los muebles. Esperemos que esta primaria y a la vez enigmática reflexión sea la antesala del frenazo de una tropelía contra la democracia. Sus deseos de reforma exprés supondrían un paso atrás en calidad democrática y subvertiría la esencia democrática de una persona, un voto. Una reforma de este calibre requiere sosiego y la participación del conjunto del arco parlamentario.

¡Dejadme solo!

Mariano Rajoy ha reaccionado ante las furibundas embestidas de los mercados como los toreros que sufren un revolcón en plena faena. Se ha levantado, ha intentado recomponer la figura con ademanes y desplantes de impostado coraje y le ha pedido a sus subalternos que se retiren con gritos histéricos y rostro de severidad hacia el toro. La cuadrilla se resiste a abandonar el albero: saben que al maestro le tiemblan las canillas, que se ha llevado un costalazo de órdago y que no está en condiciones para medirse con el morlaco. ¡Dejadme solo!, vocifera el matador con semblante pétreo y rebosante de mala leche. Quiere digerir cuanto antes el mal trago, pasar página de manera inmediata y demostrar al tendido que está por encima de la res. No siempre lo consigue.

He visto cierto paralelismo en la respuesta de Rajoy a la mano tendida de la oposición y los sindicatos para lidiar este peligroso animal de la crisis y los especuladores. Más allá del acierto o no del símil, la verdad es que el presidente del Gobierno ha despreciado la oferta de colaboración del PSOE, de UGT y CCOO y de las comunidades autónomas donde no gobierna el PP. Va a lo suyo, que es lo que le dicta su correligionaria Merkel desde Berlín o desde Bruselas a través de personas interpuestas. El presidente español no quiere testigos externos de los meneos y los empujones de los mercados ni de los tirones de orejas de la canciller alemana. Se quiere comer solo la tabla de imposiciones para contentar a los insaciables mercados. No extraña esa alergia al diálogo y al consenso. No quiso colaborar cuando estaba en la oposición y no quiere tampoco participación de terceros en este trance. Mal para España. Hace falta recuperar los consensos políticos, sociales e institucionales en estas circunstancias de extrema debilidad.

Como el torero volteado, Rajoy grita ¡dejadme solo! No es más líder el más osado o el que más arriesga, sino el que sabe concitar mayor respeto de propios y ajenos y liderar las situaciones complejas. Es tiempo de consensos y de unidad. Además, el político gallego nunca ha sido un arrojado. Mariano, si no sabes torear, para que te metes.